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Las miradas encontradas de Balde y Arzallus

En la primera página de Miñan leemos  la siguiente aclaración: “Liburu hau Ibrahima Baldek idatzi du, ahoz; eta Amets Arzallus Antiak idatzi du, eskuz”. Y así es, Ibrahima Balde le cuenta su azarosa vida al bertsolari Amets Arzallus, que muda la palabra oral a la palabra escrita. Y es notable la voluntad de que resuene la voz, la manera de hablar de Ibrahim y su mirada sobre las cosas. Las experiencias de este migrante están contadas de forma muy sencilla, sin artificios, como si él nos hablará, pero transmiten mucha fuerza.  A veces, por ejemplo, el relato retrocede porque al narrador se le ha olvidado contar algo, y ese tipo de giros acentúa la ficción de la oralidad.

Pero hablemos ya de la historia del joven Ibrahima Balde. Nace en un pueblo de Guinea, en el seno de una familia pobre. Su padre trabaja en la capital, Konakry, y vende zapatos en un puesto callejero. El padre regresa al pueblo en la época de lluvias para ayudar a su madre a trabajar la tierra. Desde los cinco a los trece años, Ibrahima vivirá con su padre. Cuando este fallece, regresa al pueblo, pero su madre vende dos vacas y le da el dinero para que aprenda un oficio en la ciudad. Un conductor de camiones le toma como aprendiz y parece que ese va a ser su destino; sin embargo, su hermano pequeño –en el idioma de Ibrahima “hermano pequeño” se dice “miñan”- se escapa a Libia para tratar de  llegar a Europa. Ese hecho supone un punto de inflexión en la vida de Ibrahima porque no dudará en buscarle: “(…) Asko maite nuen nik txiki hori. Nire bizitzako helburu bakarra zen, haur hori atzeman, haur hori babestu, eta ikasketetan lagundu”, confiesa Ibrahima.

Esa búsqueda llevará al protagonista de esta dura historia a emprender una auténtica odisea a través de varios países africanos: irá a Libia, Argelia, Marruecos… Atravesará desiertos, sufrirá hambre y sed, será vendido como un animal, secuestrado, vivirá en campos de refugiados, conocerá a las mafias que trafican con personas, asistirá al negocio del paso del estrecho, embarcará en una zodiac, ya frente a las costas españolas, y será rescatado por salvamento marítimo… Un verdadero calvario. No contaré qué pasa con el hermano, pero sí quiero destacar que el narrador no edulcora la historia: habla de la violencia de las mafias, y él no siempre se comportará como un héroe. También refleja el racismo que se da entre los propios africanos: “Herrialde magrebtarretan umiliazioa etengabea da. Eta ez da Polizia bakarrik, jende arrunta da, zu eta ni bezalakoa, askotan haurrak”.

Creo que es muy recomendable, si no necesaria, la lectura de Miñan porque resuena a verdad, porque pone piel a lo que a menudo no es más que un número, y porque es una verdad que aunque resulte incómoda no deberíamos olvidar en estos tiempos de muros cada vez más altos.

Txani Rodríguez