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El tocho. La familia Golovliov, de Saltikov-Schedrín

‚ÄúNosotros los rusos no tenemos sistemas educativos fuertemente comprometidos -como los franceses-. No nos amaestran, no hacen de nosotros futuros luchadores ni propagandistas de tales o cuales sistemas sociales, sino que simplemente nos dejan crecer como crecen las ortigas junto a la cerca. Por eso hay entre nosotros pocos hip√≥critas y s√≠ muchos mentirosos, santurrones y charlatanes…¬† Existimos en completa libertad, es decir, vegetamos, mentimos y charlataneamos a nuestro gusto, sin principios de ninguna clase.

No me corresponde juzgar si en este caso hay que alegrarse o dar el p√©same. Pienso, sin embargo, que si bien la hipocres√≠a puede infundir indignaci√≥n y terror, la mentira gratuita es capaz de despertar enojo y asco. Por ello, lo mejor es esto:… guardarse de los hip√≥critas y los mentirosos‚ÄĚ.

Este es un p√°rrafo de La familia Golovliov de Alexander Saltikov-Schedr√≠n, uno de los grandes sat√≠ricos rusos del siglo XIX, elogiado en su √©poca por Chejov, y casi olvidado en la nuestra. Y eso, a pesar de cl√°sicos como esta novela publicada en 1874, La familia Golovliov, que contribuye como pocas a conocer las razones del secular atraso de la sociedad rusa. Entre ellas est√° alguna de las expuestas en el p√°rrafo del comienzo: esa tendencia ancestral de la aristocracia rusa a la vida vegetativa,¬† a la ociosidad extrema. Rasgo este √ļltimo tratado ya por otros grandes escritores, como Goncharov, aunque de una forma m√°s amable.

Schedr√≠n, por el contrario, hace una cr√≥nica feroz de la decadencia progresiva de la familia de terratenientes del t√≠tulo, a lo largo de tres generaciones. El abuelo muestra ya la incapacidad, pereza y tendencia a la embriaguez que caracteriza a la familia, pero su mujer, la abuela Arina Petrovna se hace cargo de las riendas de la administraci√≥n. Con su firmeza y taca√Īer√≠a extremas, consigue agrandar las posesiones familiares, llegando a poseer 4000 siervos, para quienes la abolici√≥n de la esclavitud en 1861 no supone ning√ļn cambio sustancial.

De los hijos varones, ser√° el zalamero y beato Porfiri, a quien sus hermanos llaman ‚ÄúJudas‚ÄĚ o el ‚ÄúSanguijuela‚ÄĚ, quien conseguir√°, de forma sibilina, hacerse con las herencias de sus hermanos y de su madre. Pero a costa de sufrir el desprecio de estos, y hasta de sus siervos, porque el discurso¬† santurr√≥n y enredoso de Porfiri es solo una fachada hueca para ocultar una despiadada ausencia de sentimientos. La √ļnica pasi√≥n que domina su vida es la avaricia, hasta el punto de negarse a ayudar a sus hijos cuando, en graves apuros econ√≥micos, se ven abocados al suicidio o a una muerte deshonrosa. Por √ļltimo, tampoco las nietas de Arina Petrovna, que han intentado ganarse la vida como actrices en lugar de ser unas ociosas hacendadas, consiguen escapar a la maldici√≥n familiar, cayendo, por su falta de talento, en el alcoholismo y la prostituci√≥n.

Como ven, Schedr√≠n ofrece un panorama t√©trico de la vida rural rusa y consigue crear con Porfiri, el ‚ÄúSanguijuela‚ÄĚ, un logrado arquetipo de la codicia m√°s mojigata, un personaje tan odioso y repulsivo que llega a resultar fascinante. Decirles, para finalizar, que disponen de una nueva traducci√≥n de esta estremecedora novela en esa excelente editorial, Nevski Projects, dedicada exclusivamente a recuperar cl√°sicos rusos, como La familia Golovliov de Alexander Saltikov-Schedr√≠n.

Javier Aspiazu

El tocho. El Mefisto del alem√°n Klaus Mann

‚Äú¬°Es algo indescriptible! Caen ministerios y se crean otros nuevos, pero tampoco hacen nada. ¬°Qu√© cosa terrible! En el mism√≠simo palacio presidencial del mariscal Von Hindenburg, los grandes latifundistas, conspiran contra una rep√ļblica temblorosa. Los dem√≥cratas aseguran que el enemigo est√° a la izquierda. Los responsables del orden p√ļblico, que se dicen socialistas, ordenan disparar contra los obreros. No se hace nada, por acallar los desagradables ladridos de quien diaria e impunemente reclama la picota y el fin sangriento para el ‚Äúsistema‚ÄĚ. ¬°Es lo nunca visto! ¬ŅY no lo ve el¬† c√≥mico al que tan bien paga ese mismo sistema, tan maldecido por aquel infame perro de presa (Hitler)? ¬ŅNo se da cuenta el actor H√∂fgen de que los espect√°culos que tan ambiguamente protagoniza tienen un fondo macabro, de que la far√°ndula a cuya cabeza se pone alegremente se balancea fatalmente sobre el abismo?‚ÄĚ

