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El tocho. Las bodas de Cadmo, Harmonía y Calasso

‚ÄúEl dios griego no impone mandamientos. ¬ŅY c√≥mo podr√≠a prescribir un acto, si √©l ha cometido ya todos los actos buenos y malvados? En Grecia circulaban m√°ximas que aspiraban a la misma universalidad que los mandamientos. Pero no eran preceptos descendidos del cielo. Si lo observamos de cerca, en su insistencia sobre el sophronein, sobre el control, sobre el peligro de cualquier exceso, descubrimos que tienen un car√°cter completamente distinto: son m√°ximas elaboradas por los hombres para defenderse de los dioses. Los griegos no sent√≠an la menor inclinaci√≥n por la templanza. Sab√≠an que el exceso es el dios y que el dios altera la vida. Cuanto m√°s inmersos se sent√≠an en lo divino, m√°s deseaban mantenerlo a distancia, como esclavos que se pasan los dedos por las cicatrices. La sobriedad occidental, que dos mil a√Īos despu√©s, se convertir√≠a en el sentido com√ļn, fue al inicio un espejismo entrevisto en la tempestad de las fuerzas.‚ÄĚ

Este es un p√°rrafo de Las bodas de Cadmo y Harmon√≠a de Roberto Calasso. El tercero de los libros del gran ensayista italiano, cofundador de la prestigiosa editorial Adelphi, apareci√≥ en 1987 y supuso un hito en la apreciaci√≥n de la mitolog√≠a griega. Utilizando multitud de fuentes cl√°sicas, a veces muy poco conocidas, Calasso mezcla de forma sorprendente la reflexi√≥n filos√≥fica, la historia comentada, la antropolog√≠a y el relato literario en un recorrido a veces laber√≠ntico, pero siempre fascinante, por los mitos griegos. La andadura se inicia con Zeus transformado en toro, raptando sobre sus lomos a la doncella Europa, y termina trescientas setenta p√°ginas despu√©s con el rey Cadmo invitando a todos los dioses a sus esponsales con Harmon√≠a, √ļltima vez en que coinciden dioses y hombres. Cadmo, seg√ļn la tradici√≥n griega, inventar√° el alfabeto y su figura simboliza el paso del mito a la historia escrita. Entre un cabo y otro, asistimos al nacimiento del universo y de los dioses ol√≠mpicos, a sus desvar√≠os amorosos, que no se detienen, como en el caso de Zeus, ante el estupro y el incesto, y a la azarosa y violenta interacci√≥n entre dioses y hombres.

Seg√ļn los griegos, es la presencia de lo divino en la vida humana la que hace a √©sta digna de ser vivida, aunque a menudo conduzca a la pasi√≥n, al exceso, a la locura, o a la muerte; tal como les asaltan a los h√©roes, a Teseo, Jas√≥n, Ulises o Aquiles, a Medea o Ifigenia. Junto a esta idea fundamental, Calasso destaca la ambivalencia del mito, su pluralidad de sentidos y versiones. Y pone como ejemplo supremo el de Helena de Troya, que quiz√° solo fuera un simulacro: una de las versiones del mito de Helena nos cuenta que esta recal√≥ con su raptor, Paris, en Egipto, donde el fara√≥n se incaut√≥ de sus bienes y le impidi√≥ la salida de Menfis. Lo que Paris se llevar√≠a a Troya, entonces, fue una doble, un simulacro. El enga√Īo se erige as√≠, ya desde la Grecia cl√°sica, en motor de la literatura y la historia.

Les dir√© por √ļltimo que Calasso cautiva al lector con una prosa poderosa, concisa, de asombrosa inteligencia. Con ella consigue hilvanar un texto de sabidur√≠a desbordante, que exigir√≠a repetidas lecturas. Me refiero a Las bodas de Cadmo y Harmon√≠a de Roberto Calasso, en editorial Anagrama.

