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Philippe Lançon o cómo sobrevivir al horror

Este libro del periodista y crítico francés Philippe Lançon te agarra el corazón desde las primeras páginas y no deja de estrujártelo hasta el final. En medio hay mucho dolor (físico y mental), mucho miedo, mucha desesperación, momentos de euforia, momentos de depresión, instantes de cordura, instantes de locura, esperanza en el sur humano, desesperanza por la Humanidad… El libro arranca con una destrucción desoladora y termina con otra en la distancia. El autor quiere creer que somos gente civilizada, pero a veces la realidad lo hace complicado, muy complicado.

Este libro cuenta como Philippe Lan√ßon sobrevivi√≥ al terrible atentado contra la revista sat√≠rica Charlie Hebdo, de la que era colaborador, el 7 de enero de 2015. Sobrevivi√≥ casi sin esperanzas, porque los atacantes islamistas le dispararon varias veces, la √ļltima un tiro de gracia que le destroz√≥ la cara, la mand√≠bula. El atentado acab√≥ con la vida de doce personas y dej√≥ heridas a otras once. Las heridas m√°s graves fueron las de Lan√ßon. El primer cap√≠tulo cuenta c√≥mo fue el d√≠a anterior al atentado. Un d√≠a normal en la vida del autor. Fue al teatro a ver Noche de reyes, para hacer una cr√≠tica despu√©s. Pens√≥ en Bagdad, antes de los bombardeos, donde fue corresponsal, y en el √ļltimo libro de Houllebecq, aquel que narraba la llegada a la presidencia de la rep√ļblica francesa de un musulm√°n moderado. El siguiente cap√≠tulo es otro d√≠a normal. Lan√ßon ha decidido pasar por la revista Charlie Hebdo y despu√©s por la redacci√≥n del peri√≥dico Liberation, donde tambi√©n colaboraba. En la revista hay risas. Se celebra la reuni√≥n semana. Todos hacen chistes y la mayor√≠a se divierte. Alguno reprocha la acidez de algunas de las gracietas. Pero la cosa no va a m√°s. Y tras terminar la reuni√≥n Lan√ßon se queda charlando con algunos de sus compa√Īeros. Y se oyen unos ruidos. Y alguien dice: ‚ÄúYa est√°n los gamberros de siempre con sus petardos‚ÄĚ. Pero Lan√ßon, que ha sido corresponsal de guerra, piensa: ‚ÄúEsos no son petardos, son disparos de un arma autom√°tica‚ÄĚ. Y cuando se vuelve ve a los dos terroristas disparando y rematando a sus amigos y compa√Īeros.

Y a partir de aqu√≠ el viacrucis. Las primeras horas en el hospital, las enso√Īaciones; los primeros d√≠as, las visitas emocionadas; las primeras operaciones, las anestesias, los despertares; las plegarias, convertidas en el primer art√≠culo del retorno; los pol√≠ticos que pasan por la sala del hospital; los polic√≠as a la puerta que se van turnando; sus padres, su hermano, su novia chilena que vive en Nueva York, su ex mujer cubana; las enfermeras, los m√©dicos y Chlo√©, la cirujana que le acabar√° devolviendo un rostro. Y repasar una vida, al cambiarse de casa para ir a otra m√°s protegida (los “animales” pueden querer rematarle): fotograf√≠as, cartas, gentes, recuerdos de Cuba y otros pa√≠ses. Y por fin la operaci√≥n definitiva, el colgajo que haya que construir para recuperar la mand√≠bula perdida, el labio perdido, la mejilla perdida. Un colgajo realizado con carne y huesos de otra parte del cuerpo. Y en medio Proust, y Kafka, y Mann, y Bach‚Ķ sin los que hubiera sido imposible continuar viviendo: la cultura como dique contra la ignominia, contra el dolor y a favor de la esperanza.

