Inteligencia emocional

Una cuestión de suerte…

 

A lo largo de la vida me he encontrado tanto con personas que decían tener buena suerte como con otras que permanentemente se quejaban de su mala suerte y de lo mal que les ha tratado la vida, a la par que negaban cualquier responsabilidad por su parte (aunque no fuera de forma explícita). Yo, ciertamente, me encuentro en el primer grupo. Soy feliz con la vida que tengo, que en parte me la he labrado y en parte ha estado condicionada por múltiples factores, uno de ellos la suerte.

Acabo de leer el libro El mito de la diosa fortuna de Jorge Bucay (Barcelona, RBA, 2006) y me ha gustado mucho el enfoque que hace del tema de la suerte. “En principio, hablamos de suerte cuando alguien se ve afectado significativamente por un acontecimiento inesperado” (p. 30). Ante este tema se pueden encontrar tres posturas que se basan en las tres ideas que presento a continuación:

  1. La suerte no existe, postura de los cientificistas que afirman que todo tiene una causa, una razón de ser.
  2. La suerte existe y no depende ni de nuestros deseos ni de nuestras acciones, esta postura está emparentada con supersticiones o antiguas costumbres de origen incierto cuyo objetivo es explicar por qué ocurren las cosas.
  3. La suerte existe y nos afecta pero se puede incidir sobre ella. Yo me inclino por la última, reconociendo que no basta con una buena actitud y un cúmulo de méritos y virtudes para que la suerte nos sonría.

Como dice Bucay (2006, p. 38): “El azar, por supuesto, no es ecuánime ni ético ni razonable… Y mucho menos justo. Lo sospechamos y confirmamos cuando la buena suerte beneficia a quienes nosotros sabemos que no se lo merecen o cuando la mala suerte golpea a los inocentes o desprotegidos”.

Bucay (2006, pp.54-56) señala  que para calcular si habrá suerte, suponiendo que se pudiera, deberíamos sumar nuestra Fortuna, más el Destino, más el Azar. Nuestra fortuna estaría constituida por todos los recursos con los que contamos, tanto internos como externos. El destino sería aquello que está predeterminado. Y el azar sería esa cuota de lo impredecible que siempre existe y que, como él señala más adelante, forma parte del atractivo de la vida; el hecho de no saber a ciencia cierta el resultado de nuestras acciones evita que nos aburramos. Pero aún falta añadir lo adecuado y efectivo (o no) de nuestra acción más comprometida. Nuestras acciones están necesariamente relacionadas con nuestras decisiones y en estas influye lo que podríamos llamar nuestro talento. “Soy, si no el único causante, al menos un cómplice necesario de todo lo que me ocurre” (Bucay, 2006, p. 56).

Acabo con el texto del epílogo del libro (Bucay, 2006, p. 158)

 Recuerda…
Deberás estar atento, con los ojos bien abiertos y la mirada curiosa.
Deberás cambiar de lugar en vez de esperarla siempre en el mismo sitio, porque bien podría ser que ya haya pasado por allí y nunca repita su paso.
Deberás verla, reconocerla.
Tendrás que acercarte cuando pase por tu lado: si te distraes no la podrás agarrar ni de la trenza porque esta cuelga hacia delante.
Si se te escapa no la persigas, porque corre mucho más rápido que tú.
Sólo aprende y permanece alerta para la próxima vez que te cruces con ella.
Me preguntarás: ¿qué pasa si nunca más te la encuentras…?
No me preguntes ni me preguntes cómo lo sé…
Pero, si te mantienes en movimiento, te la volverás a encontrar… No lo dudes.

Bibliografía:

  • BUCAY, Jorge (2006): El mito de la diosa fortuna. Barcelona: RBA
  • ROVIRA CELMA, Alex y TRÍAAS DE BÉS, Fernando (2004): La buena suerte. Barcelona. Empresa activa.

¿Y tú cómo te relacionas con la suerte?

4 pensamientos sobre “Una cuestión de suerte…

  1. Edu J.

    Me ha encantado tu post Arantza!! Recomiendo fervientemente la lectura de “La buena suerte” por su bella aproximación a todo lo relacionado con este tema. Te deseo la mejor suerte del mundo para este verano, majísima. ¡Disfruta al máximo!;)

  2. Rogelio

    Es curioso pero siempre he pensado que no había tenido suerte en la vida y ahora me considero un afortunado. Afortunado por hacer lo que quiero aunque en ese hacer me esté dejando un poco la vida… y es que quizás esté trabajando mi suerte. Afortunado también por simplemente vivir… algo que parece muy natural pero que los que no están ya con nosotros echan de menos. Afortunado porque nunca he esperado que la suerte pase por mi camino y sin embargo me he encontrado con ella muchas veces trabajando o haciendo cosa por la vida, por mis amigos, por mi familia. Afortunado porque en mi vida haya tenido simpre amor a mi alrededor… aunque haya tenido que esperar un poco para quererme yo un poco mejor. Afortunado por poder escribir en este blog que intenta dejar un mundo un poco mejor y hablar de sentimientos y emociones. Afortunado porque la vida ha echo que tenga unos buenos amigos… en fin, preguntabas cómo me relaciono con la suerte… la contestación es que me considero una persona afortunada Arantza.

  3. rosalia

    Gracias, Arantza por el post. Me apunto la lectura de este libro de Bucay. Me siento de la estirpe que comentas: de esa que se “labra” o se es ” cómplice”. Me da gusto, asimismo, compartir el sentimiento de “afortunada” con los compañeros de equipo. Saludos,

  4. Blanca

    Pues yo no creo en la suerte.SEguramente que lo bueno o malo que les ocurre a las personas responde a leyes que van más allá de nuestra razón y nuestra inteligencia.Es algo a lo que el ser humano,hoy por hoy no puede responder.Si la suerte sólo responde al azar,esto es un sinsentido.Mis hijos viven en la abundancia y el amor,y otros,por mala suerte, en la miseria y el sufrimiento:no puede ser.Y como este mil ejemplos.Yo creo en la causalidad de los acontecimientos.Todo tiene su significado,aunque nuestra óptica humana no alcance a saber cuál es.El azar no es ninguna explicación para la gente que sufre.

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