Inteligencia emocional

Conviviendo con el dolor

El dolor crónico me agota

 

Seguro que en el algún momento has sufrido dolor, ¿quien no lo ha tenido?, pero el dolor crónico…eso es harina de otro costal. Sólo quien lo padece puede entender realmente cómo se siente una persona que convive con el, porque éste puede tener tanta presencia que invade prácticamente todas las áreas de nuestra vida.

Otras veces está tan integrado, que se transforma en un compañero que termina pasando desapercibido y no nos damos cuenta de que nos duele, pero las sensaciones siguen estando ahí a pesar de que no las hagamos caso.

A nivel mundial, entre el 25% y el 29% de la población padecen dolor, y tanto es así que la Organización Mundial de la Salud lo ha definido como enfermedad “El dolor crónico es una enfermedad y su tratamiento un derecho humano” e incluso tiene su propio día, el 17 de octubre

El dolor crónico es el que persiste en un periodo de 3 a 6 meses

 

El dolor agudo es limitado en el tiempo y nos avisa de que hay algo que está dañado o que estamos realizando un sobreesfuerzo, mientras que el dolor crónico se define como aquel que persiste un periodo de 3 a 6 meses, las causas son múltiples, tanto físicas como lesiones, infecciones, enfermedades…pero también se incluyen alteraciones psicológicas como trastornos de ansiedad, de sueño etc.

La percepción del dolor es algo sumamente subjetivo y éste nos puede parecer más o menos intenso según la interpretación que le demos, pensar que el hecho de sentir más o menos dolor depende del daño que nos hemos hecho entraría dentro de un modelo lineal simple, un mismo golpe duele más a unas personas que a otras, e incluso afecta de manera diferente a una persona en función del momento vital en que se encuentre.

Tristeza, miedo, ira

 

Convivo con el dolor desde hace mucho tiempo y me ha llevado años entender cómo funciona mi cuerpo y dejar de pelear contra lo que me sucede cuando la molestia se hace más grande, he podido darle un nuevo significado a la experiencia dolorosa y, sobre todo, hacerlo desde un lugar amoroso, lo que sin duda, me hace mucho bien a todos los niveles. Pero lo cierto es que el dolor desgasta, resta energía y es muy probable que se lleve todo el foco de atención, es como si estuviéramos haciendo algo en segundo plano constantemente. Nos pueden pasar cosas maravillosas en nuestra vida que el dolor arrastra y restra vitalidad.

A nivel emocional tiene un gran impacto en nuestras vidas, las emociones más directamente relacionadas con el dolor son el miedo y la tristeza y algunos autores defienden que la respuesta natural al dolor es la ira  incluso algunos estudios demuestran que pacientes con dolor lumbar crónico (el 70% – 80% de la población) realizan una inhibición de la ira, lo que en realidad aumenta el dolor crónico ya que se activan los músculos más cercanos a la zona de dolor.

Sea cual sea la emoción que esté mas presente, repercute en la vida cotidiana, tanto los pensamientos como las conducta se modifican y en muchas ocasiones se genera ansiedad o depresión lo que a su vez actúa en el propio dolor y lo acrecenta, generando una espiral que parece no tener fin.

 

Abrir las puertas al dolor

 

La teoría de la compuerta formulada por Melzack y Wall en 1965 explica como procesamos el dolor en sus tres dimensiones, sensorial o discriminativa (propiedades físicas del dolor), motivacional o afectiva (aspectos emocionales del mismo) y cognitiva (la interpretación que le damos al mismo).

Según sus autores existe una “compuerta” en nuestro sistema nervioso central que hace que se abra y se cierre el paso del estímulo doloroso hacia el cerebro y son las dimensiones mencionadas las que hacen que esta compuerta se abra o se cierre, por tanto invertir tiempo en trabajar estos aspectos puede ser una de las claves para aprender a convivir con la dolencia y no morir en el intento.

Básicamente esas dimensiones hacen que sintamos más o menos dolor, la tensión muscular por ejemplo: a mayor tensión, mayor dolor. Factores emocionales como la preocupación sobre el propio dolor, la tristeza, el enfado y los factores cognitivos tales como la atención constante hacia lo que está dañado, pensamientos catastróficos, creencias sobre su significado y el control que creamos tener sobre el.

 

¿Qué podemos hacer?

 

Aclarar que hablo desde mi propia experiencia, y por supuesto que siempre hay que estar bajo supervisión de un profesional, dicho esto, soy una ferviente convencida de que el bienestar se practica y que la mayoría de las veces podemos  hacer para mejorar nuestra calidad de vida, siempre y cuando esto se haga sin forzar la situación, escuchando al dolor y dándonos aquello que nos hace bien para alejándonos así del sentimiento de indefensión y ejercer cierto “control” sobre esa compuerta anteriormente mencionada.

  • Generar experiencias placenteras: ya he comentado que el dolor secuestra el foco de atención, y hace vivir con una sobre activación del sistema nervioso simpático,  por lo que sería bueno paliar esta tendencia generando experiencias placenteras y acostumbrando al Sistema Nervioso a buscarlas, se trata de dirigir la atención hacia situaciones, objetos y personas asociadas a emociones agradables.
  • Desidentificación del dolor: Sin menospreciar la parte que está afectada, es procurar buscar lo que si funciona, sería algo así como canalizarnos hacia el “si” en lugar del “no” y salir de los caminos neuronales habituales.
  • Expresar el dolor: Generar un espacio para poder expresar el dolor y las emociones asociadas, el arte en cualquiera de sus formas es un maravilloso canalizador de emociones y Frida Kahlo supo plasmar como nadie su dolor.

 

Cuadro La columna rota de Frida Kahlo (1944)

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior. Frida Kahlo”

 

  • Darnos permiso para descansar: si eres de esas personas que está todo el día en el hacer y sufres de dolor crónico, te lo estás poniendo difícil, sería bueno que dejases actuar al sistema parasimpático y darle momentos de calma, tu cuerpo, tus emociones y pensamientos te lo agradecerán. Aunque si el sedentarismo es lo tuyo, movilizar el cuerpo ayudará a eliminar dolores.
  • Abandonar la idea de que “sin dolor no hay gloria”: Culturalmente el dolor está sobrevalorado, ¿te suena alguna de estas frases?

El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber” Cesare Cantú.

“El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos” Marco Valerio Marcial.

“Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor” Arturo Grat. 

“No se ha llegado a la cima del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse” Caballero de Bruix.

…”Parirás con dolor”

Y tu, ¿crees que sin dolor no hay gloria?

Fuentes:

https://clustersalud.americaeconomia.com/gestion-hospitalaria/oms-califica-el-tratamiento-del-dolor-cronico-como-un-derecho-humano

http://revista.sedolor.es/pdf/2000_01_02.pdf

http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-52742008000300007

Corazones inteligentes. Pablo Fernández Berrocal, Natalia Ramos. Ed. Kairós

 

3 pensamientos sobre “Conviviendo con el dolor

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