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Jean Stein y la vida oculta de Hollywood

Este libro lleva el subt√≠tulo de En un lugar de Estados Unidos. Y aunque en el t√≠tulo no queda claro la fotograf√≠a de la portada nos sit√ļa en Hollywood, ese lugar del que quiere hablar la autora. Por cierto, no confundir este Al oeste del Ed√©n con aquel Al oeste del Ed√©n que escribi√≥ Harry Harrison hace cuarenta a√Īos y que iniciaba una trilog√≠a sobre lagartos evolucionados. Aquel era un libro de ficci√≥n, y este es un trabajo period√≠stico de altura donde se recogen declaraciones sobre algunos de los nombres m√°s importantes de Hollywood.

Sonarán, y mucho, el de Jack Warner, uno de los productores más poderosos de su época y el de Jennifer Jones, actriz famosa y esposa de David Selznick, otro de los tiburones de la producción de cine, pero también aparecen los Doheny, cuyo patriarca hizo su fortuna con el petróleo, pero decidió invertir en el celuloide. Por cierto que este hombre también tiene su aportación a la ficción ya que en él se basa el personaje de Petróleo, novela de Upton Sinclair, llevada al cine por Paul Thomas Anderson en la película Pozos de ambición. Igualmente se retrata a Jane Garland, que no tiene nada que ver con la protagonista de El mago de Oz, y poco con el cine ya que apareció en papeles secundarios en algunas películas, pero tiene una historia de locura, en gran parte creada por el ambiente, muy interesante. Y, finalmente, la autora se inmiscuye en las cosas de su familia, que no queda precisamente bien.

Pero ya digo Warner es la estrella. Y Jennifer Jones queda como un alma caprichosa y atormentada que nunca supo salir del mundo de fantasía que representaban sus personajes del cine. Lo más importante de este libro es su estructura. Está compuesto exclusivamente por fragmentos de entrevistas, en concreto respuestas de entrevistados ante los micrófonos de Jean Stein. No hay preguntas, no hay narración. Y así, claro, resulta muy difícil aclarar algunas cosas. Tenemos que intuir el contexto, inventar las preguntas. Es pues interesante, pero incompleto. Y, a veces, nos quedamos con las ganas de que sigan algunos fragmentos, pero se quedan ahí. Y luego hay momentos divertidos, por ejemplo, cuando un familiar dice que le gusta, a él y al resto de la familia, el retrato que hacen los hermanos Coen de su pariente en Barton Fink, descubrimos que no han entendido nada.

Quiero decir, la versi√≥n que tenemos aqu√≠ es sesgada. Y hace falta la palabra del periodista para corregir la deriva de algunas opiniones, todas mediatizadas por la situaci√≥n del individuo en el grupo social. A Larry Niven, por ejemplo, no le importa nada, as√≠ que se despacha a gusto, otros sin embargo est√°n claramente influidos por el miedo a la opini√≥n, y sus consecuencias, de los retratados. No obstante es un libro muy interesante porque nos habla de hechos razonablemente desconocidos, aunque a m√≠ particularmente me hubiera gustado saber m√°s de las andanzas mercantiles del se√Īor Doheny, un autentico depredador, que los detalles sobre la casa en la que viv√≠a.

No es ésta una visión idílica, desnuda la vida de glamur y lujo, pero no es un libro tan cruel como Hollywood Babilonia o Servicio completo. Ni tan cinéfilo como Moteros tranquilos, toros salvajes y Sexo, mentiras y Hollywood. Es bueno, pero podría haberlo sido mucho más viniendo de alguien que vivía en el corazón de aquel lugar apasionante.

