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El libro del mar del noruego Morten A. Stroksnes

Dice la contraportada de este libro que en √©l se cuenta la caza de un tibur√≥n boreal en una lancha neum√°tica por parte de dos amigos. Y luego entra en algunos detalles sobre esa cacer√≠a. No lo cre√°is. Es cierto que todo eso est√° en el libro, en una peque√Ī√≠sima parte del libro, pero este volumen va de otra cosa. Va del amor por el mar y por aquello que lo representa. Stroksnes es historiador, viajero, fot√≥grafo y reportero accidental. Ha escrito libros sobre lugares en conflicto y, sin duda, le apetec√≠a un poco de relajo, pero sabe que la contemplaci√≥n tiene poco gancho a la hora de vender un libro, as√≠ que aprovechando la peque√Īa an√©cdota de su amistad con un pescador y la, sin duda, verdadera experiencia de salir al mar para capturar a un tibur√≥n y ver como este se les escapa siempre, ha montado la historia que ha permitido que este libro se edite en veinticuatro idiomas.

Y lo merece, porque a nada que sea el lector alguien interesado en la historia de la navegaci√≥n, de las profundidades y de los habitantes del mar, este libro le va a encantar porque hay aqu√≠ un muestrario detallado de todo esto, troceado en grupos de pocas p√°ginas, y mezclado con otras unidades de narraci√≥n que incluye, por ejemplo, las pel√≠culas y sobre todo los libros que hablan del mar, que son miles, por supuesto. Comparten p√°gina el abuelo del autor, que un d√≠a abandon√≥ el interior de Noruega y se asom√≥ al mar y Arthur Rimbaud que escribi√≥ un poema sobre √©l. Despu√©s los b√ļnkeres que dej√≥ la Segunda Guerra Mundial, dejan paso al amigo Hugo, que es un artista pl√°stico, pero sobre todo tiene que salir a navegar todos los d√≠as y de ah√≠ al Mayflower y otros barcos hist√≥ricos, al Argos y otros barcos legendarios, al capit√°n Ahab y a otros personajes inventados, a Jack London que escribi√≥, a Cop√©rnico que investig√≥ y a Borges que so√Ī√≥.

Y si no est√°n todos ellos en estas p√°ginas a mi me lo parecen porque creo que este compendio de saberes pr√°cticos y conocimientos te√≥ricos sobre el mar es lo m√°s completo que vas a encontrar lejos de los libros con hermosas fotograf√≠as y precios estratosf√©ricos. Aqu√≠, a cambio, hay hermosos poemas: ‚ÄúEs largo este pa√≠s, la mayor parte es Norte‚ÄĚ, por ejemplo. Le√≠ este libro recorriendo las costas noruegas, se citan en √©l algunos lugares en los que he estado, como una librer√≠a de viejo en Tromso, que igual no es la misma que se cita en el texto porque hay muchas en Noruega, pero quiero pensar que esta identificaci√≥n no ha influido en mi juicio, que cualquier persona, a condici√≥n de que est√© interesado en el mar y todo su universo que es inabarcable, porque tambi√©n tenemos aqu√≠ el mar estelar, deber√≠a leerlo porque va a hacer salir a los ojos, llegar al cerebro, la idea marina de cada uno de nosotros. Una delicia de libro. A m√≠ que me importa que cacen o no al tibur√≥n boreal. Bastante tiene el pobre con ese par√°sito que le come la cornea. Veis, un ejemplo de los conocimientos in√ļtiles, y tan satisfactorios, que proporciona El libro del mar. Atr√©vete a vivirlo.