El colgajo es un libro maravillosamente escrito, de una sinceridad abrumadora, insultantemente abrumadora, desgarrador, en el que su autor se abre en canal, sin ocultar nada, o pr√°cticamente nada, sobre lo que sinti√≥ en las diferentes fases de su reconstrucci√≥n como ser humano. Dec√≠amos que el libro se abre con un atentado y termina con otro, el de la sala Batacl√°n de Paris. Una vuelta a empezar. No estamos a salvo, pero debemos seguir viviendo y agarrarnos a todo aquello que nos hace humanos: el amor, la amistad, la risa, la cultura, la discusi√≥n civilizada. Y la escritura, seguir escribiendo, seguir contando, transmitiendo verdad o por lo menos ‚Äúsensaci√≥n de verdad‚ÄĚ y ‚Äúsentimiento de libertad‚ÄĚ. No dejemos que el dolor se transforme en inquina, viene a decir Lan√ßon, porque la inquina destroza los corazones. Una lecci√≥n de vida, a pesar de todo.

Enrique Martín

J.I. Carnero, contar a una madre para contarse a uno mismo

El escritor vizca√≠no Jos√© Ignacio Carnero (Portugalete, 1986) ha publicado en el sello Caballo de Troya la novela Ama. Carnero es licenciado en Derecho Econ√≥mico por la Universidad de Deusto y tras pasar por Madrid se asent√≥ en Barcelona donde ejerce como abogado. No es esta su primera experiencia como escritor porque hace tres a√Īos public√≥ La luz de Lisboa, una cr√≥nica de viajes donde cantaba las excelencias de la capital portuguesa. Ama est√° dedicado a su madre, una emigrante gallega en Bizkaia, que muri√≥ de c√°ncer hace un tiempo. En el libro se cuenta su vida y por extensi√≥n la vida de su hijo, del propio autor. ¬†Con Carnero hemos charlado. Pincha y disfruta de toda la conversaci√≥n.

El tocho. Los tristes trópicos de Lévi-Strauss

‚ÄúMi carrera se resolvi√≥ un domingo de oto√Īo de 1934, a las nueve de la ma√Īana, con una llamada telef√≥nica. Era Celestin Bougl√©, en ese entonces director de la Escuela Normal Superior. Desde hac√≠a algunos a√Īos me dispensaba una benevolencia un poco lejana y reticente… porque‚Ķ no pertenec√≠a a su equipo, por el cual experimentaba sentimientos muy exclusivos. Sin duda, no pudo hacer una elecci√≥n mejor pues me pregunt√≥ bruscamente: ‚Äú¬ŅSiempre tiene el deseo de practicar etnograf√≠a?‚ÄĚ ‚ÄúDesde luego‚ÄĚ. ‚ÄúEntonces presente su candidatura en la universidad de Sao Paulo. Los suburbios est√°n llenos de indios y usted les podr√° consagrar los fines de semana. Pero es necesario que de su respuesta definitiva… antes del mediod√≠a‚ÄĚ.

As√≠ comienza el cap√≠tulo V de Tristes tr√≥picos, de Claude L√©vi-Strauss. Entre la multitud de vol√ļmenes dedicados por los antrop√≥logos a narrar sus exploraciones y trabajos de campo, destaca con justicia este libro magn√≠fico del creador de la Antropolog√≠a Estructural, Levi-Strauss, uno de los mayores y m√°s influyentes sabios del siglo XX.

Al inicio de su madurez, en 1955, el autor se deja llevar caprichosamente por sus recuerdos, para recrear sus primeros grandes viajes veinte a√Īos atr√°s. El resultado es Tristes tr√≥picos, un libro complejo y fascinante, de estilo desigual, a veces escrito en tono de gran estilista, otras de r√°pido cronista de campa√Īa, como si el autor estuviera todav√≠a ante la hoguera de su campamento de etn√≥logo en el Mato Grosso. En cualquier caso, su discurso, pre√Īado de datos y vivencias, es siempre fluido, ponderado, interesante, y por momentos, apasionante.

L√©vi-Strauss transmite no solo su reflexi√≥n intelectual manifestando, en un p√°rrafo c√©lebre, su deuda con el marxismo, el psicoan√°lisis y la geolog√≠a. Tambi√©n, y al hilo de su estancia en el Brasil, nos narra su aventurado periplo como expedicionario, llevado al l√≠mite de la enfermedad y el extrav√≠o. El etn√≥logo veintea√Īero y apasionado, consigue tras casi tres a√Īos de campa√Īas, describir mejor que nadie la cultura de los caduveos, bororos y nanbikwaras, en un Matto Grosso cada vez m√°s intrincado e inaccesible.