Félix Linares

El adios a las minas, el adios de Noemí Sabugal

La periodista y escritora leonesa Noem√≠ Sabugal acaba de publicar en la editorial Alfaguara un ensayo que est√° llamado a ser uno de los libros importantes de este a√Īo: Hijos del carb√≥n.¬† Se trata de un trabajo en el que, con enorme habilidad, se combina la cr√≥nica period√≠stica, la narrativa de viajes y el relato m√°s personal, porque la vida de esta escritora, hija y nieta de mineros, est√° ligada al carb√≥n. Mediante este libro, Sabugal quiere, por un lado, conservar la memoria de un mundo que ya ha desaparecido ‚Äďsolo queda un pozo en producci√≥n- y, por otro, pedir una salida digna a estas zonas que ahora se enfrentan al paro y a la despoblaci√≥n. Para ello, ¬†durante a√Īos, y de manera concienzuda, Sabugal ha recorrido las cuencas mineras y a lo largo del libro nos muestra una radiograf√≠a exhaustiva de lo que fueron las minas, de lo que son, y del vac√≠o m√°s o menos lacerante que han dejado. Las minas han cerrado, contaminaban, eran deficitarias, ahora se importa el carb√≥n, pero el panorama¬†tras los sucesivos cierres es preocupante. La transici√≥n energ√©tica nos lleva a un escenario en el que se impulsar√°n la energ√≠a e√≥lica y la energ√≠a solar, es m√°s que probable que los molinos y los paneles se instalen en el medio rural, pero cabe preguntarse qu√© va a obtener ese medio tras este nuevo sacrificio. Sabugal aporta muchos datos, la lectura de Hijos del carb√≥n nos da la posibilidad de hacernos una composici√≥n de lugar y de saber en qu√© punto estamos en relaci√≥n a la tan cacareada transici√≥n energ√©tica.

Uno de los cap√≠tulos m√°s interesantes del libro es el que dedica a explicar el microcosmos minero; hab√≠a zonas en Asturias, en Le√≥n, en Palencia‚Ķ, en las que la mina lo era todo. Las empresas no solo abr√≠an los pozos, tambi√©n abr√≠an economatos, hospitales, cines, centros deportivos¬† o escuelas (la propia Sabugal estudi√≥ en uno de esos colegios, que hoy son ya concertados) y levantaban cuarteladas, casas para los mineros. Esas sociedades estaban muy estratificadas, el mando era el mando en la mina y en la calle, y en ellas se forj√≥ un hondo sentimiento de conciencia de clase. La peligrosidad del trabajo, que pod√≠a costarles la vida, implicaba que las reivindicaciones laborales fuesen tambi√©n duras. No estaban para medias tintas. Sabugal repasa los accidentes m√°s graves que se han sufrido en las cuencas, recuerda los nombres de los mineros, y recuerda c√≥mo en casi todas las clases de su colegio hab√≠a alg√ļn hu√©rfano.

En esos paisajes rurales, las minas, las centrales t√©rmicas, las cementeras, han cesado en su funcionamiento. El fin de las ayudas europeas a la producci√≥n del carb√≥n lleg√≥ en 2018. Se ve√≠a venir, pero al leer Hijos del carb√≥n da la impresi√≥n de que no se ha hecho lo suficiente por atraer empleo, tambi√©n hay que reconocer que es una tarea muy complicada.¬† Se han mejorado las infraestructuras, pero la industria alternativa no termina de llegar. ‚ÄúEn los municipios mineros, dice Sabugal, hay mejores carreteras, y nuevas plazas y polideportivos, pero las farolas reci√©n estrenadas iluminan un vac√≠o cada vez mayor‚ÄĚ.

Hijos del carbón, que está muy bien escrito y tiene páginas bellísimas y emocionantes, nos hará mirar para siempre ya esos paisajes de manera distinta, y acordarnos de los tiempos en los que las cocinas se encendían con carbón, y la vida, en resumen, giraba en torno al carbón; y nos acordaremos, como ha pretendido la autora, de que para que aquel mundo funcionara hubo hombres y mujeres que bajaban a los pozos y se jugaban la vida.

