Inteligencia emocional

Autonomía emocional: Soy así y punto

Por Aitziber Barrutia Leonardo

Gritamos, nos enfadamos, decidimos dejar de hablarnos, y nos justificamos diciendo “es que me enfado fácil”, “es que soy introvertido”, “es que soy celoso”, “es que me sale”, etc.

A menudo disculpamos nuestras actitudes y comportamientos afirmando “yo soy así y punto”. No estamos dispuestos a responsabilizarnos de nuestros hechos y atribuimos nuestras reacciones a factores externos como los genes o la educación recibida.

  

 
Esta suposición implica la limitación del ser humano para generar cambios. Sin embargo, investigaciones sobre la resiliencia desde la corriente de la psicología positiva, aportan datos recientes acerca de la capacidad de influir sobre la situación esperada.

Por lo tanto, a pesar de que determinadas variables contribuyen facilitando ciertas tendencias personales, parecen no ser determinantes en la consolidación de nuestra personalidad.

Por consiguiente, “yo soy así y punto¿no será un simple pretexto para justificar mi actitud y reconfortarme en el asiento de mi comodidad? Si realmente nos proponemos cambiar, la responsabilidad última de ser como somos parece ser nuestra. Ánimo, al fin y al cabo nadie dijo que el proceso desarrollo personal fuera fácil.

4 pensamientos sobre “Autonomía emocional: Soy así y punto

  1. Gotzon

    Ahí le has dado Aitziber. O somo unos peleles, o pretendemos seguir siendo unos adolescentes toda la vida, o hay que responsabilizarse, no digo yo que de las circunstancias, pero si de nosotros, de lo que hacemos con ellas y de la actitud que adoptamos para afrontarlas.

    Ciertamente, hemos aprendido desde la famosa noche de los tiempos, y nos queda aun mucho que aprender, de otro modo no habríamos sobrevivido como especie. Parece que nuestros genes han evolucionado menos que los de los chimpancés, así que seguramente nos hemos tenido que aplicar con enrome tesón en este afán civilizatorio, siempre inacabado.

    Claro que es más cómodo tener un buen enemigo y echar balones fuera, pero si queremos que nos tomen en cuenta, no hay otra que tomar también en cuenta a los demás.

    Debe ser algo asi como el abc de la inteligencia emocional y la primera norma para la regulación de la convivencia y la inteligencia social.

    En esta como en tantas batallas, hay que vacunarse contra todo dogmatismo. Lamento complicar el guión tan clara y correctamente expuesto, pero lo último que sabemos acerca de los límites de la autonomía y del libre albedrío del ser humano parece ser un poco más caótico. Se podría expresar así:

    uno puede hacer lo que quiera, pero no desear lo que quiere.

  2. Ainhoa

    Un tema complicado compatibilizar esta bifurcación: escuchar respetando el auténtico ser de uno mismo, la voz interior, los deseos y sentimientos contra la carrera de la mejora constante.
    Por un lado la propuesta es escucharse y dar relieve a los verdaderos sentimientos para actuar en consecuencia.
    Por el otro si la consecuencia con comportamientos no adaptados socialmente (ser introvertido, enfadarse, ser inseguro…)reprimirlos y transformarlos.
    ¿Qué pasa cuando escuchamos nuestras emociones y no combinan bien con lo que se quiere fuera de nosotros?
    ¿Nos mantenemos con un “soy así” o nos transformamos con un “tú sabes mejor cómo tengo que ser”?

  3. Gotzon

    Hola Nahiara. A ver si puedo deshacer el enredo lingüístico, que no el otro, de alcance cuántico. A ver si te convence más…

    La propuesta de final que haces:

    “uno puede hacer lo que quiera, pero no querer lo que hace”

    parece sugerir que no hay manera de valorar y degustar lo que uno hace. Como que le viene dado a uno, y punto, tal y como cuestiona Aitziber en su artículo.

    Como esto se complicaba un poco, me he rascado la cabeza, he tirado del hilo de Ariadna en la red, y he encontrado mi juego de palabras final en boca del mismísimo Einstein quien, a su vez, agradece la idea al filósofo pesimista, Schopenhauer. Y lo explica así:

    “El saber que la voluntad no es libre me protege de perder el buen humor y tomarme demasiado en serio a mí mismo y a los demás seres humanos como individuos que actúan y juzgan”.

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