Javier Aspiazu

El tocho. La sociedad del espect√°culo de Debord

‚ÄúLa alienaci√≥n del espectador en beneficio del objeto contemplado (que es el resultado de su propia actividad inconsciente) se expresa as√≠: cuanto m√°s contempla, menos vive, cuanto m√°s acepta reconocerse en las im√°genes dominantes de necesidad, menos comprende su propia existencia y sus deseos. La exterioridad del espect√°culo respecto del hombre activo se manifiesta en que sus propios gestos ya no le pertenecen a √©l, sino a otro que los representa. Es por eso que el espectador no se siente en su sitio en ninguna parte, porque el espect√°culo est√° en todas.‚ÄĚ

Esta es una de las 221 m√°ximas que componen La sociedad del espect√°culo de Guy Debord. Fil√≥sofo y cineasta experimental, el parisino Debord fund√≥ la Internacional Situacionista en 1957, grupo de artistas y revolucionarios que llevaron a la pr√°ctica su cr√≠tica radical durante el Mayo del 68, al que influyeron de forma decisiva, en asociaci√≥n con el grupo anarquista de los ‚Äúenrag√©s‚ÄĚ. Un a√Īo antes, en 1967, Debord hab√≠a publicado el libro que ahora recuperamos, La sociedad del espect√°culo, el an√°lisis cr√≠tico m√°s revelador de la √ļltima estrategia alienante del capitalismo (su conversi√≥n en imagen espectacular), y el que m√°s ha influido, de forma solapada, en el actual pensamiento de izquierdas.

Seg√ļn Debord, el capitalismo moderno ha optado por el ‚Äúespect√°culo‚ÄĚ (la representaci√≥n por medio de im√°genes de la globalidad de las mercanc√≠as) como medio m√°s eficaz para la colonizaci√≥n √≠ntegra de la vida ‚Äďtanto f√≠sica como psicol√≥gica- de las masas. En nuestra √©poca, el espect√°culo es capital en tal grado de acumulaci√≥n que se transforma en imagen. O dicho en un lenguaje m√°s asequible, una imagen atrayente se vende tan bien, es veh√≠culo tan privilegiado para hacer negocios, que se convierte en la forma m√°s segura de incrementar el capital, hasta transformarlo en pura representaci√≥n.

En esta coyuntura no s√≥lo es alienante el trabajo sino tambi√©n el ocio, compuesto por un denso conglomerado de mercanc√≠as espectaculares ‚Äďtelevisi√≥n, cine, teatro, melod√≠as banales, deportes, etc.- recibidas de manera unilateral (sin que participemos para nada en su creaci√≥n), y tendentes a reforzar la pasividad y la dependencia psicol√≥gica del sistema. Una consecuencia l√≥gica es que todo lo que aparece en el espect√°culo es falso, (el mejor ejemplo: la TV), porque todo es mercanc√≠a, todo tiene la funci√≥n de hacer negocio, al mismo tiempo que alimenta el consenso ideol√≥gico.

Otra de las consecuencias, todavía más negativa, es que no vivimos nuestra historia, no la hacemos nosotros; trabajo y ocio son confeccionados para nosotros desde el espectáculo, nos limitamos a vivir la vida programada por el espectáculo. Salir del tiempo espectacular y recuperar el tiempo vivido se convierte así en tarea prioritaria para nuestra liberación, pero si quieren conocer las dificultades con que se encontrarán los rebeldes que se decidan a abordarla, deberán leer este ensayo, denso y complejo, brillante heredero del legado de Hegel y Marx.

Contemplar nuestra sociedad con cierta distancia crítica basta para comprobar que este texto, el más importante que ha producido la heterodoxia marxista en el siglo XX, sigue en plena vigencia.

Javier Aspiazu

La Navidad contada por Alberto del Campo

La fiesta navide√Īa, como toda festividad, adquiere un significado ritual y simb√≥lico, porque, siquiera por unos momentos, parece que desaparecieran las jerarqu√≠as y las desigualdades sociales entre ricos y pobres. Y es que la Navidad es una de las celebraciones festivas de mayor relevancia social, y como tal participa de ese principio de aparente contradicci√≥n seg√ļn el cual, para celebrar el nacimiento del hijo de Dios en un pesebre, ninguna familia cristiana, ni siquiera la m√°s humilde, entiende la fiesta navide√Īa sin el derroche y la abundancia de comida, regalos y festejos.

El antrop√≥logo sevillano Alberto del Campo, nos brinda en este ensayo una rica panor√°mica¬†hist√≥rica sobre la Navidad y sus significados a trav√©s del tiempo y de la geograf√≠a occidental: desde la Antig√ľedad y su transformaci√≥n en rito cristiano lo que era fiesta solsticial pagana hasta la locura festiva y trasgresora actual, que cruza por la comicidad juglaresca y la teatralidad sacra ¬†-y burlesca- del Medievo, las danzas de los locos renacentistas, sorteando la censura en los excesos del comer y el beber, incluido el de los cl√©rigos, o la permisividad y el jolgorio festivos en ese principio antropol√≥gico de romper el orden para construir el orden que entra√Īa todo celebraci√≥n festiva.