Txani Rodríguez

El tocho. El imperio espa√Īol de Hugh Thomas

‚ÄúSin embargo, la memoria parece sacada de una novela de caballer√≠as m√°s que obra de un fil√°ntropo, porque Fray Bartolom√© de Las Casas propon√≠a la fundaci√≥n a lo largo de la costa del Caribe de una cadena de pueblos y fortalezas, cada cien leguas. Un centenar de colonos cristianos se establecer√≠an en cada enclave, que estar√≠a al mando de un capit√°n. Estar√≠an prohibidas las entradas en el interior so pena de severos castigos. A los indios se les garantizar√≠a la libertad y todos aquellos que hubieran sido apresados y sacados de la regi√≥n y convertidos en esclavos ser√≠an liberados. Tambi√©n habr√≠a libertad de comercio y a los indios se les explicar√≠a que los espa√Īoles estaban interesados en obtener oro y perlas. Se nombrar√≠an obispos que deber√≠an ser frailes dominicos o franciscanos y estas √≥rdenes ser√≠an las que controlasen la evangelizaci√≥n‚ÄĚ.

Este es un p√°rrafo de El imperio espa√Īol de Hugh Thomas. El c√©lebre historiador e hispanista ingl√©s fallecido hace tres a√Īos alcanz√≥ el reconocimiento mundial con su historia de La guerra civil espa√Īola aparecida en 1961. Desde entonces Thomas public√≥ tambi√©n una extensa historia de Cuba, de la trata de esclavos, e incluso del mundo en su conjunto. En las √ļltimas d√©cadas de su vida, como colof√≥n a su carrera, concibi√≥ una vasta trilog√≠a dedicada al imperio espa√Īol. El libro que hoy comentamos, publicado en 2006, ser√≠a la primera parte de este proyecto. Su t√≠tulo en ingl√©s, Rivers of goldR√≠os de oro-, se acerca m√°s a su verdadera intenci√≥n: mostrar c√≥mo la codicia, la avidez del oro, fue el verdadero motor de la colonizaci√≥n.

Thomas abarca en este libro el periodo que va desde la entronizaci√≥n de los Reyes Cat√≥licos y los cuatro viajes de Col√≥n hasta la conquista de M√©xico por Hern√°n Cort√©s, poco m√°s de cuarenta a√Īos llenos de acontecimientos tr√°gicos y determinantes para la historia de Am√©rica y Europa. Uno de los aciertos de este texto, adem√°s de descubrirnos personajes incre√≠bles, se encuentra en la extensa atenci√≥n que dedica a la pol√©mica suscitada sobre la capacidad de los indios para ser cristianos, entre las √≥rdenes religiosas y las autoridades pol√≠ticas. Para Bartolom√© de las Casas y los dominicos los ind√≠genas pose√≠an alma y entendimiento de las cosas espirituales y no deb√≠an ser tratados como esclavos. Pero a pesar de los intentos de reforma de las encomiendas y del dise√Īo de comunidades ut√≥picas del padre Las Casas, la brutalidad de los conquistadores y enfermedades importadas, como la devastadora viruela, acabaron con la libertad y la vida de millones de ind√≠genas.

Otro de los aciertos de Thomas consiste en hacernos conscientes de la simultaneidad de acontecimientos cruciales, a uno y otro lado del oc√©ano. Baste como ejemplo el a√Īo 1520, en que coincidieron la coronaci√≥n de Carlos V como emperador, la rebeli√≥n de los Comuneros de Castilla, la entrada en M√©xico de Hern√°n Cort√©s y la circunnavegaci√≥n del globo iniciada por Magallanes y culminada por Elcano en 1522.

Entre las deficiencias, habr√≠a que citar la m√≠nima informaci√≥n sobre la conquista de Navarra, apenas rese√Īada, las imprecisiones en algunas fechas, el estilo, que aunque √°gil, resulta algo descuidado, y el acopio abrumador de datos no demasiado relevantes, que elevan el volumen a m√°s de 800 p√°ginas. En definitiva, estamos ante una gran recreaci√≥n hist√≥rica, que se lee como una novela, apasionante en algunos pasajes, y atropellada y farragosa en otros.

