Archivo de la categoría: cómic

El comictario. Vuelve la grandeza, vuelve Chris Ware

Los monumentos, cuando lo son de verdad, tienen en común que sientes su grandeza mientras te vas acercando a ellos. Ya sea por su historia, su tamaño o su diseño, el verdadero monumento supone un impacto visual y emocional que solo se puede explicar viviendo la experiencia de aproximación, observación, recorrido y contacto. Y esto es lo que ocurre con Rusty Brown, la última obra del genial Chris Ware ambientada en su Omaha natal, un monumental esfuerzo creativo, 16 años de trabajo minucioso recopilados en un libro que, como acostumbra este autor, vuelve a trascender las fronteras del cómic. Al igual que en su anterior obra, Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo, Chris Ware deslumbra con su estética, su diseño, sus múltiples viñetas (hasta 177 en una sola página) y su dibujo capaz de retratar una imagen mínima o el dramático primer plano de un rostro angustiado. Y a su asombroso talento para el detalle, Ware suma su maestría en la narración de historias, historias íntimas y cotidianas de gente que sufre.

El Rusty Brown que da título a esta magna obra es un pobre niño que sueña con superhéroes y que sufre bullying en el colegio. Un acoso que da lugar a escenas de tal dramatismo que se nos encoge el corazón. Y luego está su padre, el profesor Woody Brown, un hombre apocado, frustrado e infeliz que estuvo a punto de ser un exitoso escritor de ciencia-ficción. El espacio estelar, su refugio de infancia y adolescencia, se sumó a su catastrófica vida amorosa para inspirarle su único relato publicado, Los perros-guía de Marte, un cuento impresionante, magistral, dibujado por Chris Ware y que, desde ya, forma parte del olimpo de la ciencia-ficción. Un ingrediente más para esta receta exquisita que se completa con otras dos historias. Por un lado, la de Jason Lint, uno de los acosadores de Rusty Brown que crecerá y envejecerá convencido de su superioridad, pero fracasando como esposo, padre y hombre de negocios. Y por otro, la tierna y sufrida vida de Joanna Cole, la eficaz oficinista negra del colegio donde todos estudian, la que fue primera trabajadora de color en ese centro educativo y que ahoga sus penas con la música y, más en concreto, tocando el banjo. Todo se junta en perfecta armonía en este libro que es mucho más que un cómic extraordinario.

Rusty Brown de Chris Ware, una obra fundamental de la cultura contemporánea publicada en castellano por Penguin Random House en su sello Reservoir Books. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. La cruzada inocente de Cruchaudet

Hambre, abusos sexuales, esclavitud y muerte. Este es el destino de millones de niñas y niños en todo el mundo nacidos en países consumidos por la guerra, la corrupción y la falta de libertades. Les ocurre lo mismo que a los niños europeos del siglo XIII, una multitud de inocentes dejados a su suerte en las calles de países como Francia o Alemania y cuya miseria y caras sucias, marcadas por el sufrimiento, formaban parte del paisaje cotidiano de esa terrible época conocida como Edad Media. Aquellas criaturas tenían tan poco que perder que, incluso, organizaron una cruzada para conquistar Jerusalén. Un hecho histórico que la gran autora francesa Chloé Cruchaudet usa como argumento para su nueva novela gráfica, titulada La cruzada de los inocentes.

Chloé Cruchaudet publicó hace seis años su obra de mayor impacto, Degenerado, la historia real de un desertor francés de la Primera Guerra Mundial que vuelve a París y se disfraza de mujer para evitar ser detenido y ejecutado. Al igual que en ese cómic, ganador de importantes premios, y de otros títulos suyos como Groenlandia-Manhattan, protagonizado por un niño esquimal que fue llevado como objeto exótico a Nueva York a finales del siglo XIX, la autora vuelve a recurrir a hechos reales, puntos oscuros de la Historia de la Humanidad. La cruzada de los inocentes nos lleva hasta la Europa del siglo XIII, en la que reyes, reinas y papas gastan su dinero en batallas entre sí y grandes cruzadas para recuperar los lugares sagrados de la cristiandad. Una Europa en la que miles y miles de niños y niñas eran abandonados y la mayor parte morían de hambre, frío o, literalmente, asesinados.