No deja aparte el autor el sentido que la tradici√≥n otorga a¬† la fiesta cristiana, ¬†destinada¬† a celebrar el nacimiento del sol, y de la que a√ļn perduran confundidos en lo sagrado muchos vestigios de ancestrales ritos y tradiciones: desde el canto de villancicos, los aguinaldos o el jolgorio de la Nochevieja. Todo ello explicado desde el rigor documental y el didactismo de un profesor al que avalan prestigiosos galardones como el Juan Valera, el √Āngel Carril y el Manuel Albar de Investigaci√≥n Internacional y Etnogr√°fica, as√≠ como sus libros en torno a la risa, el flamenco o las tradiciones sevillanas‚Ķ

Seve Calleja

Jean Stein y la vida oculta de Hollywood

Este libro lleva el subt√≠tulo de En un lugar de Estados Unidos. Y aunque en el t√≠tulo no queda claro la fotograf√≠a de la portada nos sit√ļa en Hollywood, ese lugar del que quiere hablar la autora. Por cierto, no confundir este Al oeste del Ed√©n con aquel Al oeste del Ed√©n que escribi√≥ Harry Harrison hace cuarenta a√Īos y que iniciaba una trilog√≠a sobre lagartos evolucionados. Aquel era un libro de ficci√≥n, y este es un trabajo period√≠stico de altura donde se recogen declaraciones sobre algunos de los nombres m√°s importantes de Hollywood.

Sonarán, y mucho, el de Jack Warner, uno de los productores más poderosos de su época y el de Jennifer Jones, actriz famosa y esposa de David Selznick, otro de los tiburones de la producción de cine, pero también aparecen los Doheny, cuyo patriarca hizo su fortuna con el petróleo, pero decidió invertir en el celuloide. Por cierto que este hombre también tiene su aportación a la ficción ya que en él se basa el personaje de Petróleo, novela de Upton Sinclair, llevada al cine por Paul Thomas Anderson en la película Pozos de ambición. Igualmente se retrata a Jane Garland, que no tiene nada que ver con la protagonista de El mago de Oz, y poco con el cine ya que apareció en papeles secundarios en algunas películas, pero tiene una historia de locura, en gran parte creada por el ambiente, muy interesante. Y, finalmente, la autora se inmiscuye en las cosas de su familia, que no queda precisamente bien.

Pero ya digo Warner es la estrella. Y Jennifer Jones queda como un alma caprichosa y atormentada que nunca supo salir del mundo de fantasía que representaban sus personajes del cine. Lo más importante de este libro es su estructura. Está compuesto exclusivamente por fragmentos de entrevistas, en concreto respuestas de entrevistados ante los micrófonos de Jean Stein. No hay preguntas, no hay narración. Y así, claro, resulta muy difícil aclarar algunas cosas. Tenemos que intuir el contexto, inventar las preguntas. Es pues interesante, pero incompleto. Y, a veces, nos quedamos con las ganas de que sigan algunos fragmentos, pero se quedan ahí. Y luego hay momentos divertidos, por ejemplo, cuando un familiar dice que le gusta, a él y al resto de la familia, el retrato que hacen los hermanos Coen de su pariente en Barton Fink, descubrimos que no han entendido nada.

Quiero decir, la versi√≥n que tenemos aqu√≠ es sesgada. Y hace falta la palabra del periodista para corregir la deriva de algunas opiniones, todas mediatizadas por la situaci√≥n del individuo en el grupo social. A Larry Niven, por ejemplo, no le importa nada, as√≠ que se despacha a gusto, otros sin embargo est√°n claramente influidos por el miedo a la opini√≥n, y sus consecuencias, de los retratados. No obstante es un libro muy interesante porque nos habla de hechos razonablemente desconocidos, aunque a m√≠ particularmente me hubiera gustado saber m√°s de las andanzas mercantiles del se√Īor Doheny, un autentico depredador, que los detalles sobre la casa en la que viv√≠a.

No es ésta una visión idílica, desnuda la vida de glamur y lujo, pero no es un libro tan cruel como Hollywood Babilonia o Servicio completo. Ni tan cinéfilo como Moteros tranquilos, toros salvajes y Sexo, mentiras y Hollywood. Es bueno, pero podría haberlo sido mucho más viniendo de alguien que vivía en el corazón de aquel lugar apasionante.