Este es un fragmento de Mefisto de Klaus Mann.  Recordamos hoy todo un clásico del más talentoso y atormentado de los hijos de Thomas Mann. Nada menos que cinco de los seis vástagos del Nobel alemán se dedicaron a escribir, siguiendo el ejemplo del padre. De entre ellos, fue Klaus el que alcanzó un mayor reconocimiento, con varias de sus novelas, entre ellas la que hoy recomendamos, adaptadas al cine.

Mefisto se edit√≥ en Holanda, en 1936, a causa de la censura nazi impuesta a un texto con una clara vocaci√≥n cr√≠tica de la brutal deriva pol√≠tica que viv√≠a Alemania, donde no se pudo leer hasta veinte a√Īos despu√©s. Los personajes que en ella aparecen, seg√ļn Klaus Mann, representaban tipos, no retratos. Pero no es dif√≠cil advertir que el autor se bas√≥ en la vida de su cu√Īado, y ex-amante, Gustaf Grundgens, actor que alcanzar√≠a enorme √©xito y cargos institucionales muy relevantes bajo el r√©gimen nazi. Klaus Mann nos cuenta la imparable ascensi√≥n del actor, d√°ndole el nombre ficticio de Heindrik Hofgen, desde el Teatro de los Artistas de Hamburgo, donde se inicia como actor y director de talento, hasta llegar al √©xito clamoroso en el cine, y en el teatro de Berl√≠n interpretando, sobre todo, a Mefist√≥feles.

El autor convierte a Mefisto en una inquietante met√°fora de Hitler y del nazismo. Del mismo modo que el demonio creado por Goethe acaba poseyendo el alma de Fausto, el nazismo seduce y acobarda a gran parte del pueblo alem√°n priv√°ndole de la libertad y la cordura. As√≠ tambi√©n, el actor Hofgen se deja cortejar hasta llegar a ser el favorito de Gohering, pero en el camino ha perdido sus convicciones comunistas, el amor de B√°rbara, su esposa, y la propia estima. Junto a su indudable valor testimonial, resulta sorprendente la clarividencia de esta obra, en la que se imaginan ya hecatombes inminentes, como asegura otro personaje, el poeta Peltz, m√≠stico de la violencia, quien ve: ‚Äú¬°Chimeneas en el horizonte, arroyos de sangre en todos los caminos, y un baile de posesi√≥n de los supervivientes, de los a√ļn libres, alrededor de los cad√°veres!‚ÄĚ.

Lejos del tono cl√°sico e intelectual de su augusto padre, Klaus Mann escribe con un estilo gr√°fico y urgente, entre la iron√≠a y el sarcasmo indignado, dando una gran vivacidad a este relato premonitorio. Su l√ļcida advertencia cay√≥ entonces en saco roto, pero hoy, con el auge de los nuevos fascismos, deber√≠a ser una lectura cr√≠tica de referencia. Se puede encontrar Mefisto, de Klaus Mann, en la editorial Debolsillo.

Javier Aspiazu

El tocho. El despertar de Kate Chopin

“Edna Pontellier no habría podido decir por qué, si deseaba ir a la playa con Robert, había empezado por negarse, para enseguida obedecer sumisa uno de los impulsos contradictorios que la empujaban.

Cierta luz empezaba a despuntar lentamente en su interior, la luz que muestra el camino, y a la vez, lo prohíbe.

En aquel momento la desconcertaba. La llevaba a so√Īar, a meditar, y a la borrosa angustia que le hab√≠a invadido la noche anterior, cuando se abandon√≥ a las l√°grimas.

En resumen, Mrs. Pontellier estaba empezando a ser consciente de su posici√≥n en el universo como ser humano, y, como individuo, a reconocer sus relaciones con el mundo que la rodeaba y su propio mundo interior. Esto podr√≠a parecer la pesada carga de la sabidur√≠a descendiendo sobre una joven de veintiocho a√Īos; tal vez m√°s sabidur√≠a de la que el Esp√≠ritu Santo est√° dispuesto a conceder a las mujeres‚ÄĚ.