Con ese panorama, que incluía esclavitud y abusos sexuales, no es de extrañar que uno de ellos, un niño francés de nombre Colás, crea haber visto a Jesús en un río helado, sueñe con un mensaje divino y convenza a decenas de menores en su misma situación de que tienen que unirse y formar una cruzada para conquistar Jerusalén. Todo mentira, pero cualquier esperanza, aunque falsa, era mejor que el infierno cotidiano de aquellas criaturas. Por ello, el grupo inicia una marcha que les llevará a través de Francia rumbo al puerto de Marsella. Un largo trayecto que irá sumando más y más niños, con momentos terribles, actos de crueldad y un final dramático, pues los que consiguieron llegar terminaron en manos de mercaderes de esclavos.

Todo lo cuenta Chloé Cruchaudet con gran habilidad narrativa y un dibujo sutil, lleno de gestos y miradas intensas. Sufrimiento infantil de hace ocho siglos que hoy se repite en muchos lugares del mundo. La cruzada de los inocentes, un gran cómic publicado en castellano por la editorial Dibbuks. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El encuentro entre Abichared y Énard

El influjo milenario y multicultural del Mediterráneo y los vínculos entre Oriente y Occidente. Este es el nexo entre la dibujante libanesa Zeina Abirached y el novelista francés Mathias Énard, creadores de la novela gráfica Tomar refugio, un canto al amor y a la convivencia en tiempos difíciles y lugares extraños. Énard, premio Goncourt 2015 por su novela Brújula y amante de la cultura oriental, une sus fuerzas con Zeina Abirached, la mujer llegada a París desde Líbano hace quince años y que lucha por conservar la memoria y el recuerdo del lugar donde nació. Al igual que en obras anteriores, como El juego de las golondrinas y El piano oriental, al Oriente escenario de constantes guerras y conflictos Zeina Abirached contrapone la riqueza cultural de esa parte del mundo mediterráneo, tantas veces paralela y tantas veces coincidente con la orilla occidental. La mejor ilustradora posible para el guión escrito por Mathias Énard, instalado desde hace tiempo en Barcelona y con numerosos viajes a sus espaldas por tierras de Oriente. El resultado es Tomar refugio, título procedente de la religión budista y que viene a significar “confianza y seguridad“, es decir, lo que el ser humano busca siempre, y más cuando huye de su país por la guerra o cualquier otra amenaza.

Tomar refugio cuenta dos historias, dos relatos interrumpidos de amor incipiente. Uno se desarrolla en los tiempos actuales, con la ciudad de Berlín como escenario. El joven Karsten se enamora de Nayla, la refugiada siria a la que enseña alemán. Ella es culta, astrónoma de profesión, añora su país y su gente y en su corazón roto por la angustia y el desarraigo no hay hueco para el amor. Y la otra historia nos lleva al año 1939, al día en el que estalla la Segunda Guerra Mundial. Es un episodio inspirado en la vida de la escritora y viajera suiza Annemarie Schwarzenbach que transcurre en Afganistán, en el valle dominado por las imponentes estatuas de los budas de Bamiyán, destruidas por los talibanes en el año 2001. En ese monumental escenario una aventurera europea se enamora de la esposa de un arqueólogo. Un amor intenso pero efímero, como una estrella fugaz que apenas vemos brillar un instante.

El potente dibujo en blanco y negro de Zeina Abirached, deudor de la iraní Marjane Satrapi, ilustra a la perfección el microcosmos imaginado por Mathias Énard, en el que las personas huyen, forzadas o voluntariamente, buscan un lugar en el mundo e, incluso, a veces, encuentran su alma gemela, aunque eso no signifique necesariamente una larga y feliz vida en pareja. Absolutamente recomendable este cómic, Tomar refugio, publicado en castellano por Ediciones Salamandra. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Nueva entrega del Astérix de Ferri y Conrad

Fieles a su cita cada dos años, Astérix y Obélix vuelven a la carga con un nuevo álbum, el número 38 de la serie y el cuarto firmado por Jean-Yves Ferri y Didier Conrad, sucesores de Goscinny y Uderzo, los “padres” de una de las series más importantes de la historia del cómic. La nueva entrega se titula La hija de Vercingétorix, y tiene como protagonista central a una adolescente rebelde llamada Adrenalina, la supuesta hija del famoso caudillo galo de la tribu de los arvernos que se alzó contra Roma pero tuvo que rendir sus armas ante Julio César en la batalla de Alesia. César quiere capturarla y “romanizarla“, para apagar así la llama de la rebelión, y los arvernos que la protegen le buscan un refugio temporal en la aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor. Astérix, Obélix y el resto del pueblo asumen de buen grado la custodia de Adrenalina, pero la presencia de la joven, harta de que otros decidan por ella, va a remover los cimientos de ese apacible rincón de la Galia.