Entonces llega su momento de gloria, so√Īado por todo etn√≥logo, al entrar en contacto con una tribu desconocida: los mund√©. Pero esto ocurre en el momento m√°s inoportuno, con buena parte de su equipo, incluida su mujer, atacado por enfermedades tropicales, y lo que es a√ļn peor, sin que nadie pueda ejercer de int√©rprete ante una tribu todav√≠a sin contactar, cuyo idioma resulta desconocido. Los datos recabados son exiguos. La gloria del etn√≥logo apenas dura una semana.

Junto a esta dolorosa decepción, verdadero clímax narrativo de la obra, Tristes trópicos nos ofrece la reflexión más profunda que se haya escrito sobre las condiciones y los objetivos de la antropología.

Y una revisi√≥n cr√≠tica de la cultura humana en su conjunto, con hip√≥tesis sumamente reveladoras, sobre la invenci√≥n de la escritura como instrumento de poder, sobre la degeneraci√≥n de las religiones, cada vez m√°s belicosas, o sobre la condici√≥n mort√≠fera de la civilizaci√≥n occidental que acaba con todas las culturas con las que entra en contacto. De ah√≠ la necesaria tristeza del antrop√≥logo, testigo de la paulatina desaparici√≥n de los pueblos que describe. Una obra maestra que exigir√≠a m√ļltiples relecturas.

Tristes trópicos de Claude Lévi-Strauss, en editorial Paidós.

Javier Aspiazu

La mirada honesta de Aixa de la Cruz

Cambiar de idea bien puede definirse,¬† tomando unas palabras de la autora, como ‚Äúuna historia de violencia estructural que se narra como un drama privado, en c√≠rculos conc√©ntricos que empiezan y acaban en una misma‚ÄĚ. Es decir, tras la experiencia personal hay siempre un relato pol√≠tico, aunque la persona que cuenta esas experiencias no lo identifique. A partir de esta premisa, podemos decir, no obstante, que estamos ante un libro de memorias, que puede leerse tambi√©n, a ratos, al menos, como una novela. De hecho, de la Cruz defiende que las barreras entre la cr√≥nica, las memorias, la autoficci√≥n y la ficci√≥n son inexistentes porque escribir es recordar y recordar es siempre un acto imaginativo. El ejercicio de recordar, siempre creativo, es verdad, conduce a la bilba√≠na a varios temas que van desde los mimbres de su tesis a las explicaciones que est√°n detr√°s de algunas de sus conductas sexuales.

El libro arranca con el mensaje de voz de una amiga suya que ha sufrido un grav√≠simo accidente. Los peri√≥dicos han publicado unas fotos terribles del siniestro ante las que la narradora parece no reaccionar. ‚ÄúComprendo que esta frialdad con la que escudri√Īo el sufrimiento ajeno es un m√ļsculo que llevo tiempo entrenando, el que me ha permitido mantener la cordura en un escritorio en el que se mezclaban los post-it de colores con los abusos de prisioneros de Abu Ghraib y en el que el reproductor rebobinaba sin descanso escenas de tortura, de ficci√≥n y de no ficci√≥n‚ÄĚ. As√≠ que cuando visita a su amiga, y ve las heridas y las cicatrices a√ļn sin cerrar en el cuerpo de la chica, piensa en la manera en la que recibimos las im√°genes violentas. Hay m√°s violencia en el libro porque de la Cruz habla de un intento de violaci√≥n que ella sufri√≥ y de los terribles abusos sexuales que padeci√≥ otra de sus amigas. Las violaciones, y en concreto, el caso de La Manada, tienen importancia reveladora en la parte final y m√°s ensay√≠stica del libro, en la que cuenta c√≥mo se siente interpelada por el feminismo. La violencia que soportan en M√©xico, donde ella vivi√≥ un tiempo porque se cas√≥ con un joven mexicano, tambi√©n encuentra traslado: ‚ÄúLo intolerable es lo infrecuente. De todas las lecciones que aprend√≠ en M√©xico esta es la que mejor me iba a ayudar a entender a entender Europa, la violencia europea, la de mi propia piel‚ÄĚ.

