Inteligencia emocional

Lo que todos sentimos y nadie reconoce.

Esta es una historia vieja como lo son las relaciones, contada, casi, desde que el ser humano decidió acercarse a otro, que lo miraba con interés. Es una historia sobre una emoción que se gestó en sociedad, que sólo vive el que mira hacia adentro, estando en presencia de otros. Estoy hablando de la envidia.

Parece inevitable, que nos comparemos, en lo que tenemos, hemos conseguido, y prevemos lograr, con aquellos que están a nuestro alrededor. Con la necesidad de tener una referencia, cotejamos, en lo que nos importa realmente, lo que hacemos, con lo que otros, en similares circunstancias, hacen.

Podríamos discutir sobre lo que significa tener envidia (e incluso habría que definir el término), sobre si existe una envidia sana y una mala, pero aún más clarificadora es la sensación en el cuerpo cuando pensamos en la propia palabra: “envidia”. Quizá el lector sienta rechazo en un primer momento, generado por algo literalmente indeseable, y parece que inevitable como es sentir envidia de lo que otras personas tienen (material o intangible), e incluso la sensación se torna negativa en cierto modo, no sabemos muy bien porqué. Parece que a veces, unos y otros, vemos diferente la envidia, e incluso con intenciones opuestas, sin embargo, dicha diferencia está sólo en nuestro deseo…para con el otro. Cuando nos comparamos con otros, sentimos que ese otro tiene algo que yo quiero, y que, de alguna manera no tengo. Quién sabe si podré tenerlo alguna vez, pero, hoy no está a mi alcance.

  

En la década de los 40, del siglo pasado, Melanie Klein, psicoanalista austriaca, hizo una definición de la envidia, que ha permanecido en psicología como la definición más aceptada. En términos sencillos, la envidia aparece en las circunstancias arriba descritas, pero el deseo para con quien posee el ansiado tesoro, es arrebatárselo. Trato de robarlo para mí si es posible, pero si no lo es, trataré de destruirlo en ti. Puede parecer desajustada en según qué contextos, pero sólo tenemos que observar a un niño de cinco años, tratando de hacerse con el juguete de otro. No hay clemencia.

Lo que hace la envidia tan destructiva, es su intento postrero, de que, quien lo tiene, no logre disfrutarlo.

Ésta es la definición que, sin duda, tiene tintes negativos, de separación, e incluso en apariencia crueles. Ésta es la definición de una envidia “mala”.

¿Puede tener ésta algún aspecto positivo? ¿Sería, en ese caso, más adecuado utilizar otro término?

E incluso demos un paso más que nos lleve a la próxima semana ¿qué sentimos si pensamos en nosotros como personas capaces de tratar de arrebatar su tesoro a otra persona sólo para que no lo disfrute? Si pensamos en todos los contextos en los que esta emoción está presente, nos vienen a la mente el trabajo, o la escuela como los más habituales, incluso el parque, porque es cosa de niños, o por lo menos de iguales, pero ¿si hablamos de padres e hijos? ¿De la pareja? ¿Quién podría admitir que ha sentido envidia alguna vez?

4 pensamientos sobre “Lo que todos sentimos y nadie reconoce.

  1. Ruth

    Para mí todo lo que tiene que ver con la envidia, ya sea con bondad o maldad se resume en: “La hierba siempre crece más verde en el jardín de nuestro vecino…”y creo que la envidia como tal tiene que existir dentro de nuestro abanico de sensaciones.

  2. Gotzon

    Confieso que no he entendido muy bien lo último que dices Ruth.

    Imagino que te refieres a esa envidia sana que puede verbalizarse, que no hay motivo para esconder y que es también aprecio de lo que no es de uno, a la vez que reconocimiento del otro.

    La conozco y, al igual que dices tú, no me parece ni indeseable ni extraña, más bien al contrario.

    En cuanto a la otra, a la mala, tan destructiva y cruel como cuenta el autor de este texto y como la define la Klein, creo que puedo decir, razonablemente, que me cae lejos y no me parece estimulante en ningún sentido

  3. MADV

    Pués si bien es un hecho que la envidia esta presente en el cúmulo de sensaciones humanas así también lo es que hay envidia negativa y positiva. La primera es dañina pero surge y como se plantea en el texto siempre existe aun en la pareja, en la familia. Bueno o mala es un sentimiento presente.

    En ese caso yo solo creó que hay que aprender a conducir ese sentimiento de una manera que nos ayude a crecer como seres humanos.

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