Inteligencia emocional

Reflexiones sobre los valores de la inteligencia emocional.

Durante mi propio desarrollo personal me he planteado en ocasiones que podría hacer con todos los conocimientos que estoy adquiriendo y voy a adquirir a lo largo de mi vida personal y profesional…

Lo digo principalmente porque en el mercado existen incontables cursos, talleres, formaciones… que te habilitan tanto en las habilidades relacionadas con la inteligencia emocional como para el coaching, PNL, entre otros…

Varias de las capacidades que se adquieren son, una autoestima sana, liderazgo, comunicación efectiva, escucha activa, resolución de conflictos, negociación, capacidad de indagación, empatía, asertividad, manejo efectivo de la emociones…

Pero, ¿qué pasa con las emociones en particular?

¿Cuál es la diferencia entre manejar la ira o vivirla como parte de una expresión vhappy-286152_640ital?

Las emociones sean estas cuales sean, más o menos agradables, están ahí para hacernos sentir que estamos vivos. Sin ellas seriamos “maquinas” que reaccionaríamos a través de la lógica aplastante de la cognición.

La ira, rabia, el odio, emociones de carácter negativo desde su perspectiva adaptativa son indicadores de que algo dentro de nosotros es incongruente, incoherente. Sin embargo, sin estas emociones no sabríamos, con la debida toma de conciencia, que algo dentro de nosotros está librando una batalla por encontrar el equilibrio.

Ya que todo sistema tiende al equilibrio, los desajustes que ese desequilibrio produce, se transforman en tormentas emocionales.

Vivir las emociones desde  su naturaleza, implica la aceptación de que estas emociones están ahí para servirnos. La ira, la rabia tan necesarias en determinados momentos y tan poco eficaces en otros.

Agradecer que sean los semáforos emocionales, implica nutrirnos del aprendizaje de sentir en su máximo esplendor la experiencia de está que es la vida.

Una vida sin emociones es para mí, una vida sin un PARA QUE.

Me levanto cada mañana con la intención de vivir… de vivir ¿qué…?

Emociones.

Disfrutar de mi familia, empatizar con las personas que me rodean, resolver conflictos, conseguir metas, ayudar a los demás… todas, absolutamente todas estas acciones están relacionadas con las emociones que quiero sentir.

Felicidad, satisfacción, reconocimiento, tristeza o rabia compartida…, procesos de transformación interna para poder SENTIR.

Pero ¿qué ocurre con los valores?…

Los valores me indican cuales son las preferencias de conducta que quiero desempeñar para satisfacer mi realización. Actúan como indicadores subconscientes de mí realidad deseada. Establecen los límites de actuación frente a los sucesos externos.

Sin embargo, de esto no se suele hablar  en estos cursos que mencionaba antes, la preparación va dirigida a asimilar conceptos y ponerlos en práctica y no el que hacer con ellos en nuestras vidas.

Los valores, pilares de nuestras vidas, deben ir acompañados de unas capacidades que nos faciliten la práctica de los mismos evitando así el sufrimiento que provoca el conflicto entre lo que quiero y lo que estoy consiguiendo por la carencia de las habilidades necesarias para ello.

Trabajar nuevas capacidades desde la perspectiva de los valores de cada uno facilita la asimilación de los mismos y da un sentido personal a la formación.

¿Ya sabes cuáles son tus valores?

 

Un abrazo

 

 

 

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