Este es un fragmento de El despertar de Kate Chopin. ¬†Recuperamos hoy a una extraordinaria escritora estadounidense olvidada durante d√©cadas. De cultura biling√ľe, por el origen franc√©s de su madre nativa de la Louisiana, y poseedora de un amplio conocimiento de la literatura europea, Chopin era ya una autora conocida y apreciada, gracias a otra novela y dos libros de cuentos ambientados en Nueva Orleans, cuando en 1899 ¬†public√≥ su segunda novela, El despertar, hoy considerada su obra maestra. Entonces, el rechazo cr√≠tico fue casi un√°nime, a pesar de la calidad literaria de la obra. Pero este repudio, como bien destaca la traductora y prologuista Olivia de Miguel, fue ideol√≥gico, motivado por los prejuicios morales de la √©poca. Lo que los cr√≠ticos no perdonaron fue que Edna Pontellier intentara ser una mujer emancipada, absolutamente independiente, descuidando, incluso, los deberes maternales.

El argumento es sencillo: Edna pasa las vacaciones con su marido y sus dos hijos en una isla cercana a Nueva Orleans. En ella conoce a Robert Lebrun, el hijo mayor de la due√Īa de los establecimientos hoteleros, del que se enamora. Tras las vacaciones, de vuelta a la ciudad, Edna decide dar un giro completo a su vida. Retoma su carrera como pintora, en la que trabaja con ah√≠nco y aprovechando un viaje de negocios de su marido, financiero de √©xito, abandona la mansi√≥n familiar y alquila un peque√Īo apartamento donde se deja seducir por un conocido gigol√≥. Sin embargo no teme el esc√°ndalo, ni las enojosas explicaciones: ‚ÄúPasara lo que pasara, hab√≠a decidido no pertenecer a nadie m√°s que a s√≠ misma‚ÄĚ. Pero aun m√°s repudiables resultaron los sentimientos titubeantes de la protagonista hacia sus hijos, a los que ‚Äúquer√≠a de un modo desigual e impulsivo. A veces los hubiera apretado apasionadamente contra su coraz√≥n. Pero otras veces los hubiera olvidado… Por ellos dar√≠a dinero, dar√≠a la vida, pero no se dar√≠a a s√≠ misma‚ÄĚ.

El sue√Īo de independencia total de Edna acaba de forma tr√°gica, en un final que me ha parecido lo m√°s artificial y excesivo de una ¬†novela, escrita con una destreza y agilidad soberbias, tanto en el r√°pido trazado de los personajes, como en las po√©ticas descripciones de la naturaleza. El tema del adulterio y el desenlace tr√°gico parecen emparentar a esta obra con Madame Bovary, pero en mi opini√≥n, el personaje de Edna, tan firme y decidido, debe a√ļn m√°s a la Nora de la Casa de Mu√Īecas de Ibsen.

En cualquier caso, estamos ante una novela espl√©ndida, adelantada a su tiempo en la concepci√≥n de la mujer como ser plenamente aut√≥nomo, que no se redescubri√≥ hasta los a√Īos 60 del siglo pasado. Encontrar√°n El despertar, de Kate Chopin, en Hiperion y Alba Editorial.

Javier Aspiazu

El tocho. Mi √Āntonia de Willa Cather

‚ÄúO√≠ hablar de √Āntonia por primera vez en lo que me pareci√≥ un viaje interminable a trav√©s de la gran llanura central de Norteam√©rica. Entonces ten√≠a yo diez a√Īos; hab√≠a perdido a mi padre y a mi madre en el intervalo de un a√Īo, y mis parientes de Virginia me enviaron a casa de mis abuelos que viv√≠an en Nebraska. Viajaba al cuidado de un chico de la frontera, Jake Marpole, uno de los ‚Äúpeones‚ÄĚ de la vieja granja de mi padre, al pie de los montes Azules, que iba al Oeste, a trabajar para mi abuelo. Jake no ten√≠a mucha m√°s experiencia del mundo que yo. Jam√°s hab√≠a subido a un tren hasta la ma√Īana en que partimos juntos para probar fortuna en un nuevo lugar.‚ÄĚ

As√≠ comienza Mi √Āntonia de Willa Cather, la obra m√°s representativa de una gran escritora estadounidense, que solo en las √ļltimas d√©cadas ha comenzado a conocerse y valorarse en su justa medida. Cather no solo fue pionera en la colonizaci√≥n de territorios tan inh√≥spitos y poco poblados como Nebraska, donde su familia se instal√≥ cuando ella ten√≠a nueve a√Īos, sino tambi√©n en la conquista de los derechos de la mujer. Cuando a√ļn estaba solo abierta a un p√ļblico masculino, acudi√≥ a la Universidad vestida de hombre, y vivi√≥ con su compa√Īera Edith Lewis m√°s de cuarenta a√Īos, mientras ejerc√≠a actividades como las de periodista, editora o maestra, hasta que pudo dedicarse por completo a la escritura. Al igual que Pioneros novela aparecida cinco a√Īos antes, Mi √Āntonia publicada en 1918, est√° claramente inspirada en las vivencias de la autora.

