Inteligencia emocional

Uno, Dos…Un, dos, tres, cuatro.

Por Igor Fernandez

Cuando tratamos de sintonizar afectivamente con otros para tratar de comprender y gestionar tanto sus emociones como las nuestras, debemos tener en cuenta que el afecto tiene dos partes igual de importantes. El tipo de afecto y su intensidad, es decir, es tanto cualitativo como cuantitativo. A veces, queremos acercarnos tanto a alguien que la intensidad de esa cercanía, de ese afecto, hace que quien tenemos enfrente se asuste y se retraiga. A medida que ahondamos en el afecto, se crean nuevas capas que a menudo es complicado definir con palabras. Hay que estar preparados.
La palabra ‘ritmo’ tiene una clara definición en música: pauta de repetición a intervalos regulares y en ciertas ocasiones irregulares de sonidos fuertes y débiles en una composición. Hay quien tiene una mayor capacidad para percibir y reproducir los patrones rítmicos y sin embargo otras personas como se dice popularmente sólo tienen oreja, no oído. El ritmo, sin embargo está presente en todas las actividades que realizamos las personas, e impregna igualmente las relaciones con otras personas.

 

  

Desde la comprensión de las emociones propias y ajenas, habilidades ambas pertenecientes a la competencia de Conciencia Emocional, ser conscientes de nuestros ritmos y los de los demás, es muchas veces algo que nos pasa desapercibido.

En conversaciones con padres y madres, e incluso en las que tienen lugar entre vecinos y amigos, se oyen frases como “pues es mucho más movido que su hermana” o “no le gusta nada que le den besos, es una niña muy despegada”. Ambas son afirmaciones que pasan por alto los ritmos y por tanto el acoplamiento a los mismos. Cuando queremos ponernos en contacto emocionalmente con otros, no podemos olvidar que tenemos ritmos diferentes, que no porque nosotros estemos llenos de euforia o sin energía, quienes tenemos alrededor estén sintonizados.

Debemos ser conscientes de que por mucho que queramos ayudar a alguien a clarificar sus sentimientos, a manejar una situación emocionalmente intensa, nuestros deseos pueden no estar sintonizados con el ritmo de la persona a quien queremos prestar ayuda. Ésta puede necesitar más tiempo, simplemente eso, o ir más despacio, para enfrentarse con más seguridad a aquello que le desafía emocionalmente. No olvidemos que a pesar de tener todo el apoyo que podamos necesitar, la gestión emocional es algo que cada cual tiene que hacer en solitario.

¿tenéis algún recuerdo de esto en vuestra infancia? ¿os sintonizáis con el ritmo de quienes tenéis alrededor? ¿se sintonizan con el vuestro?

4 pensamientos sobre “Uno, Dos…Un, dos, tres, cuatro.

  1. Iñigo

    Hola,
    me parece un artículo muy indicado. Pienso que a todos nos pasa que hay gente con la que conectamos desde el principio y otra con la que conectamos después de tiempo tras habernos conocido mejor. Yo al menos necesito tiempo para conectar emocionalmente con la gente en general. No me gusta que se me acerquen muy rápido. Por eso, hay gente con la que conecto desde el principio en el sentido de que de primeras bien pero manteniendo distancias que ya se irán acercando con el tiempo si tiene que ser así. Luego a veces ocurre y otras no. Pienso que quizás soy también menos flexible que algunas personas más abiertas, por lo que quizás son otros los que se acoplan más a mi ritmo y que yo al de ellos. También me ocurre al revés claro está. Yo me acoplo a gente que es menos flexible que yo (desde un punto de vista emocional claro está).
    Saludos,
    Iñigo

  2. Jon

    Ritmo, oído y compás… buena y práctica metáfora Ígor. Cuando mencionas que la gestión emocional es una labor en solitario estoy totalmente de acuerdo, pero la ayuda siempre viene bien, eso si es una ayuda con sabiduría. No crees?
    En cuanto coordinar el ritmo propio con el de los demás depende que casos es facilmente contagiable, no creea?

  3. Ígor- Autor

    Os agradezco los comentarios a ambos, y simplemente me gustaría añadir un matiz. Tratar de ayudar a alguien a gestionar sus emociones, debe pasar por escuchar,no por hablar, por así decirlo. No se trata de desplegar inmediatamente las herramientas de que disponemos, sino de observar, percibir y esperar para saber cuál es la forma más adecuada de ayudar a alguien. Gracias por vuestras aportaciones. Un abrazo.

  4. Gotzon

    Ahí la has dado. Probablemente, el mayor error consiste en esa falta de oído. La misma que acusamos en el baile, cuando -membrillos al principio- no distinguimos un ritmo de otro y andamos perdidos un buen rato, y pisamos a nuestra pareja, arruinamos el momento.

    En las relaciones personales, a menudo sacamos enseguida la receta cuando, las más de las veces, lo que la otra persona necesita es alguien que la escuche, que sienta que la comprenden, que se puede explayar y puede soltar lo que se le ha atragantado.

    Si uno es buen escuchante y buen observador, y tiene costumbre en estaas artes, está mejor preparado para sintonizar más fácil con su interlocutor.

    Y advertirá que hay conexion cuando los movimientos, los gestos, las palabras se sincronizan sin esfuerzo. Las personas vibran por simpatía.

    Entonces comienza la coreografía del baile…

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