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La vida cotidiana, el material literario de Eva Blanch

Según parece Eva Blanch escribió una especie de biografía novelada contando la historia de Esther Tusquets, Corazón amarillo, sangre azul, o por lo menos la figura de su protagonista, una editora y escritora de cierto carácter se parecía bastante a la legendaria creadora de la editorial Lumen y algunas otras hazañas editoriales. No la leímos. Ahora, tres años después, Blanch vuelve a la literatura, actividad que simultanea con las artes plásticas, con la novela titulada Ahora que te vas, la historia de dos amigas que van cruzando sus vidas, perdiéndose y reencontrándose, recordando el pasado y temiendo el futuro, perdonando y cayendo de nuevo en los mismos errores. Lo curioso es que todos los encuentros, todos los hechos destacables, al, menos los que la autora distingue, están relacionados con la menstruación.

La primera, claro, que tiene una gran importancia y luego otras menos destacables elevadas a la categoría de acontecimiento fundamental. No importa, entendemos el artificio literario original que le da un tono distinto a, por ejemplo, utilizar una fecha determinada en diferentes años, para ir narrando estas peripecias. Pero más allá de lo llamativo de la propuesta el asunto no significa gran cosa. Lo que importa es el resto, lo que se cuenta de estas vidas. Para narrarlo también de manera estructuralmente diferente, Eva Blanch comienza los capítulos con la narración en primera persona de la segunda protagonista, la que no cobrará importancia hasta muy avanzado el relato, que va desgranando apuntes sobre la relación y relatando incidencias vagas, para pasar después de un par de páginas, a una narración en tercera persona, una falsa tercera persona, sobre las andanzas de Ruth, la amiga importante, aquella que tiene una vida agitada, conflictiva, repleta de incidencias destacadas.

Las cosas cambiarán un poco hacia el final, pero tampoco debemos ser más explícitos. Ahora que te vas es una muy buena novela hecha con materiales cotidianos propuestos como grandes tragedias, donde cobra más protagonismo el amor que, por ejemplo, la actividad laboral que tiene menos encanto, lo entendemos; en la que se busca el impacto sin estridencias, la emoción sin congoja, el documento sin adornos. En realidad lo peor de la novela está al final, en un cierre anticlimático cuando a tenor de lo que se nos ha contado y como se ha hecho, la autora debería haber sido más valiente y confiar en el lector. Pero, bueno, es una elección, como la de terminar una canción con un crescendo y remate o dejarla desaparecer poco a poco. Es cuestión de carácter. Algo de lo que está sobrada Ahora que te vas, la segunda novela de Eva Blanch, de la que ya estamos esperando nuevos títulos.

Félix Linares

Banville y Black, dos vidas literarias, una misma persona

El escritor irlandés John Banville (Wexford, 1945) acaba de reeditar en el sello Alfaguara la novela El mar. Banville, que tiene una larga trayectoria como literato y periodista y que de joven prefirió trabajar en unas líneas aéreas a estudiar, es un multipremiado escritor de ficciones, obras de teatro y libros de viajes. Entre sus obras destacan títulos como Mefisto, El libro de las pruebas, El intocable o el citado El mar, que le dio el premio Booker, y más recientemente Los infinitos, La guitarra azul y La Señora Osmond que es una continuación de Retrato de una dama de Henry James. Además del premio Booker tiene en su poder el Franz Kafka, el Leteo o el Príncipe de Asturias de hace cinco años. Un buen día, hace trece años, John Banville se desdobló y se presentó a sus lectores como Benjamin Black, escritor de novela negra, con un personaje Quirke, un forense de vida conflictiva, viudo, con una hija que no le acepta, bebedor, corpulento, solitario, que hasta el momento ha protagonizado siete novelas desde El secreto de Christine hasta Las sombras de Quirke. Y también ha firmado con este nombre una continuación de las aventuras de Phillip Marlowe, el recordado detective de Raymond Chandler en la novela titulada La rubia de ojos negros, y otras novelas negras independientes como El lémur, Pecado, premio RBA de novela negra y Los lobos de Praga, una novela histórica teñida de crímenes. John Banville y Benjamin Black se han llegado hasta Pompas de Papel aprovechando su visita a la Feria del Libro de Bilbao. Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta.