El abogado Jim Burden rememora su infancia pasada en compa√Ī√≠a de sus abuelos, granjeros de Nebraska a fines del siglo XIX, √©poca del gran asentamiento de inmigrantes checos y escandinavos en las grandes y despobladas llanuras de este Estado. La relaci√≥n con una familia checa, reci√©n instalada en las cercan√≠as del pueblo de Black Hawk, y m√°s concretamente con la hermana mayor, √Āntonia, le marcar√° para siempre. La bella √Āntonia representa las virtudes y el esp√≠ritu del pionero. Su bondad esencial y la capacidad para un esfuerzo denodado, constante y generoso, son los rasgos que seducir√°n a Jim, y que √©ste nunca podr√° olvidar durante su ausencia de m√°s de veinte a√Īos.

Como contraste a la voluntad de arraigarse de √Āntonia, que se convertir√° en madre de familia numerosa, Cather nos presenta las figuras pintorescas y errabundas de los peones Jake Marpole y Otto Fuchs, y a un elenco de figuras femeninas, todas ellas extremadamente laboriosas y decididas, como la hermosa noruega Lena Lingaard o la sueca Ole Solkbeist, que saltan por encima de su dudosa reputaci√≥n para convertirse en empresarias de √©xito.

Extrayendo la máxima belleza de una prosa directa y sencilla, Cather nos da la impresión en esta obra de hollar una naturaleza casi virgen, de acceder a grandes espacios abiertos donde, en expresión de la autora, el aire es transparente, y se siente la felicidad en el acto de diluirse en algo completo y grandioso. El resultado es una novela memorable, un hermoso canto épico al trabajo cotidiano y a la lucha contra la adversidad.

Mi √Āntonia, de Willa Cather, en Alba editorial.

Javier Aspiazu

El tocho. La Francia ocupada de la gran Nemirovsky

‚ÄúCaliente, pensaban los parisinos. El aire de primavera. Era la noche en guerra, la alerta. Pero la noche pasar√≠a, la guerra estaba lejos. Los que no dorm√≠an, los enfermos encogidos en sus camas, las madres con hijos en el frente, las enamoradas con ojos ajados por las l√°grimas, o√≠an el primer jadeo de la sirena. A√ļn no era m√°s que una honda exhalaci√≥n, similar al suspiro que sale de un pecho oprimido. En unos instantes, todo el cielo se llenar√≠a de clamores. Llegaban de muy lejos, de los confines del horizonte, sin prisa, se dir√≠a. Los que dorm√≠an so√Īaban con el mar, que empuja ante s√≠ sus olas y guijarros, con la tormenta que sacude el bosque en marzo, con un reba√Īo de bueyes que corre pesadamente haciendo temblar la tierra, hasta que al fin, el sue√Īo ced√≠a y abriendo apenas los ojos dec√≠an: ‚Äú¬ŅEs la alarma?‚ÄĚ

As√≠ comienza ‚ÄúSuite francesa‚ÄĚ de Irene Nemirovski. Esta brillante escritora ucraniana de origen jud√≠o, asesinada en el campo de concentraci√≥n de Auschwitz, vivi√≥ la mayor parte de su vida adulta entre Par√≠s y Niza, de ah√≠ que toda su obra est√© escrita en franc√©s: m√°s de veinte libros, varios p√≥stumos, entre ellos el que hoy comentamos. Publicado en 2004, sesenta a√Īos despu√©s de la muerte de la autora, la transcripci√≥n del manuscrito de Suite francesa, conservado milagrosamente por las hijas de Nemirovski, supuso una enorme sorpresa editorial. Se trataba de una gran novela inacabada: Nemirovski solo alcanz√≥ a escribir dos de las cinco partes que deb√≠an constituir su gran proyecto sobre la Francia ocupada.

La primera de las partes conservadas, Tempestad en Junio nos habla de la huida en desbandada de los ciudadanos de Par√≠s ante la inminente entrada de los alemanes. Tras las primeras detonaciones, interminables colas de veh√≠culos, bicicletas y peatones desesperados inundan las carreteras. A trav√©s de varios personajes cuyas andanzas se entrecruzan en cap√≠tulos sucesivos -la adinerada familia Pericand, el elitista escritor Gabriel Corte, el coleccionista de porcelanas Charlie Angelet-, experimentamos el ego√≠smo brutal y las artima√Īas de que se valen los fugitivos de clase alta para sobrevivir. Esta primera parte sorprende por la visi√≥n despiadada que la autora ofrece de la burgues√≠a francesa, amoral y oportunista.

La segunda parte, Dolce, nos presenta la vida de un peque√Īo pueblo ocupado por los nazis algunos meses despu√©s. Aqu√≠ de nuevo son las tensiones entre clases sociales, entre terratenientes y campesinos, las que dan lugar a las primeras delaciones. Adem√°s, la autora se atreve a mostrar a un nazi humanizado, enamorado de una joven francesa, evidenciando as√≠ que el individuo y la comunidad en la que se inscribe, no comparten, forzosamente, los mismos deseos, ni los mismos odios.

