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Tatiana Tibuleac, una mirada moldava a una madre y su hijo

En la literatura escrita en lengua rumana ha surgido en los últimos años una voz que está cautivando a Europa. Es la voz de Tatiana Tibuleac. Una periodista reconocida en prensa y televisión, nacida en 1978 en Chisinau, en Moldavia, un país en el que se habla rumano, y que se encuentra situado entre Rumania al sur y Ucrania al norte. Tibuleac comenzó publicando un libro de relatos en 2014, Fábulas modernas, y su último trabajo es una novela del año pasado titulada Jardín de vidrio, que ha sido galardonado con uno de los premios literarios de la Unión Europea. Pero el libro que le ha dado popularidad es su primera novela, de 2016, que ahora ha traducido al castellano la vasca Marian Ochoa de Eribe para la editorial Impedimenta. La novela se titula El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes y cuenta una historia terrible, no exenta de poesía, ternura y sentido del humor, que indaga en una dura relación, marcada por el rencor, entre un hijo desequilibrado y su infeliz madre. Una novela que reivindica la fuerza del amor y el perdón.

El hijo se llama Aleksia y siente que fue un niño no deseado, un niño que nadie quiso. En realidad nunca se ha sentido amado. Además tiene problemas psiquiátricos que le convierten en un ser violento cuando deja de tomar su medicación. La madre, lo iremos conociendo poco a poco, no es esa señora inculta que aparenta, sino una mujer que tenía aspiraciones, aspiraciones que se vieron truncadas cuando quedó embarazada, demasiado pronto, de un camionero y tomó la errónea decisión de casarse con él. Para intentar reconciliarse con su hijo organizará unas largas vacaciones con él fuera de Moldavia, en un pueblecito de la campiña francesa no muy lejos del mar. La madre, lo sabemos desde el principio, tiene cáncer terminal, y quiere recuperar el amor de su hijo y que éste la quiera y la comprenda.

Como hemos dicho estamos ante una historia muy dura que narra el enfrentamiento, y posterior entendimiento, entre ese hijo desequilibrado y esa madre incomprendida que necesita que la entiendan, que su hijo sepa por qué actuó como actuó, y que la perdone. El lector comprende la amargura del adolescente porque es él el que cuenta la historia en primera persona desde el futuro, un futuro en el que se ha convertido en un artista famoso. Y al saber que está desequilibrado, el lector comprende enseguida que debe estar en guardia, porque no podemos saber cuándo nos dice la verdad o cuando esa verdad se ve transformada por sus arrebatos psicóticos.

La autora es muy hábil también al facilitarnos la información, porque poco a poco nos va dejando pequeñas pistas de lo que sucede y ha sucedido en el pasado. Así vamos a ir haciéndonos una idea de toda la historia. Vamos a conocer el ecosistema en el que se mueven los personajes: una pequeña ciudad, la madre y la abuela regentando una tiendecita, el hijo con problemas constantes en el colegio, la cuadrilla de descerebrados adolescentes, la primera atracción por las chicas, el padre ausente que huyó de casa… Pero también nos irá contando cómo es ese pequeño pueblo francés donde todo el mundo se conoce y que va a acabar acogiendo a madre e hijo. Incluso sabremos algo de la vida de Aleksia en el futuro, marcada por el éxito, pero también por una tragedia.

Por cierto, aunque la voz del narrador sea terrible, sobre todo al comienzo de la novela, hay momentos muy divertidos, porque el protagonista es un tipo bastante guasón, a pesar de sus problemas. Especialmente hilarante es el capítulo en el que se narra la excursión de madre e hijo a la playa, donde alquilarán una barca que son incapaces de manejar. Parece salido de una película de Jacques Tati. También impresionan las escenas conmovedoras que van uniendo a los dos personajes y que se pueden resumir en esos capítulos de una o dos líneas que empiezan con la fórmula “Los ojos de mi madre eran…”, y concluyen con una hermosa metáfora poética.

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una novela portentosa en la que se nos narra cómo alguien puede llegar a “desodiar” a una persona a la que ha aborrecido mucho. No es un proceso sencillo, se nos dice, es más, es un proceso largo, complicado, complejo, pero que puede llegar a buen puerto. Aunque al final en los muelles, al desembarcar, no todo sea felicidad. Porque aquí no hay un final “Made in Hollywood”, algo que debemos agradecer a la sabiduría de Tatiana Tibuleac, porque en la vida se pueden arreglar muchas cosas, pero seguramente no todas.