El notable debut en la novela del periodista Manuel Jabois

El comienzo de la primera novela del periodista gallego Manuel Jabois da el tono de Malaherba, un tono que absorbe por la voz del narrador, un adolescente que narra la pérdida de la infancia. Ese narrador, dotado de la extravagancia de la juventud, y que puede recordar al de El guardián entre el centeno, de Salinger, es quien nos guía por la Pontevedra de los años 80 y por el  recuerdo de la escuela, un ecosistema de lealtades, crueldad y sobrenombres. “Las aulas eran como continentes”, dice el protagonista Tambu, que se llama así por la canción Mister Tamburino.

Esa primera muerte del padre, su estado de salud, es el desencadenante de la novela porque Tambu y su hermana Rebe tendrán que instalarse durante tres meses en el piso de uno de sus vecinos, Armando, que tiene también dos hijos, Elvis y Claudia. Precisamente la relación entre Elvis y Tambu, a través de la cual ambos asisten a sus despertares sexuales y al sentimiento de culpa, es uno de los motores de la historia; otro motor es el misterio que impregna las páginas porque sabemos que está pasando algo más que lo que el narrador nos cuenta, ya que vamos de la mano del punto de vista de un niño, pero no sabemos exactamente qué pasa hasta que no cerramos el libro. Hay muchos aspectos, como el mundo de las drogas, que están solo sugeridos, y desde luego, hay que leer el texto con atención para captar todo lo que se va dejando caer. Así podremos llegar a explicarnos por qué los padres de Tombu están ausentes y dónde está, en realidad, la madre de Elvis.

Jabois guarda una memoria muy precisa de su paso por las aulas y de su propia adolescencia y eso le ha permitido crear esa voz tan verosímil. Aparecen juegos como el Tragabolas, o Hundir la flota o el Quién es quién, y aparecen también los abusones de la clase, el sistema de castas infantiles por el que se regían aquellos años. Y aunque el humor está presente y hay párrafos descacharrantes, la historia es dura, ya que en tres meses Tambu descubre demasiadas cosas: “Volvería a sudar muchas veces, por razones importantes y por razones estúpidas, pero esa no la olvidaré porque fue la primera vez que tuve miedo de verdad, la clase de miedo que una vez que se tiene ya no se va del todo”.

Malaherba está escrita de una manera aparentemente sencilla como sencilla parece la historia aunque guarde mucho más que lo que podría desprenderse de una lectura desatenta. “A mí, si me preguntan -dice el narrador en las primeras páginas- diré que me pasaron cosas que no sabía explicar, y sentimientos a los que no sabía poner nombre, e hice algo que simplemente no sabía si era bueno o malo, y cuando lo supe ya era muy tarde”. Puede ser un resumen de esta novela que nos ha descubierto a un Jabois más allá de su excelente y muy conocido trabajo periodístico.

Txani Rodríguez

El tocho. La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes

“Nacidos de la chingada, muertos en la chingada, vivos por pura chingadera: vientre y mortaja, escondidos en la chingada. Ella da la cara, ella reparte la baraja, ella se juega el albur, ella arropa la reticencia y el doble juego, ella descubre la pendencia y el valor, ella embriaga, grita, sucumbe, vive en cada lecho, preside los fastos de la amistad, del odio y del poder. Nuestra palabra. Tú y yo, miembros de esa masonería: la orden de la chingada. Eres quien eres porque supiste chingar y no te dejaste chingar; eres quien eres porque no supiste chingar y te dejaste chingar: cadena de la chingada que nos aprisiona a todos: eslabón arriba, eslabón abajo, unidos a todos los hijos de la chingada que nos precedieron y nos seguirán…”

Este es un célebre párrafo, bastante acortado respecto del original, de La muerte de Artemio Cruz, del mexicano Carlos Fuentes. Publicada en 1962, época en que el experimentalismo literario estaba en su apogeo, esta tercera novela de Fuentes, supuso la consagración definitiva del autor como un maestro de la nueva narrativa hispanoamericana, y entre ellos, uno de los que empleaba de forma más novedosa y vanguardista las técnicas narrativas. Después del deslumbrante debut que supuso La región más transparente (1958), novela  monumental y totalizadora de la realidad mexicana, Fuentes recorta su punto de vista en La muerte de Artemio Cruz, centrándose en la capacidad del poder para pervertir los ideales, como ocurrió en la fracasada revolución mexicana.

