Inteligencia emocional

Y tú, ¿qué tipo de juez eres?: Modelo de comunicación asertivo

A pesar de ser un término acuñado hace muchos años, todavía me encuentro en las charlas que realizo habitualmente sobre comunicación e Inteligencia Emocional, con personas que no tienen claro que es exactamente la asertividad o por el contario ni siquiera han oído hablar de ella.  Esto hace pensar que si desconocemos el concepto sobre algo difícilmente podemos actuar sobre él, es decir, no podemos ser asertivos en nuestras relaciones.

Entonces, ¿se puede ser Asertivo sin saberlo? En mi parecer si, se puede haber aprendido una cualidad por imitación sin conocer el concepto en sí. Desde mi experiencia lo que he podido observar es que, se practica parte de las cualidades de ser asertivo sin desarrollar toda la esencia de la asertividad por lo que se es asertivo a medias o solo en los momentos más propicios.

Lo que me lleva a otra reflexión, ¿soy asertivo como parte integrante de mi conducta o practico la asertividad? Lo que indicaría que no siempre me comunico de una manera eficaz. Si soy asertivo practicaría la asertividad en cualquier situación independientemente de mi estado emocional, lo cual, a mi entender debería de tener una correcta gestión emocional aunque por otro lado se pudiera dar el caso de encontrarme en una situación que chocara frontalmente con alguno de mis valores o peligrara mi vida y se disparara la amígdala, como dijo Goleman, y seria sujeto de un secuestro emocional. ¿Podría ser asertivo con una pistola en la sien? O más bien, ¿una conducta inhibida podría ser más conveniente?

Personalmente, la asertividad la defino como yo tengo derechos y los reconozco, tus tienes derechos y acepto que los tengas. Pero, ¿qué derechos son estos? Si buscas acabaras encontrando multitud de derechos asertivos, sin embargo, yo suelo trabajar con los que define Smith. El primero del que derivan los demás es “tienes derecho a ser tu propio juez”.

Ser tu propio juez implica que tienes tus propias normas con las que te juzgas y juzgas a los demás, estas normas son tus valores y creencias.  Teniendo en cuenta que cada uno tiene las suyas es difícil, a mi entender, poder “dictaminar” que está bien o que está mal. Ya que el juicio se da bajo tus normas o creencias y este podrá ser considerado de otra manera por otro juez o persona.

Aceptar que las personas actúan bajo sus propios criterios y que son ellas las únicas que se pueden juzgar implica no solo aceptar “lo diferente” sino que aumenta en un grado exponencial la inteligencia emocional de la persona al disociarse del juicio vago y banal por el que nos distanciamos y vemos como “raros” a los otros.

Integrar en tu vida este derecho asertivo “ser tu propio juez” implica, en mi opinión, avanzar en el camino hacia la paz interior que proporciona librarse de la dictadura del juicio, encontrando más puntos en común que nos unan y menos diferencias que nos separen.

Un abrazo a todos y todas.

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