Félix Linares

El Tocho. Eichmann en Jerusalén junto a Hannah Arendt

‚ÄúEl mal, en el Tercer Reich, hab√≠a perdido aquella caracter√≠stica por la que generalmente se le distingue, es decir, la caracter√≠stica de constituir una tentaci√≥n. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la mayor√≠a, tuvieron la tentaci√≥n de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio (que los jud√≠os eran enviados a la muerte lo sab√≠an, aunque quiz√° muchos ignoraran los detalles m√°s horrendos), de no convertirse en c√≥mplices de estos cr√≠menes al beneficiarse con ellos. Pero bien lo sabe el Se√Īor, los nazis hab√≠an aprendido a resistir la tentaci√≥n‚ÄĚ

Este es un fragmento de Eichmann en Jerusal√©n. Un ensayo sobre la banalidad del mal, de Hannah Arendt. Corr√≠a el a√Īo 1961 cuando Arendt fue enviada como reportera¬† por el New Yorker¬† a Jerusal√©n, para escribir sobre el juicio que se sigui√≥ en la ciudad israel√≠ contra Adolf Eichman, el jerarca nazi que organiz√≥ la deportaci√≥n de cientos de miles de jud√≠os. La fil√≥sofa, autora de ensayos fundamentales para entender el siglo XX como Los or√≠genes del totalitarismo o La condici√≥n humana, consigui√≥ mucho m√°s que un libro reportaje. Eichmann en Jerusal√©n se convirti√≥ en un ensayo hist√≥rico imprescindible para conocer los or√≠genes y el desarrollo ideol√≥gico del holocausto y algunos¬† factores sorprendentes que lo propiciaron.

Buena parte del proceso log√≠stico se vertebr√≥ a trav√©s de la figura de Eichmann, teniente coronel de las SS, designado como responsable supremo de los transportes de jud√≠os a los campos de concentraci√≥n y exterminio. Su misi√≥n consist√≠a en viajar a las diversas capitales europeas ocupadas por los nazis a fin de planificar los convoyes ferroviarios y supervisar que cumplieran con el n√ļmero de deportados exigido.¬† Esgrimiendo multitud de datos, Arendt afirma que esto hubiera sido imposible sin la cooperaci√≥n y ayuda de los¬† sumisos representantes de los consejos jud√≠os, a quienes Eichman convocaba para obtener la aquiescencia de las comunidades y organizar las listas de futuros deportados. Otro aspecto sorprendente, que refuta el argumento de que en una situaci√≥n de crimen legalizado nadie se arriesga a desobedecer, es la diferente aceptaci√≥n que tuvo la ‚Äúsoluci√≥n final‚ÄĚ en los diversos pa√≠ses ocupados; alguno hubo, como Dinamarca, que ayud√≥ a escapar a todos sus ciudadanos jud√≠os embarc√°ndolos hacia la neutral Suecia.

Tras la lectura del libro queda claro que Eichmann no fue un psic√≥pata, tan solo un bur√≥crata fan√°tico que nunca se sinti√≥ culpable cumpliendo √≥rdenes y haciendo lo que √©l llamaba su ‚Äútrabajo‚ÄĚ, o dicho de forma m√°s rotunda: mostrando una obediencia ciega que convirti√≥ el ejercicio del mal en un acto banal; pero tambi√©n resulta evidente que los jud√≠os, con su sumisi√≥n extrema facilitaron el holocausto (la autora aporta datos al respecto de que la mitad de los jud√≠os que intentaron escapar lo lograron); y por √ļltimo, Arendt deja tambi√©n patente que los sionistas aprovecharon el juicio para hacer propaganda del estado de Israel, cuya legalidad jur√≠dica para emprender el proceso era m√°s que dudosa.

Con estas controvertidas apreciaciones, el libro no contentó a muchos, pero se convirtió así, en toda una lección de historia crítica y de independencia ética que merece leerse con suma atención. Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt, en editorial deBolsillo.

Javier Aspiazu

Pedro Ugarte, confidencias de vida y literatura

Los libros de notas de los escritores ejercen sobre mí una atracción innegable, y sospecho que es un género que interesa a la mayoría de los amantes de la literatura. Solemos llegar a esos trabajos con la expectativa de conocer mejor al autor, de conocer la esencia de su pensamiento, su actitud vital, quizás, su grado de esperanza, pero sucede que no siempre el autor se deja ver y que, por ello, estos libros de notas resulten un tanto fríos. No es el caso de Lecturas pendientes (anotaciones sobre literatura), el nuevo libro de Pedro Ugarte, adscrito a este género ensayístico. El bilbaíno convierte a los lectores en confidentes, y aunque la literatura sea el eje central, en realidad,  de lo que nos habla, con mucha  honestidad, diría yo, es de la vida misma.

