Archivo de la categoría: cómic

El comictario. El regreso, del francés Bruno Duhamel

El gran guionista vasco Gregorio Muro “Harriet” sigue adelante con la aventura editorial que inició en 2015 y acaba de incorporar a su catálogo un título que se ha convertido en uno de los cómics más interesantes publicados en esta recta final del año. Se trata de El regreso, obra del francés Bruno Duhamel inspirada en la vida del artista canario César Manrique y la huella que dejó en la isla de Lanzarote. César Manrique murió en un accidente de tráfico y así es como muere también Cristóbal, el protagonista de este cómic, al inicio de la historia. Un inspector de policía se hace cargo de la investigación y vamos conociendo todos los detalles de la vida de Cristóbal, un escultor de fama internacional que regresa después de muchos años a la isla en la que nació y se encuentra con varios proyectos inmobiliarios que amenazan ese paraíso natural. Apoyándose en su propio prestigio y con la ayuda de otros tres famosos artistas Cristóbal emprende una cruzada contra los planes de turismo masivo a base de impulsar leyes que protegen el entorno y diseños urbanos y escultóricos que respetan la esencia de la isla volcánica.

Esto, sin embargo, es sólo la capa superficial del argumento, porque nos encontramos ante una historia compleja y muy bien escrita en la que se mezclan las relaciones paterno-filiales, el amor, la corrupción y el poder del arte para cambiar las cosas. El gran artista Cristóbal abandonó la isla huyendo de un padre duro y autoritario que mantiene la misma actitud cuando su hijo regresa. Su matrimonio con una joven periodista sufre las tensiones del creador siempre en conflicto, consigo mismo y contra el resto del mundo, y su lucha sin cuartel contra la especulación inmobiliaria le hace ganar prestigio social y artístico, pero también muchos enemigos. ¿La muerte de Cristóbal fue un accidente o un asesinato? Eso es lo que trata de desvelar el inspector de policía, cuya investigación ofrece una foto fiel del daño irreparable que están sufriendo los lugares turísticos y sacude nuestra conciencia por el éxito de las actividades corruptas. Un sistema nefasto que perdura en el tiempo porque, además de unos pocos que se hacen millonarios, otros muchos se benefician de forma indirecta y así, todos contentos.

Es la triste conclusión a la que se llega tras la lectura de El Regreso, un cómic magnífico publicado en euskera y castellano por Harriet Ediciones. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo  

El comictario. Greenberg y sus Mil y Una Noches

La editorial Impedimenta ha cumplido su primera década de vida este año 2017. Su objetivo declarado es la publicación de las mejores obras literarias, tanto clásicas como modernas, seleccionando los títulos con rigor y editándolos con sumo cuidado haciendo del libro un objeto para leer, disfrutar y guardar. Una filosofía que Impedimenta aplica a todo su catálogo en el que, afortunadamente, también tiene sitio el cómic. Cómics magníficos como el que hoy nos ocupa, Las cien noches de Hero, inspirado en la tradición oral y en los cuentos clásicos pero, y ahí está su principal mérito, que cuestiona y fulmina la simbología machista que impregna esas historias.

Alguien ha definido Las cien noches de Hero como “un cuento de hadas feminista“, y quizá lo sea, pero es también otras muchas cosas. Para empezar, es una novela muy bien escrita, que recuerda de inmediato a Las mil y una noches pero que recoloca las piezas en un universo alternativo, la Tierra Temprana, un mundo imaginado por la artista británica Isabel Greenberg y del que ya dio cuenta en su primera obra, La Enciclopedia de la Tierra Temprana, ganadora del premio a la mejor novela gráfica publicada en el Reino Unido en 2015.

En su segundo esfuerzo creativo Greenberg nos sitúa de nuevo en la Tierra Temprana y otorga el protagonismo a una dama y su doncella, Cherry y Hero, dos mujeres brillantes en un mundo construido a mayor gloria del género masculino. El marido de Cherry es un noble completamente seguro del recato y fidelidad de su sumisa esposa, tanto que, cuando otro noble le dice que él puede seducirla sin problemas acepta el reto, le da cien noches de plazo y ponen en juego sus castillos. Juego miserable porque el perverso retador sabe que si la joven se resiste podrá forzarla y cuando ella quiera denunciar lo ocurrido nadie le creerá, quedará como una mujer infiel y viciosa y él ganará la apuesta.

