Inteligencia emocional

Conductores de emociones

Iba a ser otra noche0003_Conductores más de trabajo recorriendo la carretera. Sin embargo, ya se percibía, en su cara y en un intercambio de palabras con otros pasajeros, cierto malestar.
El viaje se había iniciado. De repente, unos gritos alteraron el sueño de quienes dormían…
 
La ira floreció dentro de quien mostraba su enfado al inicio del viaje. A los gritos pedía a un pasajero sentado en la primera fila que apagara su Tablet o se cambiara de sitio, ya que el reflejo que generaba en la luna del autobús lo distraía para conducir. Sin embargo sus gritos eran ignorados por completo, lo que generaba más ira y más enfado.
Ante la impotencia de la situación, pidió angustiado al pasaje que lo apoyara en su reclamo, pero la respuesta fue un profundo silencio de radio…
 
Volvieron a acallarse las voces en el autobús mientras el reflejo de la Tablet continuaba percibiéndose en el cristal y el enfado y la ira se iba contagiando como un virus silencioso.
 
Poco tiempo pasó cuando se realizó una parada para recoger más pasajeros.
Fue entonces cuando la escena volvió a repetirse. El tiempo en silencio le había permitido intentar controlar su estado emocional y si bien se percibía su irritación, también se notaba cierto esfuerzo por dejar al lado su ira. Pero el brote había germinado, y el pasajero comenzó a responderle de muy mala manera.
 
Llegó un momento en que la situación se convirtió en una conversación de sordos, donde los dos gritaban y ninguno se escuchaba, y lo que es peor… otros se sumaron a la discusión y se oían comentarios como –“Pues llama a la policía y que resuelva el problema”, o, – “Arranca de una vez que queremos llegar a destino”…
El enfado y la ira se respiraban en el ambiente y seguían floreciendo. Tal es así, que a poco de reiniciar el viaje, una señora comenzó a quejarse en voz alta de otras pasajeras porque con su charla no la dejaban dormir…
 
Era curioso, el conductor no podía conducir sus emociones y a su vez las reconducía y contagiaba al resto del pasaje…

Historias como estas se repiten a menudo.

No poder regular nuestra ira nos conduce a un secuestro emocional que nos moviliza hacia comportamientos sobre los que no tenemos control.
La buena noticia es que podemos aprender a regular estas emociones y llegar a buen puerto, capeando el temporal con los menores daños posibles. Técnicas de respiración o, por ejemplo, la técnica del semáforo pueden ayudarnos.

Pero esta historia tiene también otro componente. Vemos como la emoción se contagia y esta es otra realidad con la que convivimos diariamente. Al fin de cuentas somos seres sociales y empáticos y no sólo podemos transmitir emociones negativas. La riqueza de la empatía y el contagio emocional radica en la posibilidad de ver al otro con nuevos ojos y, como cuenta Jeremy Rifkin, construir juntos una civilización empática.

Te propongo entonces, un desafío, uno pequeñito, nuestro pequeño grano de arena…¿Y si a partir de ahora nos proponemos contagiar todos los días una sonrisa?
Una sonrisa o una palabra amable, que como en este corto, valide lo importante que cada uno de nosotros es en este mundo.
¡Seamos entonces conductores de emociones constructivas!

¿Cómo conduces tus emociones? ¿Qué otras emociones podemos contagiar?

¿Cómo contagias emociones constructivas?

2 pensamientos sobre “Conductores de emociones

  1. Charo Martín

    Creo que las emociones son la base de todo.
    Desde el amor al odio.
    Yo trabajo la obesidad, sin olvidarme de las emociones. Ellas son el eje de nuestra vida, para lo bueno y para lo malo.
    Las emociones también son subjetivas, únicas, como somos cada uno de nosotr@s.
    No hay que controlarlas, sino conocerlas.

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