El imperio espa√Īol. De Col√≥n a Magallanes, de Hugh Thomas en editorial Planeta.

Javier Aspiazu

Katakrak, la editorial combativa de una librería diferente

En diciembre de 2013 abri√≥ sus puertas, en la calle Mayor de Iru√Īea, una librer√≠a que iba a remover y mucho el panorama cultural de la capital navarra. Nos referimos a la librer√≠a Katakrak, un espacio con un m√°s que notable fondo bibliogr√°fico, que funciona tambi√©n como punto de encuentro y de debate.¬† A la docena de socios que hay detr√°s del proyecto, no les pareci√≥ bastante locura meterse en una librer√≠a, y en 2016 se lanzaron tambi√©n al mundo de la edici√≥n, tanto en castellano como en euskera, centrados sobre todo en el ensayo y en las traducciones. Con dos de sus editores, Hedoi Etxarte, tambi√©n escritor, y Nerea Fillat, hemos charlado. Pincha y escucha la conversaci√≥n.

Desenga√Ī√©monos, la ciencia no lo resuelve todo

Cada uno medimos el mundo seg√ļn nuestras propias medidas, ¬Ņverdad? Pues debo decirles que a m√≠ esta obra no se me hace nada f√°cil.¬† Uno no est√° seguro de lo que realmente defiende el autor: ¬ŅA qui√©n ataca, a qui√©n defiende, nos enga√Īa? ¬ŅQu√© pasa?¬†De todos modos, merece la pena tomarse tiempo e inter√©s en este tema. Y es que est√°bamos contentos de habernos quitado de encima el lastre de la religi√≥n. Y deseando que otras religiones tambi√©n lo hagan. Pero ahora que est√°bamos tan contentos con nuestra fe en la ciencia, resulta que √©sta tambi√©n tiene sus sesgos sospechosos y hasta peligrosos.

Es verdad que hoy en d√≠a es la ciencia la √ļnica v√≠a aparente para resolver nuestros problemas sociales, econ√≥micos y medioambientales, campos donde los pol√≠ticos no despiertan demasiadas esperanzas.¬† Pero tambi√©n es verdad que en lo socioecon√≥mico, la ciencia no ha hecho grandes aportaciones hacia el igualitarismo y muchas veces se ha alineado con el capital.¬†Uno que ya ha cumplido unos a√Īos y siente que de alguna manera, deber√≠amos ponernos en manos de una tecnocracia cient√≠fica -creo que algo as√≠ propon√≠a el fil√≥sofo Slavoj Zizek– alberga ya cierta desconfianza hasta para con aquello en lo que cree sinceramente.

Hace 40 a√Īos se nos promet√≠a la sociedad del ocio, ¬Ņrecuerdan?¬†¬ŅD√≥nde est√°? En cambio se trabaja igual o m√°s y las desigualdades crecen sin parar amparados por el capitalismo de cu√Īo digital. No parece que haya alternativa, como pregon√≥ Margaret Thatcher.¬†Por tanto, consideremos durante un momento la desconfianza que nos explica Curtis White. La ciencia no lo puede todo, las humanidades deben completar nuestra visi√≥n del mundo.¬†Les recomiendo empiecen a leer por el Ep√≠logo. Se aclarar√°n bastante m√°s.

El delirio de la ciencia  de  Curtis White  está publicado por Ediciones La Llave.