Félix Linares

El adios a las minas, el adios de Noemí Sabugal

La periodista y escritora leonesa Noem√≠ Sabugal acaba de publicar en la editorial Alfaguara un ensayo que est√° llamado a ser uno de los libros importantes de este a√Īo: Hijos del carb√≥n.¬† Se trata de un trabajo en el que, con enorme habilidad, se combina la cr√≥nica period√≠stica, la narrativa de viajes y el relato m√°s personal, porque la vida de esta escritora, hija y nieta de mineros, est√° ligada al carb√≥n. Mediante este libro, Sabugal quiere, por un lado, conservar la memoria de un mundo que ya ha desaparecido ‚Äďsolo queda un pozo en producci√≥n- y, por otro, pedir una salida digna a estas zonas que ahora se enfrentan al paro y a la despoblaci√≥n. Para ello, ¬†durante a√Īos, y de manera concienzuda, Sabugal ha recorrido las cuencas mineras y a lo largo del libro nos muestra una radiograf√≠a exhaustiva de lo que fueron las minas, de lo que son, y del vac√≠o m√°s o menos lacerante que han dejado. Las minas han cerrado, contaminaban, eran deficitarias, ahora se importa el carb√≥n, pero el panorama¬†tras los sucesivos cierres es preocupante. La transici√≥n energ√©tica nos lleva a un escenario en el que se impulsar√°n la energ√≠a e√≥lica y la energ√≠a solar, es m√°s que probable que los molinos y los paneles se instalen en el medio rural, pero cabe preguntarse qu√© va a obtener ese medio tras este nuevo sacrificio. Sabugal aporta muchos datos, la lectura de Hijos del carb√≥n nos da la posibilidad de hacernos una composici√≥n de lugar y de saber en qu√© punto estamos en relaci√≥n a la tan cacareada transici√≥n energ√©tica.

Uno de los cap√≠tulos m√°s interesantes del libro es el que dedica a explicar el microcosmos minero; hab√≠a zonas en Asturias, en Le√≥n, en Palencia‚Ķ, en las que la mina lo era todo. Las empresas no solo abr√≠an los pozos, tambi√©n abr√≠an economatos, hospitales, cines, centros deportivos¬† o escuelas (la propia Sabugal estudi√≥ en uno de esos colegios, que hoy son ya concertados) y levantaban cuarteladas, casas para los mineros. Esas sociedades estaban muy estratificadas, el mando era el mando en la mina y en la calle, y en ellas se forj√≥ un hondo sentimiento de conciencia de clase. La peligrosidad del trabajo, que pod√≠a costarles la vida, implicaba que las reivindicaciones laborales fuesen tambi√©n duras. No estaban para medias tintas. Sabugal repasa los accidentes m√°s graves que se han sufrido en las cuencas, recuerda los nombres de los mineros, y recuerda c√≥mo en casi todas las clases de su colegio hab√≠a alg√ļn hu√©rfano.

En esos paisajes rurales, las minas, las centrales t√©rmicas, las cementeras, han cesado en su funcionamiento. El fin de las ayudas europeas a la producci√≥n del carb√≥n lleg√≥ en 2018. Se ve√≠a venir, pero al leer Hijos del carb√≥n da la impresi√≥n de que no se ha hecho lo suficiente por atraer empleo, tambi√©n hay que reconocer que es una tarea muy complicada.¬† Se han mejorado las infraestructuras, pero la industria alternativa no termina de llegar. ‚ÄúEn los municipios mineros, dice Sabugal, hay mejores carreteras, y nuevas plazas y polideportivos, pero las farolas reci√©n estrenadas iluminan un vac√≠o cada vez mayor‚ÄĚ.

Hijos del carbón, que está muy bien escrito y tiene páginas bellísimas y emocionantes, nos hará mirar para siempre ya esos paisajes de manera distinta, y acordarnos de los tiempos en los que las cocinas se encendían con carbón, y la vida, en resumen, giraba en torno al carbón; y nos acordaremos, como ha pretendido la autora, de que para que aquel mundo funcionara hubo hombres y mujeres que bajaban a los pozos y se jugaban la vida.

