Inteligencia emocional

El futuro es un viaje compartido

Esta es una de las mejores definiciones de Innovación desde la que he trabajado: “construir futuros deseados”. Exploradora de fronteras, asomándome a los bordes, curiosa ante cualquier nueva forma de hacer, outsider casi siempre, sintiéndome intrusa o impostora, la idea de “distintos juntos” siempre me ha puesto las pilas. El futuro es un viaje compartido.

 

Estos tiempos de pandemia insisten, reclaman, exigen el reunir a diferentes, en lograr el equipo que compite para encontrar la mejor solución, que comparte para construir conocimiento compartido.

¿Lo estamos logrando? ¿Estamos aprendiendo?¿nos unimos para construir el futuro deseado?

 

Lecturas, reflexiones, libros, ensayos, documentales…el otoño me encuentra exhausta, inquieta, preocupada. Ya en mi etapa universitaria jugaba a entender de política económica pensando en una marioneta cuyos hilos se llaman PIB, Déficit, Deuda externa, balanza de pagos, índice de precios, salarios, evaluación o apreciación de la moneda, subida o bajada de los intereses crediticios, emisión de deuda pública…. Cualquiera de las variables provoca un movimiento y un efecto en las demás. Con el paso del tiempo el número de variables ha aumentado, los indicadores que utilizamos, a pesar de darnos un diagnóstico erróneo de la realidad siguen siendo los mismos, y lo que ha cambiado es que como en el teatro negro de Praga, no vemos quienes mueven los hilos, y lo que nos cuentan ya no sirve para hacernos una idea de cómo y hacia donde va la marioneta.

La estadística me encantaba y sin embargo hoy parece la ciencia de la distracción, elegir con quien me comparo, que indicadores son los adecuados y ofrecer comparaciones, que información es la pertinente, no confundir correlación con causalidad… Hoy ni siquiera hay un mínimo esfuerzo por explicar que significa crecimiento exponencial. Los datos, las cifras, los análisis cuantitativos se imponen pero parece que nadie sepa interpretarlos adecuadamente. Llevamos seis meses de pandemia y la confusión en la presentación de datos es la norma.

 

Comienzan a aparecer ensayos que intentan ofrecernos contexto, equilibrar lecturas cuantitativas y cualitativas, invitándonos también a pensar qué pasaba en el mundo justo antes del coronavirus, ese que parece tan lejano. El #Metoo, las manifestaciones en Hong Kong, los refugiados, los chalecos amarillos, la guerra de aranceles entre USA y China, los bulos y las FakeNews, Greta Thumberg y los viernes por el clima #FridayforFuture, la ruptura del tratado con Irán…

 

¿De qué hablamos hoy en plena segunda ola de Coronavirus? ¿De los incendios en Libano? ¿Del incendio en Moria, en el campo de regugiados de Lesbos? ¿De los incendios en el Oeste de Estados Unidos?, ¿De los tratados entre Israel y algunas monarquías árabes? ¿De las manifestaciones antirracismo en Estados Unidos?…

 

¿Cómo encontrar algo de sentido, de contexto, mejores preguntas, propuestas, cómo ponernos a construir el futuro que de verdad deseamos?

La Gran mediatización I. El tsunami que expropia nuestras vidas. Del confinamiento digital a la sociedad de la distancia. José Pérez Tornero. (Esta gran mediatización ha provocado un confinamiento digital que tiende a disolver la solidaridad humana y a implantar la sociedad de la distancia; que amenaza con degenerar nuestra democracia y someternos a los dictados del monopolio de las grandes compañías de internet).

Vivimos inmersos en burbujas o en ciudades mediáticas que filtran toda la relación con el entorno y con los demás.

Hay en la actualidad una exacerbación del individualismo narcisista, del exhibicionismo de la personalidad y un control invisible de nuestras vidas, una supervigilancia. La realidad mediática amenaza con expropiar nuestras vidas, y el populismo mediático autoritario se impone.

