Inteligencia emocional

The Crown y el hipercontrol emocional

La serie The Crown sobre el reinado de Isabel II de Inglaterra, me tiene atrapada, además de ser parte de la historia reciente, de estar magníficamente ambientada y de tener unas interpretaciones de quitarse el sombrero, me ha cautivado el personaje de la reina y cómo alguien puede llegar a desvincularse tanto de su mundo emocional.

El personaje principal está interpretado por dos actrices en distintos momentos de su vida, Claire Foy y Olivia Colman quienes abordan un rol donde la neutralidad emocional es una de sus principales características. Como monarca, no cabe duda, que este celo emocional habrá cumplido su función, pero como mujer, como ser humano ¿Cuál es el precio de mantener la imparcialidad emocional a toda costa?

 

El coste del exceso de autocontrol

La actriz Olivia Colman comentó en la entrega de los globos de oro, que en algunos momentos de rodaje de escenas de alta intensidad emocional tuvo que recurrir a algunos trucos para no “emocionarse” y mantenerse dentro del papel, y así mientras rodaba una le decían por el pinganillo cosas aburridas para mantener el tono neutro.

 

 

 

Pero lo cierto es que somos seres emocionales, y seamos o no conscientes, estamos experimentando constantemente emociones, lo que hagamos con ellas, cómo nos comportemos y cómo las experimentemos es lo que marca la diferencia. Una cosas es manejar las emociones de forma apropiada a la situación permitiéndonos adaptarnos a lo que está sucediendo para poder resolverla de la manera más favorable posible, y otra muy distinta es estar en permanente estado de hipervigilancia, pretendiendo manejar todas los escenarios posibles y la respuesta ante ellos. Esto altera mucho al sistema nervioso, elimina cualquier atisbo de espontaneidad, anula la capacidad de pensamiento creativo y genera rigidez en la forma de experimentar el mundo.

Este exceso de control genera un perfeccionismo exacerbado y hace que haya un juez interno crítico muy castigador, tanto para la persona como para el entorno, dificultad para delegar y una tendencia a revisar las tareas de manera compulsiva para no cometer ningún fallo. El foco se dirige hacia el fallo y mucha dificultad para confiar y entregarse.

Entiendo que, para una reina, el “fluir” no está dentro de las cualidades principales a desarrollar, pero si la innovación, la adaptación a los nuevos tiempos y necesidades y a un paradigma donde a la mayoría de la gente le gusta ver la figura “humana” que hay detrás de la fachada. ¡Qué papel más difícil! Estar siempre aparentando, controlando, y en definitiva, no permitiéndose ser.

 

 

 

 

 

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