Inteligencia emocional

La altura de mi listón

Tolerar, en su cuarta acepción del Diccionario de la Real Academia (DLE), se define como respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. De ahí se deriva tolerancia como la acción y efecto de dicho verbo. Pero en este caso el DLE eleva el rango definitorio a la segunda posición de la entrada: respeto de las ideas, creencias o prácticas… diferentes o contrarias a las propias.

Hubo en tiempos de Teseo un personaje apodado Procusto [Procrustes (estirador)] y conocido como Damastes (avasallador o controlador), Polipemón (muchos daños) o Procoptas. Cuentan que era un bandido que ofrecía posada a los viajeros solitarios. Tras convencerlos con artimañas y engaños, cuando estaban dentro los acostaba y ataba en una cama de hierro, ajustable, que nunca coincidía con las dimensiones del desventurado huésped. Si la estatura era mayor, cortaba lo que sobresalía del camastro – cabeza y extremidades – o, si era menor, estiraba sus miembros descoyuntándolo hasta que encajase en el lecho.

Hazañas de Teseo. Kodros. Ciclo de las hazañas de Teseo: en el centro, el Minotauro; alrededor, en sentido horario desde la parte superior, Cerción, Procusto, Esciro, toro, Sinis, puerca. Kylix ática de figuras rojas, ca. 440-430 a. C. De Vulci.

De este modo, el mito del lecho de Procusto pasó a la literatura universal como sinónimo de uniformidad para referirse a aquellas personas que quieren adecuar la realidad a la estrechez de sus intereses o a su particular forma de verla e imponerlas a quienes les rodean, mutilando a quienes sobresalen o estirando a quienes no llegan. Pretenden siempre que nos acostemos en el lecho de Procusto.

Cuando existe incapacidad  para reconocer como válidas las ideas de otras personas, o miedo a ser superado/a (o cuestionada/o) profesional o personalmente – la envidia, los celos, etc. – la psicología habla del Síndrome de Procusto. En la vida contemporánea occidental se nos pide ser excelentes, eficientes, proactivos, que desarrollemos al máximo nuestras capacidades creativas y de originalidad. Sin embargo, en muchos – demasiados – entornos vitales o profesionales se busca – mejor dicho, se impone – la uniformidad y se desprecia a quien despunta o a quien, sencillamente, es diferente, promoviendo su humillación y aislamiento, y facilitando así su acoso familiar, escolar, laboral, político, social…

Por terminar la historia: pasó un día Teseo por allí y se hospedó en casa de Procusto. El rey-héroe le aplicó al bandido su propia medicina: lo redujo, lo ató a su cama y lo descuartizó convenientemente. ¡Fin de la pesadilla ateniense!

Me considero una persona abierta al diálogo y bastante empática. Sin embargo, he caído en la cuenta de que cuando alguna de mis hijas o de mis hijos me plantea cuestiones que para él o para ella resultan vitales pero que no coinciden con mis criterios, opiniones, tradiciones, creencias, conocimientos, etc. no me resulta tan sencillo intentar entenderles a la primera o simplemente escucharles y charlar con ellos como lo hago con mis amistades en situaciones similares. En estos casos el listón de mi tolerancia se sitúa muchas veces demasiado bajo y en ocasiones pierdo los estribos. También tengo una cierta edad y, cuando en casa o en el trabajo algo cambia o alguien mueve algo de su sitio habitual, noto cómo me sube la bilirrubina.

Otro contexto en el que afloran la intolerancia y la intransigencia es el deporte. Afortunadamente no soy futbolero – aunque sí del Athletic -, pero oigo a los comentaristas deportivos y a aficionadas y aficionados enfervorizados despotricar del equipo contrario, o de algún jugador en concreto, como si no hubiera un mañana.

En el ámbito político, cada día nos despiertan con declaraciones demoledoras, repletas de posturas intransigentes, tanto en lo local, cuanto en lo nacional e internacional, que azuzan a la población a atiborrar las redes sociales de ecos que más bien parecen ladridos de una jauría…

Teseo no va a venir a liberarnos de los Procustos que nos rodean o del que quizás anida en mayor o menor medida en nuestro carácter. Tal vez sería aconsejable aprender a detectarlo y mantenerlo a raya cuanto antes…

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