Inteligencia emocional

Percibir, ¿Desde dónde y para qué?

Percibir es unos de los vocablos/ noción más recurrentes dentro de nuestro quehacer de la educación emocional.  Y no es fortuito, en toda actividad  humana subyace una percepción primaria del objeto, proceso, fenómeno del cual se trata. Hoy quiero compartir  2 ó 3 pistas que pueden servir de punto de partida para entender  el percibir como proceso de la IE.

En la percepción participan  nuestros sentidos. Ser consciente de ello nos ayuda incluso  a identificar cierta prevalencia por decirlo de algún  modo  de lo visual,  kinestésico, auditivo que  a manera de filtro interno va  reflejando y o expresando lo percibido  con matices diferentes. Si pides, por ejemplo,  a  un grupo de personas  que  te describa  brevemente  una película, un libro, un concierto recién  apreciados, podrás comprobar  a través de su expresión corporal ( no verbal) y verbal  utilizados hacia dónde  ese filtro interno focaliza su atención. Asimismo, unos centran más la atención en el todo;  otros, en las  partes, los detalles; en el quién, en el qué, en el dónde, cómo o cuándo.  Y todas son legítimas Así sucede con cualquier trozo de información.

En la percepción influye nuestra experiencia vital.  Abarcaría  desde qué emoción (es) se vive  lo percibido, hasta qué se evoca, a qué  se asocia,  cómo se integra dentro del sistema  de conceptos, creencias sobre las cosas. De modo que cada cual agregará matices, restará otros  y construirá su propio objeto por decirlo de alguna manera.

Lo percibido tiene un impacto en quien lo percibe. No sólo pensamos y sentimos sobre lo percibido, sino también actuamos. Por tanto,  es importante no sólo  lo que se siente, sino también cómo se expresa  y  qué  se hace  con ello.

¿Y para qué  pueden servir estas pistas dentro del contexto emocional?

Para legitimar lo que  se siente.  Una misma situación puede ser vivida   de diferente manera  no sólo por individuos diferentes, sino por una misma persona. Para comprender el proceso que he seguido o que han seguido los otros, esto posibilita una sintonía  consigo mismo  y con los demás. Por ejemplo, una de las condiciones  indispensables de la empatía,  es conectar, ir al encuentro  del  proceso  que vive  el otro y aceptarlo. No quiere decir, sin embargo, la aceptación  de la manera que se expresa. He aquí, una de las claves que  he recibido de Ignacio Morgado quien afirma: “Cuando las emociones son negativas y muy fuertes lo mejor que podemos hacer es procurar no expresarlas de manera inconveniente (como insultando o dando un golpe en la puerta). Cuando las emociones son positivas hay también que aprender a manifestarlas de forma conveniente. Las emociones son difíciles de controlar, pero su expresión no.  Siempre podemos evitar enfadarnos de forma inconveniente o incluso mostrar nuestra satisfacción por algo cuando no nos conviene hacerlo, pero es mucho más difícil dejar de estar enfadados o contentos, cuando tenemos razones para ello“.

Para hacer cambios ecológicos para mí y para los otros. Cuando no te guste, no estés satisfecho con un resultado obtenido, revisa  el proceso que has seguido,  a veces  basta con variar la posición ante lo percibido en alguna de las dimensiones anteriormente  comentadas. En ocasiones, la expectativa ante un determinado resultado, nos hace perder  información, evidencias que nos está dando el proceso, nos quedamos anclados en ese punto final. La elección está en nuestras manos, al menos en una parte de ello, reconocerlo, de hecho cambia la esencia de las cosas y para ello es importante la actitud y estar abiertos a la experiencia.

¿Y tú qué crees?

2 pensamientos sobre “Percibir, ¿Desde dónde y para qué?

  1. Gotzon

    Que es bueno tenerlo presente para no perder la chaveta.

    Que a menudo confundimos nuestro berrinche personal con el diluvio universal y lo vemos todo de muy mala manera y actuamos en consecuencia.

    Con la misma alegría de aquel paciente que al preguntarle el médico cómo se encontraba, respondía:

    Peor, como siempre

  2. Arantza Echaniz

    Suscribo lo que dices, Rosalia. Pensando en mi experiencia se me ocurren esas veces que, por ejemplo, has quedado con alguien y se retrasa y empiezas a vivirlo como una ofensa o una falta de respeto… y llega la otra persona y te cuenta que ha tenido que ayudar a una persona que se había caído o había tenido un accidente… automáticamente tu pensamiento cambia y con ello todo lo demás…

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