Cambiar de idea habla tambi√©n de las relaciones de la autora con otras mujeres. ‚ÄúConfund√≠ -dice- mi afici√≥n por los retos dif√≠ciles con el lesbianismo.‚ÄĚ Otro punto interesante del libro es el que se refiere a su relaci√≥n, o ausencia de relaci√≥n, con su padre biol√≥gico, al que ella se refiere como ‚Äúbiopadre‚ÄĚ y al que nunca trat√≥ demasiado.

Cambiar de idea es un relato honesto, en el que la autora no se hace demasiadas trampas al solitario, que recoloca algunas piezas sueltas en un puzle completo, un puzle en el que, al final, la autora sentir√° que todo encaja. Y m√°s all√° de lo que cuenta, que no es poco, hay que destacar c√≥mo, porque, sin duda, este libro est√° muy bien escrito: el texto corre, es seductor, y ofrece la enga√Īosa sensaci√≥n de que est√° escrito como si transcribiera lo que pensara en voz alta.

Txani Rodríguez

El libro del mar del noruego Morten A. Stroksnes

Dice la contraportada de este libro que en √©l se cuenta la caza de un tibur√≥n boreal en una lancha neum√°tica por parte de dos amigos. Y luego entra en algunos detalles sobre esa cacer√≠a. No lo cre√°is. Es cierto que todo eso est√° en el libro, en una peque√Ī√≠sima parte del libro, pero este volumen va de otra cosa. Va del amor por el mar y por aquello que lo representa. Stroksnes es historiador, viajero, fot√≥grafo y reportero accidental. Ha escrito libros sobre lugares en conflicto y, sin duda, le apetec√≠a un poco de relajo, pero sabe que la contemplaci√≥n tiene poco gancho a la hora de vender un libro, as√≠ que aprovechando la peque√Īa an√©cdota de su amistad con un pescador y la, sin duda, verdadera experiencia de salir al mar para capturar a un tibur√≥n y ver como este se les escapa siempre, ha montado la historia que ha permitido que este libro se edite en veinticuatro idiomas.

Y lo merece, porque a nada que sea el lector alguien interesado en la historia de la navegaci√≥n, de las profundidades y de los habitantes del mar, este libro le va a encantar porque hay aqu√≠ un muestrario detallado de todo esto, troceado en grupos de pocas p√°ginas, y mezclado con otras unidades de narraci√≥n que incluye, por ejemplo, las pel√≠culas y sobre todo los libros que hablan del mar, que son miles, por supuesto. Comparten p√°gina el abuelo del autor, que un d√≠a abandon√≥ el interior de Noruega y se asom√≥ al mar y Arthur Rimbaud que escribi√≥ un poema sobre √©l. Despu√©s los b√ļnkeres que dej√≥ la Segunda Guerra Mundial, dejan paso al amigo Hugo, que es un artista pl√°stico, pero sobre todo tiene que salir a navegar todos los d√≠as y de ah√≠ al Mayflower y otros barcos hist√≥ricos, al Argos y otros barcos legendarios, al capit√°n Ahab y a otros personajes inventados, a Jack London que escribi√≥, a Cop√©rnico que investig√≥ y a Borges que so√Ī√≥.

Y si no est√°n todos ellos en estas p√°ginas a mi me lo parecen porque creo que este compendio de saberes pr√°cticos y conocimientos te√≥ricos sobre el mar es lo m√°s completo que vas a encontrar lejos de los libros con hermosas fotograf√≠as y precios estratosf√©ricos. Aqu√≠, a cambio, hay hermosos poemas: ‚ÄúEs largo este pa√≠s, la mayor parte es Norte‚ÄĚ, por ejemplo. Le√≠ este libro recorriendo las costas noruegas, se citan en √©l algunos lugares en los que he estado, como una librer√≠a de viejo en Tromso, que igual no es la misma que se cita en el texto porque hay muchas en Noruega, pero quiero pensar que esta identificaci√≥n no ha influido en mi juicio, que cualquier persona, a condici√≥n de que est√© interesado en el mar y todo su universo que es inabarcable, porque tambi√©n tenemos aqu√≠ el mar estelar, deber√≠a leerlo porque va a hacer salir a los ojos, llegar al cerebro, la idea marina de cada uno de nosotros. Una delicia de libro. A m√≠ que me importa que cacen o no al tibur√≥n boreal. Bastante tiene el pobre con ese par√°sito que le come la cornea. Veis, un ejemplo de los conocimientos in√ļtiles, y tan satisfactorios, que proporciona El libro del mar. Atr√©vete a vivirlo.