Cherry y Hero lo saben también y diseñan una estrategia para intentar escapar a su destino. Ya en el lecho la dama le pide al innoble seductor un último deseo, que su doncella le cuente un cuento. El canalla, confiado en el mucho tiempo del que dispone, acepta la petición de la mujer y así empieza una asombrosa cadena de relatos protagonizados por mujeres extraordinarias y cuyo ingrediente fundamental es el Amor, con mayúscula, y la necesaria hermandad femenina en un mundo asquerosamente machista. Las cien noches de Hero esconde muchas maravillas y su lectura es tan placentera como estimulante. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Asterix por Italia… y sigue y sigue y sigue

Esta semana se han hecho públicos los datos de ventas de libros en diversos países, y en la vecina Francia el número uno lo ocupa un cómic, Astérix en Italia. Se trata del álbum número 37 de la serie creada hace 58 años por los geniales Goscinny y Uderzo y que en 2013 pasó a manos del equipo formado por el guionista Jean Yves Ferri y el dibujante Didier Conrad. Un relevo de garantías porque, tras muchos años de lenta agonía, estos dos autores han sabido revitalizar el mundo de los irreductibles galos frente al todopoderoso Imperio Romano.

Después de Astérix y los pictos y El papiro del César, cumpliendo el plazo de dos años entre álbum y álbum, Ferri y Conrad firman su tercera entrega de la serie, Astérix en Italia, en la que nuestros héroes disputan una carrera de cuadrigas por toda la península itálica. La prueba es una idea del senador corrupto Lactus Bífidus para desviar la atención sobre el mal estado de las vías romanas de cuya gestión es responsable. El senador, que se gasta el dinero público en orgías, ve cómo su iniciativa llama la atención del propio Julio César, quien ordena que la prueba sea ganada por el carruaje de Roma, guiado por el famoso auriga enmascarado Coronavirus, para demostrar la supremacía del Imperio.

La carrera se convierte así en un muestrario de los pueblos de la época, galos, normandos, britanos, ligures, etruscos, kushitas, lusitanos, sármatas, cimbros, griegos, y hasta los piratas que siempre terminan con su barco hundido se apuntan al sarao. Al estilo de la mítica serie de dibujos animados Los autos locos la carrera pasa por diversas ciudades, desde Monza a Nápoles, y disfrutamos con los cameos de personajes como Pavarotti, Bud Spencer, Roberto Benigni ó Silvio Berlusconi.

Y como telón de fondo un asunto de gran significado, la preocupación de Julio César por controlar a los muchos pueblos de Italia, vénetos, umbros, etruscos, apulios… No en vano, la publicación de la nueva aventura de Astérix ha coincidido con el “procés” catalán, pero es que cuando salió Astérix y los pictos a finales de 2013, no se hablaba de otra cosa que del referéndum de independencia que los escoceses votarían meses después. Trasfondo político aparte, las diversas etapas, menhires, comilonas, peleas, el inusual protagonismo de Obélix que aparece como conductor del carro galo y los mil detalles que trufan la historia hacen de Astérix en Italia una lectura más que recomendable. Así que, ¡no os la perdáis, por Tutatis!

Iñaki Calvo

El comictario. El Shangri-La del francés Mathieu Bablet

Cuando todo a nuestro alrededor funciona con aparente perfección hay dos opciones: relajarse y disfrutar o preguntarse por qué y a costa de qué las cosas son como son. Sobre esta premisa básica se construye Shangri-La, el cómic que hoy nos ocupa y que es, sin duda, uno de los imprescindibles publicados a lo largo de este año 2017. Su autor es el joven dibujante francés Mathieu Bablet, que se hace cargo también del guión y que da con esta obra su paso definitivo hacia la élite del cómic europeo. Y lo hace, además, con una historia de ciencia-ficción que conjuga ambos términos, ciencia y ficción, de forma magistral.

Bablet nos sitúa en un futuro hipotético en el que la humanidad, para variar, ha arrasado el planeta Tierra hasta dejarlo inhabitable. Los restos de nuestra especie, apenas un millón de personas, sobreviven en una gigantesca estación espacial que tiene instaurado un sistema perfecto de trabajo, producción y consumo bajo el manto protector de la todopoderosa empresa Thianzu. Dormir, trabajar (para Thianzu) y comprar (los productos Thianzu), ese es el mantra diario de los y las habitantes de la colonia, cuya existencia discurre de forma plácida y sin sobresaltos. Pero claro, entre tanta gente feliz hay quien se cuestiona el régimen establecido. Surge así un movimiento revolucionario que involucra a dos hermanos, Scott y Virgilio, inicialmente en campos opuestos pero que terminarán uniéndose en la misma batalla.