Agonizando, el magnate Artemio Cruz, rememora su vida, pero no lo hace de forma ortodoxa. El autor escapa de la cronología habitual, saltando de forma imprevisible del futuro al pasado, y cayendo en el presente solo en ocasiones contadas, aquellas en que el moribundo Cruz se deja llevar por sus dolorosas sensaciones, momentos en que el autor intenta expresar los pensamientos caóticos e involuntarios de un agonizante. Tras luchar con el general Obregón en la guerra de facciones en que se convirtió la Revolución Mexicana, Cruz se casa con Catalina Bernal, la hermosa hija de un terrateniente, convirtiéndose en un hacendado ávido y astuto, cada vez más poderoso. Olvidado todo ideal, su único amor pasa a ser entonces la “propiedad de las cosas, su posesión sensual”.

Obra concebida como un mosaico de voces narrativas, en la que destaca la segunda persona en tiempo futuro, como si el personaje central (y a veces todo el universo en torno a él) hubieran de cumplir un destino misteriosamente impuesto, estamos ante una novela que asombra por el dominio del lenguaje y su audaz estructura, aunque quizá no interese o conmueva al lector en la misma medida. Solo escasas páginas, como las que recogen el vívido recuerdo de la india Regina, el primer amor del joven capitán Cruz, asesinada por fuerzas contrarias, o el cariño incondicional del mulato Lunero, que le cría, en su orfandad, hasta los trece años, consiguen elevar la temperatura afectiva de este alarde lingüístico, de formidable potencia expresiva, pero escasa resonancia emocional.

Aún así, hay en esta novela espléndidos juegos verbales como el de ese irreverente símbolo de la mexicanidad, la “chingada” (con el que encabezo este comentario), que la harán siempre célebre. Solo por eso merecerá múltiples relecturas. La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, en editorial Cátedra.

Javier Aspiazu

Crímenes en familia, noir gallego de Arantza Portabales

Arantza Portabales nació en Donostia en 1973 y es una de las escritoras en lengua gallega (aunque también escribe en castellano) más importantes del momento. Seguramente os extrañará lo de lengua gallega y nacida en la capital guipuzcoana. Pero es fácil de explicar. Sus padres llegaron a Euskadi como inmigrantes gallegos, aquí nació Arantza, y se volvieron otra vez a Galicia cuando nuestra la escritora tenía quince años. Portabales es abogada, trabaja como funcionaria de la Xunta, y comenzó a escribir hace bien poco, hace tan solo seis años. Pero fue empezar y no parar, y además con gran éxito. Se forjó en el microrrelato, publicando, en castellano, el libro A Celeste la compré en un rastrillo. Y a partir de aquí comenzó su producción en gallego: una novela negra titulada Sobrevivindo, que se publicó por entregas en un diario y luego en formato de libro, aunque no ha sido traducida al castellano; Deixe a súa mensaxe despois do sinal (Deje su mensaje después de la señal en castellano), una novela intimista construida a base de monólogos que habla del empoderamiento de la mujer, que ha sido un gran éxito y que se ha publicado en varias lenguas; y ahora otra novela negra, impresionante, Beleza vermella, que es la que acaba de publicar Lumen en castellano como Belleza roja.

El argumento rinde homenaje a algunas de las mejores novelas de Agatha Christie. En un chalet a las afueras de Santiago de Compostela y en una urbanización donde vive parte de la alta sociedad gallega aparece muerta la hija de quince años de una familia muy conocida y admirada. La adolescente es encontrada en su habitación en medio de un gran charco de sangre y con el cuello rasgado por un inmenso cuchillo. En ese momento, Noche de San Juan, los padres, empresario y abogada de prestigio, están cenando en el jardín con un matrimonio amigo de la misma urbanización. En la casa están también la hermana gemela de la madre, una pintora reconocida, y la anciana tía de las hermanas que tiene la movilidad reducida. Una de estas personas ha matado a la joven Xiana Alén, hija de Teo Alén y de Sara Somoza, sobrina de Lía Somoza, sobrina-nieta de Amalia Sieiro y vecina del matrimonio formado por Fernando Ferreiro, maestro, e Inés Lozano, también abogada, y como decíamos amigos de los Alén Somoza. Todos han tenido en el pasado relaciones complicadas y todos tienen secretos.