Félix Linares

Pedro Ugarte, confidencias de vida y literatura

Los libros de notas de los escritores ejercen sobre mí una atracción innegable, y sospecho que es un género que interesa a la mayoría de los amantes de la literatura. Solemos llegar a esos trabajos con la expectativa de conocer mejor al autor, de conocer la esencia de su pensamiento, su actitud vital, quizás, su grado de esperanza, pero sucede que no siempre el autor se deja ver y que, por ello, estos libros de notas resulten un tanto fríos. No es el caso de Lecturas pendientes (anotaciones sobre literatura), el nuevo libro de Pedro Ugarte, adscrito a este género ensayístico. El bilbaíno convierte a los lectores en confidentes, y aunque la literatura sea el eje central, en realidad,  de lo que nos habla, con mucha  honestidad, diría yo, es de la vida misma.

En Lecturas pendientes, Ugarte recuerda c√≥mo naci√≥ su vocaci√≥n de escritor: ‚ÄúNunca he querido hacer ninguna otra cosa que no sea escribir. No s√© c√≥mo ni por qu√© se aloj√≥ esa idea en mi cabeza. Ni puedo explicarla, ni puedo entenderla, ni me importa demasiado no poder hacerlo‚ÄĚ. Comparte con nosotros cu√°les son sus autores favoritos, los sinsabores y las satisfacciones del oficio de la escritura y a qu√© insospechados pliegues de la memoria lo devuelven algunos pasajes de sus lecturas‚Ķ; la memoria, la infancia, tan presentes en este libro donde asegura que la patria no es la infancia sino la inocencia. ‚ÄúNo tuve una relaci√≥n demasiado estrecha con mi padre. Pero hubo un tiempo, en verano, en que √≠bamos los dos juntos desde Zarauz a Guetaria a comer un par de n√©coras y a beber yo un mosto dulce y √©l un vino blanco helado. Habl√°bamos de cosas imposibles, esas cosas que jam√°s podr√≠an compartir un hombre de cincuenta y seis a√Īos y un ni√Īo de doce. Esa conversaci√≥n imposible, impracticable, que se repet√≠a y terminaba siempre en el fracaso fue una patria. La m√≠a‚ÄĚ.

La enfermedad, la vejez y el paso del tiempo est√°n tambi√©n presentes en estos apuntes y en ocasiones, aborda esas cuestiones desde el ¬†sentido del humor, tan necesario: ‚ÄúMuchas cosas cambian cuando envejeces: por ejemplo, el modo de no mirarme que ten√≠an antes las mujeres es totalmente distinto al modo de no mirarme que tienen ahora‚ÄĚ. Otro apunte sobre la vejez en un tono bien distinto: ‚ÄúLeyendo los diarios, los ensayos o los libros de memorias de muchos escritores ancianos, el tremendismo se convierte en una f√≥rmula de estilo. Todo son juicios altisonantes, admoniciones morales: el mundo se derrumba, la civilizaci√≥n se corrompe, donde no domina el dinero domina la ambici√≥n. Todo se vuelve apocal√≠ptico, aterrador, irrespirable. Si llego a la vejez, espero hacerlo con la lucidez suficiente como para no confundir mi propia extinci√≥n con la del mundo‚ÄĚ.

El amor por Bilbao, observaciones muy afiladas sobre el euskera o sobre lo que sería para él un vasco típico, pasajes sobre la familia, sobre la paternidad o sobre las relaciones de pareja, ocupan su lugar en unas páginas en las que Ugarte se define como liberal y católico.

Con un tono a veces un tanto pesimista, otras, melanc√≥lico, otras critico o ir√≥nico, pero dominado siempre por el realismo y por el esfuerzo consciente de tratar de analizar su subjetividad con cierta distancia, Lecturas pendientes logra que el lector dialogue tambi√©n consigo mismo. Literatura a raudales: opiniones sobre el cuento, sobre la novela, sobre la cr√≠tica, sobre la amistad con algunos autores y sobre ciertas decepciones.¬† Entradas extensas o ¬†tan breves como aforismos. Un ejemplo m√°s: ‚ÄúEl amor no es un sentimiento, el amor es una decisi√≥n. Entender esto es entenderlo todo“. Un libro este, en definitiva, para tomar nota y para tomar notas tambi√©n.

Txani Rodríguez

El f√ļtbol, la vida y la paternidad, seg√ļn Galder Reguera

Ya s√©, ya s√©: un libro sobre f√ļtbol. ‚Äú¬°Puaj!‚ÄĚ, dir√°n algunos. ‚Äú¬°Bah! No me interesa‚ÄĚ, se√Īalar√°n otros. ‚Äú¬°Buf! Para los futboleros‚ÄĚ, afirmar√° una mayor√≠a. S√≠, un libro sobre f√ļtbol. Y sobre la paternidad, y sobre los sue√Īos rotos, y sobre la trasmisi√≥n de un legado, y sobre la derrota, y sobre el compa√Īerismo, y sobre el sentido de comunidad, y sobre la literatura, y sobre la filosof√≠a, y sobre el cine, y sobre la vida. Un libro que se sirve del f√ļtbol para hablar de las cosas importantes, y tambi√©n las livianas, que marcan la vida de la gente.

Galder Reguera es bilba√≠no, fil√≥sofo y cr√≠tico de arte. Tambi√©n es responsable de actividades de la Fundaci√≥n Athletic Club. Es la persona que se encuentra tras iniciativas tan interesantes como el festival literario Letras y F√ļtbol y el cinematogr√°fico Thinking Football Film Festival. Adem√°s es profesor de √©tica en la Escuela de Entrenadores de Bizkaia. Ha publicado un libro sobre arte conceptual y otro sobre f√ļtbol. Es tambi√©n un apasionado seguidor del Athl√©tic, pasi√≥n que le fue transmitida por su Aitite. Y, esto lo sabr√°n a partir de ahora muchos, es un magn√≠fico escritor.

Hijos del f√ļtbol es el libro que todos est√°bamos esperando de √©l. Es un libro muy personal en el que se mezclan el relato autobiogr√°fico, con las reflexiones sobre las relaciones paterno filiales, sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sobre las l√≠neas de pensamiento que mueven el mundo y, c√≥mo no, sobre el mundo del f√ļtbol. Una especie de diario que recorre los √ļltimos a√Īos de vida del autor y su especial relaci√≥n con su hijo mayor que al principio del relato est√° a punto de cumplir los cinco a√Īos. Una relaci√≥n que obliga a Galder Reguera a mirarse a s√≠ mismo y a volver los ojos a las historias de su pasado, de cuando era ni√Īo y solo so√Īaba con ser futbolista y futbolista del Athl√©tic, de cuando era un adolescente autodestructivo y de cuando de joven consigui√≥ enderezar su camino. Cada paso est√° repleto de agudas divagaciones, de dolorosas confesiones, de temores expuestos en voz alta sobre las posibilidades de ‚Äúcagarla‚ÄĚ siendo padre. Es enternecedor cuando el autor nos cuenta el miedo que tiene a la p√©rdida de inocencia de su hijo, a causarle un dolor innecesario, a no saber que palabras pronunciar en el momento oportuno. Se cuestiona incluso el autor la transmisi√≥n de su pasi√≥n futbol√≠stica, por lo que rodea actualmente al mundo del f√ļtbol. Se habla mucho de la melancol√≠a de lo perdido (el futbolista retirado) o de lo que pudo haberse perdido (los sue√Īos rotos por no llegar). Tambi√©n de las desconfianzas de las izquierdas ante el f√ļtbol, del culto al goleador, de la importancia del grupo para conseguir momentos de felicidad, del f√ļtbol y el nacionalismo y de la b√ļsqueda de un ‚Äúf√ļtbol humanista‚ÄĚ, que ponga a las personas encima de todo, a personas que quieran seguir jugando al f√ļtbol porque disfrutan y no se sientan presionadas por el resultado.

Un libro magn√≠fico en el que el f√ļtbol y la vida se imbrican de manera maravillosa. ‚ÄúEn el rect√°ngulo de juego y en la grada -se dice- caben todas las historias: de √©xito y fracaso; de amor, odio e indiferencia; sobre el destino y la posibilidad o no de regatearlo; sobre la vida y sobre la muerte. El bal√≥n contiene potencialmente todas las historias. S√≥lo hay que ponerlo en movimiento. Jugar y esperar que acontezcan‚ÄĚ. Y donde al final se hace un canto a la paternidad gozosa sin miedos: ‚ÄúTener un ni√Īo es maravilloso, pero verlo crecer… eso s√≠ que es m√°gico de verdad‚ÄĚ.

