Inteligencia emocional

Prevenir el maltrato desde la inteligencia emocional

Somos una sociedad cada vez más preocupada por el fenómeno de la violencia. Bueno, sería más exacto decir que nos preocupa la violencia que se da dentro de nuestra propia sociedad. Violencias hay muchas, tantas como relaciones entre seres vivos, pero no todas nos mueven de la misma forma. Hoy en día la violencia de género, la intrafamiliar, la que se ejerce contra los menores, el “bullying” en el ámbito educativo, o el “mobbing” en el entorno laboral son las formas de maltrato que más ocupan tanto la atención mediática como la movilización ciudadana.

Teniendo en cuenta la enorme dimensión del problema estas líneas sólo pretenden aportar algunas pinceladas sobre el trabajo que Igor Cortón y yo hemos realizado en los últimos años en materia de prevención del maltrato entre iguales desde la perspectiva de la inteligencia emocional.

 

Egoísmo versus altruismo.

El ser humano se ve obligado a atender constantemente dos necesidades que en muchas ocasiones requieren acciones contrapuestas. Por una parte nuestro deseo y/o necesidad de supervivencia hace que prestemos mucha atención y concedamos mucha importancia a nuestras necesidades expresadas a través de las emociones. Por otro lado somos seres sociales, que se construyen en contextos relacionales, lo que nos obliga a estar alerta a las necesidades del entorno donde me desarrollo y al cual pertenezco. Esto tiene unas implicaciones muy importantes en lo que tiene que ver con lo que aprendemos y luego consideramos que está bien o mal. La moral hace un papel de organizador de ese tráfico a veces caótico y siempre complejo entre mis necesidades y las de los demás. No sería del todo justo decir que estas dos visiones se presenten siempre como alternativas incompatibles. De hecho la mayor parte de nuestro aprendizaje se basa en ajustar nuestras tendencias egocéntricas a las necesidades colectivas. Y la verdad es que muchas veces los seres humanos somos muy capaces de desarrollar nuestras vidas en comunidad respetando ambas tendencias o necesidades vitales.

 

¿Qué es maltrato?

Los seres humanos tenemos enormes capacidades. Muchas de ellas intervienen en nuestras relaciones con los demás y se manifiestan desde los primeros momentos de nuestra vida. Somos seres sociales no sólo porque nos desarrollamos en la interacción social sino porque ésta forma parte de nosotros. Nos relacionamos constantemente con nuestro entorno en el que encontramos a otras personas y estas interacciones son el espacio donde aparecen comportamientos de maltrato, violencia y/o maldad.

Maltrato es una interacción en la que una de las partes sale perjudicada de manera intencionada por la otra parte. Hablaríamos de violencia cuando en esa interacción se produce un daño físico o psicológico derivado del empleo de la fuerza o del poder. Por último la maldad sería el proceso que permite que un ser humano maltrate a otro.

Nos parece interesante pararnos en algunos de los elementos que forman parte de las definiciones que hemos aportado:

  • Intencionalidad. Es evidente que en el mundo de la interacción social hay multitud de ocasiones en las que nuestras necesidades o nuestros intereses no se ven atendidos por los demás de la forma que nosotros desearíamos. Cada individuo se comporta defendiendo los suyos y eso supone entrar a menudo en conflicto. Estos podríamos escribirlos como choques fortuitos que se dan de forma natural en los espacios de convivencia humana. La cuestión es que hay ocasiones que tenemos la intención de perjudicar al otro, que ese maltrato forma parte principal o necesaria de nuestro objetivo, de nuestro interés. Este es el contexto en el que describíamos el concepto de maltrato.
  • Daño. En este caso hablamos de la intensidad del perjuicio. Tradicionalmente la violencia ha estado vinculada con la agresión física cuyo extremo es la de ocasionar la muerte del otro. Hoy en día es difícil entender que este daño, que la violencia no incluya el dolor psicológico, que es necesariamente de naturaleza emocional.

 

Conexión, activador de la empatía.

A veces pensamos que la empatía se activa a voluntad de cada persona y me temo que la cuestión no es tan fácil. Por eso no considero que el maltrato tenga que ver con la fatiga de la empatía sino un juego de conexión y desconexión selectiva en función del grado de vínculo que establezcamos con el otro. Es decir, la empatía se activa de serie cuando tenemos delante a una persona con la que tenemos una fuerte vinculación emocional. A medida que la conexión es menos intensa, o cuando no lo reconocemos como miembro de nuestro grupo (en el amplio sentido de la palabra) nuestros objetivos y la emociones que se vinculan con ellos hacen que podamos actuar obviando o minimizando las consecuencias que va a sufrir esa persona. Las personas que maltratan tienen, en general, capacidad de empatizar pero sencillamente no lo hacen porque no consideran al otro como un igual, lo infravaloran o lo deshumanizan. Por ejemplo, cuando a un menor agresor se le pregunta si la acción le parecería bien si la víctima hubiese sido su hermano su respuesta instantánea está inspirada en la empatía.

Hasta aquí la parte puramente psicológica pero ¿qué sucede cuando la educación, los adultos, los medios de comunicación nos trasmiten la idea de que tal grupo de personas es una amenaza, tienen malas intenciones o son los responsables de ciertos problemas que nos preocupan? La comunicación del siglo XXI se basa en mensajes sencillos, de consumo rápido, que resultan fáciles de hacer llegar a la población a conclusiones incorrectas por incompletas. Revisemos nuestras filias y nuestras fobias, así como la forma en las comunicamos a los más pequeños, si queremos prevenir el maltrato en nuestra sociedad, claro…

 

El problema de la doble moral.

La verdad es que este tema tiene muchas aristas pero creo que en un primer acercamiento hay que hablar de ética y emociones. Puesto que, si bien en el apartado anterior hemos vislumbrado el proceso por el cual puedo maltratar a otro sin sentirme mal por ello, hay un componente moral que es también determinante. Y este no es otro que el que diferencia la moralidad de la moralización, es decir la aplicación de una moral a otros. La primera establece lo que está bien y lo que está mal en un contexto grupal determinado, en una cultura concreta. Pero la moralización consiste en la aplicación de los principios morales a otras personas y es aquí donde empezamos a encontrar serias diferencias. Veamos, uno de los mandamientos de la biblia cristiana dice “no matarás” pero la moralización permitiría hacerlo con aquellos que sean “enemigos”. Es decir, la aplicación de una doble moral facilita el maltrato.

 

Inteligencia emocional para prevenir el maltrato

Para nosotros resulta evidente que el conocimiento de la mecánica psicológica del maltrato es clave. No es el único factor que considerar pero si el primero del que hablaré. Debemos saber qué elementos son concretamente los que en cada caso nos desactivan la empatía, la conexión con los demás. Para ello hemos desarrollado “El juego de EM” en el que evaluamos y enseñamos a los menores (y a los que no lo somos tanto) a identificar a los ogros, es decir, a aquellas causas que justifican para nosotros el maltrato. Os presento a algunos de ellos:

  • OGRO KAEM. Aparece cuando alguien me cae mal y desactiva mi empatía con respecto de esa persona.
  • OGRO PERFI. Aparece cuando alguien es diferente (no es de mi grupo) y esa diferencia no me gusta.
  • OGRO EN. Aparece cuando siento envidia de alguien.
  • OGRO HOG. Aparece cuando tengo problemas, cuando estoy mal.
  • OGRO POW. Aparece cuando soy consciente, cuando se que tengo el poder para maltratar a alguien.

Como el tema y nuestro trabajo da mucho más de si prometemos profundizar en próximas fechas.

 

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