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Iniesta tiene una estatua de cera más morena que él

David Villa y Andrés Iniesta inauguraron hace unos días sus estatuas de cera. Ya saben que hay un museo en Madrid que se dedica a la exhibición de reproducciones en cera de personalidades famosas. Algún diputado ha habido tentado de sustraer la escultura propia para sentarla en el congreso y poder cobrar así las dietas sin necesidad de soportar los tremendos discursos de las sesiones de control. Finalmente, el temor de que la figura se fundiera bajo el tostón o de que alguien sospechara ante el brillo de inteligencia de los ojos de cristal, aconsejó el desistimiento de estas tentativas.

A mí nunca me han agradado las reproducciones en cera. Hasta las mejores y más logradas tienen algo funerario, algo perverso. Salvo en el caso de la de Iniesta. Oigan, he visto los reportajes y las fotos. Les juro que quien parece que va a salir andando es el montón de cera. De verdad, tiene mejor color que el Iniesta de verdad. Un color más vivo. Más pelo. Más intensidad en el cuerpo. La escultura, además, va vestida de futbolista. Y Andresito pierde mucho cuando va de civil.

U118860_023Ya les digo, si cuando estaban haciendo las fotos le dicen a un empleado del museo que cambie la estatua de Iniesta de planta, va el hombre y se echa al hombro al de verdad. Así es el campeón del mundo de Albacete, un tipo que parece modesto hasta junto a un muñeco de cera. Qué cosa, pensar que los técnicos del tema no pudieron hacer que la cera fuera más blanca, o sea, que pareciera más cera que la propia piel del centrocampista del Barcelona.

La pregunta es si el museo de marras saca la materia prima de otros futbolistas. Por ejemplo, van donde Ballesteros, Albelda, Mascherano o Fernando Amorebieta y les piden cera. Aunque estos son de los que dan cera sin que se la pidan. Les vale con que pasen por allí. Son donantes de cera. Y cera de la buena. El propio Iniesta es un gran conocedor del género que estos compañeros reparten.

Por cierto, la anécdota de la inauguración, la protagonizó la novia de Andrés. Se tiró todo el acto susurrando a los oídos y haciendo arrumacos…a la estatua. Y, al final, la agarró de la mano para tratar del salir del museo de cera. Le sorprendió que no se moviera. El director del museo se acercó a la joven y le dijo: “señorita, si me permite, el Iniesta de verdad es el que respira y habla de vez en cuando”. Ella respondió con un “Huy, ya me extrañaba a mi que estuviera tan animado y con ese color tan bueno. Muchas gracias”.

La muchacha, nerviosa, se echó hacia atrás hasta pegarse a la estatua de Fernando Torres. Descubrió su nuevo error cuando el director del museo le aclaró que la cera se derrite en lugar de dilatarse.

Todo esto pasó en la inauguración de la reproducción en cera de Andrés Iniesta. Que es igual que él, pero parece más viva. Y no habla.