El caso cae en manos del brillante inspector de policía Santi Abad y de su ayudante la agente Ana Barroso, que desde hace tiempo sienten una atracción que va a más allá de lo profesional. Los dos tienes también un pasado oscuro, en especial él, que estuvo casado y cuyo matrimonio se rompió por causas que quiere ocultar. Junto a estos personajes tendrán también un peso relevante en la trama el psiquiatra gallego-irlandés Brenda Connor –con una tragedia personal que le consume- que tendrá que tratar a Lía Somoza, que al no poder soportar la tensión, o los remordimientos, intenta suicidarse, y la madre ya fallecida de las dos hermanas, Aurora Sieiro, artista de fama internacional cuya larga sombra aún sobrevuela la vida de todos los presuntos implicados en el crimen.

Belleza roja es una novela en la que la autora nos viene a decir que ”todo el mundo tiene secretos” y que “todo el mundo se puede comportar de manera terrible en algún momento de su vida”. En la historia no falta de nada: policías oscuros, parejas que no son tan sólidas como parecen, asesinos imposibles, hermanas gemelas que se “amorodian”, pasados que atormentan, relaciones prohibidas… La autora lo enhebra todo de manera sorprendente y absorbente para el lector. Además utiliza un truco narrativo bastante ingenioso: nos ofrece dos puntos de vista de lo que sucede.  Por un lado hay un narrador omnisciente, la tercera persona clásica, pero que se mete también a veces en las cabezas de los protagonistas y nos cuenta qué es lo que hacen y lo que piensan. Y por otro lado hay un protagonista que narra en primera persona lo que cree que sucede, y que no es otro que la hermana gemela artista de la madre de la asesinada, algo perturbada, a la que quizás no podemos creer a pies juntillas.

Una novela de género negro estupenda, en la que se da más importancia a las relaciones personales y a las características de cada uno de los protagonistas que a la realidad social en la que se mueven. No es una novela negra social, en este sentido, sino una novela de suspense que te atrapa hasta el último momento con un final realmente sorprendente, pero posible, sin trampas. Arantza Portabales, gran escritora en gallego y castellano. Habrá que seguir sus próximos pasos.

Enrique Martín

Las penurias palestinas contadas por Pilar Salamanca

Paradigma de la crueldad humana, la opresión que los palestinos sufren de continuo por el sionismo institucional israelí es una de las grandes vergüenzas  de nuestra realidad, como lo es la que Arabia Saudí inflige a Yemen, la que la minoría Tamil sufre en Sri Lanka o la de los indígenas de Chiapas bajo el gobierno federal de México, por mencionar solo algunas. Y raro es el caso en que llegan al cine y a la literatura con la crudeza que las envuelve, como descubrimos en este libro, que obtuvo el premio Vicente Blasco Ibáñez de Valencia en 2000 y ahora nos ofrece El Desvelo Ediciones.

La violencia que en 1948 precedió a la partición de Palestina y a la creación del Estado de Israel se conoce como la Nakba, la ‘catástrofe’, que es telón de fondo de la historia que Hayat, una joven que evoca  su niñez de superviviente en la matanza de Deir Yassin, de la que fue testigo. Nos la relata veinte años más tarde y setenta después la recoge en este libro su autora Pilar Salamanca, en forma de relato y denuncia de una catástrofe que no cesa y de la que los medios de comunicación dejan caer solo esquirlas. Por eso es conveniente acercarse a la franja de Gaza y a los territorios palestinos arrebatados por los judíos de la mano de obras como esta, que se mete en la piel de aquella niña y nos guía por una historia que arranca a finales de 1947 y alcanza hasta 1967, una historia en la que se entremezclan los testimonios personales de miedos y de angustia colectivos, las leyendas y evocaciones de un paraíso perdido, los informes oficiales y la denuncia contundente de quien vive los acontecimientos desde dentro pues, leemos, “nadie ve lo que ven nuestros ojos porque los yahud ( judíos) no lo permiten”.

