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Pedro Ugarte, confidencias de vida y literatura

Los libros de notas de los escritores ejercen sobre mí una atracción innegable, y sospecho que es un género que interesa a la mayoría de los amantes de la literatura. Solemos llegar a esos trabajos con la expectativa de conocer mejor al autor, de conocer la esencia de su pensamiento, su actitud vital, quizás, su grado de esperanza, pero sucede que no siempre el autor se deja ver y que, por ello, estos libros de notas resulten un tanto fríos. No es el caso de Lecturas pendientes (anotaciones sobre literatura), el nuevo libro de Pedro Ugarte, adscrito a este género ensayístico. El bilbaíno convierte a los lectores en confidentes, y aunque la literatura sea el eje central, en realidad,  de lo que nos habla, con mucha  honestidad, diría yo, es de la vida misma.

En Lecturas pendientes, Ugarte recuerda c√≥mo naci√≥ su vocaci√≥n de escritor: ‚ÄúNunca he querido hacer ninguna otra cosa que no sea escribir. No s√© c√≥mo ni por qu√© se aloj√≥ esa idea en mi cabeza. Ni puedo explicarla, ni puedo entenderla, ni me importa demasiado no poder hacerlo‚ÄĚ. Comparte con nosotros cu√°les son sus autores favoritos, los sinsabores y las satisfacciones del oficio de la escritura y a qu√© insospechados pliegues de la memoria lo devuelven algunos pasajes de sus lecturas‚Ķ; la memoria, la infancia, tan presentes en este libro donde asegura que la patria no es la infancia sino la inocencia. ‚ÄúNo tuve una relaci√≥n demasiado estrecha con mi padre. Pero hubo un tiempo, en verano, en que √≠bamos los dos juntos desde Zarauz a Guetaria a comer un par de n√©coras y a beber yo un mosto dulce y √©l un vino blanco helado. Habl√°bamos de cosas imposibles, esas cosas que jam√°s podr√≠an compartir un hombre de cincuenta y seis a√Īos y un ni√Īo de doce. Esa conversaci√≥n imposible, impracticable, que se repet√≠a y terminaba siempre en el fracaso fue una patria. La m√≠a‚ÄĚ.

La enfermedad, la vejez y el paso del tiempo est√°n tambi√©n presentes en estos apuntes y en ocasiones, aborda esas cuestiones desde el ¬†sentido del humor, tan necesario: ‚ÄúMuchas cosas cambian cuando envejeces: por ejemplo, el modo de no mirarme que ten√≠an antes las mujeres es totalmente distinto al modo de no mirarme que tienen ahora‚ÄĚ. Otro apunte sobre la vejez en un tono bien distinto: ‚ÄúLeyendo los diarios, los ensayos o los libros de memorias de muchos escritores ancianos, el tremendismo se convierte en una f√≥rmula de estilo. Todo son juicios altisonantes, admoniciones morales: el mundo se derrumba, la civilizaci√≥n se corrompe, donde no domina el dinero domina la ambici√≥n. Todo se vuelve apocal√≠ptico, aterrador, irrespirable. Si llego a la vejez, espero hacerlo con la lucidez suficiente como para no confundir mi propia extinci√≥n con la del mundo‚ÄĚ.

El amor por Bilbao, observaciones muy afiladas sobre el euskera o sobre lo que sería para él un vasco típico, pasajes sobre la familia, sobre la paternidad o sobre las relaciones de pareja, ocupan su lugar en unas páginas en las que Ugarte se define como liberal y católico.

Con un tono a veces un tanto pesimista, otras, melanc√≥lico, otras critico o ir√≥nico, pero dominado siempre por el realismo y por el esfuerzo consciente de tratar de analizar su subjetividad con cierta distancia, Lecturas pendientes logra que el lector dialogue tambi√©n consigo mismo. Literatura a raudales: opiniones sobre el cuento, sobre la novela, sobre la cr√≠tica, sobre la amistad con algunos autores y sobre ciertas decepciones.¬† Entradas extensas o ¬†tan breves como aforismos. Un ejemplo m√°s: ‚ÄúEl amor no es un sentimiento, el amor es una decisi√≥n. Entender esto es entenderlo todo“. Un libro este, en definitiva, para tomar nota y para tomar notas tambi√©n.