Ferri y Conrad siguen adelante con la difícil tarea de continuar las aventuras de Astérix, manteniendo por un lado las esencias de la serie e intentando por otro añadir novedades, algo cada vez  más difícil en estos tiempos de globalización, tecnología y evolución del pensamiento, de forma que la poción mágica puede ser vista como dopaje y la caza de jabalís como un acto contra el medio natural. Adrenalina representa la rebeldía adolescente, lleva en su cuello un collar similar a los cascos para escuchar música, viste de negro, revoluciona a los jóvenes de la aldea, solo piensa en escapar y vivir su propia vida y vuelve locos a sus cuidadores, Astérix y Obélix. Además, hay un espía malvado, un apuesto capitán de barco, los romanos siguen recibiendo palizas, los piratas ven su nave hundirse una vez más, y entre su tripulación encontramos un homenaje al difunto Charles Aznavour, con la pega de que en la traducción al castellano le hacen cantar canciones de Raphael.

Goscinny y Uderzo supieron combinar pasado y presente con maestría y atacaron sin piedad el ridículo chauvinismo francés. Su galería de secundarios ha pasado a la historia del cómic y las pequeñas tramas que rodeaban a la principal convertían la lectura en un auténtico placer. Ferri y Conrad intentan seguir la línea marcada por sus antecesores y lo consiguen sobre todo en el aspecto gráfico, que se mantiene inalterable, pero el guión no alcanza los niveles excelsos de antaño. Eso no impide, sin embargo, que La hija de Vercingétorix sea un agradable entretenimiento y que los millones de fans de Astérix lo leamos y lo guardemos con cariño a la espera del siguiente álbum. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El shaolin cowboy de Geoff Darrow

Había una vez un chino regordete que cabalgaba por el desierto a lomos de su mula parlante. Este es el punto de partida de The Shaolin Cowboy, la obra con la que el estadounidense Geoff Darrow logró su tercer premio Eisner allá por 2006. Darrow, poseedor de un estilo poderoso y detallista, sorprendió al mundo hace casi tres décadas con Hard Boiled, una violenta fábula futurista escrita por el gran Frank Miller que se llevó un premio Eisner en 1991. Ambos genios repitieron colaboración con Big Guy y Rusty el chico robot, que supuso otro Eisner para Darrow en 1996. El peculiar arte de este dibujante llamó la atención de los hermanos Wachowsky, que le contrataron para trabajar en los storyboards de su película Matrix, y luego le ofrecieron publicar cómics en su propio sello, Burlyman Entertainment. Y es ahí, a partir del año 2004, cuando Geoff Darrow inicia las aventuras de The Shaolin Cowboy, asumiendo el guión y dibujo de un espectáculo visual que deslumbra casi en cada viñeta.

Poco importa la extravagancia del punto de partida del relato: un chino viaja por el desierto con una mula que habla y debe enfrentarse a una banda criminal compuesta por decenas de enemigos que se la tienen jurada. Resulta que nuestro chino regordete, maestro shaolin y experto en el arte del kung-fu, se ha metido en incontables líos de los que nada sabemos y ahora le toca afrontar las consecuencias. Y lo hace sin despeinarse, con una brutal habilidad que siembra cadáveres por doquier. Tras la masacre, le toca pelear con una deidad esquelética, agotador combate durante el que es engullido por un lagarto gigantesco que lleva una ciudad a sus espaldas. En las entrañas de la bestia, nuestro shaolin debe luchar contra miles de muertos vivientes azuzados por la deidad esquelética y su huesuda esposa, y seis años después, cuando logra volver de nuevo a tierra firme, al desierto, tiene que seguir matando sin cesar a los zombis que le persiguen.