Jokin Aldazabal

El tocho. Estados Unidos visto por Julio Camba

‚ÄúHasta ahora, cuando un vecino de Nueva York quer√≠a establecer una lecher√≠a o una papeler√≠a, una casa de comidas o una tienda de flores, eleg√≠a por s√≠ mismo el Sindicato de criminales que le ofrec√≠a m√°s cr√©dito y se pon√≠a de este modo a salvo de posibles sorpresas. El Sindicato pasaba a robarle todas las semanas la cantidad convenida, y esta operaci√≥n se realizaba con tanta normalidad y tan poca violencia como el cobro de la luz o el del alquiler. A veces, aparec√≠a por la tienda un ladr√≥n desconocido…

  • Lo siento mucho -dec√≠a el tendero, entonces-. Pero yo me entiendo con la firma Tal. Aqu√≠ tengo precisamente el √ļltimo recibo‚Ķ

Y si el ladr√≥n desconocido cre√≠a que aquella tienda entraba dentro de su zona y que su Sindicato era el √ļnico Sindicato con derecho a robarle, all√° los dos Sindicatos que resolviesen el asunto por las malas o por las buenas, pero el tendero no sufr√≠a jam√°s violencia ninguna. Los gangs o Sindicatos de pistoleros son una de las organizaciones criminales m√°s serias que hay en Nueva York, y el abonarse a uno de ellos ofrec√≠a hasta ahora ventajas innumerables‚ÄĚ.

Este es un fragmento de La ciudad autómatica de Julio Camba, uno de los grandes periodistas de la primera mitad del siglo XX, dotado de un fino humorismo y una ironía legendarios. El gallego Julio Camba escapó de casa siendo todavía un adolescente, rumbo a la Argentina, donde entró en contacto con círculos anarquistas y aprendió el oficio de escribir de forma autodidacta, publicando proclamas y panfletos revolucionarios. De vuelta en la Península, se convirtió en un fecundo articulista y uno de los más originales corresponsales de prensa del ámbito hispano, como lo atestiguan los libros sobre sus estancias en Londres, París o este que hoy les recomendamos publicado en 1934, donde se recogen sus crónicas de viajes por los Estados Unidos para el diario El Sol.

Como el propio Camba cuenta, ‚Äúen la primavera del a√Īo 29 la dotaci√≥n Carnegie para la Paz Internacional invit√≥ a doce periodistas europeos a recorrer los Estados Unidos. Bajo los auspicios de una entidad tan prestigiosa no tuvimos la menor dificultad para entrar en ninguna parte. Hablamos con todo el mundo, desde el presidente Hoover al jefe de los pieles rojas de Montana‚ÄĚ.

El resultado de ese viaje de 18.000 kilómetros es la aguda percepción de Camba de estar ante una sociedad presidida por el maquinismo y la producción en serie: la misma estandarización que Ford había introducido en la fabricación de automóviles se extiende también a los gustos, actitudes y a la forma de vida del ciudadano medio. El autor, que escribe todavía en la época de la prohibición, descubre que el gangsterismo, al que dedica páginas tan graciosas como perspicaces, cumple también una función social, la de proveer de alcohol y diversiones a una sociedad que todavía no ha desalojado al puritanismo de su conciencia.

Pero este no ser√≠a un resumen fiel sin destacar la gran protagonista del libro, Nueva York, ciudad exasperada y fren√©tica, con su variedad de razas y de rascacielos, que tanto llaman la atenci√≥n de Camba, y donde el principal peligro es ‚Äú¬°hacerse millonario!‚ÄĚ.

Un libro original y divertido, con sorprendentes vueltas de tuerca a las opiniones vigentes, muy representativo del esp√≠ritu del autor, empe√Īado siempre en no tomarse nada en serio.