Txani Rodríguez

El f√ļtbol, la vida y la paternidad, seg√ļn Galder Reguera

Ya s√©, ya s√©: un libro sobre f√ļtbol. ‚Äú¬°Puaj!‚ÄĚ, dir√°n algunos. ‚Äú¬°Bah! No me interesa‚ÄĚ, se√Īalar√°n otros. ‚Äú¬°Buf! Para los futboleros‚ÄĚ, afirmar√° una mayor√≠a. S√≠, un libro sobre f√ļtbol. Y sobre la paternidad, y sobre los sue√Īos rotos, y sobre la trasmisi√≥n de un legado, y sobre la derrota, y sobre el compa√Īerismo, y sobre el sentido de comunidad, y sobre la literatura, y sobre la filosof√≠a, y sobre el cine, y sobre la vida. Un libro que se sirve del f√ļtbol para hablar de las cosas importantes, y tambi√©n las livianas, que marcan la vida de la gente.

Galder Reguera es bilba√≠no, fil√≥sofo y cr√≠tico de arte. Tambi√©n es responsable de actividades de la Fundaci√≥n Athletic Club. Es la persona que se encuentra tras iniciativas tan interesantes como el festival literario Letras y F√ļtbol y el cinematogr√°fico Thinking Football Film Festival. Adem√°s es profesor de √©tica en la Escuela de Entrenadores de Bizkaia. Ha publicado un libro sobre arte conceptual y otro sobre f√ļtbol. Es tambi√©n un apasionado seguidor del Athl√©tic, pasi√≥n que le fue transmitida por su Aitite. Y, esto lo sabr√°n a partir de ahora muchos, es un magn√≠fico escritor.

Hijos del f√ļtbol es el libro que todos est√°bamos esperando de √©l. Es un libro muy personal en el que se mezclan el relato autobiogr√°fico, con las reflexiones sobre las relaciones paterno filiales, sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sobre las l√≠neas de pensamiento que mueven el mundo y, c√≥mo no, sobre el mundo del f√ļtbol. Una especie de diario que recorre los √ļltimos a√Īos de vida del autor y su especial relaci√≥n con su hijo mayor que al principio del relato est√° a punto de cumplir los cinco a√Īos. Una relaci√≥n que obliga a Galder Reguera a mirarse a s√≠ mismo y a volver los ojos a las historias de su pasado, de cuando era ni√Īo y solo so√Īaba con ser futbolista y futbolista del Athl√©tic, de cuando era un adolescente autodestructivo y de cuando de joven consigui√≥ enderezar su camino. Cada paso est√° repleto de agudas divagaciones, de dolorosas confesiones, de temores expuestos en voz alta sobre las posibilidades de ‚Äúcagarla‚ÄĚ siendo padre. Es enternecedor cuando el autor nos cuenta el miedo que tiene a la p√©rdida de inocencia de su hijo, a causarle un dolor innecesario, a no saber que palabras pronunciar en el momento oportuno. Se cuestiona incluso el autor la transmisi√≥n de su pasi√≥n futbol√≠stica, por lo que rodea actualmente al mundo del f√ļtbol. Se habla mucho de la melancol√≠a de lo perdido (el futbolista retirado) o de lo que pudo haberse perdido (los sue√Īos rotos por no llegar). Tambi√©n de las desconfianzas de las izquierdas ante el f√ļtbol, del culto al goleador, de la importancia del grupo para conseguir momentos de felicidad, del f√ļtbol y el nacionalismo y de la b√ļsqueda de un ‚Äúf√ļtbol humanista‚ÄĚ, que ponga a las personas encima de todo, a personas que quieran seguir jugando al f√ļtbol porque disfrutan y no se sientan presionadas por el resultado.

Un libro magn√≠fico en el que el f√ļtbol y la vida se imbrican de manera maravillosa. ‚ÄúEn el rect√°ngulo de juego y en la grada -se dice- caben todas las historias: de √©xito y fracaso; de amor, odio e indiferencia; sobre el destino y la posibilidad o no de regatearlo; sobre la vida y sobre la muerte. El bal√≥n contiene potencialmente todas las historias. S√≥lo hay que ponerlo en movimiento. Jugar y esperar que acontezcan‚ÄĚ. Y donde al final se hace un canto a la paternidad gozosa sin miedos: ‚ÄúTener un ni√Īo es maravilloso, pero verlo crecer… eso s√≠ que es m√°gico de verdad‚ÄĚ.

Galder Reguera, por favor, sigue escribiendo.