Esta matanza, sin diálogos y con una fascinante coreografía dibujada de forma magistral por Geoff Darrow, ocupa casi la totalidad del segundo volumen de esta serie. Todo un ejemplo de arte secuencial. Queda todavía un tercer tomo, y lo esperamos con impaciencia para conocer el desenlace de esta historia colosalmente dibujada. Norma Editorial publica en castellano The Shaolin Cowboy, y lo hace mediante una cuidada edición de álbumes con tapa dura, lomo de tela y papel de gran calidad que permite disfrutar del arte y el detalle de Geoff Darrow. Un auténtico placer para los sentidos. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo 

El comictario. Las adicciones de Busquet, Colombo y Landa

Mentira, robo, juego, sexo, trabajo y teléfono móvil. No es una lista de palabras clave, sino el resumen de las seis adicciones que sufren otras tantas personas protagonistas del cómic que hoy nos ocupa. Como es lógico, se titula Adicción, y es un notable trabajo en equipo a cargo del guionista Josep Busquet, el dibujante Pedro J. Colombo y la colorista Aintzane Landa. Un proyecto publicado originalmente en Francia y que aborda el incómodo tema de esos comportamientos incontrolables que alteran vidas e, incluso, llegan a arruinarlas. No importa si la adicción es leve. Siempre está ahí, dispuesta a manifestarse, y la lucha para contenerla puede suponer un auténtico suplicio.

Las noventa páginas de este cómic recogen seis historias entrecruzadas, seis personas con vidas y trabajos diferentes pero con una cosa en común: cada una de ellas tiene una adicción. Desde el trabajo absorbente, que te hace olvidar incluso a tu familia, hasta la mentira compulsiva que convierte tu existencia en una gran farsa. Asistimos con angustia a la progresiva caída al abismo de una adicta al juego, y al sufrimiento de una mujer incapaz de controlar su cleptomanía y que siempre roba algo, esté donde esté. Y llegamos incluso a esbozar alguna sonrisa con las peripecias de la chica que tiene adicción al sexo y las del joven que está siempre colgado de su smartphone, grabando imágenes y subiéndolas a las redes sociales. Seis personas del montón, con las que podemos cruzarnos cada día y de las que nunca sospecharíamos nada. Y menos, por supuesto, imaginaríamos que alguna de ellas está padeciendo un auténtico infierno, algo que con frecuencia va ligado a las adicciones.

Porque en este espinoso tema hasta el más derrotado tiende a decir eso de “tranquilo, yo esto lo controlo“. Lo habremos escuchado en multitud de ocasiones pero, ya se sabe, una mentira no se convierte en verdad por repetirla mil veces. Estamos ante una lectura que es un laberinto emocional, inquietante porque nos vemos reflejados en las debilidades humanas, y que muestra con crudeza las consecuencias de las adicciones. El guionista Josep Busquet elabora una intrincada historia con seis acciones paralelas, el dibujante Pedro J.Colombo hace un eficaz trabajo para convertirla en imágenes y el toque definitivo lo aporta la colorista vasca Aintzane Landa, con una trayectoria consolidada y que dota a cada viñeta del tono más adecuado al personaje y al momento. Adicción, un cómic más que recomendable publicado por Grafito Editorial. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. La Betty Boop de Cazot y Rocheleau

Durante los últimos años el color rosa, las carreras solidarias y un mensaje de esperanza han sido los ingredientes fundamentales de una ejemplar reacción social ante el cáncer de mama. Mujeres y hombres, porque los varones también sufrimos esta enfermedad, unidos ante el reto que supone afrontar y superar una dolencia que, hasta hace no demasiado tiempo, era sinónimo de muerte o, en el mejor de los casos, de supervivencia a costa de la mutilación de uno o de ambos pechos. “Mastectomía“, palabra maldita para tantas mujeres que, sin embargo, han sido, son y serán el espejo en el que debemos mirarnos para aprender a seguir viviendo por encima de todos los pesares y obstáculos.

El mundo del cómic no ha sido ajeno a esta batalla social, con títulos tan destacados como La historia de mis tetas, de Jennifer Hayden (Norma Editorial), o Que no, que no me muero, de María Hernández y Javi de Castro (Modernito Books). Historias de mujeres que deben afrontar un cáncer de mama y lo hacen con fuerza, naturalidad y positivismo. Valiosas obras a las que hay que añadir otra más, Betty Boob, una auténtica joya producida en Francia con guión de Véro Cazot y dibujos de la ilustradora canadiense Julie Rocheleau. Ambas artistas han unido sus talentos para ofrecer al mundo un cóctel en imágenes lleno de color y alegría, pero en el que no faltan gotas de amargura y de dolor.

Al estilo de las antiguas películas mudas, con ritmo endiablado y con algún recuadro de texto sobre fondo negro, Véro Cazot y Julie Rocheleau nos cuentan la historia de Elisabeth, una joven parisina a la que extirpan el seno izquierdo por un cáncer de mama.