Hasta aquí todo parece un cuento que suena a repetido porque ya nos lo han contado otras veces, pero Mathieu Bablet enriquece la trama con variables inquietantes, como la identidad de quienes gobiernan la estación espacial, un peligroso programa científico que equipara al ser humano con Dios al crear vida de la nada y la existencia entre los habitantes de la colonia de una subespecie, los animoides, animales antropomorfos que son los marginados en una sociedad donde todos, menos ellos, son iguales. El futuro de la humanidad, el sinsentido de nuestro actual modo de vida, el milagro de nuestra propia existencia, todo lo plantea Mathieu Bablet con espléndidos diálogos y dibujos en un álbum de más de doscientas páginas y con un título que juega también un papel importante en la trama, Shangri-La, el idílico refugio escondido en el Himalaya que describió James Hilton en su novela Horizontes Perdidos, publicada en los años 30 del pasado siglo y llevada después al cine por el gran Frank Capra.

La vida, la muerte, la creación, el pasado, el presente y el futuro. Elementos que se integran y cobran sentido en este cómic magnífico, que brilla con la luz de una supernova, publicado en castellano por la editorial Dibbuks. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Étunwan, el canto final del pueblo indio

En el año 1867 los Estados Unidos de América se estaban recuperando todavía de los devastadores efectos de la Guerra de Secesión. Tras el enfrentamiento Norte-Sur el joven país había consolidado su modo de gobierno y era el momento de continuar la exploración de los Territorios Salvajes del Oeste, desde el Misisipi hasta el lejano Oregón. En ese contexto histórico y geográfico se sitúa el cómic que hoy nos ocupa, Étunwan. Aquel-que-mira, un maravilloso acercamiento al mundo de las Grandes Llanuras y al ocaso de los pueblos nativos norteamericanos.

La historia, escrita y dibujada por el artista francés Thierry Murat, tiene como protagonista central a Joseph Wallace, un fotógrafo de Pittsburgh que desea salir de su estudio y hacer algo más que retratar a la clase alta de la ciudad. Con una mezcla de ansiedad y entusiasmo, Joseph Wallace se enrola en una expedición oficial que tiene como objetivo cartografiar los Territorios Salvajes, estudiar su fauna y flora y descubrir posibles riquezas naturales. El fotógrafo, embriagado por la belleza e inmensidad del entorno, va tomando conciencia del Nuevo Mundo que se abre ante sus ojos y su cámara, y el impacto es definitivo cuando logra contactar con una tribu de Sioux Oglalas.

Los nativos saben que el avance del hombre blanco es una catástrofe para ellos, pero le reciben con serena hospitalidad y le dejan ejercer su labor de fotógrafo. Joseph Wallace capta la esencia y el orgullo de una cultura milenaria y regresa a la civilización con el alma rota, pero también con el deseo irrefrenable de volver a las Grandes Llanuras. Cumple su anhelo un año después y disfruta un breve tiempo de ese particular Edén donde recibe el nombre de Étunwan, “aquel que mira“, reafirma su admiración por las tribus indias y siente angustia por la cruel agonía que les acecha. Algunos años después, y mientras intenta infructuosamente publicar un libro con sus fotografías, llega el apocalipsis con el descubrimiento de oro en las Black Hills, las tierras sagradas de los Sioux Lakota.

Lo que ocurrió después, el último escalón de las tristemente famosas Guerras Indias y la derrota final de las naciones nativas, no se cuenta en este cómic, pero se refleja en el dolor y la sensación de culpa que acompañarán a Joseph Wallace hasta el fin de sus días. Además de la belleza de la historia hay que destacar el dibujo de Thierry Murat, grandes viñetas de color ocre y ambiente crepuscular, viejas fotografías de un mundo que apenas sobrevive en el recuerdo. Étunwan. Aquel-que-mira, un cómic magnífico publicado en castellano por la editorial Ponent Mon. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo                        