Enrique Martín

La tercera entrega de novedades de marzo de 2019

JENNIFER EGAN

Manhattan Beach    (SALAMANDRA) 477 páginas

Sigue llegándonos poco a poco la obra de la escritora estadounidense Jennifer Egan (Chicago, 1962), a la que conocimos gracias a su novela El tiempo es un canalla, una divertida y punzante crítica de la industria del rock, que le hizo ganar el Premio de la Crítica y el Pulitzer en 2011. Luego, ante el éxito, se recuperaron para su publicación en castellano dos libros anteriores, La torre del homenaje, una novela de 2006 centrada en la historia de un neoyorquino que se traslada a Europa para intentar convertir un castillo en un hotel, y Ciudad esmeralda un libro de relatos publicado originalmente en 1996. Manhattan Beach es su último libro, aparecido hace dos años. Es una novela en la que se cuneta como empezó a cambiar todo para la mujer en Estados Unidos a raíz de la II Guerra Mundial, porque cuando los hombres se fueron al frente, las mujeres salieron de sus casas y ocuparon los puestos de trabajo reservados a los hombres. La novela se centra en Anna, una de las primeras mujeres en enfundarse una escafandra en el puerto de Nueva York. Promete.

WENDY GUERRA

El mercenario que coleccionaba obras de arte            (ALFAGUARA) 374 páginas

Aunque nació en La Habana en 1970, Wendy Guerra es una desconocida en su país porque lo abandonó, tras estudiar cine, ser alumna de García Márquez y debutar como actriz. Es una consumada poeta y una gran narradora, autora de libros tan premiados como Nunca fui primera dama, Posar desnuda en La Habana, Negra y Todos se van. Su obra ha sido traducida a dieciocho idiomas. Ahora se publica su última novela, o así, El mercenario que coleccionaba obras de arte que está protagonizada por Adrián Falcón, pseudónimo de un mercenario real que a lo largo de los años usó otros alias, como El Parse, Garfio o Strelnikov. Tiene ya cerca de setenta años y ha sobrevivido a las persecuciones del FBI, la KGB, el sandinismo y Fidel Castro. Convertido en agente de la CIA fue un personaje clave en la trama Irán-Contra. Desencantado de todo se alía en parís con Valentina, una especie de alma gemela para una última aventura.

TATIANA TIBULEAC

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes    (IMPEDIMENTA) 247 páginas

A veces pasan cosa raras y extraordinarias en nuestras librerías, por ejemplo que se publique a una escritora moldava. ¿Cuántos escritores procedentes de este país de habla rumana conocéis? Pues más de los que creéis. Mircea Eliade, Eugène Ionesco o Constantin Virgil Gheorghiu (el autor de La Hora 25) nacieron en Moldavia. Tatiana Tibuleac (Chisinau, 1978) es una gran periodista social en su país, que desde 2014 ha publicado dos novelas y un libro de relatos. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes fue su primera novela, publicada en 2016. Aleksy es pintor que vive en pleno bloqueo artístico. Su psiquiatra le recomienda rememorar los últimos años que pasó con su madre para salir del atolladero. Fue el tiempo en el que, en un pueblecito francés, se reconcilió con su madre a la que acusaba de haber roto a la familia y sobre todo de haber rechazado a su hermana. Una novela cruda, a veces brutal, pero siempre emotiva. Una reflexión sobre el amor y el perdón.

MARION POSCHMANN

Las islas de los pinos     (HOJA DE LATA) 182 páginas

La crítica adora a esa escritora alemana. Marion Poschmann (Essen, 1969) ha publicado poemas, narraciones y ensayos con los que ha ganado los principales premiso de su país. Las islas de los pinos es la primera obra que se traduce de ella al castellano. Es una novela, de hace dos años, que ha sido traducida ya a ocho idiomas. Cuenta la historia de Gilbert Silvester, profesor de alemán que viaja a Japón intentando encontrar una nueva vida, y la de Yosa Tamagotchi, un estudiante japonés que quiere suicidarse y que viaja siempre con un libro bajo el brazo titulado Manual completo del suicidio. Buscando el mejor lugar para suicidarse. Ambos emprenderán un peregrinaje tragicómico a las islas de los pinos de Matsushima, siguiendo la estela de los cuadernos de viaje del gran poeta de haikus Bashô. Una “haiku-aventura” sobre el fracaso, la deserción y el abandono de certezas.

ISABELLA LORUSSO

Mujeres en lucha     (ALTAMAREA) 238 páginas

Isabel Lorusso (Ostuni, 1967) es una investigadora italiana que ha trabajado en España, Perú e Inglaterra y que hizo su tesis sobre la Guerra Civil española. En castellano se han publicado sus libros Un día sin ti, Potosí: historia de un viaje en el sur del mundo y Voces del POUM. En su nuevo libro, Mujeres en lucha, reúne una serie de entrevistas que la autora ha realizado a mujeres que participaron en la Guerra Civil. Algunas tomaron las armas; otras militaron en el POUM, en Mujeres Libres o en diferentes grupos anarquistas. Todas lucharon contra el franquismo y por la emancipación de la mujer, y juntas lograron avances sociales tan significativos como el aborto libre y gratuito. Se enfrentaron al fascismo y muchas veces a sus propis compañeros. Memorias que nos invitan a reflexionar sobre las luchas de ayer y las de hoy.