Completamente calva por la quimioterapia y con la cicatriz no solo en el pecho sino también en el alma, Elisabeth intenta retomar su vida normal, pero todo se le pone en contra. Casi de golpe se queda sin novio y sin trabajo, y el futuro se presenta más que oscuro hasta que, por azar, y durante una loca carrera en busca de su peluca arrastrada por el viento, entra en contacto con un grupo de gente maravillosa. Son artistas, miembros de una compañía de cabaret que actúa en un barco por el Sena y reciben a Elisabeth con el calor y la comprensión que no ha encontrado en ningún otro sitio. La chica sin el seno izquierdo se convierte en estrella del espectáculo con el nombre de Betty Boob, un guiño al famoso personaje de dibujos animados de los años 30, la sexy Betty Boop.

Un auténtico canto a la vida y a la capacidad del ser humano para reinventarse y salir adelante. Sin duda, uno de los cómics imprescindibles de este año, publicado en castellano por la editorial Planeta. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Bezimena, la verdad de Nina Bunjevac

Hablar. Contar lo que te ha ocurrido. Que otras víctimas sepan que no están solas y que cuentan con apoyo y comprensión. Son reglas básicas para las mujeres que han sufrido una agresión sexual. El silencio es el muro tras el que se oculta el violador, a la espera de su siguiente presa. Un muro que se derrumba a base de testimonios como el de la ilustradora serbo-canadiense Nina Bunjevac, una mujer con una vida tremendamente difícil y que ha logrado superar todos los obstáculos hasta convertirse en una artista reconocida y respetada. Nina Bunjevac contó al mundo su odisea familiar y el sueño terrible de un país ficticio, la Gran Serbia, en su anterior novela gráfica, titulada Patria. Violencia, terror, una familia destrozada y dos viajes a Canadá, el segundo definitivo, huyendo del horror final, la Guerra de los Balcanes.

Pero aquel exorcismo no fue suficiente, todavía quedaban demonios en su interior, y Nina Bunjevac completa el sortilegio con un álbum tan sobrecogedor como bellamente ilustrado. Se titula Bezimena, palabra que en varias lenguas eslavas significa “Sin nombre“, y es un relato duro, incómodo y de difícil digestión sobre la psicología del agresor sexual. ¿Qué pasa por la mente del violador cuando comete sus crímenes? ¿De dónde viene su ansia perversa? ¿Se puede contar eso a base de dibujos? Nina Bunjevac lo ha hecho, con perturbadoras ilustraciones en blanco y negro, pavoroso realismo y basándose libremente en la leyenda de Artemisa y Sipretes, el joven cretense que vio a la diosa griega bañándose desnuda y ésta, como castigo, le convirtió en mujer.

El protagonista de Bezimena es Benny, un niño de familia acomodada que, desde pequeño, muestra un lado oscuro. Crece ocultando su ansia depredadora y un día, ya adulto, un libro misterioso y pistas que aparecen en sus páginas le llevan a satisfacer sus deseos manteniendo relaciones sexuales perversas con varias mujeres. Pero, por supuesto, nada es lo que parece, y el final de la historia estalla en todo su dramatismo, encogiéndonos el corazón ante los límites a los que pueden llegar la maldad y la locura. Y quien lo cuenta, Nina Bunjevac, sabe de lo que habla, porque ha sido víctima no de una, sino de dos agresiones sexuales. El álbum se completa con un epílogo de la autora, todo un testimonio que termina así: “Este libro está dedicado a todas las víctimas olvidadas y sin nombre de la violencia sexual. Que encontréis la paz, que encontréis la luz y hagáis disipar la oscuridad que os rodea“.

Bezimena de Nina Bunjevac, un cómic absolutamente imprescindible publicado en castellano por Reservoir Books. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El primer hombre, de Camus a Ferrandez

Ha sido uno de mis lecturas favoritas este verano, la adaptación al cómic de El primer hombre, la novela póstuma e inacabada del Premio Nobel de Literatura, Albert Camus. Un texto maldito aparecido en un maletín de cuero entre los restos del coche que se estrelló contra un árbol el 4 de enero de 1960, y en el que murieron el propio Albert Camus y su editor Michel Gallimard. 144 páginas manuscritas, con letra pequeña y abigarrada que, bajo el título de El primer hombre, dibujaban un impresionante fresco sobre la vida y muerte de los franceses emigrados y nacidos en Argelia. Una obra llena de fuerza y pasión, un desesperado intento por recuperar las sensaciones de la infancia vivida en Argelia, la colonia francesa, un país que fue promesa y esperanza para decenas de miles de personas que no tenían nada, que lucharon en tierra extraña por labrarse un futuro y que, al final, tuvieron que abandonar tras una brutal guerra y el obligado proceso de descolonización. De hecho, el conflicto argelino se prolongó hasta la independencia del país en 1962, y el libro póstumo de Camus, aparecido en un momento crítico, no vio la luz hasta tres décadas después, en 1994.