El comictario. El fax desde Sarajevo, de Joe Kubert

Esta semana saldo una deuda que tenía pendiente desde el verano, pues fue durante los meses estivales cuando la editorial ECC recuperó uno de los títulos imprescindibles del cómic contemporáneo y de la historia de noveno arte en general, Fax desde Sarajevo, del gran Joe Kubert. El pasado mes de Abril se cumplieron 25 años del inicio de la guerra de Bosnia y del regreso a Sarajevo del editor Ervin Rustemagic, conocido en toda Europa por su labor profesional en el mundo del cómic. Fundador de la revista Strip Art y de la agencia del mismo nombre, Rustemagic se había instalado en sus oficinas en Holanda por el aumento de la tensión en la antigua Yugoslavia, pero el referéndum que en Marzo de 1992 certificó la independencia de la república de Bosnia-Herzegovina le hizo retornar a Sarajevo junto a su mujer, Edina, y sus hijos, Maja y Edvin. Era el regreso a su hogar, con mayúsculas, pero la tierra de sus antepasados pronto se convirtió en un infierno a consecuencia de la guerra provocada por la Serbia de Slobodan Milosevic, “el carnicero de los Balcanes“.

Las tropas serbias comenzaron en Abril del 92 el asedio de Sarajevo y la capital bosnia fue desde entonces un símbolo de resistencia y sufrimiento, y también un ejemplo de la lentitud e incompetencia de la política, las organizaciones y los tratados internacionales. Bajo los bombardeos de los aviones y los cañones serbios y bajo el fuego de los francotiradores que cobraban dinero por cada bosnio asesinado, con recompensa especial si la víctima era un niño, Ervin Rustemagic intentó primero seguir con su labor editorial, pero pronto su única ocupación fue la pura y simple supervivencia. Tras la destrucción de su casa y oficina, Ervin, su mujer y sus dos hijos iniciaron un duro peregrinaje en busca de refugio y alimento que se prolongó durante año y medio. 18 meses de suplicio en un escenario dantesco y, en medio del caos, una tenue luz, la comunicación con sus amigos en el exterior a través del fax.

Durante ese año y medio, Ervin Rustemagic mantuvo contacto permanente con autores como los dibujantes Hermann, Hugo Pratt y Joe Kubert, o el guionista Martin Lodewijk. Todos se movilizaron para ayudar a Ervin y denunciar lo que estaba ocurriendo en Sarajevo. Finalmente, y después de múltiples gestiones y retrasos, el 25 de Septiembre de 1993 Ervin Rustemagic y su familia lograron escapar del infierno. Los faxes quedaron como testimonio de su calvario y en 1996 el gran dibujante estadounidense Joe Kubert decidió convertir aquella odisea en un cómic. El resultado fue Fax desde Sarajevo, una obra maestra que ganó el Premio Eisner y el galardón al mejor álbum extranjero en el festival de Angoulême. No os perdáis la reedición de este cómic imprescindible, con abundante documentación y fotografías que son un retrato del horror de la guerra y, en las páginas finales, un canto a la esperanza.

Iñaki Calvo

 

El comictario. Una hermana, del francés Bastien Vivès

La última década del cómic europeo ha estado marcada por el surgimiento de un autor que, en poco tiempo, se ha convertido en un clásico imprescindible. Se llama Bastien Vivès, nació en París hace 33 años y en 2009 recibió el premio al autor revelación en el festival de Angoulême por su primera gran obra, El gusto del cloro. La historia de un joven que va a la piscina a nadar por problemas de espalda y queda fascinado con una chica que entrena en el mismo lugar fue narrada de forma tan magistral por Bastien Vivès que, desde ese momento, cada nueva obra suya se espera con impaciencia.

Ha marcado hitos con títulos como Polina, genial aproximación al mundo de la danza clásica, ó Last Man, un increíble cóctel de intriga, acción y fantasía aderezado con un inequívoco toque de manga japonés. Se ha atrevido incluso con “una de romanos“, la interesante serie Por el Imperio. Incursiones en distintos géneros que no ocultan la gran especialidad de Bastien Vivès, que no es otra que contar historias de amor. Un amor, eso sí,  en el que la atracción se ve frenada por distintos y sutiles obstáculos. Es lo que ocurre con su última obra, titulada Una hermana y que nos sumerge en el calor de los amores adolescentes. Antoine tiene 13 años y un hermano pequeño.