En Lecturas pendientes, Ugarte recuerda c√≥mo naci√≥ su vocaci√≥n de escritor: ‚ÄúNunca he querido hacer ninguna otra cosa que no sea escribir. No s√© c√≥mo ni por qu√© se aloj√≥ esa idea en mi cabeza. Ni puedo explicarla, ni puedo entenderla, ni me importa demasiado no poder hacerlo‚ÄĚ. Comparte con nosotros cu√°les son sus autores favoritos, los sinsabores y las satisfacciones del oficio de la escritura y a qu√© insospechados pliegues de la memoria lo devuelven algunos pasajes de sus lecturas‚Ķ; la memoria, la infancia, tan presentes en este libro donde asegura que la patria no es la infancia sino la inocencia. ‚ÄúNo tuve una relaci√≥n demasiado estrecha con mi padre. Pero hubo un tiempo, en verano, en que √≠bamos los dos juntos desde Zarauz a Guetaria a comer un par de n√©coras y a beber yo un mosto dulce y √©l un vino blanco helado. Habl√°bamos de cosas imposibles, esas cosas que jam√°s podr√≠an compartir un hombre de cincuenta y seis a√Īos y un ni√Īo de doce. Esa conversaci√≥n imposible, impracticable, que se repet√≠a y terminaba siempre en el fracaso fue una patria. La m√≠a‚ÄĚ.

La enfermedad, la vejez y el paso del tiempo est√°n tambi√©n presentes en estos apuntes y en ocasiones, aborda esas cuestiones desde el ¬†sentido del humor, tan necesario: ‚ÄúMuchas cosas cambian cuando envejeces: por ejemplo, el modo de no mirarme que ten√≠an antes las mujeres es totalmente distinto al modo de no mirarme que tienen ahora‚ÄĚ. Otro apunte sobre la vejez en un tono bien distinto: ‚ÄúLeyendo los diarios, los ensayos o los libros de memorias de muchos escritores ancianos, el tremendismo se convierte en una f√≥rmula de estilo. Todo son juicios altisonantes, admoniciones morales: el mundo se derrumba, la civilizaci√≥n se corrompe, donde no domina el dinero domina la ambici√≥n. Todo se vuelve apocal√≠ptico, aterrador, irrespirable. Si llego a la vejez, espero hacerlo con la lucidez suficiente como para no confundir mi propia extinci√≥n con la del mundo‚ÄĚ.

El amor por Bilbao, observaciones muy afiladas sobre el euskera o sobre lo que sería para él un vasco típico, pasajes sobre la familia, sobre la paternidad o sobre las relaciones de pareja, ocupan su lugar en unas páginas en las que Ugarte se define como liberal y católico.

Con un tono a veces un tanto pesimista, otras, melanc√≥lico, otras critico o ir√≥nico, pero dominado siempre por el realismo y por el esfuerzo consciente de tratar de analizar su subjetividad con cierta distancia, Lecturas pendientes logra que el lector dialogue tambi√©n consigo mismo. Literatura a raudales: opiniones sobre el cuento, sobre la novela, sobre la cr√≠tica, sobre la amistad con algunos autores y sobre ciertas decepciones.¬† Entradas extensas o ¬†tan breves como aforismos. Un ejemplo m√°s: ‚ÄúEl amor no es un sentimiento, el amor es una decisi√≥n. Entender esto es entenderlo todo“. Un libro este, en definitiva, para tomar nota y para tomar notas tambi√©n.

