Inteligencia emocional

Primero el caballo y después el carro

Es una suerte conocer a un autor y en este caso más. Hace unos meses Enrique Pallarés me regaló un ejemplar del libro cuya imagen abre esta entrada. El título es sugerente y la foto de portada más. Un vaso ¿medio lleno o medio vacío? Es un libro muy fácil de leer que propone pautas para afrontar problemas comunes y promover el bienestar personal. Es difícil no verse reflejada en sus páginas. Me voy a apoyar para esta entrada en el capítulo 6 que enseguida captó mi interés, “El caballo delante del carro”.

Conozco muchas personas que, por muy diversos motivos, pasan o han pasado por momentos difíciles (yo misma) y que poco a poco van aislándose, dejan de hacer aquello que les gusta y entran en lo que Pallarés (2013: cap.14) explica como espiral descendente: cuando la relación entre dos factores, hechos o fuerzas hace que una de ellas aumente la intensidad de la otra dando lugar a unas consecuencias cada vez más negativas. Hay muchos ejemplos de espirales descendentes: dolor y tensión muscular (yo que sufro bastante de lumbago sé de esto); culpabilidad o vergüenza e ira; insomnio y dormir durante el día; insomnio y preocupación por no dormir (no puedes dormir y no dejas de calcular las horas que te quedan para levantarte); ponerse colorado y advertirlo (esto es muy habitual al hablar en público); atracón y ayuno; estereotipos y prejuicios y distancia (actualmente está muy vivo el miedo a los inmigrantes). También hay espirales ascendentes (funcionan igual pero sus efectos son positivos): positividad y apertura mental o positividad y confianza.

Para romper la espiral descendente que se activa con un estado de ánimo bajo o con la depresión es bueno recordar que el caballo siempre va delante del carro. Hay que retomar o iniciar las actividades en vez de esperar a que el ánimo mejore. Dejar las actividades cuando uno tiene el ánimo bajo puede producir un alivio pasajero, pero agrava la situación a medio o largo plazo. Pallarés (2013: 37) ofrece una serie de orientaciones para salir de esa situación de ánimo bajo o depresión, para poner el caballo delante:

  • Elaborar una lista de las actividades que te resultaban agradables antes de esta situación.
  • Priorizar dichas actividades, clasificarlas para ver cuáles serían más fáciles de retomar.
  • Hay que empezar, sin dilación, por aquello que resulte más accesible. La procrastinación puede ser uno de los peores enemigos para salir de un bache.
  • Aplazar el sentir gusto o interés, al menos por un tiempo. Igual que cuando tenemos un problema de salud nos tomamos la medicina prescrita porque es eficaz para superarla, debemos retomar la actividad porque es bueno, aunque ahora no nos satisfaga.
  • Esperar pacientemente a los efectos positivos. No serán inmediatos y probablemente nos costará verlos. Perseverar y no ceder. Una pequeña historia personal: Tengo el menisco interior izquierdo roto. La traumatóloga me dijo que en lugar de operar íbamos a probar con rehabilitación. No fue hasta la sesión 28, de 30, que noté la mejoría. Y de momento no he necesitado la operación. Renegué mucho, sufrí cada sesión de rehabilitación, pero la mejoría llegó. Y me alegro de haber esperado. Pallarés (2013: cáp. 24) nos recuerda que al hablar de recuperación ( y también de crear un hábito) no debemos pensar en una línea ascendente y recta, sino en una ondulada y con mesetas. Los avances y retrocesos forman parte del proceso.
  • Ir paso a paso, sin forzar la marcha. No se trata de que el caballo vaya siempre al trote o al galope, basta con que no se detenga.

Escribiendo esta entrada he recordado un cuento de Anthony de Mello (La oración de la rana). Me parece una bonita imagen a recordar en los momentos bajos. A veces puede ser bueno dejarse llevar por la música.

“Los judíos de una pequeña ciudad rusa esperaban ansiosos la llegada de un rabino. Se trataba de un acontecimiento poco frecuente, y por eso habían dedicado mucho tiempo a preparar las preguntas que iban a hacerle.

Cuando, al fin, llegó y se reunieron con él en el ayuntamiento, el rabino pudo palpar la tensión reinante mientras todos se disponían a escuchar las respuestas que él iba a darles.

Al principio no dijo nada, sino que se limitó a mirarles fijamente a los ojos, a la vez que tarareaba insistentemente una melodía. Pronto empezó todo el mundo a tararear. Entonces el rabino se puso a cantar y todos le imitaron. Luego comenzó a balancearse y a danzar con gestos solemnes y rítmicos, y todos hicieron lo mismo. Al cabo de un rato, estaban todos tan enfrascados en la danza y tan absortos en sus movimientos que parecían insensibles a todo lo demás; de este modo, todo el mundo quedó restablecido y curado de la fragmentación interior que nos aparta de la Verdad”.

Para terminar quiero dejar una melodía que muchos días me pongo para comenzar el día y empezar la actividad más allá de si estoy bien o mal de si me apetece o no hacer algo… Es un buen mantra “éste es el mejor momento”…

Bibliografía

Pallarés Molíns, Enrique (2013). Cómo sentirse mejor con la ayuda de anécdotas e imágenes. Bilbao: Ediciones Mensajero.

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