Como todos los veranos, pasa las vacaciones con sus padres en la playa, pero en esta ocasión la casa tiene dos inquilinas inesperadas, Sylvie, una amiga de la familia que acaba de sufrir un aborto y su hija Heléne, una bella adolescente de 16 años. La estancia sólo dura una semana, pero Heléne irrumpe como un vendaval en la vida de Antoine con tabaco, las primeras borracheras y los primeros escarceos sexuales. Heléne domina y dirige la relación, es la que pone y quita los límites, pero sin maldad y a veces sin proponérselo. Todo fluye de forma bella y natural. A ratos, cuando la ocasión lo requiere, es la hermana que él nunca tuvo, y en otros momentos su guía perfecta para pasar de la niñez a la adolescencia y cambiar su visión de las cosas. Al terminar la lectura y quedarnos grabada la última y misteriosa viñeta nos queda clara una conclusión: Bastien Vivès lo ha logrado, ha vuelto a rizar el rizo con un magnífico engaño, vestido como una historia de seducción adolescente pero que oculta un rico muestrario de la psicología y el pensamiento en esa etapa clave de nuestra vida. No os perdáis Una hermana, la última obra de Bastien Vivès publicada en castellano, como siempre, por Diábolo Ediciones.

Iñaki Calvo

El comictario. La tragedia de los esclavos de Tromelin

El 31 de julio de 1761 un buque de la Compañía Francesa de las Indias Orientales que transportaba 160 esclavos malgaches naufragó en el Océano Índico, cerca de un pequeño pedazo de tierra conocido entonces como la Isla de Arena. La mayoría de la tripulación y la mitad de los esclavos lograron llegar al islote. Los marineros franceses construyeron un nuevo barco con los restos del naufragio y se marcharon a Madagascar, prometiendo a los malgaches que volverían a rescatarles. Un rescate que no se produjo hasta quince años después: en el islote sólo quedaban ocho supervivientes, siete mujeres y un bebé.

Este breve párrafo resume una odisea increíble, uno de los mayores ejemplos de voluntad de supervivencia de los que existen datos fidedignos. El buque L’Utile, construido en Baiona y con varios marineros vascos a bordo, tenía como misión llevar provisiones a Isla de Francia, la actual Mauricio, pero su capitán quiso hacer fortuna traficando de manera ilegal con esclavos. Tras el naufragio y después de ver cómo los blancos supervivientes de la tripulación les abandonaban, los malgaches iniciaron una larga y tenaz lucha para seguir vivos en ese islote de menos de un kilómetro cuadrado. Quince años de resistencia hasta que otro barco llegó para rescatarles, comandado por el capitán Tromelin, cuyo apellido dio nuevo nombre al lugar.

En el año 2006 una expedición arqueológica visitó el islote, y volvió en 2008 incluyendo en el grupo al dibujante Sylvain Savoia, que ha convertido su experiencia en un cómic magnífico titulado Los esclavos olvidados de Tromelin. Además de ilustrar con maestría los entresijos de la labor arqueológica, el autor nos acerca al sufrimiento de aquellos esclavos, arrancados de su tierra natal y condenados a una muerte lenta en medio del océano. El hilo conductor del relato es Tsimiavo, una niña malgache que asiste con horror, pero con firme determinación, al drama que se desarrolla a su alrededor. Ella dará a luz al único niño nacido vivo en el islote y, de forma milagrosa, será rescatada quince años después junto a su hijo y otras seis mujeres supervivientes. Tras su llegada a Isla de Francia, tanto ellas como el bebé fueron declaradas personas libres.

Estos dramáticos hechos, que sirvieron para acelerar la prohibición de la esclavitud en Francia, son ahora recogidos en este cómic publicado en castellano por la editorial Ponent Mon, y también en una exposición que pudo verse hasta el 5 de noviembre en el Museo Vasco de Baiona. Un cómic que remueve conciencias.