Txani Rodríguez

El tocho. El imperio espa√Īol de Hugh Thomas

‚ÄúSin embargo, la memoria parece sacada de una novela de caballer√≠as m√°s que obra de un fil√°ntropo, porque Fray Bartolom√© de Las Casas propon√≠a la fundaci√≥n a lo largo de la costa del Caribe de una cadena de pueblos y fortalezas, cada cien leguas. Un centenar de colonos cristianos se establecer√≠an en cada enclave, que estar√≠a al mando de un capit√°n. Estar√≠an prohibidas las entradas en el interior so pena de severos castigos. A los indios se les garantizar√≠a la libertad y todos aquellos que hubieran sido apresados y sacados de la regi√≥n y convertidos en esclavos ser√≠an liberados. Tambi√©n habr√≠a libertad de comercio y a los indios se les explicar√≠a que los espa√Īoles estaban interesados en obtener oro y perlas. Se nombrar√≠an obispos que deber√≠an ser frailes dominicos o franciscanos y estas √≥rdenes ser√≠an las que controlasen la evangelizaci√≥n‚ÄĚ.

Este es un p√°rrafo de El imperio espa√Īol de Hugh Thomas. El c√©lebre historiador e hispanista ingl√©s fallecido hace tres a√Īos alcanz√≥ el reconocimiento mundial con su historia de La guerra civil espa√Īola aparecida en 1961. Desde entonces Thomas public√≥ tambi√©n una extensa historia de Cuba, de la trata de esclavos, e incluso del mundo en su conjunto. En las √ļltimas d√©cadas de su vida, como colof√≥n a su carrera, concibi√≥ una vasta trilog√≠a dedicada al imperio espa√Īol. El libro que hoy comentamos, publicado en 2006, ser√≠a la primera parte de este proyecto. Su t√≠tulo en ingl√©s, Rivers of goldR√≠os de oro-, se acerca m√°s a su verdadera intenci√≥n: mostrar c√≥mo la codicia, la avidez del oro, fue el verdadero motor de la colonizaci√≥n.

Thomas abarca en este libro el periodo que va desde la entronizaci√≥n de los Reyes Cat√≥licos y los cuatro viajes de Col√≥n hasta la conquista de M√©xico por Hern√°n Cort√©s, poco m√°s de cuarenta a√Īos llenos de acontecimientos tr√°gicos y determinantes para la historia de Am√©rica y Europa. Uno de los aciertos de este texto, adem√°s de descubrirnos personajes incre√≠bles, se encuentra en la extensa atenci√≥n que dedica a la pol√©mica suscitada sobre la capacidad de los indios para ser cristianos, entre las √≥rdenes religiosas y las autoridades pol√≠ticas. Para Bartolom√© de las Casas y los dominicos los ind√≠genas pose√≠an alma y entendimiento de las cosas espirituales y no deb√≠an ser tratados como esclavos. Pero a pesar de los intentos de reforma de las encomiendas y del dise√Īo de comunidades ut√≥picas del padre Las Casas, la brutalidad de los conquistadores y enfermedades importadas, como la devastadora viruela, acabaron con la libertad y la vida de millones de ind√≠genas.

Otro de los aciertos de Thomas consiste en hacernos conscientes de la simultaneidad de acontecimientos cruciales, a uno y otro lado del oc√©ano. Baste como ejemplo el a√Īo 1520, en que coincidieron la coronaci√≥n de Carlos V como emperador, la rebeli√≥n de los Comuneros de Castilla, la entrada en M√©xico de Hern√°n Cort√©s y la circunnavegaci√≥n del globo iniciada por Magallanes y culminada por Elcano en 1522.

Entre las deficiencias, habr√≠a que citar la m√≠nima informaci√≥n sobre la conquista de Navarra, apenas rese√Īada, las imprecisiones en algunas fechas, el estilo, que aunque √°gil, resulta algo descuidado, y el acopio abrumador de datos no demasiado relevantes, que elevan el volumen a m√°s de 800 p√°ginas. En definitiva, estamos ante una gran recreaci√≥n hist√≥rica, que se lee como una novela, apasionante en algunos pasajes, y atropellada y farragosa en otros.

El imperio espa√Īol. De Col√≥n a Magallanes, de Hugh Thomas en editorial Planeta.

