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El Agujero Negro. Miedos

El abuelo me dice con su mirada que tiene miedo, que la Guerra Civil ha terminado, pero oye sin cesar hablar de una nueva guerra mundial. Que sus sueños de estudiante se han roto, que ve lejos la felicidad, que le aprieta el cuello de esa camisa que viste para la ocasión, que, mi madre, su hija, es lo que más quiere en el mundo y le preocupa mucho, “¿qué será de ella?”. Nunca me había fijado, en realidad mi abuelo es muy joven en ese ajado retrato en tonos marrones, pero sus ojos miran ya con temor adulto. Me alegro de que descanse.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Odio

No lo podía evitar, odiaba a todos los que superaban los cincuenta años. Los veía mezquinos, feos, retrógrados por definición, amargados, resentidos con la vida, coléricos, malolientes, casposos… Pero lo que más odiaba de todo, lo que le revolvía las tripas sin remedio, era recordar, de pronto, que hace tiempo que él era uno de ellos.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Llamada

Fueron unos días duros, terribles, pero con la ayuda de la medicina los pudo llevar mejor de lo que esperaba. El auténtico golpe certero a su entereza se produjo días después, cuando sonó el teléfono y justo al contestar comprendió que no era él, que nunca jamás sería ya… él.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Normalidad

Ahí están de nuevo, las conversaciones beodas, el ruido de vasos, las risotadas, un rumor nervioso fruto del alcohol barato y un espeso y pestilente humo, en uno de esos antros que sacan el dedo a la Ley del Tabaco. A nadie le importa una mierda que esté a punto de empezar tu recital. Cuando intentas presentar la primera canción el micrófono pita y un perro nervioso comienza a ladrar entre gemidos ansiosos. Desde la barra el encargado te dirige una mirada de apremio. Un gracioso brama con voz rota: “¡Una rumbita!”. Estallan risas cacareantes. Alguien te arroja un trozo de hielo que se estampa contra tu guitarra. Tocas las primeras notas y dos mesas se vacían en segundos con rumores de fastidio. Bien, bien. Ese es el ecosistema perfecto para que crezca el blues.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Coincidencias

Leyendo sus libros siempre sospeché que ese escritor era como yo. Sus reflexiones, sus miedos, su punto de ironía, hasta sus experiencias eran tozudamente compartidas. Así que cuando vino a la redacción del periódico me acerqué a rendirle pleitesía, junto a una joven compañera que también decía admirarlo. El escritor de éxito apenas reparó en mi persona. Todo fueron sonrisas y comentarios babosos dirigidos a mi atractiva colega.

Realmente me dolió y mucho comprobar que, efectivamente, ese maldito escritor era como yo.

Roberto Moso