Inteligencia emocional

Phono Sapiens

A menudo, cuando se abre una “ventana de oportunidad”, bajamos estores y persianas. Comparto esa sentencia de Tom Peters. Y, en cuanto te das cuenta, procede realizar acto de contrición, y propósito de enmienda. Sin cilicios.

No fue este el caso. Es mediodía. Distraído, entre las estanterías de mi librería favorita, a la búsqueda y captura de nuevas emociones, el vocacional “librero de guardia” me presenta a BYUL CHUL HAN. Hace unos meses, Pablo nos lo trajo al blog entre sus lecturas veraniegas. No le conocía. “Nice to meet you”

“Psicopolítica”. Caigo en la tentación. Me atrapa su provocador análisis de las nuevas formas de sometimiento. En su nueva versión, el Gran Hermano es amable. Sabe que se “educa mejor con miel que con hiel”, con refuerzo positivo que con castigo.

Y, así, nos domina mediante la seducción. Nos colma de “emociones positivas” de metaversos. Para huir de la cotidianidad.

Y, positivamente cargados, “libremente” nos entregamos a sus algoritmos. Le regalamos con alegría nuestro “alma”: nuestros datos, quienes somos. Para que-con ellos- se anticipe a nuestros deseos. Esclavismo del “like”. Sálvame de lo que quiero

También nos lo advertía en (“La sociedad paliativa”) : hoy en día, un nuevo mandamiento nos ha sido entregado, el undécimo: “sé feliz”. Pero “ser feliz” no soporta el imperativo. Aversión que comparte con verbos como amar, soñar … Y fracasa en el intento. Y, para superar la frustración, nos sometemos a la anestesia permanente. Y nos alistamos a la tropa de “la mismidad” como si fuéramos cromos repetidos.

Hace unos días, comencé su última propuesta, “No cosas”.

Si has leído “La policía de la memoria” te resultará familiar. En esta distópica novela de Yoko Ogawa, en una isla las cosas van desapareciendo poco a poco y son condenadas al olvido. El mundo se vacía. Su recuerdo es castigado con saña.

En su ensayo, Byul Chul Han nos describe la transición digital como si camináramos desde la “era de las cosas” a la de las “no cosas”. Y anuncia el advenimiento del “phono sapiens”:

No sin mi móvil. Mi rosario. Mi confesionario portátil para la “nueva normalidad”. Mi moderno oráculo que todo lo sabe. Incluso mis deseos más ocultos para mí mismo.

Cazador recolector de datos sin relato, el phono sapiens es un adicto al click, al follow, al selfie, al instante. Habita una realidad fragmentada, distorsionada, como la imagen que refleja un espejo roto.

Siempre hiperconectado pero eternamente aislado. Siempre en la nube, en la infoesfera. ¿Para qué pisar el suelo si puedes sobrevolarlo con Google Earth? Que el territorio no te estropee el mapa.

¿Sapiens? ¿Homo?

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