Javier Aspiazu

Katakrak, la editorial combativa de una librería diferente

En diciembre de 2013 abri√≥ sus puertas, en la calle Mayor de Iru√Īea, una librer√≠a que iba a remover y mucho el panorama cultural de la capital navarra. Nos referimos a la librer√≠a Katakrak, un espacio con un m√°s que notable fondo bibliogr√°fico, que funciona tambi√©n como punto de encuentro y de debate.¬† A la docena de socios que hay detr√°s del proyecto, no les pareci√≥ bastante locura meterse en una librer√≠a, y en 2016 se lanzaron tambi√©n al mundo de la edici√≥n, tanto en castellano como en euskera, centrados sobre todo en el ensayo y en las traducciones. Con dos de sus editores, Hedoi Etxarte, tambi√©n escritor, y Nerea Fillat, hemos charlado. Pincha y escucha la conversaci√≥n.

Desenga√Ī√©monos, la ciencia no lo resuelve todo

Cada uno medimos el mundo seg√ļn nuestras propias medidas, ¬Ņverdad? Pues debo decirles que a m√≠ esta obra no se me hace nada f√°cil.¬† Uno no est√° seguro de lo que realmente defiende el autor: ¬ŅA qui√©n ataca, a qui√©n defiende, nos enga√Īa? ¬ŅQu√© pasa?¬†De todos modos, merece la pena tomarse tiempo e inter√©s en este tema. Y es que est√°bamos contentos de habernos quitado de encima el lastre de la religi√≥n. Y deseando que otras religiones tambi√©n lo hagan. Pero ahora que est√°bamos tan contentos con nuestra fe en la ciencia, resulta que √©sta tambi√©n tiene sus sesgos sospechosos y hasta peligrosos.

Es verdad que hoy en d√≠a es la ciencia la √ļnica v√≠a aparente para resolver nuestros problemas sociales, econ√≥micos y medioambientales, campos donde los pol√≠ticos no despiertan demasiadas esperanzas.¬† Pero tambi√©n es verdad que en lo socioecon√≥mico, la ciencia no ha hecho grandes aportaciones hacia el igualitarismo y muchas veces se ha alineado con el capital.¬†Uno que ya ha cumplido unos a√Īos y siente que de alguna manera, deber√≠amos ponernos en manos de una tecnocracia cient√≠fica -creo que algo as√≠ propon√≠a el fil√≥sofo Slavoj Zizek– alberga ya cierta desconfianza hasta para con aquello en lo que cree sinceramente.

Hace 40 a√Īos se nos promet√≠a la sociedad del ocio, ¬Ņrecuerdan?¬†¬ŅD√≥nde est√°? En cambio se trabaja igual o m√°s y las desigualdades crecen sin parar amparados por el capitalismo de cu√Īo digital. No parece que haya alternativa, como pregon√≥ Margaret Thatcher.¬†Por tanto, consideremos durante un momento la desconfianza que nos explica Curtis White. La ciencia no lo puede todo, las humanidades deben completar nuestra visi√≥n del mundo.¬†Les recomiendo empiecen a leer por el Ep√≠logo. Se aclarar√°n bastante m√°s.

El delirio de la ciencia  de  Curtis White  está publicado por Ediciones La Llave.

Jokin Aldazabal

El tocho. Estados Unidos visto por Julio Camba

‚ÄúHasta ahora, cuando un vecino de Nueva York quer√≠a establecer una lecher√≠a o una papeler√≠a, una casa de comidas o una tienda de flores, eleg√≠a por s√≠ mismo el Sindicato de criminales que le ofrec√≠a m√°s cr√©dito y se pon√≠a de este modo a salvo de posibles sorpresas. El Sindicato pasaba a robarle todas las semanas la cantidad convenida, y esta operaci√≥n se realizaba con tanta normalidad y tan poca violencia como el cobro de la luz o el del alquiler. A veces, aparec√≠a por la tienda un ladr√≥n desconocido…

  • Lo siento mucho -dec√≠a el tendero, entonces-. Pero yo me entiendo con la firma Tal. Aqu√≠ tengo precisamente el √ļltimo recibo‚Ķ

Y si el ladr√≥n desconocido cre√≠a que aquella tienda entraba dentro de su zona y que su Sindicato era el √ļnico Sindicato con derecho a robarle, all√° los dos Sindicatos que resolviesen el asunto por las malas o por las buenas, pero el tendero no sufr√≠a jam√°s violencia ninguna. Los gangs o Sindicatos de pistoleros son una de las organizaciones criminales m√°s serias que hay en Nueva York, y el abonarse a uno de ellos ofrec√≠a hasta ahora ventajas innumerables‚ÄĚ.

