El Tocho. La vida y milagros de Benvenuto Cellini

Todos los hombres de cualquier suerte que hayan efectuado alguna cosa que sea virtuosa o que a la virtud se asemeje, deberían procurando ser verídicos y honrados, describir por su propia mano su vida; pero no debería comenzarse tan bella empresa antes que pasaran la edad de los cuarenta años.

LIBRO.VidaAsí comienza la Vida de Benvenuto Cellini. Unas memorias que vieron la luz por primera vez en 1728, más de siglo y medio después de la muerte de su autor. Traducidas al alemán por Goethe, fueron también admiradas por Stendhal y por Oscar Wilde, quien  llegó a decir que éste era uno de los pocos libros que merecía la pena leerse.

Cellini vivió en pleno siglo XVI, entre 1500 y 1571, y fue un portentoso artista además de un hombre de genio arrebatado, si hacemos caso a las múltiples peripecias narradas en estas dinámicas memorias. Una breve introducción nos cuenta que están dictadas al hilo del recuerdo a un aprendiz de catorce años mientras el artista continuaba trabajando. Por eso el estilo resulta absolutamente espontáneo, y no demasiado ortodoxo desde el punto de vista gramatical. Pero la vivacidad de los acontecimientos narrados, la brutal sinceridad de las opiniones vertidas y el amplio y variado panorama que nos traza, las convierten en uno de los testimonios más pintorescos y amenos sobre la vida y el arte en el Renacimiento tardío.

En sus memorias Cellini se revela como un hombre de talentos múltiples: toca varios instrumentos musicales, domina el dibujo, el cincelado y la escultura. Y también la escritura, porque no solo nos legó su Vida, sino además otros tres textos de menor interés. Pero ante todo fue un maravilloso orfebre, el más dotado de su tiempo, capacidad enseguida reconocida por los principales aristócratas, que le encargaron la realización de todo tipo de objetos suntuarios: vasos de oro y plata, medallas, joyas, armas damasquinadas e incluso la acuñación de moneda. Cumpliendo sus encargos, aunque no sin serios encontronazos, dado el carácter indómito del personaje, pasó del mecenazgo del papado romano al del rey Francisco I de Francia en París y, por fin, al del Duque Cosme I de Médici en Florencia.

A lo largo de sus incesantes trabajos y huidas, Cellini se ve envuelto en multitud de pendencias. En sus memorias confiesa haber matado a tres hombres, vengando la muerte de su hermano o lavando injurias recibidas. Por no hablar de los que abate a cañonazos defendiendo como artillero el castillo de Sant’ Angelo durante el saqueo de Roma por las tropas imperiales. Pero también está a punto de morir a su vez, en varias ocasiones, sobreviviendo a la peste, al cautiverio y al veneno. Esta vida tumultuosa y apasionada tiene su apogeo, durante su madurez florentina, en la realización de su obra maestra: el Perseo, monumental estatua fundida en bronce que le supuso media docena de años de trabajo. La descripción del proceso de creación de esta obra es fascinante. Asistimos a una lucha contra las adversidades superadas de manera casi milagrosa, poniendo en juego las propias fuerzas hasta la extenuación.

Según el proverbio latino “la vida es corta y el arte es largo”. Pero artistas como Cellini lo contradicen por completo. Su vida fue relativamente larga y su dominio de las artes asombroso. Si quieren comprobarlo pueden acudir a la mejor edición reciente de la Vida de Benvenuto Cellini: la que publicó Cátedra en el año 2007.

Javier Aspiazu

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *