Inteligencia emocional

Buceando entre lecturas.

Comienza 2021 y retomo mi cita con este blog. Momento isla entre tanto ajetreo navideño.

Me acompaña mi pequeña libreta azul, regalo familiar. A punto de expirar: 2020 nos ha dado tantos momentos de interés que desbordan sus páginas.

En ella atesoro ideas, lecturas, ocurrencias, notas … Tomadas de aquí y de allá. En ocasiones, el descuido me juega una mala pasada y olvido donde recogí aquella idea genial. En otras, recorro sus páginas en busca de “inspiración”.

Localizo “Quantix: La física cuántica y la relatividad en cómic”, compañero de viaje en días de aislamiento hogareño. Que me recuerda que somos átomos: protones, neutrones, y electrones. Básicamente hidrógeno, salpimentado de carbono, oxígeno y nitrógeno. Cuatro elementos, que hacen de nosotros siempre lo mismo, siempre diferente.

Me topo con “Una sirena en París” de Malzieu y disfruto con sus soñadoras de combate activadas con el combustible del entusiasmo. Y con la cuadrilla de sorpresistas campando a sus anchas por la ciudad.

Me emociono con “Los hermanos Iñurrategi: un latido en la montaña” y su invitación al optimismo: “Mañana también amanecerá”. Y con la sutil distinción entre “llegar a la cumbre” y “alcanzar el éxito”. “… sería triste medir los logros según la altitud de la montaña porque después del Everest, ya no quedaría nada …”

Me indigno con las incómodas verdades que relata “El consentimiento” de Springora. ¡Qué fácil ser depredador cuando la sociedad aplaude obnubilada a la estrella! ¡Qué gratuito doblegar la voluntad de una niña con un carisma forjado de perversos caprichos!

Me estimula la osadía de Darwin. En algún sitio leí que Charles recopilaba en una libreta, hechos y eventos que refutaban sus hipótesis. Saludable afición esta de atender aquello que te contradice. Qué útil para inocular sentido común en tiempos de algoritmos para el autoengaño.

Cuando me dispongo a terminar mi inmersión entre lecturas, me encuentro una poderosa pregunta. Sobre todo, para quienes no lo tenemos todo claro. Su autor, B.F.Skinner ¿Por qué la gente se comporta de la forma como lo hace? ¿Por qué nos comportamos como lo hacemos? ¿A qué causas obedece nuestra conducta?

La persona con quien estamos más familiarizados somos nosotros mismos. Y bajo nuestra piel está contenida una pequeña parte del universo.

¿No sería éste un buen punto de partida para comprender por qué -entre todas y todos- estamos consiguiendo resultados que nos hacen infelices?

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