Javier Aspiazu

David W. Wolfe y la importancia del subsuelo

Nada m√°s adentrarnos en las p√°ginas de este trabajo, nos damos cuenta de lo peque√Īo de nuestro conocimiento del mundo y lo supino de nuestra miop√≠a con respecto a nuestro entorno. Y es que habitualmente situamos la vida en la biosfera, es decir en la capa inmediatamente superior al suelo y con un grosor muy limitado. En cambio el subsuelo bulle de material y de insospechada vida hasta profundidades desconocidas pero sin duda grand√≠simas y con un contenido no menos magno de biomasa. Biomasa de dif√≠cil clasificaci√≥n, mucho m√°s all√° de vegetales y minerales, ya que estos s√≥lo suponen una √≠nfima parte del total de seres vivientes. Y masa y biomasa que pueden suponer, tras su conocimiento, incre√≠bles fuentes de materiales, de vida, de energ√≠a, medicinas y qui√©n sabe qu√© m√°s.

Podemos mencionar el caso de hongos xil√≥fagos como la Armillaria especie de la que se ha encontrado alg√ļn ejemplar de m√°s de 100 toneladas.¬† O el estudio de las lombrices de tierra, animal fant√°stico que ya llam√≥ la atenci√≥n de Charles Darwin, quien dedic√≥ cuarenta a√Īos de estudio a este grand√≠simo formador y renovador de suelo.

Sobre estos temas trata esta obra, si bien en la segunda parte también trata ampliamente de la importancia que en la formación y mantenimiento del suelo -por cierto un manto delgado y frágil- han tenido y debieran tener algunas comunidades animales y vegetales. Sobre todo trata de los perritos de las praderas con respecto a las grandes praderas que conformaban buena parte de los Estados Unidos hasta la llegada del hombre blanco y la generalización de la agricultura industrial con su correspondiente masiva pérdida de hábitats naturales.

Algunas obras nos abren los ojos. Esta nos abre todos los sentidos respecto al grandísimo mundo situado bajo nuestros pies.

Jokin Aldazabal

Las verdades de Pier Paolo Pasolini

Se da estos d√≠as la circunstancia de que dos editoriales, Altamarea y Ediciones El Salm√≥n, han publicado sendos trabajos escritos por el cineasta y escritor Pier Paolo Pasolini, que nunca antes se hab√≠an podido leer en castellano. Altamarea nos ofrece La ciudad de Dios y Ediciones El Salm√≥n Las bellas banderas. Ambos libros se circunscriben a la, digamos, ‚Äúetapa romana‚ÄĚ de Pasolini, ya que en 1950 se traslad√≥ a la ciudad desde el pueblo natal de su madre porque le hab√≠an denunciado por esc√°ndalo p√ļblico. Adem√°s, a ello se sum√≥, poco despu√©s, el alejamiento dictado por el Partido Comunista. Cuando lleg√≥ a Roma con su madre, la ciudad celebraba el jubileo convocado por P√≠o XII, quiz√° por eso La ciudad de Dios se titule de ese modo. Hasta la publicaci√≥n en 1955 de su c√©lebre novela Chavales del arroyo, sobrevivi√≥ como profesor, traductor y escribiendo art√≠culos.

Precisamente, La ciudad de Dios agrupa textos de aquellos a√Īos, relatos, reportajes period√≠sticos y una entrevista que concedi√≥ m√°s tarde, en 1973, al Il Mesaggero, en la que se muestra muy decepcionado con Roma, una ciudad que lleg√≥ a amar, y con Italia en general. Tras la derrota del fascismo,¬†el pa√≠s vivi√≥ varios a√Īos de esperanzas para la renovaci√≥n cultural y pol√≠tica, pero pasadas un par de d√©cadas, poco quedaba de aquella efervescencia. Ese desencanto se aprecia con nitidez en el art√≠culo Ocaso de una posguerra.¬† Son interesantes, a pesar de la servidumbre de la informaci√≥n, esos ejercicios period√≠sticos atravesados siempre por su mirada tan atenta ya entonces a los cambios medioambientales, por ejemplo. En los relatos incluidos en La ciudad de Dios su calidad literaria se despliega con mayor libertad, y nos muestra las vidas de un ni√Īo que se ganan la vida porteando maletas, de un vendedor de casta√Īas, de un parado, de un p√≠caro que trajina con el pescado‚Ķ La culpa y la salvaci√≥n, la inocencia y lo doloso, conviven en estas historias con centro en la periferia.