Txani Rodríguez

Balea Zuria, saludando a un nuevo proyecto editorial

En Pompas de Papel hablamos de un nuevo proyecto editorial. Se llama Balea Zuria y ha presentado recientemente su segundo libro: un poemario de Luis Garde titulado Barbaroak baratzean. El primero fue Chillidari gorazarre-Elogio a Chillida, presentado en junio,  en las jornadas Poesía y Pensamiento, unas jornadas organizadas por los autores Juan Ramón Makuso, Felipe Juaristi, Pello Otxoteko y Aritz Gorrotxategi, que son, precisamente, los fundadores de Balea Zuria, que  se va a centrar en la poesía y el ensayo literario. Hemos charlado con uno de los fundadores, el donostiarra Aritz Gorrotxategi. Pincha y escucha la conversación.

El f√ļtbol, la vida y la paternidad, seg√ļn Galder Reguera

Ya s√©, ya s√©: un libro sobre f√ļtbol. ‚Äú¬°Puaj!‚ÄĚ, dir√°n algunos. ‚Äú¬°Bah! No me interesa‚ÄĚ, se√Īalar√°n otros. ‚Äú¬°Buf! Para los futboleros‚ÄĚ, afirmar√° una mayor√≠a. S√≠, un libro sobre f√ļtbol. Y sobre la paternidad, y sobre los sue√Īos rotos, y sobre la trasmisi√≥n de un legado, y sobre la derrota, y sobre el compa√Īerismo, y sobre el sentido de comunidad, y sobre la literatura, y sobre la filosof√≠a, y sobre el cine, y sobre la vida. Un libro que se sirve del f√ļtbol para hablar de las cosas importantes, y tambi√©n las livianas, que marcan la vida de la gente.

Galder Reguera es bilba√≠no, fil√≥sofo y cr√≠tico de arte. Tambi√©n es responsable de actividades de la Fundaci√≥n Athletic Club. Es la persona que se encuentra tras iniciativas tan interesantes como el festival literario Letras y F√ļtbol y el cinematogr√°fico Thinking Football Film Festival. Adem√°s es profesor de √©tica en la Escuela de Entrenadores de Bizkaia. Ha publicado un libro sobre arte conceptual y otro sobre f√ļtbol. Es tambi√©n un apasionado seguidor del Athl√©tic, pasi√≥n que le fue transmitida por su Aitite. Y, esto lo sabr√°n a partir de ahora muchos, es un magn√≠fico escritor.

Hijos del f√ļtbol es el libro que todos est√°bamos esperando de √©l. Es un libro muy personal en el que se mezclan el relato autobiogr√°fico, con las reflexiones sobre las relaciones paterno filiales, sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sobre las l√≠neas de pensamiento que mueven el mundo y, c√≥mo no, sobre el mundo del f√ļtbol. Una especie de diario que recorre los √ļltimos a√Īos de vida del autor y su especial relaci√≥n con su hijo mayor que al principio del relato est√° a punto de cumplir los cinco a√Īos. Una relaci√≥n que obliga a Galder Reguera a mirarse a s√≠ mismo y a volver los ojos a las historias de su pasado, de cuando era ni√Īo y solo so√Īaba con ser futbolista y futbolista del Athl√©tic, de cuando era un adolescente autodestructivo y de cuando de joven consigui√≥ enderezar su camino. Cada paso est√° repleto de agudas divagaciones, de dolorosas confesiones, de temores expuestos en voz alta sobre las posibilidades de ‚Äúcagarla‚ÄĚ siendo padre. Es enternecedor cuando el autor nos cuenta el miedo que tiene a la p√©rdida de inocencia de su hijo, a causarle un dolor innecesario, a no saber que palabras pronunciar en el momento oportuno. Se cuestiona incluso el autor la transmisi√≥n de su pasi√≥n futbol√≠stica, por lo que rodea actualmente al mundo del f√ļtbol. Se habla mucho de la melancol√≠a de lo perdido (el futbolista retirado) o de lo que pudo haberse perdido (los sue√Īos rotos por no llegar). Tambi√©n de las desconfianzas de las izquierdas ante el f√ļtbol, del culto al goleador, de la importancia del grupo para conseguir momentos de felicidad, del f√ļtbol y el nacionalismo y de la b√ļsqueda de un ‚Äúf√ļtbol humanista‚ÄĚ, que ponga a las personas encima de todo, a personas que quieran seguir jugando al f√ļtbol porque disfrutan y no se sientan presionadas por el resultado.

