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¿Quién arbitró el Mirandés-Athletic de Copa?

En Anduva el resultado fue del gusto de todos.

Al revés que el árbitro, que no gustó ni a unas desesperadas que llevaban dos días de despedida de soltera. Malo de verdad, malo como los jamones del chino, malo como Admayeniea… bueno, como el presidente de Irán, ese que es malo-malísimo. Malo como que te pasen la aspiradora al lado una mañana de resaca.

El hombre perjudicó al Athletic, perjudicó al Mirandés, perjudicó al público, al césped del campo que pisó y seguramente al medioambiente, la capa de ozono y aumentó el efecto invernadero. Qué criatura. Qué facilidad para el error. Qué propensión al fallo. Menos mal que es árbitro y no cirujano cardiovascular, ni juez del Tribunal Supremo. Vale, a lo mejor al supremo podría llegar siendo el summun de la torpeza, pero a poco más. ¿Que cómo se llama la criatura? Preferiría no repetirlo y que su nombre se perdiera en el sumidero del colegio de árbitros.

Aún no se sabe si se presentó en Miranda de Ebro a dirigir un partido de fútbol o a jugar al silbato ruso. Menudo pieza. Si hacen público hoy que se trataba de un impostor, que el árbitro de verdad ha desaparecido y que el de Anduva era un bromista, oigan, me lo creo y me quedo más tranquila. Que el hombre no acertaba ni cuando callaba.

Carlos Pouso muestra el mismo gusto que Bielsa por el fútbol elaborado y los chándal horrorosos (Foto de El País)

Carlos Pouso muestra el mismo gusto que Bielsa por el fútbol elaborado y los chándal horrorosos (Foto de El País)

Por lo demás, campo lleno, buen ambiente, partido copero y el resultado que todo el mundo deseaba. El Athletic gana y encarrila la ruta hacia la final. Y el Mirandés acudirá a San Mamés a algo más que a poner el ramo de flores junto al busto de Pichichi. El gol de Lanbarri con el tiempo cumplido abre un resquicio a la esperanza y sirvió de justo premio a un equipo que sólo bajo los brazos al final del primer tiempo, cuando los dos tantos de Llorente pesaban como notificaciones de la Hacienda Foral.

Pero Pouso les debió ajustar las tuercas a los suyos en el vestuario. Salieron a toda máquina y con nuevo plan. Como el intento de atacar al toque con Alain, Muneta e Infante cedió ante la presión de los rojiblancos, el Mirandés decidió afrontar el final de la Batalla del Ebro al estilo Norte: pelotazo a la cabeza de Lanbarri desde donde haga falta y a apretar en la segunda jugada. Vamos, lo que ha sido el juego rojiblanco desde que el propio Pichichi se ataba los pañuelos en la testa. Esta fue la receta que se les indigestó a los de Bielsa.

Durante más de una hora de partido los rojiblancos fueron muy superiores. Hasta que llegó Lanbarri con aquello de “a mi el pelotón que los arrollo”.

La final de la Copa queda pendiente de que San Mamés remate la faena. Puede que el jabalí de Miranda haya podido seguir con vida peleando en su madriguera, pero nadie apostará a que salga entero de la guarida del león.

En cualquier caso, se trata de un bicho de cuidado.