Esa empat√≠a, curiosidad y respeto por sus vecinos que sent√≠a Pasolini queda patente en Las bellas banderas. Este libro es el primero de los tres vol√ļmenes que van a recoger la correspondencia que Pasolini mantuvo con sus lectores desde 1960 a 1965 en Vie nuove, y desde 1968 hasta 1970 en Tempo. Lo cierto es que los lectores le preguntaban por lo humano y por lo divino: sobre si deb√≠an bautizar a sus hijos, sobre c√≥mo combatir la censura, sobre la revoluci√≥n cubana o sobre por qu√© se hizo comunista si era de una familia pudiente. A todos respond√≠a con el mismo respeto. Hay¬† una carta muy entra√Īable de dos obreros que hab√≠an estado discutiendo sobre Victor Hugo y Dostoievsky para convenir cu√°l de los dos genios era mejor escritor. Como ellos no lo hab√≠an estudiado a fondo, dec√≠a el remitente, porque eran obreros, le ped√≠an la opini√≥n a Pasolini a quien ten√≠an por ‚Äúun escritor moderno y muy preparado‚ÄĚ.¬† Ya os avanzo que el italiano prefer√≠a al ruso, pero la respuesta, el tono de la misma, merece ser le√≠da.

Pasolini siempre fue pol√©mico y su producci√≥n ‚Äďpara muchos inadecuada- se mir√≥ con lupa.¬† En el a√Īo 1975 lo asesinaron en unas circunstancias que jam√°s se esclarecieron.¬† Pero clara y cristalina queda su visi√≥n del mundo, una visi√≥n que se recoge tanto en La ciudad de Dios como en Las bellas banderas.

 Txani Rodríguez

El tocho. Los pensamientos de Epicteto

‚ÄúDe lo existente, unas cosas dependen de nosotros; otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es d√©bil, esclavo, sometido a impedimento, ajeno. Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, sufrir√°s impedimentos, padecer√°s, te ver√°s perturbado, har√°s reproches a los dioses y a los hombres, mientras que si consideras que solo lo tuyo es tuyo y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligar√°, nadie te estorbar√°, no har√°s reproches a nadie, no ir√°s con reclamaciones a nadie, no har√°s ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendr√°s enemigo, nadie te perjudicar√° ni nada perjudicial te suceder√°‚ÄĚ.

Este es el comienzo del Manual de Epicteto, sin duda el pensador m√°s influyente del estoicismo tard√≠o, que se desarrolla en el imperio romano entre los siglos I y III despu√©s de Cristo. En contraste con la mayor√≠a de los miembros de la escuela en este periodo, como S√©neca, Cat√≥n o Marco Aurelio, procedentes de las √©lites romanas, Epicteto fue un esclavo griego nacido en Frigia, alrededor del a√Īo 50 despu√©s de Cristo, a quien su amo llev√≥ a Roma siendo todav√≠a un infante. All√≠ Epicteto consigue la libertad y establece su propia escuela. Pero la persecuci√≥n desatada por el emperador Domiciano contra los fil√≥sofos y astr√≥logos en el a√Īo 93, le obliga a exiliarse a la ciudad de Nic√≥polis, en el noroeste griego, donde restablecer√° la escuela y vivir√° los √ļltimos treinta a√Īos de su vida.

Son los breves rasgos biográficos de un filósofo que tiene más de un paralelismo con Sócrates; como éste, Epicteto estaba más interesado en la puesta en práctica de sus principios morales que en el conocimiento teórico del mundo. Por eso al igual que Sócrates, Epicteto nunca escribió nada. Ni su Manual, donde se sintetizan sus pensamientos en 53 fragmentos bastantes breves, ni las Disertaciones, a modo de diálogos platónicos, serían hoy conocidas de no ser por uno de sus discípulos, Arriano de Nicomedia, que recogió por escrito todo lo que recordó de las lecciones de su maestro.