Especializada en la historia contemporánea de Oriente Medio, licenciada en árabe y en periodismo,  la autora de A cielo abierto –que nada tiene que ver con la novela del mismo título con que Antonio Iturbe se alzaba en el Premio Biblioteca Breve en 2017- lo es también de abundantes novelas: Enaguas de color salmón (1999), La isla móvil (2005), Cráter (2007), Los años equivocados (2009), Soñar con ballenas (2012) e  Hijas de Agar, publicada también en esta misma editorial dos años antes.

“Es en fin una historia confeccionada a golpe de remiendos –nos dirá la joven narradora-, pegados unos a otros por manos inexpertas”. Inexpertas tal vez, pero no faltas de firmeza y delicadas, como lo son las imágenes y colofones que Virginia Argumosa esparce por las páginas del libro.

Seve Calleja

La novela negra nihilista de Álex Oviedo

El escritor vizcaíno Álex Oviedo (Bilbao, 1968) acaba de publicar en la editorial cántabra El Desvelo la novela Ausentes del cielo. Oviedo, que trabaja como periodista para diferentes medios y organizaciones, había publicado hasta el momento un libro de relatos, El sueño de los hipopótamos, y cinco novelas: El unicornio azul, Las hermanas Alba, La agenda de Héctor, Cuerpos de mujer bajo la lluvia y, junto a Elena Sierra el año pasado, El hacedor de titulares. En esta novela ambientada en una Euskadi en la que ETA todavía está activa aparece un asesino que decide matar a dirigentes de la izquierda abertzale, sin razones muy claras. Un inspector de la Ertzaintza deberá atraparle antes de que la situación sociopolítica estalle. Estamos ante una novela negra con altas dosis de nihilismo y desesperanza: un asesino, un policía y dos historias de amor truncadas.Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta.

El Tocho. Una vida de provincias, por Antón Chejov

“El director me dijo: “No lo hecho solo por consideración a su honorable padre; de no ser por él, hace tiempo que habría salido usted volando de aquí”. Y yo lo contesté: “Excelencia, me halaga usted en exceso al suponer que sé volar”. Luego le oí decir: “Llévense a este señor, me crispa los nervios”.

A los dos días me despidieron. Así pues, con gran pesar de mi padre, el arquitecto municipal, desde que me considero adulto, he cambiado ya nueve veces de empleo. He estado en diferentes administraciones, pero estos nueve empleos se parecían unos a otros como gotas de agua: en todos ellos he tenido que escribir, oír observaciones estúpidas o groseras y esperar sentado a que me despidiesen”.

Así comienza Mi vida. Relato de un hombre de provincias de Antón Chejov. El gran maestro ruso del cuento dejó escritos más de 600 relatos (que, por cierto, pueden encontrar reunidos al completo en la editorial Páginas de Espuma), pero también nos legó algunos de los dramas más influyentes del siglo XIX (La Gaviota, Tío Vania, El jardín de los cerezos); y sin embargo, hoy voy a recomendarles una de las escasas novelas que escribió, un género que a este maestro de la síntesis y la connotación no se le dio tan bien, de ahí que escribiera más bien lo que los franceses llaman “nouvelles”: novelas cortas o relatos largos.

Mi vida, publicada en 1896, cuenta la existencia nada convencional de Misáil Póloznev, un joven de provincias de familia noble que renuncia a seguir los pasos de su padre, arquitecto  municipal, y decide ganarse el sustento desempeñando trabajos físicos. Sufre por ello el repudio familiar y el escarnio de los habitantes de su pequeña ciudad. A pesar de ello, su postura honesta y coherente ante la vida es apreciada por la hija del ingeniero Dolzukov, que se casa con él y decide establecer a su lado una finca agrícola. Un proyecto fracasado en poco tiempo porque ella se cansa de las difíciles relaciones con los campesinos, y decide divorciarse y partir a Petersburgo en busca distracciones y lujos.

Con esta obra Chejov plantea una acuciante disyuntiva entre los aristócratas más avanzados moralmente en la Rusia de fines del siglo XIX: seguir aferrados a las convenciones sociales, dedicándose a vegetar en un supuesto trabajo intelectual como el de funcionario, o por el contrario, optar por un  trabajo manual, mezclándose con obreros y campesinos y compartiendo su destino. Esta última opción es la que elige sinceramente Misaíl, el protagonista de Mi vida, claramente influido por la ideología del conde Tolstoi, profeta de una sociedad basada en los más genuinos principios del cristianismo. Pero Chejov, hijo de siervos, tiene una visión mucho más realista y consciente de las dificultades prácticas del ideal tolstoiano, y en esta pequeña, pero sustanciosa novela, se pregunta si el acercamiento al pueblo trabajador fue algo más que un capricho pasajero entre muchos intelectuales de clase alta, como en el caso de la mujer de Misaíl.