Escrita de forma deslumbrante, con el característico estilo sobrio y preciso de Nemirovski, sus descripciones son tan escuetas como brillantes, los matices psicológicos que expresan las emociones asombran por su agudeza y finura. El ritmo no es tanto musical, cuanto  cinematográfico, combinando con soberbia agilidad las acciones paralelas y los contrastes. Aun sin terminar, esta es una novela magnífica, probablemente la más intensa, crítica y conmovedora de su autora. Toda una experiencia literaria que no les dejará indiferentes. Suite francesa de Irene Nemirovski en editorial Salamandra.

Javier Aspiazu

El tocho. Los pensamientos de Nicol√°s de Chamfort

‚ÄúCasi todos los hombres son esclavos, conforme a la raz√≥n que daban los espartanos de la servidumbre de los persas: por no saber pronunciar la s√≠laba¬†no.¬†Saber pronunciar esta palabra y saber vivir solos son los dos √ļnicos medios que tenemos de conservar la libertad y el car√°cter‚ÄĚ.

Esta es una de las máximas que integran las Máximas y Pensamientos, de Nicolás de Chamfort. Recomendamos hoy a nuestros oyentes a uno de los grandes moralistas franceses del siglo XVIII, maestro del aforismo, quizá el que más influencia ha ejercido, junto a la Rochefoucauld, en el pensamiento de filósofos posteriores tan importantes como Schopenhauer o Nietzsche. Nacido en 1740, Sebastian-Roch Nicolàs, fue producto de la relación ilegítima de una dama de la nobleza; hubo de elegir el seudónimo de Chamfort para darse a conocer en el mundo literario, donde pronto comenzó a destacar; hombre atractivo y afortunado con las mujeres, en su juventud contrajo una enfermedad de transmisión sexual que le afectó el resto de su vida y le agrió el carácter; se entusiasmó con la Revolución Francesa a la que prestó su apoyo, pero pronto denunció los excesos del Terror. Detenido por las autoridades revolucionarias, intentó suicidarse en dos ocasiones sin conseguirlo, muriendo a consecuencia de las heridas meses después.

Estos retazos biogr√°ficos pueden explicar el punto de vista tan pesimista de Chamfort, su talante c√≠nico ante el amor y los convencionalismos sociales, pero no lo que a m√≠ me ha resultado m√°s interesante: el apasionante viaje de autoconocimiento que suponen estas m√°ximas, recopiladas y publicadas p√≥stumamente, su capacidad para desvelar las contradicciones que el autor percibe en s√≠ mismo y en los dem√°s. Con ese fin, Chamfort destaca la condici√≥n miserable de los hombres ‚Äúque les lleva a buscar en la sociedad consuelos de los males de la naturaleza y, en la naturaleza consuelos de los males de la sociedad -sin encontrar- alivio a sus penas ni en una ni en otra‚ÄĚ.

Aunque est√° convencido de que la sociedad solo se puede soportar cuando se es joven y se est√° pose√≠do por las pasiones, sabe que muy pocos se retirar√°n por completo de ella porque ‚Äúla debilidad de car√°cter o la falta de ideas, en una palabra, todo lo que puede impedirnos vivir con nosotros mismos,… preservan a muchos de la misantrop√≠a‚ÄĚ. Es un decidido partidario de la raz√≥n pero al mismo tiempo, sabe que, de no ser por los errores que nos inducen a cometer las pasiones ‚Äútendr√≠an muchas ventajas sobre la fr√≠a raz√≥n que a nadie hace feliz. Las pasiones hacen vivir al hombre, la prudencia le permite solo durar‚ÄĚ. Y tampoco se muestra Chamfort como un pensador¬† que desapruebe cualquier otra vida que no sea la¬† intelectual o reflexiva. Al contrario, a su juicio ‚Äúla vida contemplativa es a menudo miserable. Hay que obrar m√°s, pensar menos y no mirarse vivir‚ÄĚ. Este maestro de la reflexi√≥n esencial puso en cuesti√≥n su propia imagen pesimista y acre cuando afirm√≥ que ‚Äúla jornada m√°s desaprovechada de todas es aquella en que no hemos re√≠do‚ÄĚ, buena prueba de que nunca perdi√≥ el sentido del humor.

Ediciones in Puribus public√≥ en 2015 la versi√≥n m√°s reciente en castellano de estas l√ļcidas y reveladoras M√°ximas y Pensamientos de Nicol√°s de Chamfort.

