Inteligencia emocional

Fluir o los momentos placenteros del desarrollo

Te voy a pedir que pienses en la última vez en que te hayas sentido…

– Estás totalmente concentrado en alguna actividad… ¡y lo que estás disfrutando!

– Has perdido la noción del tiempo… y del mundo… ¡parece que nada más existe!

– Estás ante un reto…complejo… ¡pero ves clarísimo qué es lo que tienes que hacer para seguir adelante, y claro que te sientes capaz de dar esos pasos!

– En ese estado de concentración y claridad máxima… te sientes que todo tiene sentido… más allá de ti, de la tarea… como si fueras parte de algo mayor a ti mismo

– Y lo que estás haciendo, ¡ya lo creo que vale la alegría de hacerlo!…No por lo que vas a conseguir, ni por el qué dirán… sino por la actividad en si misma.

¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas de la emoción, la sensación de pleno disfrute que te embargaba? Puede ser un momento relacionado con alguna actividad de ocio, alguna actividad en tu trabajo,… y seguramente estará relacionado con alguna habilidad personal que tengas.

Fuente: wikipedia

Fuente: wikipedia

Pues a ese estado en el que te sientes que lo que estás haciendo tiene todo el sentido del mundo, que implica ponerte a prueba pero en el que te sientes que estás aportando lo mejor de ti mismo, dando “un poquito más”, convirtiéndose en un reto personal, y en el que estás experimentando el disfrute máximo,  Mihaly Csikszentmihalyi lo bautizó como “Fluir” o estado de flujo.

Un estado de fluidez que se asocia a esa “experiencia óptima”, que ha escapado a la ansiedad (demasiado complejo) y al aburrimiento (demasiado fácil), y que te ha permitido ordenar, con una claridad extraordinaria, el caos reinante en tu mente. Un estado que te lleva al disfrute y que te sirve como estímulo adecuado para buscar nuevos desafíos y hacer que tú crezcas como persona.

Tras más de doce años de estudios, en los que se han analizado personas y situaciones tan diversas como un estudiante en Asia, a un joven escalador en Norteamérica, a un ajedrecista soviético, a una abuela en las montañas de Los Alpes o a un director de empresa, se han encontrado en todos ellos, una serie de puntos que confluyen en situaciones que propician ese estado de fluidez.

1- Desafío que requiere de nuestras habilidades. Se trata del “más difícil todavía”, un desafío que pone a prueba nuestras habilidades, que pide de nosotros un poquito más… lo suficiente para retarnos sin abrumarnos.  Gracias a ese “un poquito más”, las actividades de flujo conducen al crecimiento y al descubrimiento.

2- Concentración y enfoque. Perdemos el límite entre nosotros mismos y la actividad, nos sentimos uno con nuestro entorno, con la actividad. En ese estado, nuestra mente discurre libre y armónicamente.

3- Metas claras. En ese estado, tenemos claro a dónde queremos llegar, o aunque no veamos la meta final, sí cuál es la siguiente etapa. La claridad en la percepción de esta meta se nos presenta como un motor que nos impulsa hacia ese “un poquito más”.

4- Directa e inmediato feedback. Somos capaces de observar indicios de que lo que estamos haciendo va por buen camino, lo que nos ayuda en nuestro desarrollo.

5- No hay espacio para otras informaciones. En los momentos de flujo sólo existe ese momento, ese lugar, esa situación. Es como si desconectáramos de cualquier hecho ajeno, y nuestra mente se ordena para dar respuesta a esa situación.

6- Sentimiento de control personal sobre la situación o actividad. A pesar de que existen aspectos que dependen de nosotros y otros ajenos, en los estados de flujo tenemos la sensación subjetiva de poder controlar esa situación. Nos sentimos plenamente capaces.

7- Pérdida del sentimiento de autoconciencia. Nos olvidamos de nuestra propia personalidad, y como las demandas del “yo” consumen continuamente una elevada cantidad de energía, el liberarse de ellas, liberamos una gran energía que podemos dedicar a otros fines. Paradójicamente, cuando logramos olvidarnos de quién o de qué somos, podemos expandir aquello que somos, al emerger tras la experiencia vivida con más fuerza.

8- Distorsión del sentido del tiempo.  La dimensión objetiva del mundo externo se vuelve irrelevante, y la percepción subjetiva de la experiencia temporal se ve alterada, por lo que las horas nos parecen ¡minutos!

 

No se trata de actividades extraordinarias, sino experiencias subjetivamente agradables, que tienen relación con mis habilidades y capacidades. Se trata de lograr un propósito que trasciende de uno mismo, que tiene pleno sentido para mi en si mismo, y que implica autoretarme al requerir de mi “un poquito más”, poniendo a prueba mis límites, pero encontrando en mis habilidades y capacidades la fuerza suficiente para superar el miedo y emplearlo como fuerza impulsora y motriz.

 ¿Qué tipo de situaciones son las que hacen que vuelen tus horas?

¿Haces algo para fomentarlas?

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