Enrique Martín

La memoria elegante y detallista de Eduardo Halfon

El protagonista de Duelo -un trasunto del propio Halfon, conocido ya por sus lectores, que van para militancia- decide investigar la misteriosa muerte de un ni√Īo de su familia, acontecida a√Īos atr√°s. Para aclarar aquellos hechos, perdidos en la neblina del tiempo, viajar√° hasta Guatemala, el pa√≠s donde creci√≥. Ese punto de partida, permite al autor de Monasterio bucear en la memoria y recordar la historia de su familia: ‚ÄúMi abuelo se hab√≠a tapado la boca con una mano y me hab√≠a balbuceado algo en espa√Īol mientras yo descubr√≠a con espanto la dentadura postiza a su lado, sobre la mesa de noche, brillante y rosada en un vaso de agua. Jam√°s se me hab√≠a ocurrido que, al llegar a Guatemala en 1946, cuando ten√≠a apenas veinticinco a√Īos, despu√©s de la guerra, despu√©s de ser prisionero en distintos campos de concentraci√≥n,¬† mi abuelo polaco hab√≠a perdido ya todos sus dientes‚ÄĚ. Sabremos que sus abuelos paternos fueron jud√≠os √°rabes y los maternos, polacos; que emigraron primero a Guatemala, y a Estados Unidos, despu√©s, cuando el protagonista era apenas un ni√Īo; tan joven era que se habitu√≥ por completo al ingl√©s y olvid√≥ el castellano. ‚ÄúLa lengua es una escafandra‚ÄĚ, se apunta en este libro, y se reflexiona sobre lo necesaria que es la lengua para sobrevivir en un ambiente ajeno.

Dotado de una habilidad narrativa extraordinaria, Halfon, uno de los escritores m√°s singulares del panorama literario actual y due√Īo de un personal√≠simo proyecto, aborda el tema de la identidad, uno de sus grandes temas, sin ninguna duda. Esa inquietud, filtrada a lo largo de toda la novela -corta, como nos viene acostumbrando-, se manifiesta por claridad en p√°rrafos como el siguiente: ‚Äú¬ŅUsted no es de por aqu√≠, verdad don? Me pregunt√≥ ya sentado y remando hacia atr√°s con la raqueta roja. Yo me ajust√© el poncho en los hombros y tom√© un sorbo caliente de caf√©. A veces, le dije sonriendo.‚ÄĚ O en di√°logos como este: ‚ÄúD√≠game, joven, usted y sus hermanos crecieron fuera del pa√≠s, ¬Ņverdad?, me pregunt√≥ don Isidoro mientras emit√≠a un vaho de humo, y yo le dije que s√≠, que nos fuimos del pa√≠s de ni√Īos, a Estados Unidos, y pasamos muchos a√Īos all√°. Tantos a√Īos, le dije, que a veces siento que ya no soy de aqu√≠.‚ÄĚ

Duelo está planteado como un doble viaje porque hay un viaje interior, hacia los recuerdos y revelaciones del personaje; y otro físico, a su país natal, a los lugares de su infancia, donde resonarán los ecos de las voces de sus seres queridos. El relato desprende elegancia y fuerza, y alcanza grandes dotes de emoción e intensidad que el guatemalteco conjura, como suele hacer, con pinceladas eróticas o humorísticas. Chejov decía que la verosimilitud está en el detalle, y lo cierto es que Halfon trabaja muy bien el detalle; ese cuidado, es quizás, una de sus mayores fortalezas junto con una intuición, podríamos decir, para saber qué contar y qué no, qué detallar y que obviar.  Duelo es una historia sobre el amor a la familia -también sobre las heridas en las familias-, magistralmente resuelta a través de la particular mirada del autor.

Txani Rodríguez

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacci√≥n, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la nov√≠sima editorial catalana Hurtado&Ortega, re√ļne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aqu√≠ y all√°, y son dif√≠ciles de encontrar, y alg√ļn texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que tambi√©n nos encontramos rememoranzas del peque√Īo pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga naci√≥ como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiogr√°ficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el pa√≠s que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoder√°ndose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, Par√≠s, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos in√ļtiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del f√ļtbol, el retorno al pasado al volver al terru√Īo. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su pa√≠s Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo tambi√©n hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qu√© de un seud√≥nimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entra√Īable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al o√≠do, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las peque√Īas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

El tocho. En la Patagonia, del brit√°nico Bruce Chatwin

‚ÄúEn el comedor de la casa de mi abuela hab√≠a una vitrina, con un trozo de piel en su interior. Un trozo peque√Īo, pero grueso y correoso, con mechones de pelo √°spero y rojizo. Estaba sujeto a una tarjeta mediante un alfiler herrumbroso. Sobre la tarjeta hab√≠a algo escrito con tinta negra desva√≠da, pero entonces yo era muy peque√Īo y no sab√≠a leer.

