Inteligencia emocional

¿Eres tú o soy yo?

mirar-espejoSi hay algo que a estas alturas cualquier lector o lectora de estas líneas ya habrá podido comprobar, es que los que escribimos, estamos habituados a darle alguna que otra vuelta mental a aquello que tratamos de transmitir. A veces escribimos desde una teoría que hemos estudiado en profundidad, otras desde la experiencia, y la mayor parte de las veces, desde ambas. Y aún así es claro que los estilos son diferentes, no sólo en lo que a la narración se refiere, sino en cuanto a todo el proceso cognitivo que da como resultado estos artículos. Aquí mismo, podemos encontrar un ejemplo de las diferencias en lo que llamamos estilo cognitivo, esa manera particular que cada uno tenemos de pensar y utilizar el pensamiento en nuestro mundo. Es curioso como a pesar de las similitudes entre personas en el “cómo” elaboramos argumentos, con la lógica que solemos seguir, al mismo tiempo lo hacemos de forma tan diferente. Gran parte del uso que hacemos de nuestra capacidad para pensar, está enraizada en nuestra visión de nosotros mismos como seres pensantes. A lo largo de nuestra vida hemos construido conclusiones y creencias sobre ésta y otras facetas de nuestro desempeño y constitución. Es decir, sobre quiénes somos y qué somos capaces de hacer, e incluso quiénes no somos y qué no somos capaces de hacer. Nos impulsamos y nos retraemos por dentro, a menudo no conscientemente, no como un acto de motivación o restricción voluntario, con esos mensajes (a menudo idealizados) como Tú puedes hacerlo si te lo propones, o Eres lo que quieras ser, o No vales para nada. A menudo estas visiones interiores, este concepto propio, funciona más sutilmente, más silentemente y para la mayoría de nosotros hacen referencia a algunos aspectos esenciales y también a otros aspectos de la interacción con los demás o el mundo en general.

Estas coordenadas internas se forman con el tiempo, a lo largo de toda la vida, pero siempre en interacción, como decía más arriba. Prueba de ello es que, si nos paramos a pensar un momento, veremos que algunas de estas ideas parecen no estar actualizadas con quién somos hoy en día, parecen venir de otro tiempo, y aún así las seguimos escuchando y utilizando para explicar nuestras reacciones y manejar el mundo actual. Este tipo de ideas funcionan como definiciones, y como tales a menudo las damos por ciertas e inmutables, sin prestarle mucha atención a las circunstancias, en particular, las restrictivas. Por ejemplo, siempre he pensado que No se puede confiar en la gente, o que Soy un exagerado cuando hablo de mí, o que Tengo que esforzarme más que los demás. Estas conclusiones, sin duda estarán basadas en la experiencia, en una serie de comprobaciones, pero muchas de ellas no soportarían un ejercicio de estadística experimental. No se sustentarían a la luz de los acontecimientos aquí y ahora, y sin embargo, podemos comprobar cómo no son fáciles de cambiar y nos aferramos a ellas con lealtad. Y es que esta palabra, lealtad, explica algunas cosas ya que muchos de los lemas que escribía más arriba, a menudo se apoyan en la visión de alguna figura significativa en nuestra vida. Alguna persona importante que consideraba que La vida es esfuerzo, y nos presionaba para hacer las cosas perfectas, nos ayudó a sacar la conclusión Tengo que esforzarme más que los demás, o en aquella época en la que todavía no habíamos salido al mundo, esa persona que estaba esperando continuamente sospechando de la buena voluntad de la gente, y nos alertaba sobre la decepción, puso su parte (con la mejor intención, probablemente) para hacer propia la frase No se puede confiar en la gente.

Espero no ponerme muy críptico, pero quiero poner la atención en que aplicar nuestra inteligencia a las reacciones emocionales que provocan nuestras creencias sobre nosotros y el mundo, pasa por reconocer su origen, su compleja construcción, sus influencias, su utilidad y valor en un momento de la vida, ya que nos han permitido predecir, tener una consistencia y seguridad y cierta identidad. Eso sí, también nos merecemos comprobar si la vida sigue siendo así en la actualidad.

¿Cuáles son las conclusiones que te visitan hoy y te entorpecen? Si te remontas en tu historia, ¿cuándo crees que empezaste a darles forma? ¿Son palabras prestadas de alguien a tu alrededor?

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