Javier Aspiazu

El Tocho. Eichmann en Jerusalén junto a Hannah Arendt

‚ÄúEl mal, en el Tercer Reich, hab√≠a perdido aquella caracter√≠stica por la que generalmente se le distingue, es decir, la caracter√≠stica de constituir una tentaci√≥n. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la mayor√≠a, tuvieron la tentaci√≥n de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio (que los jud√≠os eran enviados a la muerte lo sab√≠an, aunque quiz√° muchos ignoraran los detalles m√°s horrendos), de no convertirse en c√≥mplices de estos cr√≠menes al beneficiarse con ellos. Pero bien lo sabe el Se√Īor, los nazis hab√≠an aprendido a resistir la tentaci√≥n‚ÄĚ

Este es un fragmento de Eichmann en Jerusal√©n. Un ensayo sobre la banalidad del mal, de Hannah Arendt. Corr√≠a el a√Īo 1961 cuando Arendt fue enviada como reportera¬† por el New Yorker¬† a Jerusal√©n, para escribir sobre el juicio que se sigui√≥ en la ciudad israel√≠ contra Adolf Eichman, el jerarca nazi que organiz√≥ la deportaci√≥n de cientos de miles de jud√≠os. La fil√≥sofa, autora de ensayos fundamentales para entender el siglo XX como Los or√≠genes del totalitarismo o La condici√≥n humana, consigui√≥ mucho m√°s que un libro reportaje. Eichmann en Jerusal√©n se convirti√≥ en un ensayo hist√≥rico imprescindible para conocer los or√≠genes y el desarrollo ideol√≥gico del holocausto y algunos¬† factores sorprendentes que lo propiciaron.

Buena parte del proceso log√≠stico se vertebr√≥ a trav√©s de la figura de Eichmann, teniente coronel de las SS, designado como responsable supremo de los transportes de jud√≠os a los campos de concentraci√≥n y exterminio. Su misi√≥n consist√≠a en viajar a las diversas capitales europeas ocupadas por los nazis a fin de planificar los convoyes ferroviarios y supervisar que cumplieran con el n√ļmero de deportados exigido.¬† Esgrimiendo multitud de datos, Arendt afirma que esto hubiera sido imposible sin la cooperaci√≥n y ayuda de los¬† sumisos representantes de los consejos jud√≠os, a quienes Eichman convocaba para obtener la aquiescencia de las comunidades y organizar las listas de futuros deportados. Otro aspecto sorprendente, que refuta el argumento de que en una situaci√≥n de crimen legalizado nadie se arriesga a desobedecer, es la diferente aceptaci√≥n que tuvo la ‚Äúsoluci√≥n final‚ÄĚ en los diversos pa√≠ses ocupados; alguno hubo, como Dinamarca, que ayud√≥ a escapar a todos sus ciudadanos jud√≠os embarc√°ndolos hacia la neutral Suecia.

Tras la lectura del libro queda claro que Eichmann no fue un psic√≥pata, tan solo un bur√≥crata fan√°tico que nunca se sinti√≥ culpable cumpliendo √≥rdenes y haciendo lo que √©l llamaba su ‚Äútrabajo‚ÄĚ, o dicho de forma m√°s rotunda: mostrando una obediencia ciega que convirti√≥ el ejercicio del mal en un acto banal; pero tambi√©n resulta evidente que los jud√≠os, con su sumisi√≥n extrema facilitaron el holocausto (la autora aporta datos al respecto de que la mitad de los jud√≠os que intentaron escapar lo lograron); y por √ļltimo, Arendt deja tambi√©n patente que los sionistas aprovecharon el juicio para hacer propaganda del estado de Israel, cuya legalidad jur√≠dica para emprender el proceso era m√°s que dudosa.

Con estas controvertidas apreciaciones, el libro no contentó a muchos, pero se convirtió así, en toda una lección de historia crítica y de independencia ética que merece leerse con suma atención. Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt, en editorial deBolsillo.

Javier Aspiazu

El tocho. El Berlín nazi de Hans Fallada

‚ÄúLa cartera Eva Kluge sube despacio los pelda√Īos de la escalera del n√ļmero 55 de la calle Jablonski. Su lentitud no se debe solo a que la caminata del reparto la ha fatigado, sino tambi√©n a que su cartera contiene una de esas cartas que odia entregar y tiene que hacerlo dentro de un momento, dos tramos de escalera m√°s arriba, en el hogar de los Quangel. Seguro que la mujer la espera con impaciencia, desde hace m√°s de dos semanas espera recibir una carta oficial del Ej√©rcito…

Ella no siente el menor inter√©s por la pol√≠tica. Es una mujer sencilla y como tal piensa que no hay que traer hijos al mundo para que los maten de un tiro‚ÄĚ.

As√≠ comienza Solo en Berl√≠n, de Hans Fallada. La tremenda biograf√≠a de este escritor alem√°n, morfin√≥mano, alcoh√≥lico y suicida, muy conocido en la primera mitad del siglo XX, en la que alguna de sus novelas lleg√≥ a superventas en Alemania, nos hace admirar a√ļn m√°s la pujanza de su talento, capaz de sobreponerse a tantas circunstancias adversas. Una de ellas, fue la dif√≠cil convivencia, desde 1933, con el r√©gimen nazi.