Un libro magn√≠fico en el que el f√ļtbol y la vida se imbrican de manera maravillosa. ‚ÄúEn el rect√°ngulo de juego y en la grada -se dice- caben todas las historias: de √©xito y fracaso; de amor, odio e indiferencia; sobre el destino y la posibilidad o no de regatearlo; sobre la vida y sobre la muerte. El bal√≥n contiene potencialmente todas las historias. S√≥lo hay que ponerlo en movimiento. Jugar y esperar que acontezcan‚ÄĚ. Y donde al final se hace un canto a la paternidad gozosa sin miedos: ‚ÄúTener un ni√Īo es maravilloso, pero verlo crecer… eso s√≠ que es m√°gico de verdad‚ÄĚ.

Galder Reguera, por favor, sigue escribiendo.

Enrique Martín

Las irreverentes y rigurosas reflexiones de Iban Zaldua

El escritor guipuzcoano Iban Zaldua (Donostia, 1966) ha publicado en la editorial Elkar un libro en el que recupera varios art√≠culos sobre el mundo literario titulado (Euskal) Literaturaren alde (eta kontra). Aunque le asociamos mucho con el cuento (Gezurrak, gezurrak, gezurrak, La isla de los antrop√≥logos y otros relatos, Etorkizuna, Biodiskografiak o Inon ez, inoiz ez), este profesor de Historia en la Universidad del Pa√≠s Vasco ha publicado tambi√©n novela, ensayo, literatura infantil y hasta c√≥mic. Como curiosidad, podemos se√Īalar que ha ganado el Premio Euskadi tanto en euskera como en castellano y en tres modalidades: literatura en euskera, literatura infantil y juvenil, tambi√©n en euskera, y ensayo en castellano. Desde luego, conoce muy bien la literatura vasca, y sabe c√≥mo est√° el panorama. Durante los √ļltimos a√Īos ha sido habitual que plasmara sus impresiones sobre la ‚ÄúRep√ļblica de las Letras‚ÄĚ, como √©l denomina el mundillo literario, en blogs y peri√≥dicos. El libro del que hoy vamos a charlar (Euskal) literaturaren alde (eta kontra) recopila precisamente todos esos art√≠culos, manifiestos y dec√°logos en los que Zaldua expresa con sinceridad y bastante humor sus certezas y sus dudas. Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta de la conversaci√≥n.

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacci√≥n, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la nov√≠sima editorial catalana Hurtado&Ortega, re√ļne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aqu√≠ y all√°, y son dif√≠ciles de encontrar, y alg√ļn texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que tambi√©n nos encontramos rememoranzas del peque√Īo pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga naci√≥ como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiogr√°ficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el pa√≠s que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoder√°ndose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, Par√≠s, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos in√ļtiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del f√ļtbol, el retorno al pasado al volver al terru√Īo. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su pa√≠s Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo tambi√©n hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qu√© de un seud√≥nimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entra√Īable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al o√≠do, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las peque√Īas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

