Inteligencia emocional

Refugios para 2021: abrazos, Cuidados, libros y viajes.

Los abrazos que no he dado.

Las personas a las que no he visto en persona, personalmente.

Los besos que no he sentido.

Los cafés que he tomado sola soñando que acompañaba.

Las miradas que he anhelado.

Las celebraciones que han quedado en suspenso, ahogadas.

Los preparativos que se han quedado a medias porque no había audiencia.

Los aplausos no recibidos porque el público estaba a otra cosa.

Las lágrimas ocultas.

Los equívocos fallos de conexión, esas frías pantallas.

Los pasos perdidos entre salas y reuniones sin puertas, sin sillas, sin paredes, sin ventanas.

Las voces lúcidas, ásperas, críticas y esperanzadoras.

La confusión, el miedo, la angustia.

La búsqueda, el bloqueo, la necesidad de decir y la falta de palabras.

La búsqueda ansiosa, el exceso de información, los fríos datos, las cifras trucadas.

La búsqueda de otras miradas, otros enfoques, otros futuros posibles.

La fragilidad, el aleteo, el cosquilleo de lo que quiere aflorar.

El asombro, la luz, lo extraño y lo magnifico.

La calma, el encuentro.

La duda sutil frente a tanta certeza desmedida.

El movimiento interrumpido, el pensamiento en suspenso.

El azul y el verde, mar y montaña, el horizonte que no veo desde aquí.

El ritmo de mis pies, de los tuyos.

Los viajes a escala humana.

Los viajes alrededor de mi casa, alrededor de mi habitación, alrededor de mi mente.

Los viajes recordados, revividos, anhelados, los que remueven.

Los libros, los pensamientos, los otros.

Los libros, el refugio, el clamor.

Los libros, la resistencia, las historias para compartir.

La pandemia que nos convierte en estatuas de sal, los libros contra el nuevo desierto de lo real.

Los mil y un intentos de entender.

Las reflexiones, las brumas, la niebla, la confusión mental.

Los tiempos, el tiempo que se ha roto.

El consuelo, el apoyo, el acompañamiento.

Las pequeñas complicidades, las otras formas de sonreír tras la máscara.

 

La pandemia nos convierte en estatuas de sal. Los libros, contra el nuevo desierto de lo real

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