Inteligencia emocional

IBETI – Emociones: una clasificación

Serie IBETI

Autores: Iosu Arriola, Josu Fernández, Imanol Larrea y Joseba Pascual                     (Equipo: Insurreccionistas Emocionales)

Para definir la emoción, hay unas palabras que todos los que la han estudiado las han tomado como base y, dependiendo del autor, hay matizaciones, ampliación de información etc. Todas coinciden en que la emoción es un estado afectivo, una respuesta del organismo ante una determinada situación mediante las diferentes dimensiones emocionales, que son la neurofisiológica, la expresiva, la comportamental y la cognitiva. Algunos autores inciden en que hay tres tipos de emociones: las primarias, como el miedo, la alegría o la tristeza; las de fondo, que son el entusiasmo y el desánimo; y las sociales, que son la vergüenza, el desprecio… En total, se asimilan como emociones básicas las siguientes ocho: miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría tristeza, amor y vergüenza.

Se mencionan varios autores, entre los que se encuentra Daniel Goleman, el cual analiza, entre otras cosas, el poder de las emociones, capaces de hacer olvidar la individualidad de una persona para dar la incluso la vida por otra. Por otra parte, se hace referencia a la investigación no sólo psicológica, sino que también a la química y más a la física, que presta especial atención en las vibraciones que emiten las personas según sus emociones, las cuales hacen que todas las individualidades estén interconectadas a través de ellas.

Como se ha mencionado, hay cuatro dimensiones de la emoción: la neurofisiológica, la expresiva, la comportamental y la cognitiva.

La dimensión neurofisiológica trata sobre las respuestas involuntarias que tiene el cuerpo ante una determinada situación, lógicamente debido a una emoción. Dependiendo de la emoción, surgen diferentes respuestas, pero algunas son básicas para todas. Algunas de estas respuestas pueden ser el rubor, la sudoración, la taquicardia, la alteración de la respiración, de la presión sanguínea etcétera.

Por otra parte, la dimensión expresiva se basa en la comunicación no-verbal que emite una persona en base a las emociones que experimente, por lo cual se generarán gestos, movimientos, expresiones faciales o corporales etc. Se pueden intentar ocultar, o fingir, pero en la mayoría de las ocasiones habrá algún elemento que nos indique lo contrario.

Cuando hablamos de la dimensión comportamental, tratamos de hablar científicamente del lenguaje implica considerarlo como un tipo de conducta de actividad o comportamiento. Según la definición más extendida en la psicología, esta conducta o comportamiento es aquella que realizan el emisor y receptor cuando, respectivamente, codifican y producen, o reciben, decodifican e interpretan mensajes

En cuanto a la dimensión cognitiva, se refiere a los procesos del pensamiento, a la capacidad de razonamiento lógico y que es la responsable de que los aspectos intelectuales sean cultivados con amor y respeto para que el estudiante haga un uso responsable de ellos.

Cabe destacar que es en esta dimensión donde se desarrollan las inteligencias lógico-matemática y verbal. Tal vez por eso, la educación convencional se centra casi exclusivamente en esta dimensión.

Entre las emociones afines y contrarias de miedo, la sorpresa, la aversión, la ira, la alegría, la tristeza, el amor y la vergüenza.

El miedo se crea cuando el individuo se percata de un factor amenazante. Puede provocar arrogancia, despotismo, hostilidad, indecisión, sentimiento de soledad y celos; ya que detrás de muchas emociones negativas se encuentra el miedo. La emoción contraria al miedo. Hay diferentes teorías, citando el coraje, el valor… aunque la mayoría hace referencia al amor.

La sorpresa es un breve estado emocional, resultado de algo inesperado. Puede ser neutral, agradable o desagradable. Las emociones afines a la sorpresa serian la admiración, el pasmo, el sobresalto, el desconcierto o el asombro. Por el contrario, lo opuesto de la sorpresa seria la anticipación.

La aversión es el sentimiento de rechazo o repugnancia exagerada hacia una persona. Las emociones afines son la hostilidad, la repulsión, el desprecio, la animosidad, la antipatía, el resentimiento, el rechazo, el desdén o el disgusto entre otros. Por lo contrario, suele ser descrito como lo opuesto de amor y amistad. La simpatía o afecto serian lo contrapuesto.

La ira es la percepción de un obstáculo, una ofensa o una amenaza que dificultan el desarrollo de la acción o la consecución de los deseos, provocando un sentimiento negativo de irritación. Las emociones afines a la ira son la cólera, el despecho, la exasperación, la indignación, el enfado, la rabia, el rencor, la furia, el resentimiento, irritabilidad y la violencia. En cambio, la calma, la paciencia o la alegría son las emociones opuestas o contrarias.

La alegría es esa sensación positiva que se produce por la sensación de satisfacción y triunfo y hace que la vida nos resulte más agradable. Las emociones afines de la alegría son el entusiasmo, la euforia, la excitación, el deleite, la diversión, el placer, la satisfacción, el alivio, el éxtasis, el regocijo y el capricho. Por el otro lado, tendríamos como principal emoción contraria la tristeza y la pena.

La tristeza es un estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Las emociones afines a la tristeza son la aflicción, la amargura, la congoja, la consternación, la desdicha, el desconsuelo, el dolor, la infelicidad, la pena, el pesa y el pesadumbre. Por lo contrario, lo opuesta seria la alegría, como bien hemos citado anteriormente.

El amor puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto. Las emociones afines son el afecto, el apego, el aprecio, la estima, el favor, la predilección, la querencia, el querer y la simpatía. En cambio, la emoción opuesta es el odio, el despego, la antipatía, el desprecio, la malquerencia y el desamor.

Por último, nos encontramos con la vergüenza, que es la posibilidad o el hecho de que los demás contemplen alguna mala acción realizada por el sujeto, alguna falta o carencia, o algo que debería permanecer oculto. Provoca un sentimiento negativo acompañado de deseo de huida o de esconderse. Influye lo que esté bien o mal visto en la sociedad del individuo. Las emociones afines a la vergüenza son el apuro, la culpabilidad, la timidez, la inseguridad, el remordimiento, la vergüenza ajena, el bochorno, el embarazo, el pudor y el sonrojo. Por lo contrario, las emociones adversas son la seguridad, la audacia y la desvergüenza.

El hecho de regular nuestros estados emocionales llega a ser muy complicado, ya que este apartado consiste en la habilidad que tenga cada ser humano para dominar sus propias reacciones emocionales ante situaciones intensas, que bien pueden ser positivas o negativas.

En el tiempo se ha considerado regulación emocional a la capacidad de evitar respuestas emocionales que en un momento dado suelen ser difíciles de controlar. Es una definición que sin dejar de ser acertada, resulta incompleta. Hoy en día las investigaciones también apuntan hacia la autoregulación de las emociones positivas. Esto quiere decir que regular las emociones es algo más que intentar alcanzar la satisfacción con los sentimientos positivos tratando de dejar de lado nuestro lado más oscuro.

Un experto emocional sabe decidir, y no se deja llevar por los primeros impulsos. Elige bien los pensamientos a los que va a aprestar atención de manera que no se deja influenciar. De esta manera pude generar pensamientos alternativos adaptativos controlando así las posibles alteraciones emocionales.

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