– ¬ŅQu√© es eso?

– Un fragmento de brontosauro.

Mi madre conocía los nombres de dos animales prehistóricos. El brontosauro y el mamut. Sabía que aquel no era un mamut. Los mamuts provenían de Siberia.

El brontosauro era un animal que se hab√≠a ahogado durante el diluvio, porque No√© no lo hab√≠a podido embarcar en el arca a causa de su gran tama√Īo‚ÄĚ.

As√≠ comienza En la Patagonia de Bruce Chatwin. Experto en arte y arqueolog√≠a, periodista brillante y gran seductor, el autor ingl√©s de quien les hablo hoy, muri√≥ prematuramente a causa del sida con apenas 48 a√Īos, en 1989,¬† y por desgracia, despu√©s de un periodo de amplia difusi√≥n de su obra, empieza en la actualidad a caer en el olvido. Chatwin narra en este libro, el primero de su producci√≥n, publicado en 1977, el viaje de seis meses que realiz√≥ a trav√©s de la Patagonia y la Tierra del Fuego argentina y chilena, aplicando a su escritura los preceptos del nuevo periodismo: ese acercamiento a la realidad en primera persona, tras una amplia labor de investigaci√≥n, con una mirada intensa y atenta, que dota de una dimensi√≥n est√©tica al objeto de su reportaje.

El resultado es de una riqueza sorprendente. Chatwin consigue ofrecernos en menos de 250 p√°ginas un panorama variad√≠simo de la Patagonia. Los f√≥siles de gigantescos animales prehist√≥ricos que habitaron la regi√≥n son el primer motivo del viaje del autor, pero a partir de ah√≠ conocemos el diverso paisaje natural y humano, en el que destaca la amplia colonia galesa de la Patagonia dedicada a la ganader√≠a, muchos de ellos descendientes de independentistas huidos de Gran Breta√Īa; descubrimos el verdadero final de forajidos gringos como Buth Cassidy y Sundance Kid; asistimos a las revoluciones anarquistas que tuvieron lugar en los a√Īos 20; comprobamos que una vez m√°s las relaciones con los nativos fueron traum√°ticas, incluso desde el viaje de Darwin en el Beagle, uno de cuyos puntos de atraque fue Tierra del Fuego; nos asombramos con la riqueza metaf√≥rica de la lengua de los indios yaghanes o con la mitolog√≠a de los nativos de la isla Chilo√©. Y todo ello intercalando encuentros con personajes pintorescos, solitarios y algo salvajes, pobladores ideales de esta remota regi√≥n, en la que discurri√≥ buena parte de la vida y aventuras de Charly Milward, el c√≥nsul brit√°nico m√°s austral del imperio, cuyo rastro, seguido por el autor, constituye el hilo conductor de todo el relato.

Dicen que Chatwin revolucionó con este libro la literatura de viajes, también que se inventó parte de lo narrado. Puede que ambas cosas sean ciertas. Que no se trate de una crónica verídica y tampoco de una novela. Pero en cualquier caso, es un bello artefacto literario, escrito con una prosa concisa y sensible, llena de encanto, y resulta enormemente sugestivo e interesante. Una lectura ideal para el verano que iniciamos. En la Patagonia de Bruce Chatwin.

Javier Aspiazu

Juan Cruz y la pasión por un periodismo que se desvanece

El periodista y escritor canario Juan Cruz Ruiz (Puerto de la Cruz, 1948) acaba de publicar en el sello Alfaguara el libro Un golpe de vida. Cruz ha desarrollado toda su vida profesional en el diario El Pa√≠s desde su fundaci√≥n en 1976, salvo el tiempo, entre 1992 y 1998, en el que dirigi√≥ la editorial Alfaguara. Tiene una amplia trayectoria literaria con obras como Cuchillo de arena, Retrato de humo, El sue√Īo de Oslo, La playa del horizonte, Retrato de un hombre desnudo y El ni√Īo descalzo. En Un golpe de vida reflexiona sobre la profesi√≥n de periodista, que parece estar tan de capa ca√≠da en los √ļltimos tiempos. Una labor en la que la vida y el oficio se cruzan una y otra vez a lo largo de los a√Īos para formar una √ļnica realidad. Una autobiograf√≠a diferente, seg√ļn el autor el libro que m√°s le ‚Äúha dolido escribir‚ÄĚ. Porque el periodismo es ‚Äúla alegr√≠a y tambi√©n un suspiro mortal, una despedida. El oficio invencible. Para m√≠ tambi√©n el oficio inevitable‚ÄĚ. Con el autor hemos charlado. Pincha y escucha la conversaci√≥n.

