Inteligencia emocional

Consejos vendo para mi no tengo…

Por Olaia Agirre

¿Habéis sentido alguna vez que en un minuto, una persona, ha hecho una radiografía de tu persona, de una situación,…  y te han diseccionado de arriba abajo, poniéndote de vuelta y media, causando en ti un terremoto interno?

Me explico…

Ana* lleva una temporada complicada, con un gran estrés laboral que se va alargando en el tiempo. La situación en su empresa es complicada,  el estrés en su jefe va haciendo mella y a veces, ya demasiadas veces, incluso pierde las formas. Entre los compañeros de trabajo tampoco la cosa está mejor. Habían sido un departamento bien avenido, pero últimamente, “el eso no me corresponde a mi”, las indecisiones a la hora de coger responsabilidades y el pasar la pelota de unos a otros es el pan nuestro de cada día.

En este entorno, Ana,  que siempre se ha caracterizado por intentar arrimar el hombro, tiene la sensación de que demasiados asuntos acaban cayendo en su mesa (¡necesitaría días de 48 horas!) y siente que no puede dar respuesta como a ella le gustaría. El estrés empieza a hacer mella también en ella, hace tiempo que no duerme todo lo bien que solía,  su carácter se ha agriado, salta con más facilidad,  y es consciente que acaba pagándolo con los que tiene más cerca (donde hay confianza…), se siente nerviosa… y un tanto deprimida.

Pues en este contexto, Ana se reunió con una amiga, y entorno a un café, empezó a contarle cómo se sentía, lo angustiada que estaba, … buscando un momento de desahogo en lo que ella pensaba era un “terreno seguro”.

En ese momento, lo que escuchó por parte de la otra persona fue algo como “Ana, es que eres demasiado buena. Siempre acaban aprovechándose de ti, tu jefe piiiiiiiiiiiiiii y tus compañeros piiiiiiiiii y tú, ¡ala!, calladita y acabas comiéndote todos los marrones. Es que siempre haces lo mismo. Porque acuérdate lo que pasó con Rosa* también, que al final acabó aprovechándose de ti, y ni un gracias. Ya te dije yo que no era de fiar… Así que luego no te quejes. Además, no es para tanto, que mi jefe, ese sí que es un horror, porque el otro día piiiiiiiii. Bla, bla, bla, bla…..”

 juicioEn ese momento, Ana se quedó helada. Sintió una puñalada en la espalda que le atravesaba de lado a lado. Ella se había sincerado, buscando una persona que le escuchara, que simplemente estuviera ahí para compartir, aunque sólo fuera durante esa conversación, el peso que sentía que arrastraba encima y que tan exhausta le dejaba… sin embargo, no sólo no pudo sentir que compartía ese peso, sino que además como consecuencia de los juicios de valor que recibía, ese peso se multiplicó con culpabilidad y malestar.  Resulta que ella era un desastre, se lo tenía merecido, y encima no era para tanto, ¡porque había situaciones peores!!!

No quiero entrar a valorar si Ana tenía razón o no, si actúa bien o no en su trabajo, con su jefe, con sus compañeros o su marido, ni si hizo la lectura correcta o no de lo que su amiga le dijo. Tampoco si la otra persona tenía razón o no… Pero sí que me gustaría comentar algunas conclusiones que entre Ana y yo hemos sacado como aprendizaje de esta historia:

  • Por mucho que creamos conocer a una persona, o su situación, nunca llantes de juzgarme… ponte mis zapatos, recorre mi camino, vive mis penas, mis dudas, mis risas, alegrías… y después… juzgaegaremos a conocer las heridas internas que tiene. Por tanto, “antes de juzgarme… ponte mis zapatos, recorre mi camino, vive mis penas, mis dudas, mis risas, alegrías… y después… juzga”.
  • Antes de dar tu opinión, pide permiso. Por muy bienintencionadas que sean, si yo no estoy preparado para recibirlas, me puede hacer más mal que bien.
  • Cuando damos una opinión, dejemos claro que es nuestra particular visión de la situación, y no lo convirtamos en cátedra. Es decir, mi opinión no tiene por qué ser la realidad absoluta.
  • No olvidemos que la vida es cuestión de matices, ¡entre elpaleta colores blanco y el negro existen los grises, y el arco iris!! Huyamos del bien o mal, del todo o nada…
  • El hacer todo de la parte es, cuanto menos, injusto. Puede que no siempre haya acertado en mi comportamiento, pero de ahí a decir que SIEMPRE me comporto de tal o cual manera… Aprendamos a relativizar y moderar en nuestras apreciaciones. Me ayuda más que me indiques situaciones o comportamientos concretos que generalices.
  • Cuando alguien está compartiendo con nosotros sus problemas, muchas veces la mejor ayuda es simplemente ESCUCHAR. Escuchar de verdad, sin buscar soluciones, sin compararnos ni buscar situaciones parecidas que hayamos vivido, ni aprovechar para sacar a relucir otras situaciones,… Simplemente estar ahí, hombro con hombro, y escuchar. Ayudar a que, aunque sea durante ese breve momento, la mochila sea compartida.
  • No filtres por el tamiz de tus valores mi vida o mi persona. Cada uno hemos elegido unos valores, lo que para ti es muy importante, tal vez para mi no sea tanto… por favor, cuando te estoy hablando de mi, no me radiografíes según tu escala de valores, y acepta que yo puedo tener una escala diferente. Ni mejor ni peor… simplemente he decidido que mis prioridades sean esas, y simplemente, respétalas.
  • Hay que tener mucho cuidado en manos de quien ponemos nuestra autoestima. Los demás podrán decir lo que quieran, pero que les otorguemos el poder de ponernos patas-arriba emocionalmente es nuestra responsabilidad ¿por qué le hemos dado tanto poder a esa persona?
  • Y ay, ¡qué fácil es opinar sobre los demás!!!!!

 ¿Te gustaría aportar alguna reflexión más?

Por último, te dejo este pequeño fragmento del Indomable Will Hunting, donde precisamente Robin Williams le cuenta a Matt Damon de las consecuencias de sus críticas y juicios de valor. Que lo disfrutéis….

 

*Ni Ana ni Rosa son nombres reales, pero la situación aunque disfrazada, es real como la vida misma.

3 pensamientos sobre “Consejos vendo para mi no tengo…

  1. Maria

    No podría estar más de acuerdo contigo!! Yo también me he siento así muchas veces y tienes razón: la mayoría de ellas, sólo queremos que nos escuchen…

    1. Olaia Agirre Autor del artículo

      La escucha es realmente sanadora. Solemos ir con orejeras por la vida, y practicamos muy poco la escucha. Cuando, de repente, sentimos que realmente nos escuchan, de verdad, nos sentimos entendidos, nos sentimos reconocidos como personas,… y ese sencillo gesto nos sana, nos aligera la mochila que llevamos encima. Un abrazo Maria!

  2. Pingback: Consejos vendo, para mi no vendo... nueva entrada en el blog eitb Inteligencia Emocional - OAZ Coaching para el cambio

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