Ibon Sarasola y la historia del euskera batua

Dice Ibon Sarasola en el pr√≥logo a su Bitakora kaiera que, como el euskera batua se considera establecido en 1980, muchos euskaldunes pensar√°n que es algo de toda la vida. Yo misma, nacida en 1977, he agradecido much√≠simo el repaso hist√≥rico que este ling√ľista hace de la implantaci√≥n del batua en la primera parte del ensayo. Sarasola habla de la reuni√≥n de Baiona, de las discusiones, de las decisiones que tomaron, de puntos de disensi√≥n como la incorporaci√≥n de la letra ‚Äúh‚ÄĚ, y recuerda tambi√©n la delicad√≠sima situaci√≥n en la que el idioma estuvo no hace tanto: ‚ÄúBegien bistakoa zen 1960ko urte inguru horretan, euskara azken hatsa ematen ari zela. Eta bazidurien euskaldunen komunitatean ez zegoela horren aurrean inolako erreakziorik.‚ÄĚ Por fortuna, no fue as√≠, y hubo reacci√≥n. En 1968 se celebr√≥ en Arantzazu la primera Asamblea General de Euskaltzaindia, a la que acudieron unas sesenta personas. A pesar de los desacuerdos, en 1973 el √©xito del euskera batua ya se apreciaba con nitidez, si se atend√≠a a las publicaciones de aquel a√Īo. ‚ÄúBost urtean lorturiko ‚Äúmirari‚ÄĚ hori ez zen izan zerutik etorritako zerbait. Horren atzean lan asko eta diziplina handia zegoen‚ÄĚ, destaca Sarasola. Lo que vino despu√©s quiz√° s√≠ sea ya m√°s conocido: los modelos de ense√Īanza, los nuevos medios de comunicaci√≥n, los nuevos escritores.

La segunda parte habla de la evoluci√≥n de la lengua, de los pr√©stamos terminol√≥gicos de Iparralde a Hegoalde, de su expansi√≥n y de una nueva titularidad, por decirlo, as√≠, compartida por much√≠simos hablantes que la han ido haciendo suya. Se detiene tambi√©n Sarasola en la indiscutible importancia y vigencia de los cl√°sicos, pero reivindica la calidez y validez de los escritores modernos. As√≠ mismo, tambi√©n expresa su opini√≥n sobre los euskalkis: ‚ÄúNire ustez euskalkiek, bizpahiru belaunaldietan, euskalki izateari utzi behar diote eta euskara batuaren aldaera huts bihurtu behar dute (‚Ķ). Bestela, gureak egin du. Bizkaiera eta zuberera, kasu, euskara batuaren kolore bat, doinu berezi bat bilakatu behar dira‚ÄĚ. A√Īade que en tres o cuatro generaciones, uno de Bermeo y otro de Iparralde se tienen que comprender c√≥modamente. Asegura que eso es vital para el futuro del euskera.

El tercer cap√≠tulo parte del ensayo Back to Leizarraga, de Kepa Altonaga, con el que Sarasola se muestra en gran parte de acuerdo. El ensayo hablaba de los purismos, del purismo l√©xico, y lamenta que debido a ese purismo se perdieran algunas f√≥rmulas, como el relativo anaf√≥rico. El libro se cierra con Escape from Altube. En esas p√°ginas muestra su disconformidad con las tesis del citado ling√ľista. ‚ÄúEdozein garbizalekeria -dice Sarasolasalagarria eta arbuiagarria da, eragotzi egiten¬† duelako hizkuntza baten helburu nagusia, hau da, komunikagarritasuna‚ÄĚ.

Bitakora kaiera es, en definitiva y como ya se ha se√Īalado, un recorrido por el pasado, el presente y el futuro del euskera. Tambi√©n supone un ajuste de cuentas del autor consigo mismo en el que mantiene que, una vez normalizado el euskera batua, el trabajo de los fil√≥logos y te√≥ricos no consiste ya en dictar normas. Ha sido un largo viaje y en su transcurso la situaci√≥n ha cambiado para bien. ‚ÄúBidaia horren aurretik idazleak eta itzultzaileak leziatzen nituen; orain, bidaiaren arian, euskal idazle eta itzultzaile onek leziatu naute ni eta erakutsi didate zein den bidea euskaraz ongi idazteko‚ÄĚ, concluye. Pues, sin duda, hay mucho que aprender de ese viaje y mucho que apuntar en las privilegiadas reflexiones y conclusiones de Ibon Sarasola.