Galder Reguera, por favor, sigue escribiendo.

Enrique Martín

La memoria elegante y detallista de Eduardo Halfon

El protagonista de Duelo -un trasunto del propio Halfon, conocido ya por sus lectores, que van para militancia- decide investigar la misteriosa muerte de un ni√Īo de su familia, acontecida a√Īos atr√°s. Para aclarar aquellos hechos, perdidos en la neblina del tiempo, viajar√° hasta Guatemala, el pa√≠s donde creci√≥. Ese punto de partida, permite al autor de Monasterio bucear en la memoria y recordar la historia de su familia: ‚ÄúMi abuelo se hab√≠a tapado la boca con una mano y me hab√≠a balbuceado algo en espa√Īol mientras yo descubr√≠a con espanto la dentadura postiza a su lado, sobre la mesa de noche, brillante y rosada en un vaso de agua. Jam√°s se me hab√≠a ocurrido que, al llegar a Guatemala en 1946, cuando ten√≠a apenas veinticinco a√Īos, despu√©s de la guerra, despu√©s de ser prisionero en distintos campos de concentraci√≥n,¬† mi abuelo polaco hab√≠a perdido ya todos sus dientes‚ÄĚ. Sabremos que sus abuelos paternos fueron jud√≠os √°rabes y los maternos, polacos; que emigraron primero a Guatemala, y a Estados Unidos, despu√©s, cuando el protagonista era apenas un ni√Īo; tan joven era que se habitu√≥ por completo al ingl√©s y olvid√≥ el castellano. ‚ÄúLa lengua es una escafandra‚ÄĚ, se apunta en este libro, y se reflexiona sobre lo necesaria que es la lengua para sobrevivir en un ambiente ajeno.

Dotado de una habilidad narrativa extraordinaria, Halfon, uno de los escritores m√°s singulares del panorama literario actual y due√Īo de un personal√≠simo proyecto, aborda el tema de la identidad, uno de sus grandes temas, sin ninguna duda. Esa inquietud, filtrada a lo largo de toda la novela -corta, como nos viene acostumbrando-, se manifiesta por claridad en p√°rrafos como el siguiente: ‚Äú¬ŅUsted no es de por aqu√≠, verdad don? Me pregunt√≥ ya sentado y remando hacia atr√°s con la raqueta roja. Yo me ajust√© el poncho en los hombros y tom√© un sorbo caliente de caf√©. A veces, le dije sonriendo.‚ÄĚ O en di√°logos como este: ‚ÄúD√≠game, joven, usted y sus hermanos crecieron fuera del pa√≠s, ¬Ņverdad?, me pregunt√≥ don Isidoro mientras emit√≠a un vaho de humo, y yo le dije que s√≠, que nos fuimos del pa√≠s de ni√Īos, a Estados Unidos, y pasamos muchos a√Īos all√°. Tantos a√Īos, le dije, que a veces siento que ya no soy de aqu√≠.‚ÄĚ

Duelo está planteado como un doble viaje porque hay un viaje interior, hacia los recuerdos y revelaciones del personaje; y otro físico, a su país natal, a los lugares de su infancia, donde resonarán los ecos de las voces de sus seres queridos. El relato desprende elegancia y fuerza, y alcanza grandes dotes de emoción e intensidad que el guatemalteco conjura, como suele hacer, con pinceladas eróticas o humorísticas. Chejov decía que la verosimilitud está en el detalle, y lo cierto es que Halfon trabaja muy bien el detalle; ese cuidado, es quizás, una de sus mayores fortalezas junto con una intuición, podríamos decir, para saber qué contar y qué no, qué detallar y que obviar.  Duelo es una historia sobre el amor a la familia -también sobre las heridas en las familias-, magistralmente resuelta a través de la particular mirada del autor.