Seg√ļn Epicteto, el hombre est√° dotado de la capacidad racional para hacer uso de las representaciones, es decir para considerar o imaginarse en su interior las cosas como bienes o como males, y de acuerdo con eso, desearlas o rechazarlas. Solo haciendo un uso correcto de las representaciones se puede alcanzar la felicidad. Esto supone desear, considerar bienes, solo aquellas cosas que dependen de nosotros: tener un juicio libre e independiente, o mantener el √°nimo sereno, depende de nosotros; sin embargo, tener riquezas, belleza o salud no depende de nosotros.

Adem√°s, si hacemos un correcto uso de las representaciones, estas no podr√°n perturbarnos. Una de sus m√°ximas m√°s c√©lebres, y que m√°s influencia ha ejercido, no solo en filosof√≠a, sino tambi√©n en corrientes psicol√≥gicas como la Gestalt, es la que dice: ‚ÄúLos hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas‚Ķ As√≠ que cuando suframos impedimentos o nos veamos perturbados o nos entristecemos, no echemos nunca la culpa a otro, sino a nosotros mismos, es decir a nuestras opiniones‚ÄĚ.

Por √ļltimo, tambi√©n como S√≥crates, Epicteto pensaba que los que actuaban mal lo hac√≠an por ignorancia; de ah√≠ los ejemplos de humanidad y de conmiseraci√≥n ante los malvados que se encuentran en las Disertaciones. Seg√ļn Epicteto, los que conocen el bien lo eligen forzosamente. Pero para lograrlo tendr√°n que aprender a discernir correctamente entre sus representaciones.

Como ven, estamos ante una filosofía moral surgida de una época de crisis para preservar la libertad y la imperturbabilidad del ánimo. Un mensaje que vuelve a estar de actualidad en estos tiempos de crisis periódicas cada vez más devastadoras, en los que la confusión reinante hace muy difícil distinguir nuestras verdaderas necesidades.

Javier Aspiazu

Los animales de Lucy Cooke: humor y verdad

La inesperada verdad sobre los animales de Lucy Cooke es una obra muy documentada tanto sobre la actualidad en zoología y etología, como sobre la evolución de la historia natural, partiendo de las teorías de Aristóteles, que se han mantenido desgraciadamente vigentes hasta hace poco. Nos habla, sobre todo, de animales con leyenda negra, como la hiena, el buitre o los murciélagos o desconocidos como la anguila, cuyas gónadas anduvo buscando el mismísimo Freud. Es un libro lleno, por tanto, repleto de interesantísimas informaciones y no pocas curiosidades.

La autora, es una zo√≥loga brit√°nica que ha realizado m√ļltiples documentales para la BBC y ha viajado por todo el mundo hablando con los m√°ximos especialistas sobre cada animal en estudio.¬†Cabe destacar en esta autora y en su obra, la frescura y el desparpajo con que nos cuenta las vidas tanto p√ļblicas como √≠ntimas de los animales sin ahorrarnos los m√°s escabrosos detalles sobre el sexo oral de los murci√©lagos o la prostituci√≥n de las hembras de ping√ľino.¬†Pero los m√°ximos objetivos de la autora son los falsos sabios que perpetuaban sin ninguna comprobaci√≥n las m√°s disparatadas creencias sobre animales que nunca hab√≠an visto.

Y todo lo cuenta con un humor que sonrojaría a más de uno de ellos y un descaro y crudeza que en estos tiempos de galopante puritanismo  tal vez no se le aceptarían  a un autor masculino. Más de cuatro cientas páginas de verdadero disfrute.

La inesperada verdad sobre los animales de Lucy Cooke est√° editado por Anagrama.

Jokin Aldazabal