Txani Rodríguez

Los raros. La convivencialidad, de Iv√°n Illich

‚ÄúDebemos constituir ‚Äďy gracias a los progresos cient√≠ficos lo podemos hacer- una sociedad post-industrial en que el ejercicio de la creatividad de una persona no imponga jam√°s a otra, un trabajo, un conocimiento o un consumo obligatorio. En la era de la tecnolog√≠a cient√≠fica, solamente una estructura convivencial de la herramienta puede conjugar la supervivencia y la equidad. La equidad exige que, a un tiempo, se compartan el poder y el haber. Si bien la carrera por la energ√≠a conduce al holocausto, la centralizaci√≥n del control de la energ√≠a en manos de un leviat√°n burocr√°tico sacrificar√≠a el control igualitario de la misma a la ficci√≥n de una distribuci√≥n equitativa de los productos obtenidos… Para ser posible dentro de la equidad, la supervivencia exige sacrificios y postula una elecci√≥n. Exige una renuncia general a la sobrepoblaci√≥n, la sobreabundancia y al superpoder, ya se trate de individuos o de grupos‚ÄĚ.

Estos son fragmentos de La convivencialidad de Iv√°n Illich. Ensayista austriaco establecido en M√©xico, de ampl√≠sima formaci√≥n intelectual, Iv√°n Illich ejerci√≥ como sacerdote y profesor universitario antes de secularizarse y dedicarse por completo al an√°lisis cr√≠tico de la sociedad contempor√°nea. Probablemente m√°s conocido para el gran p√ļblico por La sociedad desescolarizada, el c√©lebre ensayo que dedic√≥ a la instituci√≥n educativa, su abanico de intereses fue muy diverso, y tambi√©n se extendi√≥ al estamento m√©dico, con otro pol√©mico libro titulado N√©mesis m√©dica o a la gesti√≥n igualitaria de la energ√≠a, que abord√≥ en Energ√≠a y equidad.

Pero sin duda, el t√≠tulo que hoy les proponemos, La convivencialidad, publicado en 1973, es su obra m√°s importante, aquella en la que expone las fallas de nuestra sociedad y propone alternativas para transformarla. A su juicio, vivimos en una sociedad burocratizada en la que el saber se confunde con el curr√≠culum acad√©mico, el cuidado de la salud con la instituci√≥n m√©dica o el ejercicio del poder con la actividad pol√≠tica, convirtiendo a la poblaci√≥n en in√ļtil y dependiente en todos estos campos. Adem√°s, el objetivo de esta civilizaci√≥n es el crecimiento ilimitado de la producci√≥n industrial y, por lo tanto, est√° condenada al agotamiento energ√©tico y a la autodestrucci√≥n.

Frente a ella, Illich propone una sociedad desprofesionalizada en la que todos compartamos el poder y el saber. Y plantea alternativas para la supervivencia, que a su juicio, pasan por el control demográfico y la adopción de formas de producción alternativas a la industrial, que utilicen herramientas convivenciales: una tecnología a escala humana que, en lugar de avasallar y programar al individuo, saque el mejor partido de nuestra energía e imaginación, fomentando la autonomía y expandiendo el radio de acción personal.

Escrito por uno de los pensadores m√°s l√ļcidos del siglo XX, este ensayo imprescindible, adelantado a los planteamientos ecologistas m√°s consecuentes y a la teor√≠a del decrecimiento, nos propone, en definitiva, todo un programa de acci√≥n para iniciar la transici√≥n social y energ√©tica, que nos espera en las pr√≥ximas d√©cadas, si queremos preservar la vida en el planeta en el marco de una sociedad equitativa. La convivencialidad de Iv√°n Illich.