La novela que hoy les recomendamos, Solo en Berl√≠n, la √ļltima que public√≥ el autor, apenas un a√Īo antes de su muerte en 1947, se puede interpretar, precisamente, como su ajuste de cuentas personal con el nazismo. Bas√°ndose en un hecho real rescatado de los archivos de la Gestapo, Fallada nos narra una historia de resistencia an√≥nima y casi sin esperanzas. Es la que lleva adelante el matrimonio Quangel: Otto, un jefe de taller de carpinter√≠a, hombre en extremo recto y lac√≥nico y Anna, una sumisa ama de casa. Ambos han perdido a su hijo en la guerra, y el golpe moral recibido les impulsa a alejarse del nazismo y a actuar en su contra. Deciden escribir postales denunciando las mentiras y los cr√≠menes de Hitler. Postales que dejan abandonadas en edificios p√ļblicos esperando la reacci√≥n de sus eventuales lectores.

En torno a los Quangel, el autor teje una tupida red de relaciones que comienzan en su mismo edificio, donde viven tambi√©n el confidente de la polic√≠a Barkhausen, el juez retirado Fromm, la entusiasta familia nazi de los Persicke y una anciana tendera jud√≠a, la se√Īora Rosenthal, cada vez m√°s atemorizada. Son solo una parte de la variada fauna humana que puebla esta novela, casi coral en su desarrollo, y con ingredientes de thriller, introducidos por las pesquisas del brillante comisario Escherich, el √ļnico personaje que recibe una verdadera lecci√≥n moral de la actuaci√≥n de los Quangel, tras su detenci√≥n.

Quizá se eche de menos un mayor desarrollo o profundización psicológica en algunos personajes, incluso una mayor reflexión sobre la realidad, pero Fallada escribe de manera torrencial (acabó los 800 folios mecanografiados de que constaba la novela en cuatro semanas) y eso se nota en la enorme fluidez de la narración, en la que no cesan de encadenarse acontecimientos. La facilidad y amenidad del estilo propicia una lectura subyugante, que no obvia en absoluto la denuncia de las brutalidades del régimen. Al contrario, la gran virtud de esta novela estriba en su cercanía a la realidad y su conmovedora apuesta, perdida de antemano, por la humanidad y la justicia.

Solo en Berlín de Hans Fallada, en editorial Maeva.

Javier Aspiazu

El tocho. Fiesta al Noroeste, de Ana María Matute

‚ÄúEl l√°tigo de Dingo hablaba seco como un rel√°mpago negro. Estaba lloviendo desde el amanecer, y eran ya las tres de la tarde, tres d√≠as antes del Mi√©rcoles de Ceniza. El agua empapaba las crines del viejo caballo y el carro del titiritero rumoreaba sus once mil ruidos quemados: sonrisas de caretas y pelucas, bostezos de perros sabios y largos, muy largos lamentos ¬†sin voz. Todo esto lo present√≠a Dingo desde el pescante como un cosquilleo en la nuca. Porque all√≠ dentro del carro pintado a siete colores, yac√≠an ¬†el viejo ba√ļl de los disfraces, el hermano mudo que tocaba el tambor, y los tres perros amaestrados, todos dormidos bajo el repique del agua. Acababan de asomarse a la comarca de Art√°mila en un pleno Carnaval sobre la tierra indefensa. Art√°mila era poco agraciada al trabajo con su cielo y su suelo hostiles a los hombres.‚ÄĚ

As√≠ comienza Fiesta al Noroeste de Ana Mar√≠a Matute. Dentro de la larga trayectoria de la gran escritora catalana, la novela corta que hoy les recomendamos es una de las m√°s representativas de su primera etapa. Ganadora del premio Caf√© Gij√≥n de 1952, Fiesta al Noroeste responde en su tem√°tica y estilo al realismo social predominante en la √©poca, aunque embellecido por una prosa de sorprendente plasticidad, llena de recursos expresivos: met√°foras, comparaciones, sinestesias, etc. La calidad po√©tica del lenguaje reviste a la historia, dura y dram√°tica, de un ropaje est√©tico que aten√ļa la violencia de los acontecimientos.