En esta completa entrevista de la revista Purgante hace a José Perez Tornero, especializado en alfabetización periodística y mediática podemos ver muchas de las tesis de este Catedrático de Periodismo y Ciencias de la Comunicación.

El autor nos habla de las diferentes capas de masificación que han cambiado nuestras relaciones, la urbe como primer ejemplo de masificación, vivir rodeados de multitudes, la sociedad industrial y de la sociedad de masas, con el fenómeno de la imitación y la necesidad de pertenencia al grupo, y por último la masificación digital y global. La hipermasificación digital.Una red de conexiones permanentes de medios y redes, lleva a la llamada experiencia virtual, imitamos a quienes no conocemos. La maquinaria algorítmica nos hace más gregarios e individualistas.

Hipermasificación que genera más desigualdad. La mayoría de las transacciones comerciales del mundo están en manos de 9 empresas chinas o estadounidenses, imagino que aquí hablamos de las GAFAM, Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, y otras plataformas como Uber, Netflix, Glovo, Deliberoo…

“La brecha digital se expande, al igual que la cognitiva, y lo hace a un ritmo exponencial amplificando las diferencias sociales y económicas”.

(…)Asistimos a un nuevo fenómeno de estratificación digital de los individuos, compatible con la profundización del aislamiento individual (confinamiento individual y digital), que va mucho más allá de la potenciación de la vida privada e íntima y se está convirtiendo en un dato esencial de esta nueva sociedad de la distancia que la pandemia nos puede dejar”.

El confinamiento impone y potencia, esa “experiencia”, esa realidad digital y nos trae un distanciamiento que es también moral.

“Tengo la sensación de que la distancia física que nos impone la pandemia, esos dos metros a los que tenemos que mantenernos a distancia de los demás, y el uso de mascarillas, es la mejor metáfora de un distanciamiento digital y moral que se venía produciendo desde hace tiempo”.

Nos habla José Perez Tornero del “síndrome de la luz de la farola”.

Hablo del síndrome de la farola para referirme al hecho de que intentamos resolver los problemas en las zonas y con los métodos que conocemos. Como el que busca la moneda que ha perdido no donde ha caído, sino solo en el estrecho círculo donde ilumina la única farola que hay en la calle.  En realidad, muchos de estos problemas son nuevos y no contamos con mecanismos para resolverlos. En lugar de innovar nos ponemos a trabajar sobre la zona que ilumina la farola.”

 

Byung Chul Han habla de feudalismo digital, todos somos vasallos de los algoritmos. Si antes nos preguntábamos si los algoritmos decidirían por nosotros, cada día tenemos más datos que lo confirman. En su último libro el filósofo coreano La desaparición de los rituales incide en la idea de perdida del sentimiento de comunidad.

 “La desaparición de los rituales señala sobre todo que, en la actualidad, la comunidad está desapareciendo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización, nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vincu­lación ni más cercanía. Las redes sociales también acaban con la dimensión social al poner el ego en el centro. A pesar de la hipercomunicación digital, en nuestra sociedad la soledad y el aislamiento aumentan. Hoy se nos invita continuamente a comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos o preferencias, incluso a que contemos nuestra vida. Cada uno se produce y se representa a sí mismo. Todo el mundo practica el culto, la adoración del yo. Por eso digo que los rituales producen una comunidad sin comunicación. En cambio, hoy prevalece la comunicación sin comunidad. Cada vez celebramos menos fiestas comunitarias. Cada uno se celebra solo a sí mismo”.

 

Tirando de este hilo, he visto  también el documental “El dilema de las redes sociales”.

No es el único trabajo que apuesta por que borrar nuestros perfiles para mejorar nuestras vidas. Lo que llama la atención es que quienes nos lo recomiendan sean personas que han ocupado puestos de relevancia en esas mismas corporaciones: el antiguo responsable de ética de Google, el inventor del scroll infinito, del botón del “megusta” en Facebook, o antiguos directivos de twitter. Resulta significativo que sea Netflix quien ofrece el documental, tal vez nos conformamos con ver “escenificados” nuestros miedos, nuestras dudas, y eso reconforta, pero no se si es una llamada a la acción, tal vez nos convierte sólo en activistas de sofá.

¿Es qué no ven la realidad, la soga de los ahorcados, en las residencias de ancianos, los hospitales, los colegios y las calles?” Luís García Montero en Amor a Madrid.

“No somos infinitos (…) podemos llegar a tener 30 o 40 afectos, poco más. Las ciudades son un desperdicio de tamaño, tiempo, soledad. (…)Podemos pasar 3 o 4 meses balconeándolas. (…) No es que no sepamos lo que hay que hacer, ¡es que no lo hacemos!. (…) Arrasamos las selvas verdaderas e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores, al insomnio con pastillas, a la soledad con electrónica…¿es qué somos felices alejados de lo eterno humano?” José Mujica, expresidente de Uruguay entrevistado por Jordi Évole durante el confinamento.

 

Un programa de RTVE en Documentos TV, La gran desconexión, incide sobre este problema de fondo. ¿Cómo hemos llegado a desconectarnos por completo de la comunidad?

“La cultura moderna se enfrenta al reto de subsanar los factores de riesgo que la han llevado a la desconexión, a fin de lograr una saludable calidad de vida que nos haga más felices
“¿Qué significa para nosotros el bienestar de la comunidad? Si somos incapaces de responder a esta pregunta, es probable que no estemos prestando atención a algo que podría mejorar nuestra calidad de vida.” Con esta primera cuestión comienza a desarrollarse ‘La gran desconexión’, el documental que analiza en profundidad, cómo la sociedad occidental ha ido perdiendo el sentimiento de comunidad y sus beneficios de los que disfrutaba décadas atrás”

 

Y entre toda el ruido y la furia algunos intelectuales como el lingüista Noam Chomsky, la activista Noemi Klein, el candidato demócrata Sanders, o el economista y político griego Yanis Varufakis, ponen en marcha en mayo la Internacional Progresista y acaban de celebrar su primera cumbre a finales de septiembre.

En los discursos inaugurales Noam Chomsky nos invita a entrar en pánico, entender la urgencia de la situación, la necesidad de actuar unidos, su conferencia se titula Internacionalización o Extinción.

Noemi Klein en Los años de Reparación nos pide “desacelerar” nuestra vuelta al modo de vida de antes, “reparar”, aumentar y mejorar nuestra solidaridad y nuestra relación con la naturaleza. “Ser sanadores del que está a nuestro lado y del planeta”.

Hipermasificación, hipercomunicación, aislamiento, soledad, desconexión de la comunidad, urgencia…

Como no sentirnos abrumados, bloqueados, me parece bien reinvindicar el derecho a estar raros frente a esta “nueva normalidad”como defiende Amador Fernandez Savater al repasar sus conversaciones con amigos.

“A mí me pasa lo mismo. Raro, descolocado, desorientado. “Me he quedado a vivir en la fase 0“, bromeo. Trabajo lo menos posible, paso mucho tiempo en casa, sólo me animo a los encuentros significativos”.

Yan Lianke en la universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong nos invita en su carta a los alumnos a contar,  a “Que cuando esta epidemia termine nos quede la memoria

“Queridos alumnos, somos estudiantes de letras y es posible que a lo largo de toda nuestra vida dependamos de la palabra, la verdad y el recuerdo para relacionarnos. Hemos de hablar desde la memoria. Si no expresamos nuestros miles de recuerdos individuales, la memoria colectiva, estatal y nacional siempre ocultará y modificará, por razones históricas, nuestra memoria individual. En estos momentos en los que el Covid-19 aún no ha coagulado en forma de recuerdos, comenzamos a escuchar a nuestro alrededor alabanzas y celebraciones a bombo y platillo. Es por esto por lo que espero que todos vosotros, todos quienes hemos atravesado por esta epidemia, logremos conservar la memoria cuando todo termine”.

Mi futuro deseado es un futuro compartido, que es urgente construir entre todos. Si no somos nosotros ¿quiénes?, si no es ahora ¿cuándo? ¿compartimos viaje?

 

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