Javier Aspiazu

Por los pasajes de Barcelona con Jordi Carrión

Jordi Carri√≥n se ha recorrido palmo a palmo los m√°s de cuatrocientos pasajes que hay en Barcelona. Inspirado por Italo Calvino y, especialmente, por Walter Benjamin y su Proyecto de los Pasajes, Carri√≥n ha confeccionado, a base de estudio, observaci√≥n y amor a su ciudad, un mapa alternativo. ‚ÄúLos pasajes (‚Ķ) son grietas en el modelo de Barcelona. Son ranuras que -unidas-configuran otro mapa de esta ciudad, un mapa que se expande en el espacio hasta los confines que nadie incluye y en el tiempo hasta los or√≠genes que nadie evoca, para recordarnos la historia, las historias, que ha desechado el relato institucional‚ÄĚ, dice. Lo cierto es que, a trav√©s de sus paseos, aprendemos mucho de la Barcelona medieval, de su ensanche, de los cambios que se dieron tras las Exposiciones Universales de 1888 y la de 1929 -esta √ļltima se not√≥ especialmente en Montjuic-, de la Barcelona de los Juegos Ol√≠mpicos y del Forum de las Culturas, de Gaud√≠, por supuesto, del modernismo. Todo sin perder de vista los pasajes porque asegura Carri√≥n que en ellos est√° la afirmaci√≥n y la negaci√≥n de la ciudad entera: ‚ÄúSi la metr√≥polis se define por los peatones y los veh√≠culos, la velocidad o el tr√°fico, el pasaje los ignora, los pone en jaque o, al menos, entre par√©ntesis‚ÄĚ.

Pero los pasajes son tambi√©n pasajes de libros. Por ello, en este trabajo, entre los cap√≠tulos dedicados al urbanismo, digamos, se intercalan fragmentos de otras lecturas que guardan siempre relaci√≥n con la narraci√≥n troncal. En conjunto, estamos ante un recorrido por la Barcelona de todas las √©pocas que revela datos sorprendentes. Me ha resultado curioso, por ejemplo, tener noticia del siguiente trampantojo: para que el Barrio G√≥tico, tras siglos de hacinamiento y construcciones y epidemias, volviera a parecer aut√©ntico y medieval se fue adornado de forma artificiosa: ‚ÄúAs√≠, la calle del Bisbe, con sus g√°rgolas de serpientes y centauros y con su majestuoso puente o arco o balc√≥n pasadizo, es un invento de 1929, en plena dictadura de Primo de Rivera.‚ÄĚ En los pasajes se encuentra lo inesperado. Por ejemplo, en el Martras, en pasaje en el que vivi√≥ durante a√Īos, Ouka Lele, fue una especie de embajada de la movida madrile√Īa. ¬†Pero hay m√°s. En el pasaje Robacols se aloja una embajada andaluza, ‚Äúsiempre con flores en la fachada, un aut√©ntico patico cordob√©s trasplantado‚ÄĚ. Los pasajes, en su quietud, ajenos a la aceleraci√≥n de la calle, guardan tambi√©n la √©pica silenciosa de quienes hicieron historia sin escribirla: “Atravesar el barrio del Carmel es subir y bajar una monta√Īa (…) Cuenta el cronista Josep Mar√≠a Huertas Claver√≠a que los vecinos de sus Casas Baratas discutieron durante los dur√≠simos inviernos de 1937 y 1938, en lo m√°s crudo de la cruda guerra civil, si cortaban √°rboles para convertirlos en le√Īa o pasaban fr√≠o pero preservaban el patrimonio: los pinos siguen ah√≠.”

Los pasajes son callejones entre chabolas, o galer√≠as burguesas, o caminos amurallados que discurren por los huertos, o huecos en zonas industriales. Los pasajes nos hablan de pintores como Mir√≥, que naci√≥ en el Pasaje de Cr√©dito, de las lavanderas de Horta, de la burgues√≠a barcelonesa, de anarquistas y republicanos, de escritores, de libreros, de todo un enjambre de hombres y mujeres, dejando paso a otros hombres y mujeres en esos corredores estrechos, que no tienen ning√ļn lado exterior, igual que los sue√Īos, como escribiera el ya mencionado Walter Benjamin. En euskera la palabra pasadizo tiene una segunda acepci√≥n, un segundo uso, que va m√°s all√° del pasaje y que podemos traducir como suceso, o acontecimiento, incidente o an√©cdota. De todos esos significados se nutren tambi√©n los pasajes de este libro hermoso que nos ofrece, desde las entra√Īas mismas de la ciudad, una perspectiva distinta, totalmente al margen de las tiendas de souvenirs.

Txani Rodríguez