Este es un fragmento de La ciudad autómatica de Julio Camba, uno de los grandes periodistas de la primera mitad del siglo XX, dotado de un fino humorismo y una ironía legendarios. El gallego Julio Camba escapó de casa siendo todavía un adolescente, rumbo a la Argentina, donde entró en contacto con círculos anarquistas y aprendió el oficio de escribir de forma autodidacta, publicando proclamas y panfletos revolucionarios. De vuelta en la Península, se convirtió en un fecundo articulista y uno de los más originales corresponsales de prensa del ámbito hispano, como lo atestiguan los libros sobre sus estancias en Londres, París o este que hoy les recomendamos publicado en 1934, donde se recogen sus crónicas de viajes por los Estados Unidos para el diario El Sol.

Como el propio Camba cuenta, ‚Äúen la primavera del a√Īo 29 la dotaci√≥n Carnegie para la Paz Internacional invit√≥ a doce periodistas europeos a recorrer los Estados Unidos. Bajo los auspicios de una entidad tan prestigiosa no tuvimos la menor dificultad para entrar en ninguna parte. Hablamos con todo el mundo, desde el presidente Hoover al jefe de los pieles rojas de Montana‚ÄĚ.

El resultado de ese viaje de 18.000 kilómetros es la aguda percepción de Camba de estar ante una sociedad presidida por el maquinismo y la producción en serie: la misma estandarización que Ford había introducido en la fabricación de automóviles se extiende también a los gustos, actitudes y a la forma de vida del ciudadano medio. El autor, que escribe todavía en la época de la prohibición, descubre que el gangsterismo, al que dedica páginas tan graciosas como perspicaces, cumple también una función social, la de proveer de alcohol y diversiones a una sociedad que todavía no ha desalojado al puritanismo de su conciencia.

Pero este no ser√≠a un resumen fiel sin destacar la gran protagonista del libro, Nueva York, ciudad exasperada y fren√©tica, con su variedad de razas y de rascacielos, que tanto llaman la atenci√≥n de Camba, y donde el principal peligro es ‚Äú¬°hacerse millonario!‚ÄĚ.

Un libro original y divertido, con sorprendentes vueltas de tuerca a las opiniones vigentes, muy representativo del esp√≠ritu del autor, empe√Īado siempre en no tomarse nada en serio.

Javier Aspiazu

David W. Wolfe y la importancia del subsuelo

Nada m√°s adentrarnos en las p√°ginas de este trabajo, nos damos cuenta de lo peque√Īo de nuestro conocimiento del mundo y lo supino de nuestra miop√≠a con respecto a nuestro entorno. Y es que habitualmente situamos la vida en la biosfera, es decir en la capa inmediatamente superior al suelo y con un grosor muy limitado. En cambio el subsuelo bulle de material y de insospechada vida hasta profundidades desconocidas pero sin duda grand√≠simas y con un contenido no menos magno de biomasa. Biomasa de dif√≠cil clasificaci√≥n, mucho m√°s all√° de vegetales y minerales, ya que estos s√≥lo suponen una √≠nfima parte del total de seres vivientes. Y masa y biomasa que pueden suponer, tras su conocimiento, incre√≠bles fuentes de materiales, de vida, de energ√≠a, medicinas y qui√©n sabe qu√© m√°s.

Podemos mencionar el caso de hongos xil√≥fagos como la Armillaria especie de la que se ha encontrado alg√ļn ejemplar de m√°s de 100 toneladas.¬† O el estudio de las lombrices de tierra, animal fant√°stico que ya llam√≥ la atenci√≥n de Charles Darwin, quien dedic√≥ cuarenta a√Īos de estudio a este grand√≠simo formador y renovador de suelo.

Sobre estos temas trata esta obra, si bien en la segunda parte también trata ampliamente de la importancia que en la formación y mantenimiento del suelo -por cierto un manto delgado y frágil- han tenido y debieran tener algunas comunidades animales y vegetales. Sobre todo trata de los perritos de las praderas con respecto a las grandes praderas que conformaban buena parte de los Estados Unidos hasta la llegada del hombre blanco y la generalización de la agricultura industrial con su correspondiente masiva pérdida de hábitats naturales.

Algunas obras nos abren los ojos. Esta nos abre todos los sentidos respecto al grandísimo mundo situado bajo nuestros pies.

Jokin Aldazabal