Dimisión y justicia

“Dejé mi cargo en el ministerio de Comunicación en noviembre y pasé a la empresa privada. Era un opositor en la misma cúpula del aparato y no era nada fácil, pero pude salir de forma pacífica”. Hazem -nombre ficticio de este ex alto cargo del régimen que prefiere mantener el anonimato- repasa mentalmente los últimos meses y no termina de creerse que todo haya ido tan rápido. Forma parte de esa élite de funcionarios que tras toda una vida dedicada al sistema han podido romper la atadura del funcionariado y abrirse paso en otros mercados. Libre de sus compromisos oficiales y laborales debido a la huelga indefinida que vive el país lleva desde el día 25 en la plaza Tahrir y es de los que no piensa moverse hasta que dimita el presidente, “no aceptaremos otro escenario, es el momento del cambio y no hay vuelta atrás”.

Como ex responsable del ministerio de Comunicación censura la decisión de las autoridades de cortar la conexión de Internet durante varios días, “lo hicieron porque tenían miedo de mostrar al mundo lo que ocurría, pero era tarde. No se dan cuenta de que todo este tipo de órdenes repercuten negativamente sobre su propia imagen“. Al corte de Internet el régimen sumó el de los teléfonos móviles -las compañías tuvieron que acatar las órdenes del gobierno porque estaba en juego “la seguridad nacional”-  que “sólo logró enfadar aun más a los ciudadanos”. A diferencia de las protestas en otras ciudades, en El Cairo todo el mundo sabe que el pulso al régimen se juega en la plaza de Tahrir, así que no es necesario andar movilizando a nadie”, asegura antes de advertir que “por ahora pedimos la dimisión, pero más tarde exigiremos que sea llevado ante la Justicia para que pague por sus crímenes”.

Es una opinión compartida en el corazón de una protesta que ya lleva doce días desafiando a la persona que ha dirigido el país durante los últimos treinta años. Ayer sus partidarios desaparecieron de la plaza Tahrir y la movilización discurrió de forma pacífica, pero el secretario general del Partido Nacional Democrático de Mubarak, Safwat Al-Sharif, advirtió que “se trata de una anécdota si se compara con el número real de seguidores del presidente, podríamos sacar a millones de personas a la calle si quisiéramos”. Según los medios de la oposición, “fue la maquinaria del partido la que llenó las calles de matones el miércoles y el jueves”.

Hazem no se cree las promesas de Mubarak. Después de treinta años en el poder no confía en su salida en un plazo de nueve meses, un sentimiento generalizado entre los participantes en una revuelta que mantiene su pulso al poder en lo más alto.

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