La guerra seg√ļn las mujeres y Svetlana Aleksievitx

El traductor de Lazkao, Iker Sancho Insausti, recibi√≥ el pasado a√Īo la beca Jokin Zaitegi que conceden la asociaci√≥n cultural¬†Arrasate Euskaldundu Dezagun de Arrasate y la editorial¬†Elkar. Ahora tenemos ya en las librer√≠as la cristalizaci√≥n de ese proyecto: la traducci√≥n al euskara de Gerrak ez du emakume aurpegirik, de la periodista Svetlana Aleksievitx que gan√≥ el Premio Nobel en 2015.

El t√≠tulo del libro nos pone ya sobre la tesis principal de la periodista: cuando se habla de la guerra, se piensa en los soldados, en hombres, pero en la II Guerra Mundial particip√≥ casi un mill√≥n de mujeres sovi√©ticas. Y no lo hicieron solo como enfermeras, m√©dicos, camilleras o telegrafistas, fueron tambi√©n francotiradoras, conductoras de tanques u oficiales. Y Svetlana Aleksievitx habl√≥ durante los a√Īos 80 -en plena censura- con algunas de ellas. Tuvo que esperar al deshielo, a la Perestrosika de Gorbachov, para poder colar, digamos, su trabajo. A pesar de todo, la censura modific√≥ bastantes pasajes. Vendi√≥ dos millones de copias. En 2002 lo reescribi√≥ para a√Īadir las partes que hab√≠an sido eliminadas, y mostrar ese relato coral en toda su crudeza y en toda su grandiosidad, lleno de dolor y de peque√Īos milagros porque como dice una de las mujeres entrevistadas, en la guerra se suceden tambi√©n los peque√Īos milagros.

La lectura es dura, va sin pa√Īos calientes, pero es conmovedora y reveladora. ‚ÄúBeti harritu izan nau xaloa eta gizartiarra den guztiareriko mesfidantza horrek; bizitzaren ordez ideal bat eta epeltasun arrutaren ordez distira hotz bat jartzeko gurari horrek‚ÄĚ, dice Nina Javkolevna que fue sargento en una √©poca en la que las unidades acorazadas apenas admit√≠an mujeres. La convivencia arrojaba momentos emotivos tambi√©n, como este que narra Olga Vasilievna: ‚ÄúLehen lerroan zeuden gizonek emakume bat lehen lerroan ikusten bazuten, aurpegiak guztiz aldatzen zitzaizkien. Emakume-ahotsaren soinuak berak eraldatzen zituen. Gau batean zemliankaren alboan eseri eta kantuan hasi nintzen isil-isilik.‚ÄĚ Dice despu√©s que pensaba que todos los hombres estaban dormidos y no la hab√≠an o√≠do, pero al d√≠a siguiente el comandante le dijo que estaban despiertos, pero que no pudieron articular palabra por la nostalgia que sintieron al escuchar la voz de una mujer.

Gerrak ez du emakume aurpegirik supone, sin duda, un acercamiento vigoroso a la obra de esta periodista tenaz, que ha buscado la voz de personas comunes para explicar la historia convulsa de su pa√≠s. La Academia Sueca la distingui√≥ por ‚Äúsu obra polif√≥nica, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo‚ÄĚ. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar esa polifon√≠a en euskara.