Una novela con una profunda preocupación social, muy crítica  con la vida de provincias, llena de corruptelas y arraigados prejuicios, narrada con un estilo sintético, preciso, directo y ausente de cualquier descripción superflua. En definitiva, con la brillantez del gran escritor que fue Chejov. Encontrarán Mi vida. Relato de un hombre de provincias en Alianza Editorial.

Javier Aspiazu

La novela japonesa del francés Jean-Marc Ceci

Hace unos años se pusieron de moda las novelas mínimas, elegantes y resultonas. Novelas que como Seda de Alessandro Baricco tocaron la fibra sensible de un lector ávido de historias de amor sencillas, emocionantes y ligeramente trágicas. Eran novelas breves que además tenían la capacidad de contraponer las estéticas y formas de vida de Oriente y Occidente. De cuando en cuando aparece en nuestras librerías una novela de estas características que obtiene un triunfo inesperado. Es lo que ha sucedido con El señor Origami, una novela del francés de origen italiano Jean-Marc Ceci, que ha ganado en Francia el Premio Edmée de La Rochefoucauld y en Italia el Premio Murat, además de haberse convertido en un pequeño best-seller.

La novela cuenta la historia del maestro Kurogiku que a los veinte años de edad se enamoró en su Japón natal de una joven italiana desconocida a la que vio pasar fugazmente. Dispuesto a encontrar a su “amada”, la Signorina Chao, se trasladó hasta Italia y se instaló en una casa ruinosa de la Toscana. Allí se le empezó a conocer como el señor Origami. Durante cuarenta años el maestro se dedicará a hacer washi, papel artesanal, y a confeccionar origamis, hermosas figuras surgidas al plegar ese papel. Kurogiku conseguirá hacer las más hermosas grullas que nadie haya podido contemplar. Al maestro, que no ha logrado encontrar a su “amada”, le ayudará una mujer llamada Elsa, que no sabemos muy bien si está enamorada de él.

Un día aparecerá un joven relojero llamado Casparo que le pedirá refugio. El joven está obsesionado con vivir una vida plena y con construir un reloj que contenga “todas las medidas del tiempo”. A este trío peculiar acabará uniéndose una gata llamada Ima. Mientras el maestro intenta encontrar la iluminación a través de la práctica del zen, meditando sobre el origen de todas las cosas, Casparo entrará en una espiral autodestructiva que le llevará al borde del suicidio. Solo la dedicación del maestro, sus silencios y su ejemplo vital, le harán volver a la senda de la búsqueda del tiempo.

Una historia sobre el amor y la muerte, sobre el deseo y la incomprensión del otro, sobre la búsqueda de un sentido a lo que hacemos, sobre el inexorable paso del tiempo, y sobre la creencia de que tarde o temprano, en esta o en otras vidas se acabará cumpliendo nuestro destino. Una historia de silencios y de gestos. Una hermosa y minimalista historia.

Enrique Martín

Beñat Sarasola y las vidas que nos persiguen

El escritor guipuzcoano Beñat Sarasola (Donostia, 1984) acaba de publicar en la editorial Susa, su primera novela Deklaratzekorik ez. Sarasola que se licenció en Filosofía, y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y es crítico literario y traductor (tradujo del inglés al euskera Némesis de Philip Roth), ya era conocido del público lector porque, además de su trabajo periodístico, había publicado los libros de poesía Kaxa huts bat y Alea, ambos también en Susa. Deklaratzekorik ez cuenta la historia de un joven que trabaja como funcionario en una biblioteca pública de Donostia, y que suele viajar a Madrid a visitar a su novia que cursa allí un máster. Estamos en la primera década de 2000. ETA aún no ha anunciado el cese definitivo de las armas y sabemos, por comentarios que el protagonista desliza, que no tiene ninguna simpatía por el mundo abertzale. Sin embargo, este hombre tiene un pasado, un pasado que no termina de dejar atrás. Con el autor hemos charlado. Escucha la conversación.