Estos se pueden resumir as√≠: el titiritero Dingo, de paso por la Art√°mila, la inh√≥spita comarca de la que escap√≥ treinta a√Īos atr√°s, tiene la mala suerte de atropellar y matar accidentalmente a un ni√Īo. Para salir del embrollo, pedir√° ayuda al terrateniente del pueblo, Juan Medinao, su amigo de la infancia. Con la aparici√≥n del titiritero, a Medinao, personaje deforme, codicioso y acomplejado, le asaltan los recuerdos de la ni√Īez. Evoca el desprecio del padre y la burla de sus compa√Īeros de colegio, el suicidio de su madre y la creciente envidia que le inspira su hermano bastardo, Pablo Z√°caro, joven seguro, decidido, valiente, al que todos respetan y aprecian, y que llega a encabezar una huelga de jornaleros. Una envidia hacia su hermano que se convierte en un amor turbio e inexplicable…

Y hasta ah√≠ les contar√© los mimbres de una trama desarrollada con un admirable dominio del lenguaje al servicio de los temas que empezaban ya a obsesionar a la Matute: los efectos de la posguerra ‚Äďuno de los cuales es esa pobreza que se extiende, incluso, a la descripci√≥n del paisaje, lluvioso, hosco e inh√≥spito, de la Art√°mila, de la que casi nadie puede escapar-, y la memoria o la pervivencia de la infancia en los adultos. Cuando trata este √ļltimo, la autora no se limita a describir la realidad, sino que bucea en los sentimientos y la subjetividad de los personajes, y lo hace con un lirismo que en algunos momentos recuerda a los grandes poetas de generaciones anteriores.

Es esta una novela pesimista y áspera, pero en cualquier caso, espléndida, que revela ya a una gran estilista poseedora de un universo propio. Una de las mejores introducciones a la amplia obra de Ana María Matute: Fiesta al Noroeste, en ediciones Cátedra.

Javier Aspiazu

El tocho. Familia, del chino Ba Jin

‚ÄúEl viento soplaba con tanta fuerza que los copos de nieve revoloteaban en el aire como trozos de guata, sin llegar a caer al suelo. A ambos lados de la calle se hab√≠an formado caminos blancos al pie de los muros que rodeaban las casas y parec√≠a que el cemento de en medio de la calle estuviera engastado en la nieve. Los transe√ļntes y los porteadores de palanquines luchaban en vano contra el vendaval. El cielo estaba completamente blanco. Hab√≠a nieve por doquier; encima de los paraguas, y los sombreros de paja de los porteadores, y en el rostro de los viandantes. El viento orientaba los paraguas a su antojo. Aullaba col√©rico y violento, y con el sonido de los pasos sobre la nieve formaba una especie de ruido extra√Īo que laceraba los o√≠dos de la gente y parec√≠a advertir que la primavera no llegar√≠a nunca‚ÄĚ.

As√≠ comienza Familia, de Ba Jin. El escritor chino Li Yaotang, m√°s conocido por el seud√≥nimo de Ba Jin, muri√≥ en 2005 convertido en un cl√°sico, despu√©s de vivir la friolera de cien a√Īos. Empez√≥ a escribir y publicar muy joven, obteniendo √©xitos importantes desde la d√©cada de los 30, pero en su vida hubo acusados contrastes: durante la revoluci√≥n cultural mao√≠sta fue considerado contrarrevolucionario y condenado a trabajos forzados, y hubo de esperar a fines de los 70 para ser rehabilitado y volver a ocupar cargos p√ļblicos. Familia, se public√≥ en 1937, y como su t√≠tulo indica, cuenta la historia de la prominente familia Gao, donde abundan los juristas y altos funcionarios, asentada en una ciudad del sur de China a principios del siglo XX.

Con un estilo directo y económico, Ba Jin necesita pocos capítulos para presentarnos a los hermanos Juemin y Juehuei, estudiantes en el instituto de lenguas extranjeras de la ciudad y representantes, por ello, de una incipiente modernidad, al mismo tiempo que nos muestra la sociedad opresiva en la que viven. Su familia está dominada por el abuelo Gao, patriarca indiscutido del numeroso clan. Su autoridad es absoluta y es él quien impone los matrimonios de hijos y nietos, quien compra o regala jóvenes para utilizarlas como criadas o concubinas, pasando por encima de sus sentimientos y aspiraciones. Todo el sufrimiento que provoca,  con vidas frustradas como la del hermano mayor Juexin, e incluso suicidios, queda impune, hasta que los jóvenes -en especial JuehueiРdeciden enfrentarse a su autoridad.

Este es el esbozo del argumento de una novela escrita con gran agilidad y que atesora diversas virtudes. En primer lugar, muestra una especial sensibilidad hacia la situaci√≥n de la mujer, la v√≠ctima m√°s indefensa de una sociedad todav√≠a feudal, dej√°ndonos retratos femeninos conmovedores, como el de la prima Mei o la criada Ming Feng. Realiza, adem√°s, una certera cr√≠tica a formas de pensamiento como la doctrina de la ‚Äúpiedad filial‚ÄĚ, y a toda una serie de ritos y supersticiones esclavizadoras. Y, por √ļltimo, con la figura del rebelde Juehuei y sus amigos, introduce un modelo de juventud disidente, semilla de una sociedad m√°s libre. En definitiva, un gran cl√°sico chino de lectura absorbente: Familia, de Ba Jin, en ediciones del Asteroide.

Javier Aspiazu