Txani Rodríguez

Alaine Agirre, desnudando una vida dolorosa

Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama es una carta de amor de la autora a su madre, pero supone tambi√©n la recapitulaci√≥n de la vida de Agirre y un fresco de las relaciones que mantiene con sus familiares: padres, hermana, abuelos… El libro, dividido en tres partes a las que se suma un ep√≠logo, arranca con el nacimiento de la escritora de Bermeo, y refiere la depresi√≥n postparto que sufri√≥ su madre, algo que hizo que durante sus seis primeros meses de vida fuese cuidada por otra mujer. Veinte a√Īos despu√©s, cuando se desencaden√≥ la enfermedad mental que Agirre ya ha referido en anteriores trabajos, su madre tuvo, de alguna manera, que volver a parirla: ‚ÄúBaina bigarren aldi hartan ez zenion zeure buruari aukerarik eman depresioa bera sentitzeko. Ezereztu egin zenuen. Bigarren aldi hartan ez zeneukalako haur jaio Berri bat zeure zain, baizik eta hogei urteko zure haurra, iluntasunak janda, psikosiaren sinfon√≠a entzuten eta antsietateak irensten zuela‚ÄĚ.

Como dec√≠a, la novela es una carta de amor y agradecimiento a su madre por darle la vida y cuidarla, pero tambi√©n funciona como un ejercicio de expiaci√≥n y reconciliaci√≥n. ‚ÄúUlertzen dut aita, zu ulertzen zaitudan moduan, ama. Orain bai, pasatakoak pasata, ulertzen onartzen maitatzen zaituztet‚ÄĚ, dice. ‚ÄúBi aldiz erditu zinen nitaz, ama‚ÄĚ tiene tambi√©n un marcado cariz autobiogr√°fico que nos permite ver que la narradora no expresa sus emociones cuando era una ni√Īa, que no consegu√≠a jugar con los compa√Īeros en el patio porque no soportaba la improvisaci√≥n, que sent√≠a ciertos celos de su hermana menor, que pensaba que los padres no la quer√≠an, que ech√≥ sobre sus espaladas la urgencia de convertirse en adulta. Sabemos tambi√©n que se convirti√≥ pronto en una lectora voraz, tanto que sus padres le prohibieron que se pasara el d√≠a en la biblioteca. ‚ÄúOrduan -dice- haurrak ez du beste erremediorik jolas orduetan bere istorio propioak asmatzea eta idaztea baino, patioaren izkina batean eserita (‚Ķ) Ez du beste erremediorik gauetan, gurasoek argia itzaltzen diotenean, hurrengo egunean patioan idatziko duena pentsatzea eta harekin amets egitea baino‚ÄĚ. Y as√≠ es como aquella ni√Īa se convirti√≥ en escritora.

Adem√°s de los pasajes dedicados a su madre, encontramos tambi√©n p√°rrafos sobre otros familiares, como uno hermosa p√°gina sobre su padre que remata diciendo ‚ÄúTxiki-txikia nintzenetik hainbat gauza eman dizkit aita: baina batez ere, ametsak‚ÄĚ. O este otro sobre uno de sus abuelos: ‚ÄúAitonak egindako zopak maite nuen txikitan. Kokodriloaren tripak, oiloaren lumak, marrazoaren hortz bat, igelaren begi bat eta erdi, pinguinoaren mokoa, elefantearen buztana‚Ķ Ez zen sekula amaitzen aitonaren irudimena. Eta nik guzti-guztia sinesten nion‚ÄĚ. Tras atravesar una infancia obligatoria, que dir√≠a Karmelo C. Iribarren, y una adolescencia complicada, tras enfrentar la enfermedad, la narradora se muestra m√°s serena y confiesa su deseo de ser madre, a pesar de que se lo desaconsejaron. Sin embargo, el deseo que se impone es el de su propio renacer.

En resumen, esta novela, que obtuvo la beca Joseba Jaca, recapitula una vida entera, que se vuelca con honestidad y valent√≠a. Son p√°ginas que cantan al amor y a la compresi√≥n, que resta√Īen heridas y conceden un orden nuevo al entorno emocional de esta narradora que con Odol mamituak ¬†mostr√≥ sus credenciales, y que lleg√≥ para quedarse.