Txani Rodríguez

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacci√≥n, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la nov√≠sima editorial catalana Hurtado&Ortega, re√ļne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aqu√≠ y all√°, y son dif√≠ciles de encontrar, y alg√ļn texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que tambi√©n nos encontramos rememoranzas del peque√Īo pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga naci√≥ como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiogr√°ficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el pa√≠s que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoder√°ndose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, Par√≠s, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos in√ļtiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del f√ļtbol, el retorno al pasado al volver al terru√Īo. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su pa√≠s Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo tambi√©n hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qu√© de un seud√≥nimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entra√Īable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al o√≠do, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las peque√Īas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

El tocho. En la Patagonia, del brit√°nico Bruce Chatwin

‚ÄúEn el comedor de la casa de mi abuela hab√≠a una vitrina, con un trozo de piel en su interior. Un trozo peque√Īo, pero grueso y correoso, con mechones de pelo √°spero y rojizo. Estaba sujeto a una tarjeta mediante un alfiler herrumbroso. Sobre la tarjeta hab√≠a algo escrito con tinta negra desva√≠da, pero entonces yo era muy peque√Īo y no sab√≠a leer.

– ¬ŅQu√© es eso?

– Un fragmento de brontosauro.

Mi madre conocía los nombres de dos animales prehistóricos. El brontosauro y el mamut. Sabía que aquel no era un mamut. Los mamuts provenían de Siberia.

El brontosauro era un animal que se hab√≠a ahogado durante el diluvio, porque No√© no lo hab√≠a podido embarcar en el arca a causa de su gran tama√Īo‚ÄĚ.

As√≠ comienza En la Patagonia de Bruce Chatwin. Experto en arte y arqueolog√≠a, periodista brillante y gran seductor, el autor ingl√©s de quien les hablo hoy, muri√≥ prematuramente a causa del sida con apenas 48 a√Īos, en 1989,¬† y por desgracia, despu√©s de un periodo de amplia difusi√≥n de su obra, empieza en la actualidad a caer en el olvido. Chatwin narra en este libro, el primero de su producci√≥n, publicado en 1977, el viaje de seis meses que realiz√≥ a trav√©s de la Patagonia y la Tierra del Fuego argentina y chilena, aplicando a su escritura los preceptos del nuevo periodismo: ese acercamiento a la realidad en primera persona, tras una amplia labor de investigaci√≥n, con una mirada intensa y atenta, que dota de una dimensi√≥n est√©tica al objeto de su reportaje.

El resultado es de una riqueza sorprendente. Chatwin consigue ofrecernos en menos de 250 p√°ginas un panorama variad√≠simo de la Patagonia. Los f√≥siles de gigantescos animales prehist√≥ricos que habitaron la regi√≥n son el primer motivo del viaje del autor, pero a partir de ah√≠ conocemos el diverso paisaje natural y humano, en el que destaca la amplia colonia galesa de la Patagonia dedicada a la ganader√≠a, muchos de ellos descendientes de independentistas huidos de Gran Breta√Īa; descubrimos el verdadero final de forajidos gringos como Buth Cassidy y Sundance Kid; asistimos a las revoluciones anarquistas que tuvieron lugar en los a√Īos 20; comprobamos que una vez m√°s las relaciones con los nativos fueron traum√°ticas, incluso desde el viaje de Darwin en el Beagle, uno de cuyos puntos de atraque fue Tierra del Fuego; nos asombramos con la riqueza metaf√≥rica de la lengua de los indios yaghanes o con la mitolog√≠a de los nativos de la isla Chilo√©. Y todo ello intercalando encuentros con personajes pintorescos, solitarios y algo salvajes, pobladores ideales de esta remota regi√≥n, en la que discurri√≥ buena parte de la vida y aventuras de Charly Milward, el c√≥nsul brit√°nico m√°s austral del imperio, cuyo rastro, seguido por el autor, constituye el hilo conductor de todo el relato.

Dicen que Chatwin revolucionó con este libro la literatura de viajes, también que se inventó parte de lo narrado. Puede que ambas cosas sean ciertas. Que no se trate de una crónica verídica y tampoco de una novela. Pero en cualquier caso, es un bello artefacto literario, escrito con una prosa concisa y sensible, llena de encanto, y resulta enormemente sugestivo e interesante. Una lectura ideal para el verano que iniciamos. En la Patagonia de Bruce Chatwin.

Javier Aspiazu