Inteligencia emocional

¿Por qué nos enamoramos de la piedra?

Hace tiempo que me ronda por la cabeza una pregunta, por qué nos enamoramos de las piedras que encontramos en el camino. Tropezar no es malo, encariñarse de las piedras sí. Las relaciones son una gran fuente de alegría y felicidad pero también de dolor y sufrimiento, y más si no aprendemos y cometemos una y otra vez los mismos errores. Y da lo mismo que hablemos de amistades, familia o pareja.

Hace unos meses le escribía el siguiente correo a una persona muy querida que estaba pasando por un problema de pareja.

 

Asunto: Quiero compartir esto contigo…

 

No sé si te van a gustar mis palabras pero no puedo quedarme indiferente ante lo que te está sucediendo porque me duele verte sufrir.

 

Sé que estás enamorada. Sé que la lealtad a los que quieres es muy importante para ti. Sé que tu nivel de compromiso con las personas es muy elevado. Sé cuánto valoras la amistad, la familia y la pareja.

 

Quiero compartir contigo lo que me preocupa. Sé que puedes y quieres perdonar. Ten en cuenta que se puede perdonar y a la vez acabar con una relación que te hace sufrir. Cuando no se coincide en los proyectos de vida y en los planteamientos vitales eso es una fuente inagotable de sufrimiento (y eso es válido para amistades, familia, etc.). Te lo digo con conocimiento de causa. Es terrible estar en pareja y sentirte absolutamente sola.

El problema es que para cuando te das cuenta ya tienes cicatrices muy profundas que tardan en curar. Porque el corazón se te rompe con cada traición, decepción, falta de amor, etc. Tú tienes muchas personas que estamos dispuestas a recoger los trozos pero cada vez los pedazos son más pequeños. Y, además, seguro que cada vez te vas sintiendo más pequeña y acabas convencida de que el problema está en ti. A mí me costó salir de eso. Sé que el padre de mis hijos no es malo, pero sí que era incapaz de darme lo que yo necesito. Y no lo he comprendido por completo hasta que me he encontrado con mi actual pareja. Cuando ves la vida de una forma parecida y miras en la misma dirección todo es diferente y merece la pena superar cualquier contratiempo.

 

Espero no haberte molestado. Te quiero y puedes contar conmigo.

Es cierto que nos resulta mucho más fácil ver el camino del fracaso en carne ajena que en la nuestra propia. Pero no es menos cierto que a menudo nos obstinamos en el error y no aprendemos, repetimos una y otra vez las mismas conductas y los mismos errores de concepto. Muchas veces se debe a un exceso de ingenuidad y de confianza… ¿Cómo vamos a desconfiar de esa persona tan ‘maravillosa’ que tenemos enfrente?… ¿No será culpa nuestra? Algo habremos hecho mal… Nuestro amor seguro que le hace cambiar… ¿Cómo no le voy a dar otra oportunidad?… Lo peor de esto es que poco a poco mina la autoconfianza, el autoconcepto y la seguridad de quien siempre está dispuesto o dispuesta a dar… Las decepciones, la desilusión, la sensación de fracaso es cada vez mayor y el corazón se rompe en pedazos cada vez más pequeños lo que hace más difícil repararlo. Y cómo duele  ver a alguien a quien aprecias y valoras caer en esa espiral autodestructiva sin poder hacer nada más que recoger y guardar los pedacitos…

Probablemente el gran problema es que queremos y nos quieren mal. Todo empieza por amarnos y respetarnos sin olvidar nunca a la persona más importante de nuestra vida, que es quien nos mira todos los días en el espejo. Como escuché hace mucho tiempo… Nadie da lo que no tiene.

Un pensamiento sobre “¿Por qué nos enamoramos de la piedra?

  1. Cristina Zurita

    Estupendo artículo Arantxa!! Ser dueñ@ de tu proyecto de vida es algo que todos anhelamos pero aveces nos perdemos por salvar lo insalvable.

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