Txani Rodríguez

Silvia Nanclares, el deseo imperioso de ser madre

La escritora Silvia Nanclares (Madrid, 1975) acaba de publicar en la editorial Alfaguara la novela Qui√©n quiere ser madre. Nanclares es licenciada en Dramaturgia por la Real Escuela de Arte Dram√°tico y ha desarrollado proyectos teatrales, audiovisuales, literarios y de formaci√≥n art√≠stica. Ha intervenido en la creaci√≥n de contenidos para diferentes centros culturales, as√≠ como en investigaciones colectivas como #bookcamping. Desde 2012 colabora con eldiario.es y Peri√≥dico Diagonal con piezas de periodismo narrativo. Es guionista y locutora en el espacio radiof√≥nico Carne Cruda. Es adem√°s autora de los √°lbumes ilustrados infantiles La siesta y Al final, en colaboraci√≥n con Miguel Brieva, y del libro de narrativa breve El Sur, instrucciones de uso. Tambi√©n ha publicado relatos en diferentes revistas. Qui√©n quiere ser madre es su primera novela. Justo antes de cumplir los cuarenta a√Īos, Silvia se enamora y poco despu√©s pierde a su padre. Es entonces cuando decide quedarse embarazada. Siente que la vida le debe otra vida. Esta valiente novela autobiogr√°fica va desgranando los hitos inici√°ticos que atraviesa toda mujer cuyo deseo de embarazo se ve frustrado mes a mes: la urgencia biol√≥gica, la incertidumbre, el fantasma de la infertilidad, las reacciones de los seres queridos, el sexo mec√°nico, el desgaste de la pareja, los miedos y la reproducci√≥n asistida como horizonte. Pero no olvida lo bueno: el amor, la familia, los amigos y la pasi√≥n. Con la autora hemos charlado. Pincha y disfruta de la charla.

Los raros. Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday

libro-lady-sings-the-blues‚ÄúMam√° y pap√° eran un par de cr√≠os cuando se casaron. El ten√≠a dieciocho a√Īos, ella diecis√©is y yo tres.

Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.

Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.

Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo s√≥lo era un suave puntapi√© en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se present√≥ en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregar√≠a los suelos y atender√≠a a las golfas que estaban all√≠ para tener a sus hijos, costeando as√≠ su parte y la m√≠a. Y lo cumpli√≥. Aquel mi√©rcoles 7 de abril de 1915, cuando yo nac√≠ en Baltimore, mam√° ten√≠a trece a√Īos‚ÄĚ.

As√≠ comienza Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday. Redactadas en colaboraci√≥n con el pianista y escritor William Dufty, que recogi√≥ fielmente el modo de expresarse lac√≥nico y rotundo de Lady Day, como se conoc√≠a tambi√©n a Billie Holiday, estas memorias, publicadas en 1956, solo tres a√Īos antes de su muerte, son el testimonio brutal de una vida atormentada, a pesar del √©xito y la fama que goz√≥ la cantante m√°s expresiva de la historia del jazz.

Siempre hay parcelas que se ocultan en las autobiograf√≠as, pero Billie Holiday, nombre art√≠stico de Eleonora Fagan, no nos ahorra detalles escabrosos. Desde la miseria inicial que la oblig√≥ a empezar a trabajar a los diez a√Īos, pasando por un intento de violaci√≥n a la misma edad, el ejercicio de la prostituci√≥n de los 13 a los 15, que le acarre√≥ su primera estancia en la c√°rcel, los comienzos como cantante en peque√Īos clubs para evitar ser desahuciada, episodios vergonzosos de discriminaci√≥n racial cuando, tras interminables giras en autob√ļs con las bandas de Count Basie y Artie Shaw, empezaba a ser ya una de las vocalistas m√°s prestigiosas de la √©poca y, por supuesto, sus torturadas relaciones amorosas. Consecuencia de una de ellas fue su adicci√≥n a la hero√≠na, por cuyo consumo, entonces considerado delito, fue detenida y recluida en varias ocasiones. Afortunadamente, no todo son desgracias, y Holiday recoge tambi√©n en sus memorias la capacidad para hechizar al p√ļblico con su intensidad y dramatismo, y la g√©nesis de las c√©lebres canciones que nos leg√≥ en su faceta de compositora.

A modo de s√≠ntesis, les dir√© que Lady sings the blues reviste un triple inter√©s: es, primero, una cr√≥nica vivaz de la √©poca dorada del jazz (por el libro desfilan genios como Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman o Lester Young, el amigo m√°s entra√Īable de Billie); es, tambi√©n, un testimonio del terrible racismo que sufr√≠an los m√ļsicos negros; y por √ļltimo, un alegato conmovedor, en las p√°ginas finales, contra el trato puramente represivo que recib√≠an los adictos a las drogas.

Un libro durísimo y apasionante, cuya descarnada sinceridad resulta tan afilada como la hoja de afeitar que aparece en la portada de la edición de Tusquets. Así son las memorias de Billie Holiday: Lady sings the blues.

Javier Aspiazu