Albert Camus, nacido en Argelia, sentía y amaba esa tierra y aceptaba su independencia, aunque siempre rechazó los medios violentos. El primer hombre está protagonizado por Jacques Cormery, alter ego de Camus, un niño vital e inteligente a la sombra de su abuela dominante y su madre, una bella mujer, con problemas de audición y viuda joven cuyo marido murió en la Primera Guerra Mundial. Con el vago recuerdo de ese padre que se fue cuando él era todavía un bebé, Jacques crece entre los ruidos, aromas y colores de Argel y sus playas mediterráneas. Sufre y asume las dificultades económicas de su familia y mantiene una férrea disposición a aprender y salir de esa pobreza cotidiana. La obra de Albert Camus es un canto a Argelia, un homenaje a un país y a unas gentes a los que la Historia obligó a separar sus caminos y a mirarse como enemigos. Escuchamos y vemos a Jacques Cormery niño y adulto, juntos en el pasado y el presente, unidos por la idea de una vida mejor y por la obligación de convertirse en ese “primer hombre” de las familias pobres que consigue llegar a la ansiada meta.

Y quién mejor para contarlo que Jacques Ferrandez, reconocido dibujante nacido en Argelia, profundo conocedor de ese país y que también ha adaptado al cómic la obra cumbre de Albert Camus, El Extranjero. Un binomio perfecto de cómic y literatura, El primer hombre, publicado en castellano por Alianza Editorial. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Las desventuras bélicas de Tardi padre

Este año se ha cumplido el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial y también el 80 aniversario del comienzo de la Segunda, la mayor matanza en la historia de la Humanidad. Ambos conflictos han dado lugar a libros, películas, series de televisión y, por supuesto, cómics. En el tema bélico, sobre todo la Primera Gran Guerra, el autor de referencia es el francés Jacques Tardi, uno de los grandes dibujantes europeos y creador de varias obras maestras en torno a la terrible “guerra de trincheras“. Pero en el año 2013 Tardi cambió de época y dio inicio a un proyecto muy personal relacionado con la Segunda Guerra Mundial. La nueva serie se titulaba Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B, la narración en viñetas de la odisea vivida por el padre del dibujante durante el conflicto bélico, basada en los recuerdos, anotaciones y dibujos de su progenitor.

El primer volumen narraba la captura y cautiverio del soldado René Tardi en un campo de concentración alemán. Fue herido y hecho prisionero en 1940, sólo doce días después del inicio de la invasión nazi de Francia, y esa sensación de derrota humillante le acompañó el resto de su vida. En el segundo volumen, titulado Mi regreso a Francia, asistimos sobrecogidos a la marcha por una Europa destruida del soldado René Tardi y otros prisioneros liberados con rumbo a Francia. Cuatro meses de caminata infernal e innumerables penalidades hasta el reencuentro con su familia. Y este año, por fin, se ha publicado el tercer y último volumen de esta magna obra. Se titula Después de la guerra, y de nuevo nos encoge el corazón la historia de un hombre que lucha contra sus fantasmas y que, de manera sorprendente, se reengancha una y otra vez durante nueve años en el ejército francés.

No le gusta la guerra, no le gustan las armas, pero quiere demostrarse a sí mismo que no es un simple soldado vencido, y tiene ocasión incluso de experimentar una especie de revancha cuando es destinado durante varios meses a Alemania. La vuelta a casa, la familia, los traumas de la guerra; Jacques Tardi ha dedicado esfuerzo y talento a raudales para contarnos esta historia en la que él mismo se incluye, apareciendo como un niño que habla constantemente con su padre. Un relato sincero y desgarrador que constituye uno de los mejores cómics realizados en Europa en los últimos años, un monumental manifiesto contra la sinrazón de la guerra. Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B, publicado en castellano por Norma Editorial. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo