Inteligencia emocional

IBETI: Alegría

Serie IBETI

AUTORAS: Irati Aldaz Mujika, Amaia Arriarán Etxarri, Irati Garikano Mujika, Irati Karrera Arruti e Iratxe Pérez de Mendiguren

Según la definición del autor Johnmarshall Reeve la alegría es:

“[…] el sentimiento positivo que surge cuando la persona experimenta una atenuación en su estado de malestar, cuando consigue alguna meta u objetivo deseado (cuyo logro no necesariamente tiene que ser esperado), o cuando tenemos una experiencia estética (por ejemplo, la visión de un rostro agraciado o la contemplación de una bella escultura)”.1

Según Reeve, la alegría causa efectos en los siguientes aspectos fisiológicos: afecta a la actividad respiratoria y a la musculatura esqueletal; también influye en la actividad cardiovascular, en la actividad electrodérmica, y en la actividad endocrina.

La expresión de la alegría se acompaña fundamentalmente de los gestos faciales provenientes de los ojos y de los labios. En cuanto a la zona de los ojos, se elevan los pómulos y se estrecha la apertura palpebral (perteneciente o relativa a los párpados). En la zona de los labios destacan la elevación y retraimiento bilateral de la comisura labial así como la separación de los labios. Por otra parte, la expresión de alegría varía en función de la intensidad de la emoción: de más suave, con un gesto sonriente, hasta llegar a la carcajada, acompañada de diversos cambios posturales.

Las emociones positivas como la alegría actúan como señales que ayudan a recordar la información positiva. Cuando estamos bajo un estado emocional alegre, tendemos a ser más cautelosos porque queremos preservar este estado de ánimo, desatendiendo así la información negativa. Generalmente, las emociones positivas nos inducen a llevar a cabo conductas y actividades que nutren el gozo y el mantenimiento de este afecto.

Según Reeve las emociones como la alegría proporcionan muchos beneficios cognitivos:  “Además de los efectos sobre la memoria, aumenta la flexibilidad cognitiva, promoviendo una mayor ductilidad y amplitud en la organización y delimitación de las categorías mentales y facilitando así la génesis de soluciones creativas e innovadoras a los problemas.”

En cuanto a las emociones relacionadas con la alegría, podemos destacar las siguientes:

Emociones afines:

Felicidad: La felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Es el estado de ánimo que se alcanza al lograr una meta. La felicidad favorece la recepción e interpretación positiva de los diversos estímulos que recibimos del exterior.

Satisfacción: La satisfacción es un sentimiento de bienestar o de placer que se siente cuando se alcanza algo que deseas o se han cubierto sus necesidades.

Júbilo: El júbilo es una alegría muy grande que normalmente se expresa mediante signos externos como, por ejemplo, un abrazo.

Éxtasis: El éxtasis es un sentimiento profundo de alegría, es generalmente un estado de plenitud máxima.

Dicha: La dicha es un sentimiento de gran alegría.

Emociones contrarias:

Tristeza: La tristeza es un estado de ánimo de contenido negativo, donde la persona siente abatimiento y deseos de llorar.

Melancolía: La melancolía es un estado de ánimo en el que la persona suele sentir tristeza por encima de cualquier otra emoción.

Nostalgia: La nostalgia es un sentimiento que casi siempre viene acompañado de tristeza que se produce cuando se recuerda a un ser o bien querido que ya no está o que está lejos.

Formas de regulación

Por otra parte, es importante saber controlar las emociones. Regular la alegría requiere trabajo personal y responsabilidad. Al sentir alegría viene la euforia, que es la alegría y bienestar en cantidades desproporcionadas, y en esta situación no hay que tomar una decisión muy arriesgada (inversiones, compromisos…). Ante estas decisiones es necesario conocer las consecuencias, y su criterio dependerá de si dicha decisión produce bienestar y felicidad a la persona y a los demás. Y es que regular la alegría no sólo es recomendable para la persona que está sintiendo esta emoción, sino también para los que están a su alrededor; hay situaciones en las que no es adecuado expresarla, porque puede hacer daño a los demás.

Hay que saber controlar esta euforia o alegría desmedida, ya que puede producir daños emocionales en las personas que están alrededor. Ante estas situaciones, existen tres consejos para regular la alegría. La primera se trata de concentrarse en las consecuencias negativas de los otros por mostrarse alegre; pensar en que el otro se va a sentir mal o que no se sentirá respetado. El segundo se refiere a “desactivar” de alguna manera esta emoción, evitando reírnos, separándonos de lo que nos produce alegría o distrayéndonos con otras cosas. Y por último, se recomienda planear cómo expresar la alegría en un momento adecuado. Teniendo esto en cuenta, tendremos la capacidad de adecuar nuestra expresión emocional al contexto en el que nos encontramos.

Reeve, Johnmarshall (1995). Motivación y Emoción. Madrid: McGraw Hill

¿Qué más quisieran añadir respecto a la alegría?


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