Inteligencia emocional

La intuición

 

Últimamente me está pasando una cosa curiosa, y es que desde el confinamiento he contactado con una claridad mental que hace tiempo que no recordaba, a esa claridad yo la llamo intuición, y ahora solo queda confiar en ella y seguirla

¿Qué es la intuición?

La RAE en su primera acepción denomina a la intuición como la  “Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”. Etimológicamente es un verbo compuesto de in (mirar hacia el interior, intensificación) y tueri (contemplar, observar, mirar).

Conectar con la intuición es poner la mente, el cuerpo y la conciencia al servicio de nuestro yo más íntimo, no basta con escuchar los mensajes, después habría un paso más, el de seguir esos mensajes. 

Podríamos definirla como un modo de conocimiento a través del cual recibimos información que provienen de una parte de nuestro ser, que a veces denominamos “guía” y otras, “sexto sentido”. En cualquier caso, el cuerpo es el mediador de la intuición y se comunica mediante sensaciones, imágenes e impresiones. 

“El cuerpo humano es el único vehículo para la autoconsciencia” Deepak Chopra

 

El neurocientífico Antonio Damasio, alega que las intuiciones tienen una base biológica que activa ciertas partes del cerebro que  evocan memorias emocionales, de tal manera que parece ser que que la intuición se forma a través de la experiencia, Damasio afirma que “el cuerpo, por sí mismo, envía señales traducidas en cambios físicos repentinos, inmediatos, que anticipan la toma de decisiones y, sobre todo, los posibles resultados de dichas elecciones, disminuyendo, en gran medida, la carga de trabajo en el posterior proceso racional”. 

La intuición es fiable porque nos da una visión de conjunto ya que es útil para encontrar patrones y nexos de unión, lo cual nos facilita las respuestas rápidas, pero también necesitamos de respuestas más analíticas, se trata de integrar ambos conocimientos sin descartar ninguno de ellos.

 

¿Cuándo fiarnos de la intuición?

Básicamente cuando tenemos muy afinado el instrumento de la intuición, y esto requiere de un profundo proceso de auto conocimiento para no confundir respuestas reactivas propias del carácter con las valiosas señales que aportan información. 

Saber detectar esas señales, requiere de un proceso atenciones consciente, ya que supone poner atención frente a los estímulos,. En definitiva, es entrenar la capacidad de elegir donde ponemos atención. 

Según la neurociencia, cuando ponemos la atención en algo, la parte del cerebro relativa a esa actividad se activa, por ejemplo si estamos frente a un cuadro, primero seleccionamos hacia donde prestamos atención (forma, figura, colores) ya que no podemos atender a todo a la vez, y una vez hecho esto, si nos enfocamos en los colores, las neuronas que responden ante ellos se encienden. Así, que el primer paso paso para desarrollar la intuición, es poner atención a las señales. 

A veces la intuición se puede confundir con deseos, miedos, dudas, creencias o compulsiones que actúan de manera urgente para dejar paso a una sensación de vacío infertil, mientras que la intuición es más sosegada y tiene en cuenta nuestra realidad interna y externa.

Está basada en nuestra mochila personal almacenada en nuestro subconsciente, donde ha quedado registrada muchísima información de la que no somos conscientes. Son imágenes, sensaciones, olores etc. que están ligados a las emociones, de tal manera que si nos entrenamos, podemos usar esa información previamente adquirida en el momento en que la necesitemos.

Dentro de este fenómeno de la atención, está la observación de sucesos sincrónicos, es decir, la aparición de dos fenómenos a la vez, que son útiles cuando nos plantemos que quieren decir. Digamos, que esa coincidencia es portadora de algún mensaje, en un primer sirve para tomar conciencia y reflexionar, y es una baza determinante para tomar acción después.

Según el tipo de intuición, existen tres clasificaciones

  • Intuiciones emocionales: Resultantes de ideas aisladas, donde la parte emocional es más fuerte que la racional.
  • Intuiciones racionales: parten de alguna idea consciente y aparecen fuera del lugar donde la parte racional tuvo lugar, esto se da mucho en los procesos creativos, cuando se está madurando una idea, y la respuesta aparece en otro lugar cuando no estás pensando de manera consciente en ello. El famoso BBB (bed, bath, bus), esas clicks que hace el cerebro mientras te duchas, estás en la cama o en cualquier medio de transporte. 
  • Intuiciones volitivas: Son “accidentes”, ideas que surgen cuando la atención está localizada en el problema o situación a resolver, pero aparece un camino alternativo que resulta ser la solución. Es cuando el cerebro mantiene la atención 

“La intuición es mi socia. Me levanto cada mañana para ver qué nuevos regalos me tiene” Jonas Salk, investigador médico y virólogo que consiguió frenar la poliomielitis, el problema de salud pública más peligroso en los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, gracias a su invención de la vacuna.

 

¿Cómo desarrollarla?

  • Aprender a sintonizar con los sentidos. El cuerpo es un mediador y prestar atención a sus señales puede ser un buen principio, es sumamente útil cualquier técnica de educación somática y consciencia corporal.
  • Atender a las sincronías y patrones repetitivos en la vida cotidiana, se puede ir forzando, por ejemplo tener en mente un número concreto y atender a cómo aparece en el día a día ese número.
  • Practica la meditación o Mindfulness para eliminar ruido mental 
  • Cultivar la mirada del observador interno 
  • Realizar una actividad creativa donde se permita la libre expresión.

 

Fuentes:

https://www.larazon.es/blogs/sociedad-y-medio-ambiente/biologia-de-la-normalidad/intuicion-vs-razon-primera-parte-BH19965747/

https://institutoflash786.org/2014/07/07/actividad-en-regiones-cerebrales-se-afinan-para-activarse/

Vanessa Mielczareck. Inteligencia intuitiva. Ed. Kairós.

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