Iñaki Calvo

El comictario. Freezer, de la italiana Veronica Carratello

El costumbrismo, ese género caracterizado por historias cotidianas en las que, aparentemente, no pasa nada, nos ha vuelto a dar una agradable sorpresa de la mano de Veronica Carratello, joven dibujante italiana que empieza a hacerse un hueco entre la nueva generación del cómic europeo. Su nombre empezó a conocerse el año pasado, tras ilustrar una biografía del gran David Bowie poco después de su muerte. Esa obra,  éxito de crítica y público en Italia, fue el bautismo de fuego de Veronica Carratello en la industria del cómic, y ahora vuelve a dar un paso adelante en su carrera con una historia bien diferente, una novela gráfica titulada Freezer y cuyo personaje principal es Mina, una niña de 12 años que espera con angustia la llegada de su primera menstruación. Mina, que tiene pocos amigos y sufre un cierto rechazo en el colegio, es diferente al resto de sus compañeras de clase, alegres y orgullosas cuando les viene la regla. Ella, por el contrario, que ni siquiera tiene teléfono móvil, no quiere crecer, quiere que el tiempo se congele y seguir siendo una niña. Por eso este cómic se titula Freezer, congelador en inglés, y también por otro motivo, como averiguaremos durante su lectura. Y es que los Robinson, la familia de Mina, son un grupo muy peculiar. El padre, Diego, es actor con aspiraciones, pero sólo consigue rodar algunos anuncios publicitarios. La madre, Anna, ama de casa, además de su marido y sus hijos, Mina y Elvis, se ocupa también de su hermano soltero, Erni, y de la abuela, una anciana señora que no dice ni una palabra desde que se quedó viuda. Y está también un gato negro muy listo, llamado Kafka, y un vecino puñetero, el señor Piastrelli, que no siente ninguna simpatía por los Robinson. En definitiva, un típico escenario costumbrista, pero en el que no faltan buenas dosis de ironía y humor negro, y detalles llamativos como la catisofobia (miedo a sentarse) que sufre el tío Erni, o la utilización como banda sonora durante varias viñetas del mítico tema de Simon y Garfunkel Mrs. Robinson, una de cuyas estrofas da importantes pistas sobre uno de los momentos clave de esta historia. Y poco más que decir, que no hay que destriparlo todo. Os recomiendo que busquéis un momento de relajo para disfrutar con la lectura de Freezer, un cómic que confirma el talento de su autora, Veronica Carratello, y que publica en castellano ediciones La Cúpula. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

 

Paco Roca y la sabiduría del hombre en pijama

El dibujante valenciano Paco Roca, uno de los autores imprescindibles de la última década, nos ha alegrado la vuelta al trabajo después de las vacaciones de verano con la tercera y última entrega de su serie protagonizada por “el hombre en pijama“, es decir, por él mismo. En 2011 fueron Memorias de un hombre en pijama, en 2014 Andanzas de un hombre en pijama y el círculo lo cierra Confesiones de un hombre en pijama, editada como las anteriores por Astiberri y presentada el pasado 8 de septiembre en Bilbao junto al autor por el gran Kike Martín. Las historias, publicadas en su mayoría en El País Semanal, son un reflejo de la personalidad y el pensamiento de Paco Roca, enfrentado tanto a los pequeños problemas cotidianos como a las grandes cuestiones que afectan y que, incluso, ponen en riesgo el futuro de la humanidad.

El hombre en pijama, Paco Roca en pijama, es la imagen del sueño cumplido, el dibujante que logra vivir de su profesión y lo hace trabajando cómodamente en su casa. Y es al calor del refugio hogareño donde nuestro autor le da vueltas a lo que ocurre en su entorno. Con sencillez sólo aparente Paco Roca habla de la deuda de los países, de las desigualdades sociales, del pequeño grupo de personas que acumula gran parte de la riqueza del mundo, de la habilidad de los bancos para mantenerte siempre atado o del negocio de la poderosa industria farmacéutica. Cuestiones globales que el hombre en pijama analiza de forma breve pero incisiva, situándose él mismo como víctima o como perplejo observador.

Y otro aspecto relevante de la serie es la exposición sin complejos que Paco Roca hace de sus torpezas, temores y debilidades, un muestrario cotidiano con el que, inevitablemente, nos sentimos identificados. Cómo no hacerlo ante esa tecnología que avanza mientras no hemos conseguido aún descubrir el funcionamiento de nuestro smartphone que ya se ha quedado antiguo. O las dudas que se tienen cuando uno debe hablar en público. O la incómoda sensación de no recordar el nombre de una persona que te saluda afectuosamente. Y Paco Roca se atreve también con cuestiones tan complicadas como llevar a su hija a jugar al parque o el encuentro casual con un amor platónico de infancia y juventud en el escenario quizá más inoportuno.

Son cosas que, más o menos, nos han pasado a todos y que podrían parecer demasiado vulgares para hablar de ellas pero, como dijo Paul Auster en una de sus novelas y Paco Roca nos lo recuerda, “las cosas le pasan a quien sabe contarlas“. Huelga decir que Paco Roca sabe, y por ello disfrutamos tanto con sus obras. Confesiones de un hombre en pijama es la última de ellas. No os la perdáis.

Iñaki Calvo