Inteligencia emocional

Razón de ser

concepto-de-poder¿Por qué confiamos tanto en nuestra razón que en nuestras emociones y sensaciones? Éste es un tema recurrente en este espacio, y sin embargo, ni con todas las respuestas que vamos encontrando y sumando a la búsqueda, parece que logremos capturar el motivo. Podemos achacar esta tendencia a cuestiones culturales, históricas, antropológicas, o neurológicas. Sin duda hablaríamos de la evolución de la mente y cómo la razón (entendida ésta como las capacidades intelectuales conscientes, o las funciones ejecutivas superiores como la planificación, el análisis, la memoria, el lenguaje o la concentración, entre otras) es uno de los últimos estadios de dicha evolución. Esta visión fragmentada, ya superada, da paso a una más holística, que pone el foco en la interconectividad, y de ahí en adelante. Yo no soy un experto en neurociencia, ni muchísimo menos, y quizá algún lector o lectora más puesto en estas materias pudiera ser mucho más escrupuloso que yo, pero lo que es cierto es que en los años que llevo ejerciendo la psicoterapia, el contacto interno con las propias emociones es un aspecto del proceso francamente complicado en muchos casos.

Dejarse sentir emociones o sensaciones corporales se vuelve un auténtico desafío. No así entender mi problema, darle sentido a por qué me siento de ésta o de la otra manera, pensar en las estrategias que vengan mejor en una situación como la mía… Todo ello es más manejable. Y es aquí donde yo llego a una conclusión: es más manejable por aséptico. En cierto modo, nuestra capacidad de abstracción, de análisis o de proyección hacia el futuro o el pasado, nos transporta a un entorno, digamos, virtual, en el que pensamos en nuestra vida en lugar de vivirla. Hay algo protector, seguro, en usar el intelecto para delimitar las experiencias que tenemos, es más, parece que tenemos más control sobre nuestras circunstancias cuando pensamos en ellas. Puedo analizar, deducir, inferir, concluir, puedo hacerlo con toda la batería de recursos que mi mente me ofrece, y al hacerlo, no sentir nada. Puedo racionalizar una encrucijada, o la reacción que podría tener ante un encuentro ambiguo con mi jefe, y al hacerlo tengo la sensación de estar resolviendo mi duda o mi dificultad… Y al mismo tiempo puedo hacerlo sin notar mi cuerpo o sin ser consciente de lo que esa situación provoca en mí, emocionalmente hablando.

Al fin y al cabo, somos mamíferos, primates, y hay quien diría que poco más que eso en lo que a nuestro mundo emocional se refiere, y con ello quiero decir que la vulnerabilidad está a la orden de nuestro día. Sabemos que las emociones son reacciones fisiológicas y como tales en cierto modo incontrolables (afortunadamente), así mismo las sensaciones. Este hecho, aparte de ser de gran interés y digno de consideración para los estudiosos y para quien trata de hacerse un poco más dueño de sí, genera mucha inseguridad en quien está sintiendo. ¿seré capaz de manejar mis emociones? ¿para qué hablar de ello cuando me hace sentir mal? En el fondo, una de las precauciones principales hace referencia a la cantidad de control que podremos ejercer sobre nosotros mismos, y qué pasará cuando la razón no sea suficiente para sentir algo diferente ante la duda o la dificultad.

Confiamos en la razón no sólo porque a través de ella podamos entender y decidir, sino porque podemos dirigirla mejor que la emoción, podemos domarla y sentirnos al cargo, podemos sentirnos poderosos, y en muchos casos esta sensación es la que buscamos cuando afrontamos la incertidumbre. Razonando seguimos haciendo pie y convertimos las situaciones reales, con todas sus imperfecciones y sus bazas para desbordarnos, en entornos virtuales sobre los que la razón ejerce una influencia, a menudo también virtual. Razonar, analizar, abstraer está más a mano por familiar, por accesible en cuanto a que son procesos conscientes, por habitual (al fin y al cabo nos “hablamos” mentalmente constantemente) y por tanto, nuestro razonamiento, el que sea, permite que exploremos el mundo de forma relativamente segura… Aunque el mapa, como ya sabemos de sobra, no sea el territorio.

Un pensamiento sobre “Razón de ser

  1. Jbarrera

    Crecimos acotando nuestros sentimientos y expandiendo nuestro conocimientos, cuando llegamos a una edad en la vida donde empezamos a desacelerar hasta un momento donde el manejo mismo de la vida nos lleva a poder empezar a reflexionar las decisiones, los éxitos y fracasos, las emociones, sentimientos y actitudes desarrollada, ya en el ejercicio de esa retrospectiva empezamos a dudar si es el camino correcto por donde queremos transitar….

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