Inteligencia emocional

Si pudiéramos ver a través de los ojos del otro…

Por Olaia Agirre

Solemos tener la falsa ilusión de que la realidad es tal y como la concebimos cada uno de nosotros. Pensamos que las situaciones son como las vemos, pensamos y sentimos en un momento dado. Sin tener en cuenta que incluso nosotros mismos, reaccionamos de diferente manera ante una misma situación en función del momento personal en el que nos encontremos.

No nos afecta lo mismo un comentario de un compañero si ese día has conseguido cerrar el acuerdo que tanto tiempo llevabas persiguiendo, que si te encontrabas de bajón por algún problema familiar o laboral. El comentario, la intencionalidad, la persona es la misma… pero nosotros no somos los mismos.

Por tanto, ¿cuál es la realidad? ¿Es una realidad única y objetiva, o hay “tantas realidades como personas y momentos”? Hay contextos en los que esa realidad es objetiva: mi teléfono funciona o no funciona,  cuando ponemos una proporción de 250 gramos de harina por cada litro de leche en la receta de la amona aquello sale riquísimo, estoy o no estoy embarazada…  Pero normalmente las objetividades se dan en terrenos más técnicos. Cuando incluimos a las personas en la ecuación…. ¡ay, no existen las ciencias exactas!

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Lo que a una persona le gusta a otra no, lo que a uno le motiva al otro para nada, lo que funciona para conseguir compromiso por parte de un grupo de personas con otro se queda corto,…¡Pero precisamente en esa subjetividad diferencial es donde radica la magia y la grandeza de las personas! Pues siendo todas diferentes, son todas valiosas y aportan su toque de color a la paleta de colores que es la vida.

Pero se nos suele olvidar… y cuando en el día a día vamos a la carrera, ocupados en las miles de cosas que llevamos en la cabeza (la lista de temas pendientes, la reunión que no llego, el informe que todavía no he preparado, la llamada a Jesús que no se me olvide,  que se me hace tarde y todavía no he preparado la oferta para mañana,… ¡ah! y que cuando salga de trabajar tengo que pasar por la farmacia…), y nos vamos “cruzando” con las personas de manera “cuasi-atropellada”, sin tomarnos el mínimo tiempo necesario para elaborar la forma (ni a veces el contenido) ni  el momento en la que nos comunicamos con ellos, y con nuestras orejeras puestas e inmersos en nuestra realidad,  les soltamos aquello que para nosotros es claro… clarísimo… ¡cristalino!… ¿cómo es que no nos han entendido?

O cuando alguien nos comunica algo que para esa persona es importante, y nos atrevemos a aportar nuestra visión del tema, y con nuestra vara de medir soltamos a bocajarro nuestros juicios de valor, lo que está bien y no, lo que es posible o no… ¡para nosotros!!!

Pequeños roces, más o menos importantes, que generan más o menos dolor y malestar… que se podrían evitar fácilmente si entrenáramos nuestros niveles de empatía.  La empatía, que como la define Brené Brown (Doctora en Psicología e investigadora en la Universidad de Houston) es la habilidad que alimenta la conexión entre las personas.

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Porque empatizar, en muchos momentos significa escuchar, simplemente escuchar, sin necesidad de “arreglar”  nada, decir simplemente “Te entiendo, aunque no sé qué decir”.  Significa conectar con la realidad que esa persona está viviendo, reconocer su vulnerabilidad (lo que está viviendo, sus emociones,…) porque reconozco y entiendo esa vulnerabilidad en mí mismo.

Para que esa conexión sea real y permita crear un puente real hacia la otra persona, requiere:

  • Mantener  perspectiva para reconocer esa verdad como la verdad de esa persona: no necesariamente tenemos que estar de acuerdo, ni compartirlo, pero la reconozco y entiendo.
  • No emitir juicio: respetar su verdad, sin opinar ni pasarlo por el tamiz de mi sistema de valores y creencias.
  • Reconocer las emociones en la otra persona: ¿cómo está viviendo esa situación? ¿qué emociones subyacen?
  • Comunicárselo: te entiendo… y estoy aquí…

Porque cuando realmente se consigue construir ese puente que permite conectar a dos personas, se producen esos momentos ¿mágicos? en los que realmente somos dos personas que compartimos y mostramos al otro un pedacito de nosotros mismos y de nuestra realidad.

¿Puede ocurrir un milagro mayor que ver a través de los ojos del otro por un instante?

(Henry David Thoreau)

11 pensamientos sobre “Si pudiéramos ver a través de los ojos del otro…

  1. Maribel Navascues

    Ver, vernos a través de los ojos del otro, poner el foco en esa parte de la realidad en la que tal vez no habíamos reparado. Muchas veces pienso que estamos en desventaja con otras culturas que acostumbran a relatar un suceso desde al menos tres puntos de vista diferentes o a preguntarnos ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? como hacen los niños y así no quedarnos sólo en la percepción inicial.
    El verdadero trabajo en equipo me ofrece la oportunidad de “ver” las otras caras de esa verdad poliédrica.
    Conectar de verdad como dices es mágico, ahí está tu mirada frente a la otra persona, hay comprensión – a veces incluso cuando el idioma es una barrera – , esa chispa aparece y surge el milagro.
    Un abrazo Olaia ;-))

  2. Consorcio CIE Autor del artículo

    Olaia… cómo podemos entrenarnos para ser más empáticos??? Qué dinámicas o qué actitud es necesaria para ello??? Se puede amplicar esta capacidad o es imposible??? Gracias de antemano!!!!!

  3. Rogelio

    Considero la empatía casi como una forma de afrontar nuestra realidad social, de relacionarnos con el otro, de trabajar, de querer, de sentir. Sin embargo, considero también que si se emplea sin ética, sin responsabilidad social puede llegar a ser una forma maliciosa y peligrosa de manipulación, por eso, en relación al comentario anterior sugiero enseñar también los principios éticos que fortalezcan y aseguren un buen desempeño de esa capacidad en los entornos sociales. Gracias Olaia y bienvenida a este espacio que ya se ha enriquecido con tu presencia!!!

  4. Arantza Echaniz Barrondo

    Me ha encantado la definición: “habilidad que alimenta la conexión entre las personas”. La más habitual es la de “ponerse en los zapatos del otro”, pero es menos acertada. La empatía es básica para la comunicación, la relación, la compasión, la solidaridad… Salir de mí para llegar al otro y construir…

  5. Olaia Agirre

    La empatía significa un interés real por la persona. Significa escuchar su verdad, sin juicio, y aceptarla, que no es lo mismo que compartirla necesariamente. Esos niveles de escucha y aceptación se pueden entrenar, pero implica empezar a trabajar por uno mismo. ¡Y ahí entra la ética personal, Rogelio! ¡Gracias por la bienvenida!

  6. Francisco Javier Bárez Cambronero

    Gracias Olaia por tu post. Me gusta mucho. Especialmente la frase en la que escribes que en la subjetividad diferencial está el origen de la magia y grandeza de las personas. ¡Bonito!. Pienso que La Magia está en que ese diferencial es el que une y complementa. Es lo que hace “grandes personas”.
    Y qué decir de la deseada empatía. Habilidad que alimenta la conexión de las personas. Me hace pensar en la necesidad “mamífera” del contacto corporal. Un abrazo confortador contribuye de manera decisiva a nuestro bienestar y en un gran generador de empatía.
    ¡Pues démonos un abrazo!

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  8. george

    en fin……atraves de mis ojos ve gente…..oigo hasta los comentarios que hacen sobre lo que veo..no les recomiendo la idea tan maravillosa….es esclavitud.

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  11. Esther

    George parece que es alguien especial. Habla de una experiencia distinta a la que comenta el resto. Yo solo sé que a veces mi capacidad empática me hace sufrir mucho lo que me obliga a bloquearla temporalmente. o me pasaría la vida llorando.

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